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6 de noviembre de 2021

Alicia de Jan Švankmajer (1988)




 

Něco z Alenky (literalmente, "Algo de Alicia") es una adaptación de Alicia en el País de las Maravillas, de imagen real y animación en volumen, del director checo Jan Švankmajer. Estrenado en 1988 en Nueva York, fue el primer largometraje del autor tras una larga lista de cortos de dibujos animados y animación de recortables, plastilina y marionetas. Tiene una duración de 86 minutos. 


Jan Švankmajer, de ascendencia bohemio-germánica, nació en Praga en 1934. En su infancia, recibió un regalo de Navidad que definiría su vocación para siempre: un teatrillo de marionetas. Estudió en la Universidad de Artes Aplicadas de Praga, y más tarde en el Departamento de Títeres de la Academia de las Artes Escénicas de Praga. Uno de sus primeros trabajos en animación fue su colaboración en la película de marionetas Johanes doktor Faust dirigida por Emil Radok en 1958. En el mismo año comenzó a trabajar en el teatro Semafor de Praga, donde fundó el Teatro de Máscaras, y posteriormente pasó al teatro Laterna Magika, donde volvería a colaborar con Radok. 



Fotograma de El último truco.


Su primer cortometraje fue El último truco del Sr. Schwarzewalde y el Sr. Edgar (Poslední trik pana Schwarzewaldea a pana Edgara), estrenado en 1964. Su estilo fue evolucionando del manierismo al surrealismo, siendo su primera obra dentro de esta corriente El jardín (Zahrada), de 1968; no tardaría en definirse a sí mismo como surrealista y unirse al Grupo Surrealista Checoslovaco en 1970. En esta época fue el principal editor de la publicación surrealista Anagolon. Durante la "normalización" (nombre que recibe el período que siguió al Pacto de Varsovia de 1968, hasta la liberación e independización de las naciones soviéticas que comenzó en 1987), el trabajo de Švankmajer fue vigilado y reprimido por las autoridades comunistas; de hecho, se le prohibió filmar películas entre 1973 y 1979. Esto hizo que fuera completamente desconocido fuera de su país hasta los años 80, en que cortos como Dimensiones del diálogo (Možnosti dialogu, 1980) o El pozo, el péndulo y la esperanza (Kyvadlo, jáma a naděje, 1983) comenzaron a llamar la atención de críticos y cineastas en Europa y Estados Unidos. En 1983, con Jaromír Kallista, fundó una compañía de cine independiente que en 1992 sería conocida como Athanor Ltd.




En 1988, Něco z Alenky (estrenada simplemente como Alice) le valió el reconocimiento y el aplauso internacional; animadores de prestigio como los hermanos Quay y Terry Gilliam han expresado la influencia de esta película en su propia obra, y su admiración por el trabajo de Švankmajer.



Jan Švankmajer y Terry Gilliam en la Escuela de Cine de Verano, 
en Uherské Hradiště (República Checa, 2009).

En la actualidad, el director checo es reconocido por crear en sus obras un mundo único, sombrío e inquietante, propio de pesadillas, usando objetos cotidianos pero siniestros, como cráneos y huesos, animales disecados, muñecas y bebés de juguete, y artículos punzantes como imperdibles, agujas, clavos, chinchetas... Ha adaptado textos de Lewis Carroll, Edgar Allan Poe, Christopher Marlowe, Horace Walpole, y los escritores checos Karel y Josef Čapek, además de cuentos folclóricos de su país. Aparte de Alice, su largometraje más celebrado es El pequeño Otik (Otesánek, 2000), sobre una pareja sin hijos que "adopta" una raíz con una forma que recuerda vagamente la de un niño, la cual cobra vida y comienza a devorar todo lo que encuentra. Su obra más reciente, y que por sus propias declaraciones es la última, es Insectos (Hmyz, 2018).

 


Jan Švankmajer con el pequeño Otik.


Švankmajer trabaja con frecuencia en artes plásticas como la cerámica, los grabados y los collages. En sus obras combina las marionetas de mano o de varilla con actores reales y varios tipos de animación (de plastilina, recortables y stop-motion). Con su esposa, Eva Švankmajerová, pintora surrealista que colaboró en Alice y El pequeño Otik, adquirió un castillo del siglo XVIII, situado en Horní Staňkov, y creó en él un museo de curiosidades, en el que exhibe las figuras y marionetas usadas en sus películas, y grotescas criaturas formadas por huesos, cráneos y conchas de animales dispares. Los hermanos Quay rodaron un cortometraje documental sobre tan fascinante espacio en 1984.



