Mostrando entradas con la etiqueta Las aventuras de Alicia bajo tierra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Las aventuras de Alicia bajo tierra. Mostrar todas las entradas

28 de febrero de 2021

Alice Liddell (1852 - 1934). Tercera parte.

 

Alice Hargreaves.
Fotografía de W. Coulbourn Brown, 1932.



Este es un artículo divido en tres partes. En la primera, hablamos sobre la infancia y la adolescencia de Alice, hasta sus dieciocho años; en la segunda, sobre su juventud y madurez; y en la tercera, sobre su ancianidad y los últimos años de su vida. 

 

Tercera parte: La anciana. 


Los últimos años de Alice Hargreaves se prometían solitarios. Su único hijo superviviente, Caryl, se había casado en 1929 y se había establecido definitivamente en Londres. Ni siquiera el nacimiento de una hija (Mary-Jean, en junio de 1931) hizo que Alice dejara Cuffnells y se trasladara a vivir con su hijo, su nuera y su única nieta. La más joven de sus hermanas, Violet, había muerto en 1927; la mayor, Lorina, en 1930. Para mitigar su soledad y los fríos inviernos de Lyndhurst, Alice alquilaba cada invierno una casa en Westerham, que distaba solo una milla de la casa de su hermana Rhoda, que no se había casado y había vivido con Violet hasta la muerte de esta, en Hoseyrigge. Pasaba en compañía de Rhoda los meses fríos, y Caryl y su familia iban a visitarlas en Navidad, pero, cuando volvía a Cuffnells, Alice no tenía amigos ni visitas, y evitaba el contacto con la gente del pueblo por considerarla socialmente inferior a ella.



Alice con su nieta Mary-Jean, 1931.

En 1932 se planearon eventos a ambos lados del océano para conmemorar el centenario del nacimiento de Lewis Carroll, y la Universidad de Columbia invitó a Alice a recibir un doctorado honorífico como parte de los actos de celebración de la efeméride. Alice viajó en el transatlántico Berengaria, acompañada por Caryl y Rhoda, y llegó a Nueva York el 29 de abril. Incluso antes de desembarcar fue tratada con grandes honores. El director de la biblioteca universitaria y el presidente de los actos conmemorativos del centenario de Carroll, con un grupo de periodistas, subieron al barco a darle la bienvenida, y aunque Caryl y Rhoda temían que pudiera sentirse abrumada, tanto las entrevistas como las grabaciones en película la muestran relajada y muy contenta de recibir tanta atención. Tras el desembarco, fue escoltada por la policía al Waldorf- Astoria, donde tenía una habitación de lujo en la que pasó un día descansando. Aparentemente, el hotel vació todo el piso de su suite y desactivó algunos de los ascensores para reducir el nivel de ruido.



Alice en Columbia, 1932.

A la mañana siguiente fue llevada en excursiones turísticas por Nueva York, halagada, mimada y rodeada de los lujos que tanto apreciaba. Esa misma tarde, desde su habitación del hotel, habló por radio sobre las fundaciones en beneficio de la infancia que, tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, llevaban el nombre de Lewis Carroll, comentó algunas cartas sobre el manuscrito original de Las aventuras de Alicia bajo tierra, y terminó leyendo un acróstico de Carroll. El 2 de mayo, en una ceremonia privada con un reducido número de público, el presidente de la Universidad de Columbia le entregó a una Alice con toga y birrete el doctorado honorífico en Letras, por "despertar con su encanto infantil la chispa del ingenio de un profesor de matemáticas dotado de gran imaginación, y animarlo a revelar su total comprensión tanto del corazón del niño como de la mente del hombre". 


Alice Hargreaves y Nicholas Murray Butler, 2 de mayo de 1932.
Archivos de la Universidad de Columbia.

Alice y sus acompañantes permanecieron en Nueva York diez días más; Alice celebró allí, el 4 de mayo, su octogésimo cumpleaños. Nuevamente se le preparó una gran fiesta con actos musicales, una ponencia sobre los libros de Alicia, y un pastel de tres capas con los personajes del País de las Maravillas, elaborado para la ocasión por el repostero jefe del Waldorf- Astoria. Durante una de las entrevistas que concedió a diferentes medios de comunicación en aquellos días, llegó a admitir que se había visto catapultada a la fama "por no hacer absolutamente nada".  


Alice Hargreaves en su cumpleaños, 4 de mayo de 1932.

Durante este tiempo también hizo un viaje a Filadelfia para conocer al Dr. Rosenbach, quien le había comprado el manuscrito en la subasta de 1928. Para entonces, Rosenbach ya había revendido el libro a Elridge Johnson, presidente de la Victor Talking Machine Company (posteriormente, y aún en la actualidad, RCA Victor), pero el propio Johnson fue a casa de Rosenbach para enseñarle a Alice la caja de máxima seguridad en la que conservaba el texto. 




El 14 de mayo, Alice y Rhoda regresaron al Reino Unido en el Aquitania, que por iniciativa del comité de celebración del centenario de Carroll, y muy a disgusto del capitán, enarboló una bandera del Gato de Cheshire; Caryl se quedó un tiempo más en Nueva York, buscando oportunidades de negocio. Apenas un mes después de su regreso, el 26 de junio, Alice inauguró la exhibición en honor del centenario de Carroll en Londres, y tuvo la oportunidad de conocer a Peter Llewelyn Davies, uno de los hermanos que inspiró a J.M. Barrie las historias de Peter Pan. Tras estos actos, la correspondencia comenzó a llegar a sacos a Cuffnells, muchas veces dirigida a "Alicia en el País de las Maravillas" o "La Alicia de verdad, Inglaterra". La mayoría de cartas eran simplemente de admiradores, cazadores de autógrafos, y lectores que la identificaban todavía con la niña de los libros, pero había también numerosas peticiones de dinero y apoyo a causas de lo más dispares, como hospitales de niños y asilos de locos. El biógrafo Colin Gordon cita una carta en que cierta señora le pedía que financiara la fundación que había creado para demostrar que las hadas existen, ya que "si la Alicia del cuento existe de verdad, las hadas también son reales". Alice remitía todas estas cartas a Caryl, quien no había tardado nada en ver el lucrativo negocio que representaba la figura de su madre, y firmó docenas de contratos publicitarios para que se usara su nombre en todo tipo de productos. 




