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3 de octubre de 2021

Alicia de Efrem Pruzhanskiy (1981)

 



Alisa v strane chudes (Алиса в Стране чудес, Alisa en el País de los Milagros) es una miniserie de dibujos animados basada en el libro de Carroll. Consta de tres episodios de unos diez minutos que emitieron por la televisión ucraniana en 1981.


El director de esta adaptación, así como de su continuación Alicia a través del espejo, fue Efrem Pruzhanskiy (1930- 1995). Nacido en Kiev, en la Ucrania entonces perteneciente a la Unión Soviética, Pruzhanskiy cursó estudios de Ingeniería y Obra Civil, y en 1955 se graduó como arquitecto. En 1964, su antiguo compañero de carrera David Cherkassky lo introdujo en el estudio de animación Kyivnauchfilm, el "Estudio de Kiev de Películas Científicas Populares". Dicho estudio se había fundado en los 40 para producir pequeños documentales y cortos de divulgación científica y cultural, con temas tan diversos como el lenguaje de los animales, la explicación de los poderes de yoguis y faquires, la física del deporte o la dinámica de fluidos, pero a partir de 1961 había comenzado también a crear dibujos animados infantiles. En 1968, Pruzhaskiy se convertiría en director del estudio, cargo que desempeñaría hasta su muerte.



Así pues, en los siguientes treinta años, Pruzhanskiy fue un creador destacado y prolífico en los estudios Kyivnauchfilm: participó como animador en más de treinta cortometrajes, escribió el guion de cuatro, y dirigió personalmente otros veinticinco. Muchas de estas animaciones eran adaptaciones de cuentos de autor, como "El hombre que podía hacer milagros" de H.G. Wells (1969), "El misterio del país de las fresas silvestres" de Radiy Polonskiy (1973), "Los libros de Grishka", sobre el poema "Libro de libros" de Samuel Marshak (1979), o "Sampo de Laponia" de Zacharias Topelius (1985). Otras eran animaciones infantiles más comunes con personajes animales, o pequeñas series protagonizadas por un grupo de cosacos, o tres hermanos de pocas luces que causan problemas en el vecindario. 





Su adaptación de Alicia en el País de las Maravillas fue un encargo del Comité Estatal de Radiotelevisión de la Unión Soviética. El guion se basó en la primera traducción oficial al ruso que se había hecho del libro, en 1967, a cargo de la filóloga Nina Demurova (para la prosa) y los poetas Samuel Marshak y Dina Orlovskaya (para los poemas y canciones). El texto fue adaptado por Yevgeni Zagdansky; Demurova colaboró como consultora, y probablemente fue ella quien sugirió comenzar el primer episodio con un retrato y una breve semblanza biográfica de Lewis Carroll. La música estuvo a cargo de Eugene Ptichkin, y también incluye fragmentos de piezas de Ottorino Respighi y Luigi Boccherini (el famoso minué de este último se oye repetidamente en el fondo). Asimismo, y aunque no se hizo constar en los créditos, se utilizó música del compositor polaco Andrzej Kozinski, extraída de la banda sonora de la película de Andrzej Wajda El hombre de mármol (1977) e interpretada por el grupo ARP Life.



En esta versión, que selecciona solo algunas escenas  del libro pero reproduce los textos al pie de la letra, hay un narrador (Rostislav Plyatt) que va contando los encuentros de Alisa (Marina Neyolova) con los diversos habitantes del País de las Maravillas. Salvo por la ausencia de la hermana mayor, el comienzo es canónico. Alisa está leyendo un libro bajo un árbol cuando se adormece... 



...ve pasar al Conejo Blanco (Vyacheslav Nevinny)... 



...lo sigue a su madriguera...



...cae durante mucho rato por un profundo túnel vertical...



...y aterriza sin hacerse daño, pero aún tiene que perseguir mucho rato al Conejo por largos pasillos llenos de columnas hasta llegar al Vestíbulo de Muchas Puertas.



