19 de julio de 2023

Thru the Mirror (1936)

 



Thru the mirror (o Through the Mirror en los carteles promocionales) es un cortometraje de animación tradicional protagonizado por Mickey Mouse en 1936. Fue producido por Walt Disney Productions, a partir de un guion de William Cottrell y Joe Grant, dirigido por David Hand y estrenado por United Artists. Era el cortometraje número 83 del famoso ratón. Dura ocho minutos. 





Es habitual en homenajes y parodias de la obra de Carroll que el protagonista esté leyendo uno de sus libros y se quede dormido. En este caso, Mickey Mouse está ya durmiendo en su cama, con una copia abierta de A través del espejo sobre las mantas, cuando su espíritu sale de su cuerpo, baja de la cama y se aleja de puntillas. 




El Mickey del sueño se sube a la repisa de la chimenea, toca el espejo, y resulta que cede como una goma. Empuja con las dos manos, y pasa sin esfuerzo al otro lado, que es la misma habitación de la que viene, pero todos los muebles y objetos están vivos y animados. Quienes conozcan la película de 1991 La Bella y la Bestia notarán inmediatamente que el reposapiés del sillón se comporta como un perrito, igual que el del castillo de la Bestia; no es mucho suponer que los animadores se inspiraron en este cortometraje.






Mickey, que al principio no se da cuenta de que los muebles están vivos, salta sobre ellos y los pisa; el reposapiés-perrito lloriquea y corre a refugiarse en los brazos del sillón. Apesadumbrado por haberle hecho daño, Mickey intenta acariciar al reposapiés-perrito, pero este le ladra. Al apartarse, se choca sin querer contra un paraguas, que le echa la bronca hasta que accidentalmente se abre, y se marcha avergonzado recogiéndose la tela. 







Llama su atención un cascanueces que está partiendo nueces, pero comiéndose las cáscaras en vez del fruto. Mickey se come una de las nueces descartadas, y comienza a cambiar de tamaño: primero crece hasta chocarse la cabeza con el techo de la habitación, pero de golpe se reduce al tamaño de un ratón normal, por lo que, a partir de ahora, casi todos los objetos de la habitación son mucho más grandes que él. 









Se oye el timbre del teléfono. El propio teléfono se descuelga, coge la llamada, avisa a Mickey de que es para él, y le lanza el auricular al suelo para que pueda hablar. Mickey utiliza el cable para subir a la mesa del teléfono, y tras intentar inútilmente contestar a la llamada, se pone a saltar a la comba con el cable. 







La radio se anima al ver jugar a Mickey y el teléfono, y se enciende para poner una música marchosa. Mickey comienza a realizar acrobacias, y un elevado salto lo hace caer sobre un cenicero, de modo que uno de los pequeños compartimentos para sostener el cigarrillo (que tiene forma de sombrero) le cae sobre la cabeza, y una cerilla le va a parar en las manos. Esto le da la idea de ponerse a bailar claqué, en un número claramente inspirado en Fred Astaire. Durante unos pasos, su sombrerito y el bastón-cerilla se separan de él para bailar por su cuenta, y al poco una chistera, unos guantes y una varita de mago se unen también al baile.








Otro salto con demasiado impulso lo hace caer encima de una baraja de cartas, esparciéndolas. Como es de esperar, de inmediato todas se incorporan y se ponen a bailar y desfilar con Mickey. Las animaciones de la baraja cortándose y mezclándose de diversas maneras se repetirán en el desfile del campo de croquet de Alicia en el País de las Maravillas.






Mickey sigue bailando, esta vez con la Reina de Corazones (cuyo rostro está inspirado en Greta Garbo). Mientras tanto, el Rey (inspirado a su vez en el actor Charles Laughton) está distraído observando los malabares del bufón, pero este se da cuenta de que Mickey está bailando con la Reina y se lo indica al monarca. El Rey, celoso, aparta a la Reina y le da un bofetón a Mickey (dos bofetones, de hecho; uno con cada parte de la carta) para retarlo a un duelo. Mickey esquiva al principio sus ataques, hasta que encuentra un alfiler y lo usa como espada. 