A finales de aquel año, Alice comenzaba a agotarse de la atención y la fama que tanto había disfrutado en Nueva York. En una de sus cartas a Caryl le pedía que hiciera algo para que la gente se olvidara de una vez de ella: "Pero oh, cariño, estoy cansada de ser Alicia en el País de las Maravillas. ¿Suena desagradecido? Lo es, ¡solo que estoy cansada!". Como consecuencia de este cansancio, rechazó inaugurar una estatua del Conejo Blanco que en 1933 se levantó en Llandudno, en el País de Gales, donde los Liddell tenían una casa de vacaciones y Alice había pasado muchos veranos de su infancia. La localidad, en un intento bastante vergonzoso de "barrer para casa", había hecho circular la historia de que Alice y Lewis Carroll se habían conocido en su playa, que Carroll fue inventando el cuento mientras paseaban juntos, y que le leyó el manuscrito a la niña junto al fuego de la chimenea. Algo que Alice negó categóricamente, respaldada por la realidad histórica de que Charles Dodgson jamás estuvo en Llandudno, con o sin la compañía de la familia Liddell. Con todo, la estatua, finalmente inaugurada por el entonces primer ministro David Lloyd George el 6 de septiembre, llevaba una placa en la que se podía leer: "En esta misma orilla, durante felices paseos con Alice Liddell, LEWIS CARROLL recibió la inspiración para escribir el tesoro literario Alicia en el País de las Maravillas, que ha encantado a los niños durante generaciones". 


Estatua del Conejo Blanco en Llandudno.
Fotografía de Tripadvisor, tomada por la viajante "Lucy".

Otro evento exigió la atención de Alice en 1933: el estreno de la adaptación cinematográfica de Paramount de los libros de Alicia, dirigida por Norman Z. McLeod. Según la prensa, la actriz que interpretaba a Alicia, Charlotte Henry, había sido "aprobada personalmente" por Alice Hargreaves, aunque en realidad la anciana no tuvo ninguna participación en el asunto. Se montó una proyección especial para Alice en su propia casa, y aunque la película tuvo muchos detractores, ella dijo - o la prensa dijo que dijo - que "He visto a Alicia y sus aventuras tal como yo me las imaginé hace tantos años". También escribió una reseña de la película para la revista Picturegoer, en que alababa el vestuario y la caracterización de los personajes. Fue la última vez que Alice tuvo ocasión de pronunciarse sobre un asunto relacionado con su popular alter ego. 




En noviembre de 1934, mientras paseaba en coche por Westerham, súbitamente comenzó a sentirse mal, y cuando el chófer y su acompañante la llevaron de vuelta a casa y llamaron a los médicos, ya había entrado en coma. Rhoda y Caryl acudieron de inmediato y permanecieron constantemente a su lado; la prensa, desde que se supo la noticia, montó un campamento cerca de su vivienda para actualizar la información sobre su estado a cada momento. Pero Alice no despertó del coma, y no hubo más información que actualizar hasta su muerte, el 15 de noviembre. Se celebraron dos misas de memorial en Lyndhurst y en Westerham; el cuerpo de Alice fue incinerado y sus cenizas enterradas en la tumba de los Hargreaves, junto a las de su marido. 


Tumba de Alice in Lyndhurst.


Lionel murió en 1942, Rhoda en 1949 y Frederick en 1950. Caryl Hargreaves murió en 1955. Sus descendientes llegan hasta nuestros días: Mary-Jean tiene en la actualidad 90 años, y su hija Vanessa Tait (bisnieta, por tanto, de Alice Hargreaves) es una escritora que ha indagado en la historia familiar para escribir La casa del espejo, novela ambientada en la infancia de Alice Liddell. 


Mary-Jean St. Clair (de soltera Hargreaves) y Vanessa Tait, 
nieta y bisnieta de Alice Hargreaves. Foto de The Mirror, 2015.


Se ha escrito mucho, y sin duda seguirá escribiéndose, sobre la relación de Dodgson con Alice, y sobre cómo afectó a esta mujer el ser "la Alicia de verdad" a lo largo de su vida. Se tiende a olvidar, sin embargo, que la fama le llegó en sus dos últimos años a raíz del centenario de Carroll. La mayor parte de la vida de Alice transcurrió en el anonimato, y fue una existencia lujosa y placentera, que muchos habrían calificado de perfecta, salvo por la muerte de sus hijos en la guerra. De no haber sido por la venta del manuscrito, y por la iniciativa de Columbia de presentarla en las celebraciones del centenario - descartando a los hermanos supervivientes de Charles Dodgson, y a su sobrino Stuart Dodgson, que había publicado la primera biografía del autor en 1898 - seguramente Alice no sería más que una nota a pie de página en las introducciones a los libros de Alicia, como lo sería en las biografías del príncipe Leopoldo. Parece poco probable que el ser la musa de Carroll supusiera una carga para ella, hasta que en 1933 comenzara a cansarse de una notoriedad que, como llegó a admitir, era inmerecida. 


Cuando Peter Davies se suicidó en 1960, familiares y amigos declararon que "ser Peter Pan" se había convertido en la causa de su alcoholismo y depresión; Charlotte Henry declararía que interpretar a Alicia destruyó su carrera y le robó su identidad. Alice tuvo siempre presente el papel que había tenido en la literatura británica y luego universal, pero no pareció considerarlo el principal frente a los otros papeles de su vida: hija del decano, esposa de Reginald, madre de sus tres hijos, y "Lady Hargreaves", como insistía en que la llamaran. Por mucho que las obras de ficción insistan en mostrarla como un alma torturada por un pasado oscuro y una fama que nunca deseó, las biografías indican que fue una mujer privilegiada que vivió conforme a su tiempo, y que tuvo una existencia tan cómoda y feliz que solo una guerra logró hacerle daño. 


Fuentes: 


AHREND, Herbert G. "'Alice' Given Honorary Doctorate", en Columbia Daily Spectator, 3 de mayo de 1932. 



CLARK, Anne. The real Alice, Penguin Michael Joseph, Londres, 1984. 
 
 

GORDON, Colin. Beyond the Looking Glass: Reflections on Alice and her Family, Hodder and Stoughton, Londres, 1944.

10 de febrero de 2021

Alice Liddell (1852- 1934). Segunda parte.

 

Alice Liddell como la diosa Pomona.
Fotografía de Julia Margaret Cameron, 1872.


Este es un artículo divido en tres partes. En la primera, hablamos sobre la infancia y la adolescencia de Alice, hasta sus dieciocho años; en la segunda, sobre su juventud y madurez; y en la tercera, sobre su ancianidad y los últimos años de su vida. 

 

Segunda parte: La mujer. 