Alisa examina las puertas hasta que encuentra la llave que abre la más pequeña. Toma la poción "bébeme" y el pastelito "cómeme" y se reduce de tamaño al abanicarse con el abanico del Conejo. Pero, a diferencia del libro y de la mayoría de versiones, no llora cuando su tamaño es enorme, del modo que al reducirse no hay ningún charco de lágrimas, y simplemente sale andando del vestíbulo y se introduce en un bosque. 



Por las experiencias anteriores, Alisa ya se imagina que para cambiar de tamaño debería comer o beber, y va buscando por el bosque algo que pueda servir a tal propósito. Su repentino encuentro con la Oruga marca el fin del primer capítulo.




El segundo episodio ya prescinde de la presentación de Lewis Carroll, y comienza con Alisa junto a la seta de la Oruga, mientras el narrador comenta que la niña estaba ya tan acostumbrada a las cosas raras que no se sorprendió lo más mínimo de ver a una oruga fumando en narguile. La niña le explica su crisis de identidad asociada a los cambios de tamaño, y la Oruga (una hembra en esta versión, interpretada por Lyudmila Ignatenko) le aconseja que coma los lados de la seta para crecer o reducirse. Tras experimentar un poco con ellos, Alisa se guarda un trozo de cada lado en los bolsillos del delantal, y sigue su camino por el bosque, manteniéndose pequeña. Se encuentra lo que parece ser un retrato de un gato enmarcado sobre la rama de un árbol, pero resulta ser un gato de verdad.




Dirigiéndose a él como "gatito de Cheshire" (lo que parece un error de la adaptación, ya que es la primera vez que lo ve y nadie antes les ha dicho su nombre), le pregunta el camino para salir del bosque. Su diálogo se reproduce casi en su totalidad, y el Gato (Aleksandr Shirvindt) le indica las direcciones del Sombrerero y la Liebre de Marzo antes de desaparecer, poco a poco, como Alicia le pide.




Alisa no tarda en llegar a la casa de la Liebre, que está en medio de un campo de zanahorias gigantes, y se sienta a la mesa de la merienda con ella (Georgy Kiszk), el Sombrerero (Aleksandr Burmistrov) y el Lirón (Zinaida Naryshkina).




Se mantiene una buena parte del diálogo original de este capítulo, con alguna línea añadida de modo inteligente (cuando Alisa comenta que la mesa está puesta con muchos cubiertos para solo tres personas, el Sombrerero replica: "¿Sería mejor que hubiera muchas personas para solo tres cubiertos?"). Los numerosos relojes que rodean la mesa resuenan de golpe, haciendo que la Liebre, el Sombrerero y el Lirón se estremezcan, cuando Alisa menciona que marca el tiempo en clase de música. El Sombrerero explica que el Tiempo no soporta que lo marquen, y que se detuvo para siempre a las seis porque él y la Liebre lo hicieron enfadar. 



Alisa se marcha tras esta explicación, y sigue explorando el bosque en busca del jardín que había visto a través de la puertecita. Encuentra una puerta que pone "Ábreme" en el tronco de un árbol; al atravesarla se dirige de nuevo al Vestíbulo, y ya puede abrir la puertecita, reducirse con un trozo de seta, y cruzar el umbral al jardín, en el que enseguida se encuentra con los Jardineros- Carta, que, a diferencia del original y de todas las versiones, están pintando de blanco las rosas rojas. 



Alisa se queda fascinada mirando la magnífica procesión real que precede la llegada de la Reina.







Con muy poca presentación, la Reina ordena decapitar a los Jardineros (a los que Alisa esconde con presteza detrás del rosal) e invita a la niña a jugar al croquet. 



