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16 de febrero de 2022

Alicia de Leite Almeida (2021)

 




Alice dos Anjos es un largometraje brasileño de 2021, dirigido por Daniel Leite Almeida, inspirado en Alicia en el País de las Maravillas. Se empezó a rodar en Vitória da Conquista, en la provincia de Bahía, en 2019, pero la pandemia de covid-19 retrasó la producción. En diciembre de 2021 se estrenó en la quincuagésimo cuarta edición (en línea, debido también a la pandemia) del Festival de Brasilia, en el que obtuvo seis galardones: al director, a la dirección artística (Luciana Buarque), al maquillaje (Claudia Riston) y al vestuario (Lívia Liu), y los premios del jurado popular y de la crítica. Dura 76 minutos. 

 

 
Tiffanie Costa en el papel de Alice.


La película no es una adaptación literal del libro, sino una recreación de la historia y de algunos personajes, con gran influencia del paisaje y la cultura tradicional de la región nordeste del país. La familia protagonista y otros personajes están interpretados por brasileños negros; muchos llevan trajes típicos, recitan poemas de autores autóctonos y aluden a héroes históricos y populares, como el explorador Pedro Álvares Cabral o la conocida bandida Maria Gomes de Oliveira. La película recibe claras influencias del manual educativo de orientación marxista Pedagogía del oprimido (Pedagogia do oprimido, 1970) del filósofo pernambucano Paulo Freire, como se observa en la segunda parte de la historia. Asimismo, alude a los poemas "El niño que llevaba agua en una cesta" del matogrossense  Manoel de Barros, y "Muerte y vida severina" del también pernambucano João Cabral de Melo Neto. 

 

Tras una presentación en dibujos parcialmente animados que nos remite al comienzo del cuento original - una Alicia rubia y vestida de azul está con su hermana a la orilla del río, cuando ve pasar al Conejo Blanco - la película nos presenta a la protagonista, también llamada Alice (Tiffanie Costa), pequeña y regordeta, con cabello muy rizado. Está apoyada en el hombro de su hermana Fabiana (Eloá Miranda), que ha comenzado a leerle el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, y ambas van en un coche conducido por su madre a la pequeña granja donde viven su abuela Indira (Cris Magalhães) y la cuidadora de esta, Filomena (Mônica Gideone). 



De las conversaciones posteriores se desprende que la abuela padece cáncer u otra enfermedad degenerativa, y que su hija Cecilia (Dayse Maria), la madre de Alice y Fabiana, no sabe cómo convencerla de que deje la apartada granja y se vaya a vivir con ellas. La abuela Indira, que manifiesta sentirse muy bien a pesar del avance de su enfermedad, está encantada de la visita de su hija y sus nietas, y le regala a Alice un vestido azul ("¡Como el de Alicia!) que ha confeccionado para ella. A Alice le gusta tanto que se lo pone inmediatamente y no se lo quita ni para trabajar en el jardín con su abuela. 

 
 

Están juntas cavando en un parterre, cuando, entre el grupo de cabras del establo cercano, Alice ve repentinamente un extraño personaje, parecido a un macho cabrío negro (Fernando Alves Pinto). Avisa a su abuela, pero esta, que no lo ha visto, comenta que la mayoría de las cabras del rebaño son negras. Como ya es hora de comer, y amenaza una tormenta, la abuela y Fabiana se dirigen a la casa, pensando que Alice va tras ellas... pero la niña vuelve a ver al Chivo Negro, y entra en el recinto de las cabras a buscarlo. 



Tras darle a Alice un buen susto apareciéndose a su espalda, el Chivo mira su reloj, murmura que se le hace tarde y se va corriendo. Alice, curiosa por saber si va a la boda de la Raposa (por el refrán que acaba de decirle su abuela: "Lluvia con sol, casamiento de raposa"), va tras él atravesando los campos, pero se resbala y se cae por un terraplén. La niña aterriza sobre un montón de arena, se incorpora enseguida y comienza a andar sin rumbo fijo, hasta que encuentra una puerta azul en medio de la nada y pasa a través de ella. El País de las Maravillas de esta Alicia, sin embargo, se parece mucho a los campos que acaba de dejar (de hecho, hacia el final de la película se revelará que se llama País de las Macaúbas, una palmera autóctona de Brasil). Pero sus habitantes no son tan normales como su abuela Indira y las cabras y gallinas de su corral. Primero asiste, en efecto, a la boda de la Raposa (Raisa Lima) con el Lobo (Sorak Barbosa), con una pequeña y colorida comitiva, que se celebra apresuradamente porque se oyen disparos de cazadores. 




Los invitados se dispersan apenas el oficiante declara al Lobo y la Raposa marido y mujer, y pasa nuevamente el Chivo Negro. Alice lo sigue y le pregunta dónde va con tanta prisa, pero el Chivo le da respuestas ambiguas, y vuelve a salir corriendo al oír de nuevo los disparos. 



Alice se sienta bajo un gran árbol y ve llegar a un niño (João Pedro Costa) que resulta ser "el niño que llevaba agua en una cesta", personaje conocido por sus despropósitos pero también por su capacidad de lograr lo imposible. El Niño le habla por primera vez del "severino", también un personaje literario: en el poema, Severino es un retirante, un hombre pobre que emigra del nordeste de Brasil a causa de las inundaciones, en busca de tierras fértiles o de trabajo en la ciudad. Aquí, como se verá más tarde, el "severino" es un sinónimo de soñador. "¿Quién es Severino?", pregunta Alice. "Todo el mundo", le responde el Niño.  