 

En noviembre de 1872, Christ Church recibió con los brazos abiertos a un estudiante de excepción: el príncipe Leopoldo, duque de Albany, octavo hijo y cuarto varón de la reina Victoria y el príncipe Alberto. No era raro que los miembros de la realeza estudiaran en Oxford (el hermano mayor de Leopoldo, que reinaría como Eduardo VII, también había pasado brevemente por sus aulas una década antes), pero Leopoldo, de salud frágil debido a su hemofilia, tuvo que insistir para convencer a su sobreprotectora madre de que le permitiera abandonar la seguridad del palacio. La reina cedió a cambio de restringir las actividades del príncipe en Christ Church, prohibiéndole cualquier tipo de deporte o juego en que pudiera lastimarse. El príncipe se alojó con su tutor, Robinson Duckworth, en la residencia de este, Wykenham House, y se matriculó en varias asignaturas de humanidades. 

 
El príncipe Leopoldo y su tutor Robinson Duckworth.
El perrito probablemente pertenecía al estudio.
Fotografía de Hills & Saunders, circa 1870.

En Christ Church, Leopoldo pronto conoció a los compañeros y amigos de su tutor, y trabó amistad con John Ruskin y Charles Dodgson, y más tarde con Oscar Wilde, que se matriculó en 1874. Además de la casa de su tutor y sus amigos, las salas de clase y la sede del club de ajedrez universitario, el príncipe también pasó mucho tiempo en la casa del deán Liddell, muy frecuentemente invitado a cenas y fiestas.


El príncipe Leopoldo.
Fotografía de Charles Dodgson, 1875.

La familia Liddell no era extraña para la realeza: ya había organizado en las dependencias del deán una recepción para la reina Victoria y el príncipe Alberto en 1860, y otra para la boda del príncipe Eduardo y la princesa Alexandra en 1863. La sra. Liddell, con tres hijas casaderas en ese momento (Lorina, de veintitrés años, Alice, de veinte, y Edith, de dieciocho) supo que aquella era su gran oportunidad para cumplir su sueño de emparentarse con la familia real. Probablemente pensó que, debido a su enfermedad y a sus pocas posibilidades de alcanzar la corona, el príncipe Leopoldo no suscitaría demasiado interés entre las demás casas reales europeas, y tal vez la reina consentiría en un matrimonio con una plebeya. De modo que puso todo su empeño en exhibir ante el príncipe a sus tres hijas disponibles - especialmente a Edith, la más joven y considerada la más hermosa - y buscar ocasiones para que pasaran tiempo juntos y participaran en actividades comunes. 


Alice Liddell como la diosa Alethea.
Fotografía de Julia Margaret Cameron, 1872.



Sus manipulaciones debieron de ser tan explícitas que la cerrada pero jovial sociedad de Oxford, siempre dispuesta a la sátira, no tardó en sacarle punta al asunto. Charles Dodgson, firmando como Carroll, publicó en 1873 un folleto titulado "La visión de las tres Tes", en el que se reproducía un diálogo entre un Pescador, un Cazador y un Profesor. En cierto momento, el Pescador habla de los peces que se pueden pescar en los lagos y afluentes del Támesis que hay en Oxford, y comenta que la carpa dorada (Goldfish) es una presa codiciada no solo por los pescadores, sino también por varias aves como el martín pescador (Kingfisher). La metáfora era tan evidente (el biógrafo Douglas- Fairhurst la llamó "uno de sus lenguajes codificados menos ambiciosos") que pronto todo Oxford comenzó a referirse a la señora Liddell como "la Pescarreyes", y un enfurecido deán hizo prohibir el folleto. Eso no impidió que año siguiente un estudiante publicara una obrilla de teatro satírica en que tres doncellas se jactaban de haber "cazado" a pretendientes de la nobleza y la realeza. 



Con todas las risas que suscitó, el plan de la sra. Liddell parecía funcionar. El príncipe Leopoldo pasaba mucho tiempo con Alice, la más cercana a él en edad; la muchacha tenía el privilegio de acompañarlo a algunas de sus clases - a las jóvenes de buena posición se les permitía acudir como oyentes - y salían a pasear y a remar por el Támesis. Alice recordaría que ella manejaba tan mal los remos que en una ocasión golpeó con uno de ellos al príncipe en la cara y le puso un ojo morado, lo que podría haberlo matado, pero "nunca se ordenó que me cortaran la cabeza". Durante los cuatro años que el príncipe estuvo en Oxford, Alice fue su más constante acompañante femenina, y la sra. Liddell debió de pensar que el asunto ya estaba decidido, por lo que adjudicó a sus otras hijas a otros postores: Lorina se casó en 1874 con William Baille Skene (rico, aunque sin título nobiliario) y Edith se prometió en 1876 con Aubrey Harcourt, sobrino del representante parlamentario de Oxford. 


No obstante, a pesar de las esperanzas de "la Pescarreyes", el príncipe dejó Oxford en 1876, con un doctorado honorario en Derecho Civil, y se fue  viajar por Europa. El último contacto cercano que tuvo con la familia Liddell fue ser uno de los porteadores del féretro de Edith, que falleció de viruela o de peritonitis (las fuentes difieren) pocos meses antes de su boda, en junio de 1876. Desde entonces él y Alice mantuvieron esporádicamente el contacto en algunas cartas; Alice se casó en 1880 y Leopoldo en 1882.  Poco más tarde el príncipe aceptó ser el padrino del segundo hijo de Alice, nacido en 1883, que también se llamaría Leopold. 


Se ha especulado sobre la naturaleza de la relación entre el príncipe y la hija del deán. Hay quien dice que se enamoraron el uno del otro, pero que la reina Victoria le prohibió a su hijo de modo tajante que se uniera a una plebeya; hay quien asegura que Leopoldo realmente amaba a Edith, como la sra. Liddell había orquestado en un principio; otros opinan que solo fueron amigos y nunca hubo un conato de noviazgo por ninguna de las dos partes. No hay testimonios ni pruebas objetivas en ningún sentido, y las únicas cartas que se conservan son la felicitaciones de boda y las relativas al apadrinamiento de Leopold, el hijo de Alice. 


Reginald Hargreaves.
Fotógrafo y año desconocidos.