Como es habitual, los mazos son flamencos, las pelotas erizos, y los postes Soldados- Carta arqueados. Otros jugadores son el Grifo y la Tortuga Falsa, que aparecen un momento pero no tienen diálogo. Alisa tiene problemas para controlar a su flamenco y acertarle al erizo, y se asusta de la cantidad de decapitaciones que ordena la  Reina a lo largo de la partida. 



Cuando el Gato de Cheshire se materializa junto a ella, se lo presenta a la Reina de Corazones. El Gato declina el ofrecimiento de la Reina de permitirle besar su mano, y la Reina ordena su inmediata decapitación, pero el Verdugo (quien por cierto hace su hacha con un globo, y luego la afila como si nada) no encuentra la manera de cortar una cabeza sin cuello.




Con la llegada de la abatida Sota de Corazones, que viene encadenada y custodiada por dos Soldados- Carta, la Reina aplaza la ejecución del Gato y manda a todo el mundo a la Corte de Justicia para celebrar el juicio, concluyendo así el capítulo segundo.



El tercer y último capítulo, que es también el más corto, comienza con Alisa siguiendo a los demás animales a la sala de juicios, subiendo por una larga escalinata. El Conejo Blanco anuncia entonces la llegada de la Duquesa, quien baja de su carruaje y se une a Alisa. 





La Duquesa es anciana pero nada fea, y le da a Alisa su charla sobre las moralejas sin que la niña la encuentre pesada. Suben juntas las escaleras, y se sientan en un palco desde el que tienen una buena vista de la sala de juicios, pero, en el momento en que la Reina de Corazones hace acto de presencia, la Duquesa se marcha sin decir palabra.



El juez es aquí uno de los animales de la partida de croquet, y el Conejo Blanco lee la acusación.




Son llamados los testigos: el Sombrerero (que llega dentro de un reloj de carrillón) y la Liebre (a la que traen arrastrando de lo mucho que tiembla). 




Durante sus declaraciones, Alisa se da cuenta de que está creciendo de modo incontrolado, y decide quedarse observando el juicio mientras su tamaño se lo permita, pero, cuando ella misma es llamada a declarar, es ya tan grande que tumba el estrado del jurado al levantarse. 



Alisa es interrogada por la Reina; asegura no saber nada sobre el caso. El Conejo trae una nueva prueba: la carta presuntamente escrita por la Sota de Corazones. La Sota (Evgeniy Papernyiy), que delante de todos se está comiendo las tartaletas que le acusan de haber robado, declara que la carta no es suya, ya que ni es su letra, ni la ha firmado. A lo que la Reina replica que eso demuestra su culpabilidad, ya que, de ser inocente, la habría firmado como cualquier hombre honrado. 




Alisa sugiere que la carta sea leída antes de condenar a la Sota, pero la lectura no hace más que reafirmar las acusaciones de la Reina, la cual insiste en dictar sentencia antes de emitir el veredicto. Alisa se opone a semejante despropósito y se enfrenta a la Reina, que ordena que le corten la cabeza. Alisa la desafía y le dice que "no son más que una baraja de cartas", tras lo cual todos los presentes en la sala se transforman en cartas y se le echan encima...



 ...y Alisa se despierta bajo el árbol, apartando las hojas secas que le caen sobre la cabeza.



Mientras se vuelve a casa dando saltitos, el narrador  lee las últimas líneas del libro (en el original, los pensamientos de la hermana de Alicia), sobre la imaginación y la fantasía que la niña conservaría hasta su vida adulta, y harían que todos los niños quisieran escuchar sus historias del País de las Maravillas.



Lo primero que llama la atención de esta Alicia es la especial paleta de colores. La niña tiene la piel tan blanca como su vestido, y los únicos puntos de color son sus cabellos y los detalles de su ropa (el cinturón, las medias). Su melena a franjas y sus grandes ojos de largas pestañas le confieren un aspecto único entre todas las Alicias hasta la fecha. 