Sola de nuevo, y hambrienta, Alice examina el reseco árbol bajo el que está sentada, y divisa una única fruta colgando de una ramita. Trepa por el tronco para obtenerla, y se encuentra con un personaje que se presenta como un Lagarto (Cristiano Martins). 



"Parece usted una persona", dice Alice. "Y usted parece un lagarto", replica el arborícola. Alice se queja de que, tras encontrarse un Chivo que parece una persona, y ahora un Lagarto que también parece una persona, comienza a dudar si ella misma es persona o no. El Lagarto se marcha por las ramas; Alice alcanza la fruta, baja del árbol para comérsela, y al poco se queda dormida. Cuando se despierta, ha crecido hasta ser tan grande como el propio árbol, pero no se percata de su tamaño hasta que vienen los Gemelos (Rerbert y Werbert Viana) y le cantan una canción al respecto.



Pero se marchan enseguida, aunque Alice les pide que no la dejen sola, y la niña se pregunta en voz alta por qué las cosas son tan difíciles. Una voz retumbante le contesta desde lo alto, y Alice le pregunta si es Dios. Tras una pausa, Alice ve pasar al Chivo Negro, murmurando que le van a cortar la cabeza por llegar tarde, pero ya no le apetece seguirlo. Continúa hablando con la voz misteriosa, hasta que se le ocurre girar la cabeza y descubre que se trata de un chamán indio (Pajé Aripuanã Tupinambá). El Chamán le cuenta, con una canción, cómo su tribu fue expulsada de sus tierras.





Alice se compadece de la situación del pueblo Tupinambá, a lo que el chamán le contesta que ella todavía tiene una casa a la que puede regresar. Le da una galleta con la que recuperar su tamaño normal y consejos para encontrar el camino de vuelta. La niña echa a andar por los campos, y se encuentra con el Caracara (Rogerio Leandro), un antipático personaje que se la lleva consigo diciendo que "el Coronel los espera" (el caracara, también llamado carancho, es un ave de la familia de los halcones, nativa del centro y el sur de Sudamérica, lo que será relevante hacia el final de la película). 


A continuación observamos una extraña reunión en que dos hombres, el Coronel Brás (Ricardo Fraga), que tiene una nariz de cerdo y de vez en cuando gruñe como tal, y su Asesor (Teófilo Gobira) discuten cómo se harán con unos territorios cuando se hayan librado de la "Reina de los Bandidos"; la mujer del Coronel, Virgília (Thiana Barbosa) declara que le quitará a la Reina su corona. Entra el Caracara llevando a Alice, y el Coronel le pregunta a la niña si ha descubierto el paradero de la Reina. Alice responde que estará por ahí: "Si no sé ni quién soy, ¡voy a saber de reinas!". 



El Coronel y los suyos se dan cuenta de la confusión: habían enviado a una niña a espiar a la Reina, pero el Caracara se ha equivocado y ha traído a Alice en su lugar. Enfadado, el Coronel ordena al Caracara que le traiga a la auténtica informante, aunque su esposa opina que deberían cortarle la cabeza, por inepto. Mientras el Caracara se lleva a Alice, el Coronel se reúne con sus consejeros, que se mueven y asienten como robots, y les habla de destruir el pueblo de los "severinos" para construir su fábrica.


 

Alice vuelve junto al árbol, en cuyo pie está el Chamán fumando su pipa. La niña le cuenta lo que le ha pasado, y el Chamán le recomienda que vaya a buscar a esa Reina de los Bandidos de quien le han hablado, porque puede ayudarle a volver a su casa. Le señala una casita cercana para que vaya a investigar, pero, cuando Alice le pregunta quién vive allí, el Chamán ha desaparecido. Acostumbrada ya a cosas raras, Alice se encoge de hombros y se dirige a la casita.


Dentro de la pequeña construcción se encuentran el Acordeonista Loco (Neto Cajado) y el Armadillo Gigante (Alan Miranda), que están echando especias y semillas sobre unas hojas de partitura; según ellos, es un "montaje musical". En un principio intentan fingir que no hay nadie en casa (diciéndolo en voz alta cuando Alice llama a la puerta), pero después la invitan a entrar y le ofrecen asiento. Alice contempla un rato sus extravagancias, hasta que llaman de nuevo a la puerta, y resulta ser el Chivo Negro, que anuncia la llegada de la Reina de los Bandidos o Reina Bonita (Vicka Matos), sus damas de honor (Priscila Amaral, Ana Carolina Medrado y Rebeca Reis) y el líder de los severinos o Severino Jefe (Jomir Gomes). 



Sin percatarse al principio de la presencia de Alice, la Reina da comienzo a una reunión para trazar un plan que les permita librarse del Coronel y sus hombres. Alice la interrumpe para decir que necesita ayuda para volver a su casa. Cuando comenta que no entiende a qué viene tanta reunión ("Primero el Coronel, y ahora ustedes"), capta de inmediato la atención de la Reina, que le pide que le diga cuanto sepa del Coronel. Alice repite lo que ha oído por encima: que quieren capturar a la Reina y construir una fábrica. Este último dato preocupa a la Reina, que declara imperiosamente: "Si quieren guerra, guerra tendrán".