Perdida cualquier esperanza de emparentarse con la realeza, Alice volvió a buscar un marido que fuera rico aunque no tuviese título, y lo encontró en la acaudalada familia Hargreaves. El primogénito, Reginald Hargreaves, jugador de criquet y antiguo alumno (no de los más brillantes) de Charles Dodgson, conocía a la familia Liddell desde hacía tiempo, y llevó algunas veces a bailar a Alice y a Edith, hasta centrarse en la primera. Tras un año de luto por la muerte de Edith, y un viaje de consuelo al año siguiente, Alice y Reginald se prometieron formalmente, y la petición de mano tuvo lugar en julio de 1880. Se casaron el 15 de septiembre del mismo año, en una ceremonia de la que se hizo eco toda la sociedad de Oxford, en la abadía de Westminster. Aunque se tomaron un breve descanso de la boda en Sussex, aplazaron la luna de miel hasta febrero de 1881, en que realizaron un viaje de ocho semanas por Francia y España. A su regreso, se trasladaron a una enorme mansión llamada Cuffnells en el condado de Hampshire, que poseía la familia Hargreaves. Alice había visitado por primera vez la mansión unas semanas antes de su boda, y le había escrito a su prometido: "Parece que el País de las Maravillas por fin ha encontrado a su Alicia". 


La mansión Cuffnells a principios del s. XX.

Alice disfrutó de una vida lujosa durante su edad adulta: celebraba fiestas y bailes, desempeñaba cargos honoríficos en asociaciones patrocinadas por la alta sociedad británica, y hacía que la servidumbre la llamara "Lady Hargreaves", aunque carecía de título nobiliario. Se conservan algunos testimonios de la aspereza con que trataba a las criadas: en una ocasión riñó severamente a una por no haber abierto las contraventanas, y cuando la mujer le explicó que tenía las manos tan hinchadas por los sabañones que apenas podía mover los dedos, envió a otra criada a comprarle un ungüento, pero le descontó una semana de su sueldo por ello. 

 

Reginald y Alice tuvieron tres hijos: Alan Knyveton (nacido en 1881), Reginald Leopold (nacido en 1883, del que fue padrino el príncipe Leopoldo), y Caryl Liddell (nacido en 1887, cuyo nombre, según siempre aseguró Alice, no estaba inspirado por el de Carroll). Una anécdota cuenta que, en 1886, Carroll escribió a Alice para pedirle que le devolviera temporalmente el manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra, con el fin de preparar una edición facsímil. Alice se lo envió, y Carroll le respondió que, cuando el facsímil se publicara, tendría mucho gusto en dedicarle un ejemplar a su hija mayor. 



En 1890, los beneficios del estado de Cuffnells comenzaron a ser insuficientes para mantener la propiedad y el tren de vida de la pareja, con lo que Reginald lo fue vendiendo por partes, hasta quedarse con poco más que la mansión y alguna granja. Solventados estos primeros tropiezos económicos, la familia siguió viviendo sin dificultades, y a pesar de que Reginald pasaba largas temporadas fuera de casa por sus actividades deportivas, Alice parecía muy enamorada de él: "Te amo todavía con un amor tan tierno como el día en que me tomaste para lo bueno y para lo malo", le escribió en 1891, en el undécimo aniversario de su boda. 



La idílica vida de mujer de la alta sociedad de Alice transcurría pacíficamente, solo alterada por la muerte de familiares y amigos: el príncipe Leopoldo murió, a consecuencia de una caída que le provocó hemorragias internas, en 1884; Charles Dodgson y el deán Liddell, con cuatro días de diferencia, en 1898; Lorina Liddell, madre, en 1910; y Harry Liddell, en 1911. Sin embargo, la mayor tragedia de su vida llegaría, como para tantas vidas en Europa, con la Primera Guerra Mundial. Sus tres hijos fueron movilizados, y los dos mayores perdieron la vida en Francia: Alan en 1915 y Reginald hijo en 1916. Reginald y Alice nunca visitaron las tumbas, pero sufragaron casi íntegramente el coste de un memorial que se levantó  en Lyndhurst en 1921 con el nombre de los 69 residentes de la zona que perecieron en la guerra. El diseño mismo del memorial partió de una idea original de Alice, y ella y su marido fueron invitados de honor en la ceremonia de inauguración.



Memorial de los caídos en la Primera Guerra Mundial en Lyndhurst.
Fotografía de Brice Stratford.

A principios de los años veinte, la situación familiar y económica de los Hargreaves seguía deteriorándose. El valor de la tierra se devaluaba y los impuestos aumentaban; cada vez era más caro mantener la propiedad, y más difícil encontrar personal de servicio dispuesto a trabajar en un lugar aislado. Reginald, aunque aún afectuoso con Alice, no se recobró de las muertes de sus hijos, y vivió el resto de sus años arrasado por el dolor. Cuando falleció de una neumonía en 1926, sus allegados coincidieron en que la muerte había sido misericordiosa. Frederick "Eric" Liddell, uno de los hermanos menores de Alice, dijo que Reginald había sido otra baja de guerra. 



Ese mismo año, Alice y Caryl emprendieron un viaje de seis semanas por Italia para distraerse de la pérdida. El gasto no fue muy oportuno. Caryl llevaba una vida frívola en Londres, siempre buscando oportunidades de negocios que nunca prosperaban, y aunque era el heredero directo de Cuffnells, no tenía la menor intención de habitar en la enorme mansión en la que se había criado. Los recursos de la familia se fueron agotando, y Alice cerró todas las habitaciones de la casa, excepto cinco, para ahorrar en mantenimiento. Dos años después, cuando Caryl intentó convencerla de que alquilara Cuffnells, Alice decidió vender en subasta el manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra que Dodgson le había regalado en 1864, junto con otras primeras ediciones autografiadas, y una colección de juguetes, folletos y curiosidades relacionadas con Alicia en el País de las Maravillas. Consiguió 15.400 libras, equivalentes, en la actualidad, a más de un millón de euros. Cometió el error o la imprudencia de entregar ese dinero a Caryl, que lo invirtió sin habilidad y  lo perdió prácticamente todo. 



Caryl se casó en junio de 1929 con Madeleine Llewellen, una viuda de guerra que tenía ya dos hijos, y estableció definitivamente en Londres. Alice se había opuesto desde el principio a ese matrimonio, ya que consideraba inmorales a las viudas que contraían segundas nupcias, y sus relaciones con su hijo se enfriaron, aunque seguían escribiéndose. La viuda Hargreaves pudo permanecer en Cuffnells, pero privada ya de fiestas, soirées y reuniones sociales de alto copete, llevando una existencia solitaria, y olvidada de todos, hasta que llegó una efeméride que le otorgó una notoriedad inesperada: el centenario del nacimiento de Charles Dodgson.