Mickey logra arrojar al Rey a un tintero, y aunque un secante de madera logra quitarle la tinta por completo, el Rey se enoja tanto que reúne a todo su ejército, gritando "Calling all cards!", parodia de la frase usada por la policía calling all cars, "llamando a todas las unidades". El teléfono y la radio repiten la llamada, y de mesas y cajones comienzan a salir más y más barajas de cartas, que se lanzan a perseguir a Mickey. Este huye por la superficie de los muebles, hasta que encuentra una pluma, y se le ocurre llenarla en el tintero y disparar a las cartas chorros de tinta, pero esto no las detiene. Lo acorralan en un costurero, pero logra escapar reptando dentro de un calcetín. Echa a correr de nuevo, mientras las cartas le lanzan sus dibujos de corazones o tréboles como proyectiles, y se tropieza con un ventilador, que enciende rápidamente para que las cartas salgan volando. El teléfono da timbrazos constantes mientras grita "Help! Police!". 





Mickey sigue huyendo, salta sobre una bola del mundo, y se tira en chapuzón al océano. Pero es expulsado del mismo por el propio rey Neptuno (que había protagonizado un cortometraje con su nombre en 1932), quien le pincha con su tridente en el trasero. 







Sigue corriendo por el suelo, y conforme se aproxima al espejo por el que había entrado, va recuperando su tamaño normal. Cruza el espejo de regreso a su habitación, se aproxima a la cama donde Mickey sigue durmiendo a pesar de los timbrazos del despertador - que son los mismos que hacía el teléfono en el otro lado - y vuelve a entrar en su cuerpo. Mickey se despierta, se despereza, mira el despertador... y lo mete en el cajón de la mesita de noche para seguir durmiendo.







Según Internet Movie DataBase, ocho animadores trabajaron en esta película: Carl Barks, Johnny Cannon, Ugo D'Orsi, Hardie Gramatky, Dick Lundy, Hawley Pratt,  Leonard Sebring y Bob Wickersham. En cuanto al doblaje, aunque no hay diálogos propiamente dichos, sino que los personajes dicen palabras y frases sueltas, los actores eran todos populares y reconocibles: a Mickey Mouse, como era habitual, lo dobló el propio Walt Disney; al cascanueces, Clarence Nash (el doblador del Pato Donald), al teléfono, Bill Thompson (el Tío Gilito, que, quince años después, sería el Conejo Blanco y el Dodo en Alicia en el País de las Maravillas); al Rey de Corazones, James MacDonald; (que tendría aquí su primer papel, pero más tarde sería Mickey Mouse de 1946 a 1977) y a la radio, Billy Bletcher (Pete Patapalo) y Pinto Colvig (Goofy). 


Además de su aparición en diferentes programas y series de Disney, y en las habituales recopilaciones de cortometrajes, Thru the Mirror fue la base del videojuego de Nintendo GameCube Disney's Magical Mirror Starring Mickey Mouse, de 2002, y aparece en la presentación y como un breve nivel en el videojuego para Wii Epic Mickey, de 2010. Escenas, animaciones y música de esta película se han usado en diferentes productos de Disney; por ejemplo, durante la canción "No hay un genio tan genial" de Aladdin (1992), hay un momento en que el Genio baila claqué con unas manos gigantes; y en la más reciente serie Alicia en su maravillosa pastelería (2022), también aparecen de vez en cuando unos guantes animados que aluden a esta película. Desde el año 2000, el cortometraje completo aparece como extra en todas las ediciones de DVD de Alicia en el País de las MaravillasMichael Sporn dijo de él que lo tenía en una bobina de 16 mm. y lo había visto al menos cien veces; comentaba el trabajo de los diferentes animadores y que le gustaba especialmente la parte de Johnny Cannon. 


Si bien no soy especialmente fan del personaje de Mickey, sí me gustan mucho los cortometrajes de animación de los años 20 y 30, en general, y este es uno de mis favoritos. La inspiración de Alicia en el País de las Maravillas no se limita a que Mickey cruce el espejo o desfile con una baraja de cartas: tiene la misma premisa carrolliana de nonsense, de aventura espontánea y absurda, en que va haciendo cosas según se le presentan sin pensarlo demasiado. Como amante de los musicales clásicos, disfruto especialmente del homenaje a Fred Astaire, y he de decir que me partí de risa cuando la parte de abajo de la carta del Rey de Corazones le da un bofetón a Mickey después de que lo haya hecho la de arriba; era algo que no vi venir.