La escena cambia a una habitación en casa del Coronel, donde Virgília, preocupada por los bandidos, está encendiendo velas en un altar dedicado a Cristóbal Colón y Pedro Álvares Cabral, a quienes llama "protectores de nuestras tierras y nuestros negocios" y rezando para que no ocurra nada malo.



A continuación, la Reina y su comitiva llevan a Alice a la villa de los severinos, donde la Reina reúne a los nativos para confirmarles que el Coronel pretende expulsarlos de sus campos y sus hogares para construir una fábrica, y les da un discurso de arenga para que unan sus fuerzas contra sus ambiciosos planes. Una niña que está en el pueblo resulta ser la auténtica espía del Coronel: poco después va a informarle de que la Reina y los severinos ahora son aliados. 


En el pueblo, la Reina se sienta a charlar con Alice, y en su conversación se descubre que la abuela Indira fue maestra de todos los habitantes de la región: enseñó a hablar al Chivo Negro, a tocar instrumentos al Acordeonista Loco y al Armadillo Gigante, a leer y a escribir a los severinos, y a todos, a luchar por un mundo más justo.  "Fue una madre para nosotros", declara la Reina, "Amar es educar". La Reina dice que Alice ha de volver inmediatamente con su abuela, pero la niña quiere quedarse y ayudarlos en su lucha contra el Coronel. La Reina insiste en que vuelva a su casa y le diga a su abuela, en nombre de todos, que le desean una buena salud  y que la echan de menos. 


La Reina en persona toma a Alice de la mano y la acompaña hacia la puerta azul por la que podrá volver a su casa, pero en el camino les corta el paso el Caracara, acompañado por otros hombres armados, y las lleva por la fuerza a la casa del Coronel. Este, tras quitarle a la Reina su "corona" (que es su sombrero de campesina) y dárselo a su mujer, se pregunta en voz alta qué va a hacer con ella. Virgília, que por cierto está encantada con el sombrero, propone cortarle la cabeza. Alice logra zafarse del hombre que la sujeta, coge un puñado de tierra y se la arroja a la cara al Coronel, quien comienza a proferir amenazas. Pero entonces aparecen en masa todos los severinos y los animales, e inmediatamente después el Chamán y la tribu Tupinambá, y aunque el Coronel ordena al Caracara y sus hombres que abran fuego, no las tienen todas consigo. El Caracara, de repente, recuerda que su especie ya no existe en la región debido a que el hombre la cazó hasta extinguirla, y deja su escopeta en el suelo y se une a los demás animales contra el Coronel. Sus hombres lo imitan, y pronto el Coronel, su esposa Virgília, su Asesor y sus cuatro consejeros de aspecto robótico se quedan solos y desarmados en medio de un corro de severinos, animales, indios y otros maracaubos que cantan sobre mantenerse unidos contra la opresión. 





La Reina se adelanta para recuperar su sombrero, y, en la primera oportunidad que tienen, el Coronel y los suyos salen huyendo sin que nadie los haya tocado. La Reina, el Chivo Negro, el Chamán Tupinambá y otros personajes acompañan a Alice a la puerta azul y se despiden de ella cuando la atraviesa de vuelta a los campos familiares. 






Alice regresa a la granja, con su vestido lleno de tierra, para encontrarse que su madre estaba preocupadísima y su abuela Indira ha tenido que acostarse. Un poco más tarde, la abuela tiene con Alice una conversación sobre la muerte y la aceptación de la misma; mientras se oye decir a su voz "un día, todos descubrimos que somos capaces de dar flores, muchas flores", vemos que Alice, su hermana, su madre y Filomena están plantando una plantita verde bajo un árbol que se parece mucho al que Alice vio en el País de las Macaúbas. Después las cuatro se abrazan y abandonan el lugar. 





Alice, Fabiana y su madre regresan en coche, mientras Fabiana le lee a Alice el comienzo de A través del espejo. "Me pregunto si algún día yo también podré atravesar un espejo...", comenta Alice. "La abuela Indira nunca me contó esa parte". "Algún día, sus historias se convertirán en películas, y entonces podrás atravesarlo", le dice su madre. "Una película es como un gran espejo". "¡Una película...!" exclama Alice.

 

Alice dos Anjos es una obra completamente dedicada a la región nordeste de Brasil, hasta el punto en que la historia de Alicia es la menor de las alusiones culturales que aparecen en ella. Que la niña protagonista siga a un Chivo Negro, que el Acordeonista sea el Acordeonista Loco, o que la esposa del Coronel exclame en dos o tres ocasiones "¡Que le corten la cabeza!", son referencias que ya forman parte de la cultura popular, pero que aportan muy poco a lo que nos quiere contar esta película. Alice crece al comer una fruta, pero cuando es gigante simplemente se queda sentada un buen rato junto al árbol, sin hacer nada, hasta que vuelve a disminuir de tamaño: es algo que podía haberse suprimido sin que afectara a su historia ni a sus encuentros con los personajes (y de hecho, los efectos especiales de la Alice grande son tan terribles, que la película ganaría si no se hubieran usado). Salvo el Chivo Negro, como obvio álter ego del Conejo Blanco, ninguna de las criaturas del País de las Macaúbas "equivalente" a las del País de las Maravillas tiene una verdadera razón de ser. Podrían salir y tener identidad propia sin estar basados ni tener que parecerse a los de la obra de Carroll. No considero oportunista el usar un cuento conocido universalmente como hilo conductor en una película tan destacadamente regionalista, pero es que tampoco me parece necesario. 