Fuentes:


CALLEJAS, César Benedicto. "Alice Liddell y Leopoldo... un desamor de maravillas", en Cisterna de sol, 13 de mayo de 2016. 


COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography. Random House, Nueva York, 1995.


DOUGLAS-FAIRHURST, Robert. The story of Alice. Lewis Carroll and the secret story of Wonderland, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge, 2015.


LEACH, Karoline. In the Shadow of the Dreamchild, Peter Owen Publishers, Londres, 2015. 


3 de agosto de 2020

The Secret World of Lewis Carroll (BBC, 2015)







The Secret World of Lewis Carroll ("El mundo secreto de Lewis Carroll"; no existe doblaje al español) es un programa documental producido por la cadena británica BBC, de 56 minutos de duración, emitido originalmente por la BBC Two el 31 de enero de 2015. Posteriormente se emitiría en Finlandia el 19 de septiembre de 2016. Fue presentado por Martha Kearney, y dirigido por Clare Beavan. 



La presentadora dublinesa Martha Kearney. 


El documental, que se publicitó como una conmemoración de los 150 años de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas (de 1865), generó un gran malestar entre los expertos en Lewis Carroll por dedicar la mitad del metraje a debatir la atracción sexual del autor hacia niñas pequeñas, y especialmente por mostrar la fotografía de un desnudo frontal de una jovencita y cuestionar si podría haberla realizado el reverendo Dodgson. El tono de la segunda mitad del programa y el uso de la fotografía, cuyo modelo y autor siguen siendo desconocidos a fecha de hoy, hizo que algunos de los propios entrevistados denunciaran a la BBC por malas prácticas. 


El documental incluye los testimonios de, entre otros expertos, los biógrafos Morton N. Cohen, Jenny Woolf y Edward Wakeling; los escritores oriundos de Oxford Philip Pullman (La Materia Oscura) y Will Self (Mi idea de la diversión); el destacado historiador de Oxford Mark Davies; la tatarasobrina de Lewis Carroll, Caroline Luke; y la bisnieta de Alice Liddell, Vanessa Tait.


"Es posible que mi personaje de Lyra sea una suerte 
de descendiente de Alicia", Philip Pullman. 


La primera media hora del documental no tiene nada de particular: ofrece los datos, fechas y explicaciones que cabría esperar sobre un personaje famoso y su obra más destacada. Comienza con unas vistas de la celebración del 4 de julio en Oxford, con una multitud de personas de diferentes edades y nacionalidades disfrazadas como los personajes de Alicia, hablando sobre el libro y lo mucho que significa para ellas. A continuación, Martha Kearney se da un baño de saludable auto-bombo al rememorar que ella misma, a los once años, interpretó a Alicia en una función escolar, y muestra descuidadamente algunas reseñas muy favorables que los periódicos locales hicieron de su actuación; huelga decir que este pasaje no aporta nada al mundo secreto de Lewis Carroll, pero probablemente hizo que la presentadora se sintiera muy bien. 


Tras esto, el documental se centra en la historia del libro: trata primero sobre la personalidad del reverendo Dodgson, que insistía en mantenerse separado de su alter-ego literario (los conserjes de Christ Church tenían instrucciones de devolver al remitente todo el correo dirigido a Lewis Carroll); sus primeros encuentros con Alice Liddell cuando ella tenía cuatro años y llegó a Christ Church con su familia; la famosa "tarde dorada" en que se gestó la historia; y el manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra que el reverendo preparó como regalo para la niña. La presentadora examina el libro original, así como los bocetos y las referencias que el autor tomó para sus ilustraciones, y comenta la atención al detalle y el perfeccionismo tan propios del reverendo Dodgson. Finalmente, la versión final se publicaría en 1865, siendo contemporánea de Grandes esperanzas (1861) y Los niños del agua (1863). 



"Fue el momento en que la literatura victoriana encontró al niño, 
el momento en que el niño se puso en el centro de atención", Hugh Haughton. 


Tras comentar cómo Alicia fue la primera heroína femenina de las novelas infantiles (lo que no es cierto, de hecho, como explico al principio de esta otra entrada), el documental vuelve a centrarse en la figura del reverendo Dodgson. Explica que en su muy numerosa familia eran solo cuatro hermanos por siete hermanas, y que cuando dejó la casa de sus padres para vivir de modo independiente en Christ Church, retuvo consigo su experiencia de crecer en un hogar lleno de niñas. Según comenta Jenny Woolf: "Se supone que dijo que[los niños]eran tres cuartas partes de su vida... y yo creo, de alguna manera, los veía como una especie de refugio contra el mundo de los adultos". Y es en este momento cuando la presentadora se pregunta: "Pero, ¿qué pasaba, exactamente, con la relación de Lewis Carroll con los niños? Y, ¿cuál era la naturaleza de su relación con Alice Liddell?". A partir de aquí, el programa pone toda su atención en las fotografías de niñas que realizó el reverendo Dodgson, las posibles causas de su ruptura temporal con la familia Liddell, y la "controversia" de la fotografía del desnudo frontal de una jovencita. 


Las opiniones de los expertos son un poco contradictorias acerca de la relación entre Dodgson y Alice Liddell: Edward Wakeling sostiene que las cartas y los recuerdos que se intercambiaban habrían sido pruebas de amor romántico entre dos adultos, pero no pasan de ser muestras de afecto inocente entre una niña y un adulto; Morton N. Cohen afirma que había una implicación emocional por parte del reverendo, muy distinta a un amor paternal; y Vanessa Tait declara que ella cree que Dodgson estaba enamorado de Alice, aunque él mismo no llegara a admitirlo. Will Self dice francamente que lo que hace de Alicia en el País de las Maravillas un libro tan especial no es otra cosa que la "atracción reprimida" del reverendo Dodgson por la pequeña Alicia. 


Como ejemplo de esa "atracción", se muestra una fotografía de Alice Liddell en la que la niña aparece disfrazada de mendiga, descalza y con los hombros y parte del pecho descubiertos. La fotografía fue tomada en 1858, cuando Alice tenía seis años, y su tema fue muy probablemente inspirado por el poema "La doncella mendiga" de Lord Alfred Tennyson, escrito en 1842. 


Alice Liddell como "doncella mendiga", 
Charles Dodgson, 1858.