Dentro del País de las Maravillas hay un claro predominio de azules, lilas y púrpura, con un hábil manejo de los tornasoles y las sombras; la palidez de todos los personajes humanos contrasta con un color destacado y propio de cada uno, como el naranja del Gato de Cheshire, el rojo de la Reina de Corazones, o el azul del Sombrerero.




Los animadores combinan con gran originalidad un movimiento muy fluido (especialmente notable en la caída de Alisa por la madriguera, o en los continuos cambios y teleportaciones del Gato de Cheshire) con unas secuencias que imitan la animación cuadro por cuadro (como se observa en las fantasías de Alisa o en el recitado de un poema). Hay momentos en el primer capítulo que recuerdan a las animaciones de "recortables" de Terry Gillian en Monty Phyton's Flying Circus.



Por otra parte, y a pesar de haberse realizado ya en los 80, la película no está exenta de cierto punto de animación psicodélica, en el desfile de la Reina de Corazones, que remite inmediatamente a Yellow Submarine y al surrealista ejército de los Malvadillos Azules. 




La originalidad de esta adaptación, que a su vez respeta el texto de Carroll casi palabra por palabra (con la salvedad de que el poema de "El pequeño cocodrilo" se sustituye por la versión rusa de "Esta es la casa que Jack construyó"), la hace en conjunto una versión única, extraordinaria, cuyo único defecto es la limitada selección de escenas debido a su brevedad. Hay muy pocas adaptaciones de Alicia que logren crear un País de las Maravillas que sea tan particular, y que al mismo tiempo encaje con el espíritu de la obra original de un modo tan perfecto. Un largometraje con estas mismas premisas, y que reprodujera al máximo la historia original, habría sido incomparable.



Esta película se puede ver hoy en día sin ninguna dificultad. Está publicada con subtítulos en varios canales de vídeo, y tiene al menos tres ediciones en DVD, también subtituladas, y a menudo con la segunda parte de A través del espejo, que se pueden conseguir sin problemas en internet. Si bien no tiene un ritmo emocionante, ni causa ninguna tensión (Alisa está todo el rato contenta y no experimenta miedo ni angustia en ningún momento), es una obra que recomiendo fehacientemente por su originalidad, fuerza creativa y atención al detalle.



 Fuentes:


Alisa n strane chudes, en el canal Curiouser and Curiouser, con subtítulos opcionales en ruso y en inglés. 


Alisa n strane chudes, en el canal White Slaves of Chinatown 3D, con subtítulos integrados en inglés.


Alisa n strane chudes (en diez fragmentos), en el canal Fire Clips, con subtítulos integrados en español.


DEMUROVA, Nina. "Alice speaks Russian: The Russian translations of Alice's adventures in Wonderland and through the looking-glass", Harvard Library Bulletin 5 (4), invierno de 1994-95, págs.11-29.


Internet Movie DataBase.


Kursivom.


Wikipedia.

3 de abril de 2020

Diario de un viaje a Rusia (1867)






Si bien Lewis Carroll solía moverse bastante por el interior de Inglaterra, fuese para disfrutar de unas vacaciones, visitar a familiares y amigos, o movido por el interés de fotografiar personas y lugares, en toda su vida solamente salió una vez de su tierra natal, y fue para realizar un largo viaje a Rusia, con paradas turísticas en varios países del camino. Entre los recorridos de ida y regreso y su estancia en el destino, estuvo dos meses fuera, del 12 de julio al 13 de septiembre de 1867. Dejó constancia de sus impresiones en un diario, y en las cartas que fue enviando durante el mismo viaje a su hermana Louisa.


La idea de emprender tan larga excursión no fue del reverendo Dodgson sino de su compañero, colega y mentor Henry Parry Liddon. Teólogo y orador prestigioso, Liddon ejercía cargos tanto en Oxford como en la catedral de San Pablo de Londres, y tenía gran interés en conocer de cerca las confesiones ortodoxas y observar sus puntos en común con la Iglesia anglicana. Christ Church aprobó, y tal vez financió parcialmente, su proyecto de viajar a Moscú, además de proporcionarle cartas de presentación a diferentes representantes eclesiásticos en su destino. 