Y es que a ese país dentro de otro que es la región nordestina de Brasil no le hace falta ningún apoyo para contar su propia historia. El que un protagonista del mundo real conozca a personajes literarios no es una exclusividad de Carroll, y precisamente las conversaciones de la abuela Indira con su hija o su nieta, o los encuentros de Alice con el Niño que llevaba agua en una cesta, con el Chamán Tupinambá (que por su parte es un nativo auténtico de esa tribu, y ejerce el rol de chamán en ella), o con la bandida Maria Bonita, constituyen los momentos más interesantes, profundos y emotivos de la película. Algunos diálogos, como el siguiente, pueden recordar a los de Carroll, pero no necesitan conectar con los de los libros para resultar llamativos:


- ¿Por qué las cosas tienen que ser tan difíciles?

- Las cosas no son difíciles.

- ¿Quién está hablando?

- Somos nosotros quienes las hacemos difíciles.

- ¿Es usted Dios?

- Lo soy.

- Tengo una pregunta.

- ¿Cuál?

- ¿Por qué no puedo tener una conversación normal con nadie? Todo parece haberse vuelto loco.

- ¿Cómo va a volverse loco, si ya lo era?

- Si ya lo era, no puede volverse. Si no lo era, y ahora lo es, se ha vuelto. A menos que siempre lo fuera y nunca nos diéramos cuenta.

- Es una gran reflexión.


Hay otro motivo por el que la historia de Alicia no acaba de encajar con la de Alice dos Anjos, y es el enfrentamiento entre el capitalismo del Coronel, caracterizado como un cerdo, que con un grupo de hombres armados quiere destruir un pueblo de campesinos para levantar una fábrica en sus tierras; y el socialismo indigenista de los severinos, trabajadores y honrados, que han salido del analfabetismo gracias a los esfuerzos de una educadora, y ahora luchan contra los desmanes de los ricos por lo que legítimamente es suyo. Es un conflicto clásico entre poderosos y humildes, y un problema del mundo adulto. La pequeña Alice no pinta ahí nada, y aunque la película tiene un gran mérito al no presentarla nunca como la heroína que viene de fuera y salva el País de las Maravillas (lo que desgraciadamente sucede en varias adaptaciones), en la segunda parte se nota que ha desaparecido el espíritu de aventura que regía la primera. Ya importa poco lo que haga Alice, o lo raros que sean los personajes que conozca: estamos viendo una cinta de crítica social, que resuelve de un modo idealizado cuando un grupo de gente diversa, con las manos unidas y cantando en corro, logra ahuyentar al cacique y su milicia sin recurrir a la violencia. Esta película cuenta la historia de la región donde fue rodada, y la protagonista no tiene que acceder a ningún país loco ni maravilloso para conocerla. 


En el apartado técnico, la película se caracteriza, en su mayor parte, por una magnífica sencillez. Está rodada casi por completo en exteriores, en los campos de Bahía da Conquista, y los interiores son casas de campo tradicionales, con la decoración, los colores y las texturas propias de la población nativa. Los actores que representan animales tienen muy poca caracterización como tales (el Chivo Negro tiene barbas y cuernos, el Lagarto está pintado de verde y tiene un traje de colorines que representa escamas) o ninguna en absoluto (el Lobo y la Raposa no llevan nada que los distinga de los seres humanos que asisten a su boda o el cura que la oficia), lo que remite inmediatamente a la Alicia de Jonathan Miller, y es un recurso muy apreciable, como lo es también que los severinos y los Tupinambás lleven sus ropas típicas. Pero luego encontramos que el Coronel y su esposa, al ser villanos, han de ser ridículos; él viste una peluca blanca con tirabuzones como la de un juez, y ella luce un enorme peinado Pompadour envuelto en collares de perlas. Las narices de cerdo de ambos tienen un acabado terrible; parecen hechas de paper maché y pegadas con celofán a sus caras, y en varios planos se ven dos pares de agujeros, los de sus narices reales y los de las postizas. Los acólitos del Coronel no hablan y se mueven como si hicieran el baile del robot, lo que probablemente simboliza que solo piensan en los beneficios de las tierras que van a expropiar ilegalmente, pero dan una imagen más propia de unos dibujos animados que de una cruel invasión corporativa. Mucho peor es el efecto especial de la Alicia gigante: se nota muchísimo que está pegada sobre el fondo del árbol, y cuando habla con personajes más pequeños que ella, la actriz no enfoca correctamente la mirada. Es algo que claramente se ha hecho con el único propósito de conectar con los cambios de tamaño de la Alicia original y, como he comentado anteriormente, la película no habría perdido nada si no se hubiera hecho. La mariposa, en fin, que aparece revoloteando sobre la planta en honor a la abuela Indira, es tan claramente digital que habría quedado más creíble si la hubieran pintado con rotulador. Y estos detalles de postproducción chapucera estropean un poco la película, porque no habrían hecho ninguna falta. Las canciones, los paisajes, los efectos de luz natural, y la honestidad de que los severinos y los indios sean indígenas reales, proporcionan a esta cinta una belleza inigualable.  