La presentadora comenta que la fotografía es "ambigua", y el profesor Robert Douglas-Fairhurst incluso admite que hay un "destello de sexualidad". Sin embargo, cuando Martha Kearney le pregunta si esa fotografía resultaría tan perturbadora en su momento como lo es ahora, el profesor recuerda que el sacar fotografías de niños con todo tipo de disfraces era el "estándar absoluto" para las familias victorianas de clase media, dado lo novedoso del arte fotográfico. El documental omite decir que los propios padres de Alice Liddell hicieron colorear a mano esa fotografía y la tenían enmarcada, lo que evidentemente no habrían hecho si les hubiera parecido que presentaba de forma erótica a su hija.


A continuación se habla de la ruptura de la familia Liddell con el reverendo Dodgson, que tuvo lugar en junio de 1863, cuando se le prohibió que volviera a la casa del deán y que tuviera contacto con las niñas. La presentadora comenta que las páginas del diario del reverendo que habrían abarcado este incidente fueron cortadas con una cuchilla por las sobrinas de Dodgson tras la muerte de éste. Hasta diciembre del mismo año, Dodgson no vuelve a mencionar a las hermanas Liddell, a las que vio con su madre en una velada teatral, pero se mantuvo a distancia como, según sus propias palabras, había estado haciendo los últimos meses. A partir de entonces se reanudaron las relaciones, pero se volvieron estrictamente formales.



Se especula sobre las razones que pudieron llevar a los señores Liddell a alejar al reverendo: Vanessa Tait está convencida de que la madre de Alice, una "espantosa esnob" que aspiraba a casar a sus hijas con príncipes, se sintió ofendida en su orgullo por el afecto que el reverendo Dodgson prodigaba a Alice, y quemó en una papelera todas las cartas que le habría escrito a la niña, para prohibirle después que tuviera contacto con ella. Sin embargo, había otros rumores en aquella época, según los cuales Dodgson aspiraba a una relación con la hermana mayor de Alice, Lorina "Ina" Liddell, o con la institutriz de las niñas, la señorita Prickett. Por algún motivo, las sobrinas que censuraron el diario dejaron en su lugar un fragmento de papel con un resumen de lo que decían las páginas que habían cortado, y en él se corroboran esas teorías de que Dodgson estaría cortejando a Lorina, o bien utilizando a las niñas para acercarse a Mary Prickett. 



En cualquier caso, la relación entre Dodgson y los Liddell se enfrió, y el reverendo comenzó a hacer muchas otras amigas de corta edad a partir de entonces, lo que Hugh Haughton llama "coleccionismo de niñas". Según el profesor, este modo de vida "ciertamente haría levantar cejas ahora, por parte de los servicios sociales y los padres, y también hizo levantar cejas en su momento". La tatarasobrina de Dodgson, Caroline Luke, insiste en que no se debe juzgar un comportamiento de hace ciento cincuenta años con la moral de hoy en día, y el profesor Nicholas Shrimpton añade que entonces era mucho más reprensible que un hombre soltero pasara su tiempo con mujeres ya sexualmente maduras, que con niñas prepúberes. Hay incluso indicios de que el primer biógrafo de Dodgson, su sobrino Stuart Collingwood, pudo haber reducido a propósito las edades de esas amigas- niñas para disipar cualquier duda de que el interés del reverendo pudiera centrarse en adolescentes y mujeres jóvenes, lo que tuvo "muy extrañas consecuencias". 


"No hay absolutamente ninguna prueba de que las cosas 
[entre Dodgson y las niñas] fueran inapropiadas", Caroline Luke.


Acerca de las fotografías de niñas desnudas, los expertos están de acuerdo en que era algo habitual en la época victoriana entre fotógrafos y artistas, tolerado y alabado por los padres y la sociedad en general. "Como mucha gente, [Carroll] creía que la forma suprema  de la belleza era el cuerpo humano", señala Shrimpton, "Y que la máxima forma de suprema belleza del cuerpo humano era el cuerpo humano femenino antes de alcanzar la pubertad". Frente a Will Self, quien está seguro de que Dodgson era un "pedófilo reprimido", Edward Wakeling dice claramente que quien malinterprete las intenciones del reverendo al fotografiar niñas desnudas "no ha hecho sus deberes". Jenny Woolf insiste en que era algo muy común en la época, correspondiente al culto victoriano por la pureza y la inocencia de los niños, y cita a la fotógrafa Julia Margaret Cameron, contemporánea de Dodgson, como otra especialista en los desnudos de niñas. "Las fotografías de niños desnudos aparecían a veces en postales y tarjetas de cumpleaños, y los dibujos de desnudos, hechos con habilidad, eran alabados como estudios artísticos", había dicho en un artículo de 2010. "Los victorianos veían la infancia como un estado de gracia: incluso las fotografías de niños desnudos se consideraban fotografías de la propia inocencia". La presentadora, no muy convencida, se pregunta en voz alta si aquellos que insisten en que no deben imponerse valores del siglo XXI al período victoriano no están intentando simplemente "proteger a un autor cuya obra amamos".


El último cuarto de hora del documental se centra en la "polémica" fotografía atribuida a Dodgson, en la que se ve un desnudo frontal de una muchachita de unos catorce años (el documental, muy pudorosamente, solo muestra la cabeza). Se trata de una fotografía que  se encontró en Marsella, en el Musée Cantini, con la inscripción “Lorina Liddell, Carroll, Col, MC”. Su legitimidad es muy dudosa desde el momento en que se apunta como autor a "Carroll", quien nunca utilizó su pseudónimo literario para sus trabajos fotográficos, o se usan las siglas "MC" como si correspondieran a Musée Cantini, cuando el propio museo no marca así sus materiales. Como admite la presentadora, Edward Wakeling ya desmintió en 1993 que la modelo pudiera ser Lorina o el fotógrafo Dodgson, comparándola con fotografías verificadas, pero el documental insiste en realizar pruebas forenses por si pudieran demostrar lo contrario. Recurre primero a Nicholas Burnett, especialista en fotografías del s. XIX, quien certifica que la fotografía se hizo realmente en la segunda mitad de ese siglo y no se trata de una falsificación moderna. Tras dar su opinión científica sobre la autenticidad de la fotografía como pieza del s. XIX, Burnett dice que "su instinto" le hace pensar que es de Dodgson. Un segundo experto, David Anley, compara nuevamente a la muchacha de la foto con otras fotos de Lorina y asegura que son la misma. 