El cortometraje puede verse completo en diferentes canales de vídeo en Internet, en streaming en plataformas como Disney+ y TMDB y, como he comentado, está en los extras de los DVD y Blu-ray de Alicia en el País de las Maravillas.



Fuentes: 


Disney Wiki. 


Internet Movie DataBase.


Thru the Mirror, cortometraje con comentario inicial de Walt Disney (pero con unos segundos iniciales cortados) en el canal de YouTube Disney Animation.


Thru the Mirror, cortometraje completo en el canal de YouTube Roel71.


Thru the Mirror, en el blog Mayerson on Animation, 20 de enero de 2008.

16 de julio de 2023

Descanse en paz, Francisco Ibáñez

 

Fotografía de Mané Espinosa para La Vanguardia.


Siendo este un blog dedicado en exclusiva a Lewis Carroll, tengo por norma no incluir artículos sobre temas no relacionados con él, por mucho que me interesen o incluso me apasionen. He decidido, sin embargo, que si hay un solo autor que merezca una excepción a esa norma, ha de ser el historietista español Francisco Ibáñez Talavera, fallecido ayer, 15 de julio de 2023, a la edad de 87 años.


Y la razón por la que debo rendir un homenaje a Ibáñez en mi blog, aunque no recuerde ninguna de sus viñetas en que se refiera a las obras de Carroll, es porque antes de que yo leyera por primera vez Alicia en el País de las Maravillas, a los siete años y medio, ya había devorado cientos y cientos de páginas de Mortadelo y Filemón, El botones Sacarino, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, y 13, Rue del Percebe. Antes de que viera la serie de Nippon Animation, o la versión de Walt Disney, ya había visto hasta aprenderme de memoria, grabados en cintas VHS, los veintitrés episodios de la serie de Mortadelo y Filemón de Estudios Vara, más el especial, ¡y qué especial!, El armario del tiempo. Y del mismo modo, antes de aprender las "palabras difíciles" del poema "Jabberwocky" (y otras menos difíciles, pero que a los siete años son poco usuales, como "lacayo con librea"), ya había aprendido otras muchas que no aparecían en los textos de mis libros escolares, pero simplemente estaban en las páginas de Ibáñez, como "infiltración", "cabotaje", "autodestruirse", "órbita", "microfilm", "sulfato atómico", o "lepidóptero estrábico".


Sonaría exagerado, efectista, y producto de la tristeza del momento, decir que Francisco Ibáñez me enseñó a leer. Pero, en gran parte, así fue. No a la acción básica de leer, mirando letras en un papel, formando palabras y pronunciándolas; para eso estaban, como debe ser, los padres, los hermanos mayores, las maestras de la escuela, los libros infantiles. Pero los tebeos en general - y los de Ibáñez en particular, porque eran de los que más había en casa - me enseñaron los títulos con rimas divertidas, los juegos de palabras, los insultos creativos (nunca obscenos ni malsonantes), los calambures y las anfibologías (mucho antes de saber que había un nombre técnico para el Bar Budo), los poemas satíricos, las réplicas ingeniosas... Por no hablar de cómo también me enseñó a observar con atención y descubrir detalles, merced a la infinidad de chistes visuales que colaba en cada rincón de sus viñetas, o de cómo aprendí a reconocer políticos del momento y personajes históricos cuando los veía en televisión, porque antes los había visto caricaturizados en sus tebeos. Su influencia fue mucho mayor que un montón de carcajadas - las cuales, si atendemos a sus declaraciones en entrevistas, eran su objetivo principal - y de esas, igualmente, nunca faltaron. 


Junto con uno de mis hermanos, tuve la oportunidad y el honor de conocer a Francisco Ibáñez en 2002, en la presentación de su álbum de Mortadelo y Filemón ¡Misión Triunfo!. En aquella ocasión le di uno de los dibujos de sus personajes que había hecho con siete u ocho años, el cual, aunque quedara prontamente olvidado entre los cientos de cartas y dibujos de admiradores que recibió aquel día - y a lo largo de su tan provechosa vida - por lo menos le provocó una sonrisa. 

Como he comentado al principio, este blog no es el lugar más adecuado para rendir tributo a Ibáñez; otros muchos medios están realizando más extensos y justos homenajes. El mío, aparte de este artículo que no pasa de ser una pequeña mención, será seguir haciendo lo que he hecho desde pequeña: leer sus tebeos y pasarlo en grande. 




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