Una de las curiosidades del gabinete de Jan Švankmajer.

Su particular y personalísima versión de Alicia está protagonizada por una única actriz, Kristýna Kohoutová, que interpreta a Alicia y hace las voces de todos los demás personajes, sean recortables o marionetas. Aparte de ella, solo se pueden contar como personajes de imagen real a la hermana mayor de Alicia, que aparece en la secuencia inicial, pero no habla, no se ve su rostro en ningún momento, y no está acreditada en la película; y los animales vivos que aparecen en algunos momentos. Kristýna Kohoutová, que tenía siete años en el momento del rodaje, solo parece tener en su haber el papel de Alicia: no consta que tuviera una experiencia previa como actriz infantil, o que continuara trabajando en el cine tras la película de Švankmajer. Sin embargo, es una Alicia perfecta: tiene la edad adecuada para el papel, y el talento y la madurez suficientes para interpretarlo. 



La película empieza de una manera totalmente convencional, con la imagen de un pequeño arroyo en el que empiezan a a caer guijarros. Alicia se encuentra sentada en la orilla junto a su hermana (que está leyendo un libro, y cuyo rostro no llega a verse) y se entretiene tirando piedrecitas al agua. Cuando se le acaban, se sacude la tierra de la falda, y curiosea en las páginas del libro de su hermana... quien le golpea la mano para que se esté quieta. Alicia retira la mano sin quejarse y vuelve a una postura inmóvil, mirando fijamente a la cámara. 



Los créditos comienzan a mostrarse en gruesas letras blancas de molde sobre un fondo completamente negro, alternándose con un primer plano de los labios de la niña recitando una especie de presentación, al tiempo que se oye una suave música de piano que será la única banda sonora de toda la película.




"Alicia pensó para sí misma:
Vamos a ver una película.
Para niños...
quizá.
Pero no olvides
que debes
cerrar los ojos.
Porque de otra manera
no verás nada."


La siguiente escena transcurre en la habitación de Alicia, que está llena de cadáveres y despojos: la cámara pasa por moscas muertas en el antepecho de la ventana, mariposas y escarabajos clavados en paneles, huesos y cráneos de pequeños mamíferos, conchas y plumas, corazones de manzana y flores secas. Muñecas con ojos de cristal y títeres de cachiporra descoloridos rodean a la niña, que repite su pasatiempo anterior cogiendo piedrecitas de la falda de una de las muñecas y lanzándolas dentro de una taza de té. 


El mecanismo de un reloj suena demasiado alto durante todo este tiempo. Alicia al final se aburre, se tumba en el suelo y fija la vista en la lámpara, hasta que un ruido llama su atención. Se incorpora para ver a un conejo blanco... disecado, que está arrancando sus propias patas de los hierros que lo sujetan a la vitrina.




El Conejo logra liberarse las patas, saca algo de ropa de un doble fondo de la urna donde está expuesto y, tras vestirse, rompe con unas tijeras el cristal de la vitrina y se libera. Pronto se percata de que está perdiendo su relleno de serrín por el tajo en el abdomen a través del cual, en su día, el taxidermista le sacó los intestinos. El intentar cerrar esa costura y rellenarse de serrín siempre que tiene ocasión - y asimismo, guardar su reloj en el hueco de su propio vientre - será un motivo recurrente en la película.




"¡Cielos, cielos, voy a llegar tarde!", exclama el Conejo a través de Alicia. Y echa a correr por un terreno desolado, cubierto de costras de tierra, que de repente está conectado con la habitación de la niña. Al ver que el Conejo se mete en un escritorio que está en medio del desierto, Alicia lo sigue sin pensarlo. Cuando ella llega al escritorio, abre el cajón y tantea el interior, pinchándose un dedo con un compás viejo y oxidado. La niña se queja, pero no se arredra: se lame la sangre del dedo, se asoma al cajón y se mete sin más. Comienza así un alucinado viaje a un lugar que está más cerca de la demencia que de las maravillas.




Todo lo que encuentra Alicia a partir de entonces es amenazador. Continuamente corre peligro, se cae, se golpea: una "broma" recurrente es que cada vez que intenta abrir un cajón se queda con el tirador en la mano, y la mayoría de las veces el impulso al querer abrirlo hace que se caiga de espaldas. 