Martha Kearney concluye que "si todo esto es verdad", la fotografía arroja una "luz perturbadora" sobre la vida de Lewis Carroll, a la vez que ofrece una posible explicación sobre la "misteriosa separación" del reverendo y la familia Liddell. Se pregunta por qué nadie habría de etiquetar la foto con el nombre de Lorina Liddell si no fuera ella, ya que es una figura secundaria en la vida del autor, y declara que esta "controversia" simplemente refleja la de las otras fotografías del reverendo y su relación con sus amigas-niñas. Termina alabando la atemporalidad de Alicia en el País de las Maravillas y el indiscutible talento de su autor: "El hombre, aunque imperfecto, ha escrito una obra de genio que ha sido redescubierta generación tras generación". 



Viendo que la segunda parte del documental, que había comenzado como una celebración de Alicia en el País de las Maravillas, carga las tintas contra la respetabilidad de su autor, es comprensible que Edward Wakeling y otros entrevistados acusaran a la BBC de mala praxis, ya que en ningún momento les informaron de que sería ése el propósito del programa. La BBC trató de defenderse, muy pobremente, alegando que la decisión de incluir "la polémica fotografía" fue debida a "su descubrimiento" a última hora, lo que es ridículo cuando el propio documental admite que ya se estudió esa fotografía en 1993, y reconociendo su error al no avisar a los colaboradores a tiempo. Edward Wakeling tachó al programa de "terrible y engañoso". Mientras que los espectadores, a juzgar por los comentarios al vídeo y los mensajes a la BBC, apoyan ciegamente la idea de "pedófilo reprimido" y consideran las fotografías "asquerosas y repugnantes", los expertos en Dodgson y estudiosos de su época mantienen que su afición a la compañía de niñas pequeñas y su admiración por sus cuerpos desnudos, si bien eran gustos excéntricos, estaban desprovistos de toda perversión.


Hay biógrafos que van más allá y aseguran que el reverendo Dodgson, que tenía unos deseos sexuales y románticos totalmente sanos, se relacionaba con normalidad con mujeres adultas y habría deseado casarse y formar una familia, pero esto le habría obligado a mudarse a una parroquia propia, lo que chocaba fuertemente con sus intereses. Por una parte, era renuente a abandonar las comodidades de sus habitaciones en Christ Church; por otra, sus numerosas hermanas solteras dependían económicamente de él, y no habría podido seguir mandándoles dinero si hubiera tenido que mantener a su propia esposa e hijos.


Independientemente de las opiniones enfrentadas de los expertos y la voluble crítica de las masas, que tienen a creer la noticia más reciente que han visto sin preocuparse por el trasfondo, que un documental comience con gente disfrazada celebrando en Oxford el 4 de julio, y a la mitad entre de lleno en acusaciones directas de pedofilia, es una decisión ejecutiva más que cuestionable, sobre todo viniendo de una cadena del prestigio de la BBC. Espero que les diera a los productores algo que pensar el darse cuenta de que su elección para conmemorar el 150 aniversario del libro en lengua inglesa más traducido del mundo, después de la obra de Shakespeare, quedara a la altura de una columnilla sensacionalista denostada por los propios entrevistados.





Fuentes: 

Todas los fotogramas son propiedad de la BBC. 



MARCHAL, Louise. "Responding to The Secret World of Lewis Carroll", en the mutability cantos, 3 de marzo de 2015. 

The Secret World of Lewis Carroll, documental completo en Youtube. 

WOOLF, Jenny. "Lewis Carroll shifting reputation", en Smithsonian Magazine, abril de 2010. 


18 de febrero de 2020

"Eres viejo, Padre William" (1865)


Y haces el pino constantemente...


You are old, Father William” es un poema absurdo que aparece en Alicia en el País de las Maravillas, en el episodio V, “Consejos de una oruga”. Está presente en la primera versión de la novela, Las aventuras de Alicia bajo tierra, y el propio Carroll lo ilustró con cuatro dibujos, como haría posteriormente John Tenniel.


Durante su conversación con la Oruga, Alicia se lamenta de que ya ha intentado recitar un poema que se sabía de memoria: “¡Cómo la afanosa abejita...!” (“How Doth the Busy Little Bee”, de Isaac Watts), y en su lugar le había salido algo diferente: “¡Cómo el pequeño cocodrilo...!”. La Oruga le propone que recite ese poema que comienza diciendo “Eres viejo, padre William...”. El texto al que se refiere, de hecho, se titula “Los consuelos del anciano, y cómo los obtuvo”, (The Old Man's Comforts, and How He Gained Them”), de Robert Southey, y había sido originalmente publicado en 1799.


Los poemas que imita Carroll en sus libros (no solamente en los de Alicia) suelen ser textos didáctico-morales muy conocidos en su época, pero que hoy solamente se recuerdan gracias a su parodia. El romántico Robert Southey formaba parte de los “poetas lakistas” con Samuel Coleridge y William Wordsworth, y fue nombrado poeta laureado de Inglaterra por el rey Jorge III en 1813, pero “Los consuelos del anciano y cómo los obtuvo” no es ninguna obra destacada: se trata un sermoncillo sobre cómo la fe y la serenidad garantizan una vejez saludable, y de no ser por la humorística versión de Carroll, probablemente se habría olvidado en la actualidad. 



En su traducción de Alicia en el País de las Maravillas, Emilio Pascual incluye una versión en octosílabos y con rima asonante del poema de Southey, que titula “El consuelo de la vejez y de cómo lograrlo”.  La adaptación en verso, aunque elegante y muy fiel al sentido, obliga a extender la original, mucho más concisa. Ofrezco aquí una traducción literal.

“Eres viejo, padre William”, exclamó el joven.
“Los pocos mechones que te quedan son grises,
pero estás sano, padre William, eres un robusto anciano,
y te ruego que me digas la razón”.

“En mis días de juventud”, replicó el padre William,
“consideré que la juventud pasaría deprisa
y no abusé de mi salud y mi vigor
para que luego no me faltaran”.

“Eres viejo, padre William”, exclamó el joven.
“Y los placeres con la juventud se van,
y sin embargo, no lamentas los días pasados,
y te ruego que me digas la razón”.

“En mis días de juventud”, replicó el padre William,
“consideré que la juventud no duraría
y pensé que en el futuro, hiciera lo que hiciera,
no me abrumaría el pasado”.

“Eres viejo, padre William”, exclamó el joven.
“Y tu vida pasa muy deprisa,
¡pero estás alegre, y te encanta conversar sobre la muerte!,
y te ruego que me digas la razón”.

“Estoy alegre, jovenzuelo”, replicó el padre William.
“Y la razón escucha atentamente:
¡en mis días de juventud me acordé de mi Dios!
Y Él no me ha olvidado en mi vejez”.