La película, como he comentado al principio, recibió varios premios en el festival en que fue estrenada, y las reseñas publicadas sobre ella son unánimemente favorables. Sin embargo, su distribución estuvo limitada a su proyección en el festival de cine y a su emisión por canales de internet brasileños, restringidos al resto del mundo, durante unos pocos días. Un fan la publicó en una plataforma gratuita y de acceso libre en internet con subtítulos en portugués brasileño e inglés, pero fue retirada en menos de dos semanas por motivos de derechos de autor. De modo que, de momento, solo pueden ver esta película los brasileños que tengan acceso a las plataformas de televisión por internet donde se emita, y no tengo la certeza de que todavía se pueda acceder a ella. Mi reseña está elaborada a partir de una copia sin subtítulos, y mis deficiencias en el idioma han limitado mucho que disfrutara de los diálogos, y especialmente de las canciones.


Es evidente que no se trata de una producción para el gran público, por su temática regionalista y sus referencias a elementos literarios y culturales poco o nada conocidos fuera de Brasil, pero, con todo, considero que es una película hermosa, esperanzadora y digna, y creo que seguiría recibiendo buenas críticas si saliera de la fronteras de su país.






Fuentes: 

Todos los fotogramas son propiedad de Daniel Leite Almeida y Ato3 Produções.

 

Alice dos anjos, teaser en YouTube.


"Alice dos Anjos, filme conquistense, tem lançamento no 54º Festival de Brasília 2021", en Blog do Sena, 7 de diciembre de 2021.

 

CARVALHO, Rafael. "Alice dos Anjos. Entrevista com Daniel Leite Almeida", en Moviola Digital, 19 de diciembre de 2021.


FLAVIO, Lucio. "Alice, social e libertadora", en Secretariado de cultura e economia criativa, 8 de diciembre de 2021.


TOMÁZ XAVIER, Brenda; AMORIM, Fabiana; TAVARES; Tamires. 'Alice no País das Maravilhas' nordestina é gravada em Conquista”, en Avoador, 23 de diciembre de 2019.

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20 de octubre de 2019

Alicia de Lima y Rodrigues (2011)




Alice no País das Maravilhas es una película de animación por ordenador de la compañía brasileña Video Brinquedo. Fue dirigida en 2011 por Robson Lima y Everton Rodrigues, y producida por Maurício Milani. La banda sonora, que consiste en una sola canción repetida a lo largo de toda la película, fue compuesta, arreglada, producida y mezclada (e interpretada, posiblemente) por Marcos Ottaviano y Marcio Tucunduva, para Ottatu Produções Musicais.

La historia de Video Brinquedo daría para llenar libros, y desde luego ha dado para docenas de vídeo- reseñas y páginas de internet. Esta productora nació en São Paulo en 1994, y durante sus primeros diez años de vida se dedicó al doblaje y distribución en vídeo de series extranjeras (como La pequeña Lulú, Sonic X o The Wiggles: Space Dancing) para el mercado brasileño, así como la producción, en animación tradicional, de películas basadas en cuentos clásicos.  En 2007, sin embargo, la compañía dio un giro determinante a su trayectoria con Carinhos (Cochecitos), su primera película en 3D, cuyo concepto (si bien no su realización) recordaba sospechosamente al de la película Cars que Pixar había estrenado un año antes. En los siguientes tres años, Video Brinquedo se hundió en una desenfrenada orgía de imitaciones de éxitos de Disney, Pixar y Dreamworks, con muy poco presupuesto, y un talento artístico por debajo de la sima de Challenger. Solamente entre 2007 y 2009 produjo unos quince mockbusters, entre los que se contaban nada menos que tres secuelas de CarinhosUrsinho da Pesada (“Oso de peluche pesado”, en 2008, por Kung-Fu Panda de Dreamworks), Abelinhas (“Abejitas”, de 2009, por Bee Movie, también de Dreamworks), o la que suele considerarse más infame de todas, Ratatoing (de 2007, por Ratatouille de Pixar), entre otros engendros.

Este desfile de plagios fue duramente criticado por su desvergonzado empeño en sacar partido de todas las películas de animación del momento, pero también por su propia realización: una animación espantosa, un diseño de personajes plano en sus mejores momentos (atroz en los demás momentos), argumentos y diálogos paupérrimos, y un doblaje insufrible, con la agravante de que algunas voces en inglés pertenecían a grandes actores consagrados, que probablemente no supieron qué estaban haciendo hasta que estuvo hecho. Un ejemplo sangrante es el de Mike Pollock, conocido por ser la voz del doctor Eggman/ Robotnik en las series y videojuegos de Sonic the Hedgehog… que dobló a uno de los personajes de Ratatoing… y apareció en los títulos de crédito del doblaje con un pseudónimo. Comprensible.

Video Brinquedo sigue existiendo en la actualidad, aunque en la última década ha vuelto a las adaptaciones de cuentos tradicionales, a la distribución de contenidos extranjeros de muy dudosa calidad, y a cortos educativos para preescolares. Su último vídeo subido a Youtube data de 2015, y la última entrada de su blog corresponde a 2017. Su página web no parece haber sido actualizada desde 2008. Sabemos por Internet Movie Database que la compañía aún no ha dado su último aliento, probablemente porque está esperando a alguno que se haga lo suficientemente famoso para plagiarlo.

Título en inglés. Because reasons.