Henry Parry Liddon (1829- 1890).


La inclusión de Dodgson fue, como poco, apresurada: el 4 de julio de 1867 - otro 4 de julio importante - Liddon le propuso a su amigo realizar el viaje, el día 10 se reunieron para hablar de ello, el 11 terminaron de concretar detalles, y el 12 partieron por separado a Dover, donde pasaron la noche para, al día siguiente, tomar el ferry a Calais. Para alguien que nunca había dejado Inglaterra y que era tan extremadamente minucioso, tardar apenas una semana en preparar un viaje de dos meses no debió de resultar muy sencillo.



Puerto de Dover a principios del s. XIX.

Desde Calais fueron recorriendo Europa en tren y carruaje, parando sucesivamente en Bruselas, Colonia, Berlín (donde pasaron cinco días), Danzig, San Petersburgo (donde permanecieron una semana) y finalmente Moscú. En todas estas ciudades visitaron, en primer lugar, cuantas iglesias, catedrales, monasterios y lugares de culto pudieron, asistiendo a servicios anglicanos siempre que tenían oportunidad; el tiempo que les sobraba lo dedicaban a museos y palacios, y ocasionalmente asistían a obras de teatro (Dodgson iba a veces él solo, cuando Liddon se quedaba descansando o atendiendo su correspondencia), aunque tuvieran que descifrar el argumento traduciendo palabras sueltas de los folletos. Cabe decir que Dodgson y Liddon hablaban francés aparte de su lengua materna, y entendían un poco de alemán, pero ninguno de los dos conocía una palabra de ruso. Las interacciones con camareros, cocheros y personal de los hoteles de todas las nacionalidades son habituales en el diario de Dodgson, que no perdía oportunidad de contar las anécdotas, malentendidos y riñas que ocasionaban las barreras del lenguaje.


Permanecieron en Moscú del 2 al 19 de agosto, visitando los principales lugares de culto y sitios turísticos de la ciudad, como el monasterio de San Andrés, la catedral de San Basilio y el Kremlin. Realizaron excursiones a los alrededores, y se entrevistaron con diferentes representantes de la iglesia ortodoxa, a veces en francés, y a veces contando con la ayuda de un traductor. Liddon predicó en algunos de los servicios anglicanos a los que asistieron. 



Catedral de San Basilio.

En el viaje de regreso, volvieron en primer lugar a San Petersburgo, donde pasaron otra semana. Después fueron a Varsovia (que a Dodgson le desagradó bastante: "la ciudad es, en su conjunto, una de las más ruidosas y sucias que nunca haya visitado"), Leipzig, algunas localidades de Alemania (Dresde, Giessen, Ems), y finalmente París, donde visitaron la Exposición Universal antes de partir para Calais y embarcar de regreso a Dover.


Los dos hombres llevaron diarios durante su viaje, y comparándolos se pueden apreciar sus diferentes impresiones ante idénticas experiencias. En lo que respecta al propósito de su viaje, el contacto con la Iglesia ortodoxa y otros lugares de culto (en Berlín asistieron a una ceremonia en una sinagoga, y en Moscú Dodgson oyó por primera vez una adhan, la llamada a la oración, desde una mezquita), se diferencian en que Liddon se concentra en vivir la solemnidad de la prédica y la oración, mientras que su compañero se fija más en detalles inmediatos como el tipo de ropaje que llevan los ministros, las ceremonias como la comunión o el beso de la paz, y la participación de hombres, mujeres y niños; la hermosura de algunos edificios lo conmueve, más que el servicio religioso, hasta el punto en que la belleza de la catedral de Colonia lo hace "sollozar como un niño", según palabras de Liddon. En el sentido contrario, destacan sus repetidas quejas sobre "el lujo y el mal gusto" de las iglesias católicas, y Liddon deja constancia en su propio diario de la actitud irrespetuosa de Dodgson al abandonar una misa a mitad del servicio, "como si fuera una sala de conciertos".