Acostumbrada, como cualquier niña victoriana de clase alta, a declamar un poema cada vez que un adulto se lo ordena, Alicia adopta una postura formal, cruzando las manos sobre su regazo, y recita un poema parecido, pero no igual. La traducción es de Emilio Pascual (también en octosílabos y con rima asonante); las ilustraciones, de John Tenniel.

“Sois viejo, padre Guillermo”,
dijo el joven, “Y muy cano
se ha puesto ya vuestro pelo.
Sin embargo, ¡de cabeza
os estáis siempre poniendo!
Decidme, ¿con vuestros años
os parece sensato eso?”.


“En mis años juveniles”,
replicó a su hijo Guillermo,
recelé que esto pudiera
estropearme los sesos.
Mas, después de tantos años,
y ahora que he descubierto
que no me queda ninguno,
¡me pongo así cuando quiero!”.

“Sois viejo”, prosiguió el joven,
“como observé hace un momento,
y os habéis puesto muy gordo,
amondongado y mostrenco.
Pero al cruzar el umbral,
¡disteis dos tumbas de miedo!
Os ruego que respondáis:
¿cómo explicáis el portento?”.


“En mis años juveniles”,
 replicó en seguida el viejo,
sacudiendo el pelo blanco,
“la agilidad de mis miembros
mantuve en perfecta forma
con este precioso ungüento.
¡Un frasco por un chelín!
¿Quieres comprarme un par de ellos?”.

“Sois viejo”,
prosiguió el joven,
“y, por lo que ahora observo,
vuestras débiles mandíbulas
no podrían sin esfuerzo
masticar más que manteca.
Pero con todo y con eso,
¡os habéis comido un ganso
sin dejar un solo hueso!
Os lo pido por favor:
¿cómo habéis logrado hacerlo?”.


“En mis años juveniles”,
dijo el padre, “hice Derecho
y alterqué con mi mujer
por todo y en todo tiempo.
Y tal fuerza en mi mandíbula
desarrolló el parloteo,
que para toda la vida
me ha perdurado el efecto”.

“Sois viejo”, prosiguió el joven,
 “y la vista, por supuesto,
no la tenéis como antaño.
Sin embargo, ¡estáis teniendo
una anguila en la nariz
en equilibrio perfecto!
Decidme: ¿cómo pudisteis
desarrollar tal talento?”.


“¡Ya está bien!”, replicó el padre.
“Tres preguntas he respuesto,
¿y crees que voy a seguir
tus patochadas oyendo?
¡Vete de aquí, y menos humos,
no te pegue en el trasero
una patada que bajes
la escalera dando vuelcos!”.


La estricta Oruga, sin embargo, no aprecia la versión de Alicia: sentencia que “no lo has dicho bien” y que está “mal de principio a fin”, aunque luego no insiste en ello, sino que ya le pregunta a la niña qué tamaño le gustaría tener.

El poema, como otras parodias carrollianas de textos con sensiblería y moralina, hizo las delicias de los contemporáneos. Al igual que “Jabberwocky”, fue a su vez objeto de parodias: antes de 1900 ya había una veintena de poemas satíricos que tomaban como base el texto de Carroll, como uno que fue dedicado nada menos que al Káiser Guillermo: “You are Young, Kaiser William”, de Mostyn Pigott (Songs of a Session, 1896).

Peter Newell, 1902.

Dado que el poema está incluido en Alicia en el País de las Maravillas, y no tiene tanta relevancia como para publicarse de modo independiente, suele ser traducido por el mismo traductor del resto de la novela (excepto en las ediciones que cuentan con traductores diferentes para la prosa y el verso). Al igual que hace Emilio Pascual, Jaime de Ojeda y Jorge Romaní Gallego optan por usar la versión castellana del nombre, en sendas traducciones tituladas “Eres viejo, padre Guillermo”. Maricel Lagresa Colom traduce como “Eres viejo, padre Bill”; C.G. Aragón como "Sois viejo, padre William", y R. Ballester Escalas como “Eres viejo, papá Willy”. Siempre es interesante encontrar nuevas (o viejas) versiones, por mucho que la mayoría se alejen del original en pro de conservar métrica y rima. 

Charles Folkard, 1921.


Triste, aunque comprensiblemente, el recitado de este poema suele ser omitido en las adaptaciones cinematográficas de Alicia en el País de las Maravillas, ya que no muchas incluyen los poemas originales de Carroll (bien por el excesivo metraje que supondrían, bien por preferir sustituirlas por canciones originales). Aparece, por ejemplo, en las versiones de W.W. Young (1915), Bud Pollard (1931), George Schaefer (1955) y Jean- Christophe Averty (1970); en todas menos la segunda, unos actores representan el poema conforme Alicia lo declama. La versión de Walt Disney (1951) alude brevemente a él, al hacer que Tweedledee y Tweedledum comiencen a recitarlo, aunque Alicia no se quede a escuchar. En la adaptación para televisión de Irwin Allen (1985), Sammy Davis Jr. recita el poema entero en forma de canción, con algunos intermedios de claqué.

©Walt Disney, 1951.

Aunque se suele decir lo mismo de casi todos los poemas paródicos de Carroll, “Eres viejo, padre William” se considera una joya de la poesía del absurdo. Resulta impagable cómo el reverendo Dodgson, tan estirado y piadoso por su cuenta, no tuvo problema en cargar las tintas sobre el poema de Southey, convirtiendo al venerable anciano en un espabilado vejezuelo, y al admirado muchacho en un barbián de lo más impertinente. La parodia es más larga que el texto original, y aun así deseamos una estrofa más – y un dibujo más – en que el padre William cumpla su amenaza y el preguntón se vaya rodando escaleras abajo.


Fuentes:

CARROLL, Lewis; Ana-Emilia (trad.); PASCUAL, Emilio (trad.). Las aventuras de Alicia, Edival-Alfredo Ortells, Valladolid-Valencia, 1977.
                         - SOLANS MUR, Modest (ed.). Aventuras de Alicia Bajo tierra, Esdrújula Ediciones, Granada, 2015.

PETZOLDT, Suzanne. What Makes a Parody? A Comparison Between “Father William” by Lewis Carroll and “The Old Man’s Comforts and How He Gained Them” by Robert Southey, GRIN Verlag, Munich, 2017.

RUMENS, Carol. Poem of the week, en The Guardian, 3 de enero de 2012.

WikiMedia Commons.


Artículos más leídos