Dado que Alicia en el País de las Maravillas es una obra libre de derechos de autor, y no una historia original de otra productora, la versión de 2011 de Video Brinquedo no puede considerarse propiamente un mockbuster, aunque la imitación de conceptos de ambas versiones de Disney salta a la vista. Dura unos 44 minutos y evidencia unos recursos muy limitados. Se trata, en general, de una película para niños pequeños, en la que un narrador se dirige frecuentemente a ellos, y les da consejos y advertencias a propósito de lo que le sucede a Alicia.  



La historia comienza explícitamente en primavera, con Alicia, sola, leyendo en un bosque. El narrador (Gilson Ajala) comenta que “en aquella época” no existían DVD ni videojuegos, así que los niños se entretenían leyendo hermosos libros. Alicia (Rita Almeida) cierra de golpe el libro, mira directamente al espectador y declara: “Este libro me da sueño. No creo que lo termine hoy, ¡vaya rollo de historia!”, y se levanta a pasear. El narrador tartamudea y murmura: “Eeeeh… bueno… ¡no todos los libros eran divertidos!”, en lo que probablemente sea el mejor momento del doblaje de toda la animación.


Alicia pasea admirando y oliendo las flores, cuando aparece junto a ella el Conejo Blanco (Francisco Freitas), quejándose de que va a llegar tarde a su compromiso. Alicia se sorprende de ver un conejo que habla y encima lleva reloj, y sale corriendo tras él.

A diferencia de la mayoría de versiones, Alicia se lo piensa un poco al ver que el Conejo se tira por un agujero en el suelo, y hasta deshace el camino para volver adonde estaba, pero cambia de opinión, regresa y se tira también por el agujero. El narrador comenta que “gracias a su curiosidad, Alicia viviría una gran aventura”, lo que de entrada no parece el mejor consejo para un espectador de corta edad.


Poco antes de llegar al fondo de la madriguera, una burbuja envuelve a Alicia, protegiéndola de la caída. Alicia ve desaparecer al Conejo Blanco tras una puertecita (la única que hay, de hecho), y comprueba con desencanto que ha quedado cerrada con llave, aunque tampoco podría pasar por ella aunque la abriera. Ve entonces la mesita con la llave y la poción “Bébeme”. Bebe de la botellita y se encoge, pero se da cuenta de que la puerta sigue cerrada con llave. Encuentra las galletas “Cómeme” y al comerse una se hace enorme. Se echa a llorar, pero recuerda entonces que aún queda poción “Bébeme” en el frasco, y bebe la cantidad justa para quedarse con el tamaño adecuado para alcanzar la llave, abrir la puerta y pasar por ella.




En este momento termina cualquier semejanza con la historia original de Carroll. El resto de la película se limita a coger personajes “inspirados” en las versiones de Disney, sin más.

A través de la puertecita, Alicia llega a un bosque idéntico a aquel en el que estaba leyendo hace un rato; solo que ahora es de noche. Oye unas voces que hablan de ella, pero no ve a nadie, hasta que al cabo de unos momentos asoman de entre unos arbustos unos personajes que parecen Tweedledee y Tweedledum de la versión de Tim Burton, pero que aquí solo son aludidos como “los gemelos” (Francisco Freitas y Rafael Camacho). Y no llegan a salir de detrás de los arbustos, a lo mejor porque eso de dibujar más piernas y pies de los necesarios no va mucho con Video Brinquedo. 

Las piernas, para Ronaldo, que sabe usarlas.

Los gemelos le hablan a Alicia de la Reina, y se sorprenden de que no la conozca. Cuando Alicia les dice que ella “no es de aquí”, le advierten de que está en peligro, puesto que la Reina es mala, feroz y violenta, y detesta a los forasteros. Alicia se asusta y quiere volver atrás, pero ya no está la puertecita por la que ha llegado al bosque. Los gemelos simplemente se ríen y desaparecen del todo tras los arbustos. 

La Reina me odia. Qué bien.

Alicia se queda sola, pero enseguida oye otra voz que no sabe de dónde viene. Tras un rato hablando con la voz, ve una sonrisa, y finalmente se materializa el Gato de Cheshire (Gilson Ajala). Alicia se sorprende sobremanera de ver un gato que habla; que aparezca y desaparezca no parece impresionarle tanto. 

Todos flotan, Alicia, todos flotan.

El Gato de Cheshire comenta que salta a la vista que es forastera, y le dice exactamente lo mismo que le han dicho los gemelos un minuto antes: que a la Reina no le gustan nada los extranjeros y que vaya con ojo porque la mandará apresar.

Cuando el Gato desaparece del todo, Alicia se va también, y la imagen se centra en una florecilla que en realidad es una cámara oculta, y nos trasladamos al salón de la Reina de Corazones, que al parecer tiene monitorizado todo el País de las Maravillas.



Heart-o-Vision

La Reina de Corazones (Ana Maria Brandão) ha visto a Alicia a través de sus cámaras, y su presencia no le hace ninguna gracia.

We are not amused.

Pulsando un botón en el brazo del trono real, convoca a dos Soldados-Carta, a quienes comunica que una niña se ha infiltrado en el País de las Maravillas. Por si no lo sabían, les recuerda que a ella no le gustan nada los intrusos, y les ordena que la encuentren y “ya saben qué hacer”.


Los Soldados CartaaAAAAAAAAAAAAAGH!!!

¡Santo cielo! Mientras tanto, Alicia llega a una mesa en el bosque, donde están el Sombrerero (Sidney Cesar), la Liebre de Marzo el Conejo Blanco y, ausente para la comodidad de los animadores, el Lirón.