Monasterio de San Andrés.

Del mismo modo, fuera de las visitas a iglesias y encuentros con eclesiásticos, Dodgson presta mucha atención a las anécdotas curiosas o divertidas del viaje, ausentes en el diario de Liddon. Muchos de los intereses de Dodgson van apareciendo en las páginas del diario: en varias ocasiones lamenta no poder sacar fotografías, y adquiere algunas en tiendas por donde pasa; comenta la gracia y el encanto de niños y niñas con los que se encuentra; acude a varias representaciones teatrales aunque no entienda los diálogos; reproduce el estupor que le causan las largas palabras rusas; y comenta la presencia de animales domésticos en los establecimientos en los que se aloja, demostrando su simpatía hacia ellos. Las anécdotas a las que dedica más tiempo son el regateo con los cocheros por los trayectos en el interior de la ciudad, y las dificultades que sufrieron para recuperar el abrigo de Liddon del guardarropa de un hostal, al haberse marchado antes otro huésped que les había servido de intérprete. Tras varios intentos infructuosos de hacerse entender por una criada que solo hablaba ruso, Dodgson tuvo la ocurrencia de realizar rápidamente un dibujo "que representaba a Liddon con una chaqueta puesta, recibiendo otra más grande de las manos de un benigno campesino ruso". Por desgracia, es el único dibujo de Dodgson que se conserva de este viaje, aunque en otras entradas del diario se menciona que estuvo realizando apuntes de edificios y paisanos (lo que propicia que Liddon comente el tiempo que perdieron con eso).





Dodgson hace lo posible por aprender palabras rusas, que a veces copia en alfabeto cirílico y a veces con su transcripción fonética en alfabeto latino, y deja constancia de los comportamientos, a veces chocantes, de los rusos con los que trata, como el guía de la catedral de San Basilio, que los lleva a toda prisa por el templo sin darles oportunidad de contemplar nada, o el propietario de un hostal en el que pasan una noche, quien los besa profusamente después de que dejen propina. Casi todos los días menciona algo sobre la comida (en una ocasión describe un menú ruso completo) y las condiciones del coche o compartimento de tren en que ha de pasar muchas horas. Por lo que se desprende de sus escritos, y aunque Dodgson era muy amante de las comodidades, pareció sobrellevar bastante bien los momentos menos agradables del viaje, mientras que Liddon no tuvo tanta suerte: algunas veces en que han pasado la noche en ruta, Dodgson declara que su compañero no ha podido dormir (mientras que, por el contrario, Liddon se queja de que Dodgson se levanta tan tarde que pierden parte de la mañana), y en otra ocasión, en Konigsberg, Liddon cae tan enfermo que Dodgson ha de salir a toda prisa a procurarle un médico.


Algo que ha llamado la atención de los biógrafos es que Dodgson y Liddon pasaron mucho tiempo separados en la última etapa de su viaje. Los últimos días que estuvieron en París realizaron actividades cada uno por su cuenta; coincidían solamente por las noches, para cenar o ir al teatro. Dodgson dejó el hotel en el que se alojaban, al considerarlo "demasiado grande", y pasó las dos últimas noches en otro diferente. Ambos dejaron París para ir a Calais el 13 de septiembre, pero Liddon lo hizo temprano por la mañana, y Dodgson se quedó paseando y comprando recuerdos; no se marchó del hotel hasta las siete de la tarde, con lo que llegó a Calais a las dos de la madrugada. Es posible que hubiera desavenencias entre los dos compañeros a lo largo del viaje: en su diario Liddon menciona varias "discusiones con Dodgson", aunque no da más detalles; aparte del ya mencionado malestar por los retrasos que les provocaba que durmiera hasta tarde o se entretuviera dibujando, o el desprecio que mostraba ante los edificios y los ritos de la Iglesia romana. El biógrafo Morton N. Cohen sugiere que Liddon era "demasiado parecido al padre de Charles para que Charles caminara constantemente a su lado". Al igual que el padre de Dodgson, Liddon manifestaba unas simpatías por la iglesia católica romana que Dogson no compartía en absoluto: "los desacuerdos de Charles con ambos hombres eran demasiado fundamentales para resolverse o reconciliarse". No obstante, la amistad entre Dodgson y Liddon se mantuvo durante el resto de su vida; ambos siguieron compartiendo actividades religiosas y de ocio, y eran mencionados con cierta frecuencia en los diarios del otro. La confianza entre ellos debía de ser lo suficientemente fuerte como para que Dodgson hiciera a Liddon objeto de burla cariñosa en alguno de sus poemas satíricos, sin que su relación se resintiera por ese motivo.