El Sombrerero que no se parece nada al personaje de Johnny Depp, 
ni en los ojos dicromáticos.

El Sombrerero y la Liebre el Conejo le dicen a Alicia que la estaban esperando para celebrar juntos su no-cumpleaños, y le explican en qué consiste (pasaje tomado de la versión de Disney de 1951). Pero a continuación añaden que tampoco es momento de celebraciones, porque la Reina, ¿no lo sabías, niña?, tiene leyes muy severas contra los extranjeros, ya que los no le gustan nada, pero nada. Una boca con pies aparece, parlotea sin sentido y se va sin más.

Porque sí.

Alicia dice que no sabe cómo salir de allí, y comprobamos que en el País de las Maravillas nadie se toma en serio la xenofobia.

Alicia: Pero yo quiero irme a mi casa.
Conejo: ¿Quieres irte? ¡Con la bienvenida que te hemos dado! ¡Si hasta te hemos preparado una fiesta de no-cumpleaños!
Alicia: ¡Pero la Reina quiere apresarme!
Conejo: Oh, pero eso no es nada personal. Es que odia a los extranjeros.

Cuando Alicia insiste en que quiere volver a su casa y les ruega que le enseñen el camino, el Sombrerero le dice que el camino solo se mostrará después de que haya pasado por él. Alicia le dice que no lo entiende, a lo que el Sombrerero replica que “entender es un lujo en estos tiempos”. La boca vuelve a asomarse, decir algo incomprensible y desaparecer. Alicia se marcha muy frustrada.

Alicia llega a una roca que “parece de plástico” y vuelve a oír una voz que no sabe de dónde viene. “Solo faltaba eso, una piedra que habla”, dice en tono de fastidio. Pero la voz en realidad pertenece a un sapo (Tiaggo Gimarães). 


El Sapo parece haberse lamido a sí mismo.

El Sapo piensa que Alicia es una princesa, y está muy contento porque así podrá darle un beso y romper el hechizo. Alicia le aclara que no es ninguna princesa, y el Sapo se lamenta de que “encima de que son pocas las niñas que pasan por aquí, ninguna es una princesa, como esa otra de la caperuza roja”. Alicia le dice que eso es de otro cuento y le pregunta si conoce el camino para volver a su casa. El Sapo sigue reclamando un beso, así que Alicia se marcha. 

En otro lugar del bosque, los Soldados-Carta están buscándola. Han visto sus huellas y están tratando de averiguar de qué clase de intruso se trata. Aparentemente, son secuaces tan capacitados como Rocksteady y Bebop, porque, tras llegar a la conclusión de que las huellas corresponden a una niña pequeña, rechazan la idea porque a la Reina no le preocuparía una simple niña, y llegan a la nueva conclusión de que debe de tratarse de un monstruo gigante.


¡En verdad te digo que son huellas de monstruo!

Paralelamente, Alicia lleva mucho tiempo caminando, y teme perderse, así que deja unas señales en el suelo para saber si pasa dos veces por el mismo sitio. El Gato de Cheshire aparece para advertirle de que, efectivamente, está dando vueltas en círculo, y de que la Reina ya la está buscando, pero que las Cartas no son muy inteligentes ni tienen mucha memoria. 

No soporta perder ni al tres en raya.

Justo entonces aparecen las Cartas, y el Gato logra despistarlas diciéndoles que ha oído rumores de que hay un monstruo en el otro lado del bosque. Las Cartas le agradecen el soplo y se van corriendo. El Gato le dice a Alicia que por esta vez se ha librado, pero que no siempre podrá contar con la estupidez de las Cartas. Cuando Alicia le pregunta si sabe el camino para volver, el Gato le contesta que nunca saldrá del País de las Maravillas si sigue caminando, y desaparece.

En el palacio, la Reina se impacienta y llama a otros dos Soldados-Carta.

¡Dioooooosssssss! ¡Hay más!

La Reina les ordena que vayan a buscar a la intrusa. Cuando una de las Cartas observa que “el capitán” ya ha partido con ese propósito, la misma Reina dice que a esas alturas ya se habrá olvidado de su misión, y les indica a estas dos Cartas que se lleven un pelotón entero para ver si entre todas se acuerdan de que deben capturar a una niña pequeña.

Alicia, mientras tanto, encuentra unas flores que tienen el aspecto de helado y huelen como helado, de modo que decide probarlas para comprobar si realmente son helado. Lo son, pero la encogen a un tamaño minúsculo. 


El Sombrerero llega por casualidad, le explica que para recuperar su tamaño debe comerse otras flores, y se marcha porque tiene un compromiso ineludible.


Alicia encuentra las otras flores (están justo al lado), pero es demasiado pequeña para alcanzarlas, y se echa a llorar. De repente, una de las flores la impulsa suavemente para que caiga flotando en la corola de otra. Alicia exclama “¿Quién dijo que llorando no se arregla nada?” y come un pedacito de la flor, con lo que recupera su tamaño normal.


Para su desgracia, justo entonces llegan los Soldados-Carta (tres, esta vez), que la apresan y finalmente la conducen a la presencia de la Reina de Corazones.


La reina, tras decir un par de veces “¡Excelente!” al estilo del Sr. Burns, muestra su satisfacción por haber atrapado a Alicia, ya que no le gustan nada los intrusos, y le comunica solemnemente que ha infringido las leyes del País de las Maravillas. Alicia asegura que ha sido sin querer (“eso dicen todos”, comenta la Reina), que ha llegado a su país por accidente, y que solo está deseando volver a su casa. La Reina, sin embargo, le comunica que el castigo por entrar en su país es quedarse para siempre en él, y manda llamar al Primer Ministro. El cual es, nada menos, que el Gato de Cheshire.

De mascota de la Duquesa a Primer Ministro.


Alicia se decepciona al ver que el Gato está al servicio de la Reina. Le dice que creía que la iba a ayudar, y que sin embargo trabaja para esa… ¡esa BRUJA! La Reina se indigna al oír tal apelativo, pero a Alicia ya no le importa nada: “¿Y qué va a hacer? ¿Apresarme?”. Pero no: el castigo por ofender a la Reina es algo más severo… ¡la guillotina!

Los Soldados-Carta llegan inmediatamente para llevarla al patíbulo y Alicia, aterrorizada, cae de rodillas. “¿No te acuerdas?”, le dice el Gato de Cheshire. “Te dije que nunca saldrías del País de las Maravillas si seguías caminando”. Alicia cierra los ojos con fuerza y comienza a repetirse en voz alta: “Esto no está pasando, esto no está pasando, no está pasando, no está…”.


…y se despierta debajo del árbol, mientras una voz la llama para tomar el té. Alicia recoge su libro y se marcha alegremente.


El narrador concluye: “Todo había sido un sueño… ¿o no?” mientras se enfoca en una rama al Gato de Cheshire, y éste empieza a reír de una manera que solo se puede calificar de histérica.



Solo Video Brinquedo podría coger Alicia en el País de las Maravillas y convertirla en 1984 para niños de seis años. Es inexplicable por qué, en vez de simplemente seleccionar escenas y diálogos, como hacen todas las versiones cortas (por ejemplo, la de Rankin-Bass o la de Sodao Nozaki), se inventan el “argumento” de que la Reina odia a los forasteros, y por tanto Alicia tiene que volver a su mundo cuando antes. La escena de los gemelos y la primera aparición del Gato de Cheshire sirven exactamente para lo mismo y no hacen avanzar la historia; las del Sapo y la de las flores que hacen disminuir y crecer a Alicia no tienen aportan absolutamente nada. Suprimir pasajes del texto original para crear otros nuevos no es nada malo si lo nuevo mantiene el espíritu del texto y resulta interesante o divertido, pero la mayoría del material nuevo no es ni lo uno ni lo otro. Tiene cierta gracia, al menos, la escena en que los dos primeros e incompetentes Soldados-Carta discuten sobre la naturaleza del intruso al que persiguen… siempre que hayamos superado su demencial aspecto.


La animación es simple y limitada, con modelos y fondos reutilizados continuamente. Solo hay cuatro escenarios: el bosque (con luz diurna en el mundo real, y crepuscular en el País de las Maravillas), la madriguera del Conejo, el Vestíbulo de la Única Puerta, y el salón de la Reina. Los personajes se han reducido al mínimo, a pesar de lo cual se añaden dos completamente inanes como el Sapo y la boca con patas, papel este último que podría haber desempeñado perfectamente el Lirón. 


La banda sonora consiste en una sola canción de pop ligero, “Hora do chá” en que se alternan las partes cantadas e instrumentales, y se repite hasta la saciedad. Además, en ocasiones se usan los efectos de sonido propios de los dibujos animados de los 90, precisamente en las ocasiones en que menos falta hacen: hay un efecto para cuando Alicia coge la botella de la mesa y la vuelve a dejar, o para cuando se sienta en la silla en la merienda del bosque. Son efectos que en una animación por ordenador quedan muy extraños, sobre todo al ser usados en movimientos que normalmente no conllevan ruido.

La escritura, en fin, tiende a ser terrible. Hay algunas réplicas ingeniosas, pero la mayoría de los diálogos son innecesariamente largos y repetitivos, y pocas cosas de las que dicen los personajes tienen continuidad ni resolución, como la frase del Sombrerero de que “el camino solo se mostrará cuando ya lo hayas recorrido” o la del Gato de “nunca saldrás de aquí si sigues caminando”. ¿Significaba, desde el principio, que Alicia solo tenía que quedarse quieta y cerrar los ojos para volver?

Con todos estos defectos, la animación es colorida y entretenida si tenemos en cuenta el público para el que está pensada, pero por eso mismo, algunos motivos resultan preocupantes. Si un niño con edad suficiente para comenzar a sacar conclusiones mira esta película, oirá que la curiosidad lleva a grandes aventuras, que odiar a los extranjeros no es nada personal, que llorando se arreglan las cosas, y que, en una situación de extrema angustia, solo hay que cerrar los ojos y decirse a uno mismo que “no está pasando” para que no pase.  Eso, si la cara de las Cartas no le ha creado un trauma de por vida.

La película se puede ver gratuita y legalmente en el canal oficial de Video Brinquedo, en portugués. No me consta que haya sido editada en DVD ni doblada a otros idiomas, ni me consta que haya necesidad alguna. ¿Es la peor animación de Alicia en el País de las Maravillas? En mi opinión, no. Tiene poco del texto original, pero resulta entretenida y es lo suficientemente corta para que la falta de desarrollo argumental se evidencie demasiado. Se puede ver; es mala con ganas, y las Cartas meten un susto de tres pares de narices, pero se puede ver. No como otras.

Fuentes:





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