En una de sus primeras paradas antes de llegar a Rusia, Dodgson conoció a un viajero estadounidense que le dejó su tarjeta de visita. Dodgson comenta al respecto que, si alguna vez viaja a Nueva York, intentará "descifrar" la dirección del caballero, probablemente sorprendido al constatar que en la gran ciudad las calles tienen números en vez de nombres. Pero Dodgson no volvió a salir nunca del país, mucho menos del continente, y es curioso que parezca olvidar muy pronto su única estancia en el extranjero. En su diario de viaje hay algunos espacios en blanco, de nombres de personas o lugares que seguramente pensaría investigar después, pero que nunca fueron rellenados. Las fotografías que compró y los dibujos que hizo no tuvieron mención en sus diarios posteriores (excepto el que ilustra la anécdota del abrigo de Liddon) y, en general, no vuelve a recordar ni comentar para nada el viaje en los diarios que siguió escribiendo el resto de su vida. El único recuerdo que se muestra en su obra de sus dos meses en Europa y Rusia fue un poema humorístico titulado "Un día ruso en Inglaterra", manuscrito en 1874, que mencionaba algunas costumbres y palabras rusas. Nunca publicado en vida del autor, el texto es "difícilmente una obra maestra", señala Cohen.


De hecho, este diario del viaje a Rusia, al formar parte de los documentos personales del autor, no se publicó hasta 1928, bajo el título de Tour in 1867 by C.L. Dodgson, y más tarde, en 1935, como parte de una recopilación de escritos cortos titulada The Russian Journal and Other Selections from the Works of Lewis Carroll, editada por John Francis McDermott. En castellano, la primera edición que me consta es la de Mascaron en 1983; la edición de Nocturna de 2009 es la que yo he utilizado; y la más reciente es la de la Mansalva, de Argentina, en 2015.


Fue Dodgson el reverendo, y no Carroll el escritor de fantasía, el que viajó a Europa y Rusia durante esos dos meses en 1867, pero no podemos por menos que recordar al segundo - y recordar que el viaje tuvo lugar entre los dos libros de Alicia - cuando leemos en el diario que su primera impresión de Moscú es la de "una ciudad de tejados blancos y verdes, de torres cónicas que surgen una de  otra como un telescopio plegable; de protuberantes cúpulas  doradas en las que se reflejan, como en un espejo, distorsionadas imágenes de la ciudad...".



El Kremlin a principios del s. XIX.


Fuentes:

CARROLL, Lewis; FRUTOS, María Eugenia (trad.);     LABORDA, Javier (trad. e int.). Diario de un viaje a Rusia, Nocturna Ediciones, Madrid, 2009.

COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography. Random House, Nueva York, 1995.

COLLINGWOOD, Stuart Dodgson. The Life and Letters of Lewis Carroll, T. Fisher Unwin, Londres, 1898.

JOHNSTON, John Octavius. Life and letters of Henry Parry Liddon, Longman, Londres, 1904.

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