La propia Alicia es mucho menos prudente que la observadora niña de Carroll: ella no tiene ningún reparo en comer y beber cosas que claramente no están destinadas a su consumo, como serrín o tinta. Además, incluso lo que en apariencia es comestible oculta peligros escalofriantes. Mientras Alicia "cae" por la madriguera (va bajando con un ascensor, que resuena de modo ominoso cada vez que desciende un piso) ve las estanterías con tarros de conservas, pero cuando coge el de mermelada de naranja, lo abre y saca una poca con la punta del dedo, comprueba que hay chinchetas entre la mermelada. Estos primeros encuentros con "comida" potencialmente mortal no son más que predecesores de la dantesca escena de la despensa, pero a Alicia aún le quedan muchos horrores antes de llegar a ella.



Como en el libro, Alicia cae en un gran montón de hojas sin hacerse daño. Las hojas son rápidamente absorbidas por el cajón de un escritorio, y la niña no tarda en advertir que está atrapada en una habitación pequeña y claustrofóbica, con solo el escritorio, y una puerta que no puede abrirse. La puerta tiene una puertecita más pequeña, la llave está en el cajón del escritorio, y el Conejo está al otro lado, pero Alicia siempre es demasiado grande para pasar.




Alicia se reduce al beber de una botella de tinta (convirtiéndose en una muñeca de porcelana), y luego crece al comer una galleta que cae del cajón. Cuando ve que no puede pasar por la puertecita, llora tanto que el agua supera las tres cuartas partes de la altura de la habitación. Es la única versión de Alicia en que parece que la niña se va a ahogar de verdad, incluso cuando todavía es grande.






La narrativa se aleja del texto de Carroll para presentar situaciones igualmente surrealistas. Mientras Alicia nada de un lado al otro del cuarto, llega nadando el Ratón, que aparentemente confunde la cabeza de la niña con un islote. Sube por su cabello arrastrando tras de sí un baúl, clava a martillazos unas estacas en la cabeza de Alicia, y enciende un fuego sobre el que coloca una olla, en la que va vaciando latas.




Tras aguantar con una paciencia inusual que hayan prendido fuego en su cabeza, Alicia murmura "Creo que esto ya es demasiado" y se sumerge en el agua, desbaratando el campamento del Ratón, que se marcha a nado, desconcertado con el hundimiento del islote. Al poco, el Conejo llega en barca, con un plato de galletitas. Huye al ver a Alicia, que solo intenta pedirle ayuda, y la bandeja se acerca flotando hasta la niña, que coge una de las galletas, se la come y vuelve a convertirse en muñeca. Con un gran esfuerzo, la pequeña Alicia logra alcanzar la llave y abrir finalmente la puerta grande; el agua sale a presión hacia un río, y Alicia llega, exhausta, a la orilla, donde también desembarca el Conejo. Este la confunde con su criada Mary Ann y la manda a su casa... a por unas nuevas tijeras, que ha perdido en el agua. 



Siguiendo humildemente sus órdenes, la Alicia-muñeca entra en una delirante construcción de bloques de madera, montada sobre una mesa de tamaño normal, a la que se accede mediante escaleras y rejas con clavos salientes por todas partes. No tarda en encontrar un nuevo par de tijeras para el Conejo - que tiene un cajón lleno de ellas -, pero no resiste la tentación de beber otra vez de un tintero. Esto hace que recupere su forma humana y su tamaño normal, y se quede atascada en la casita. 

 

 

El Conejo se impacienta y va a buscarla; para no enfrentarse a él, Alicia bloquea con los muebles la puerta de entrada al cuartito donde está. Tras varios golpes, cortes y caídas, el Conejo, frustrado, sale al jardín e intenta serrar el brazo de Alicia que asoma por una ventana, pero tampoco consigue nada. Llama entonces a unos amigos animales, seres terroríficos compuestos de cráneos, huesos y raspas con ojos saltones, ataviados con gorros rojos de duendecillo, que difícilmente recuerdan a criaturas reales. 

 

El lagarto Bill intenta colarse por la chimenea, con las consecuencias que todos conocemos, pero mucho más severas: su cuerpo revienta al estrellarse contra el suelo. Tras arrojarle a Alicia, furiosos y desesperados, las pequeñas piedras que hay en una carretilla, sus compañeros intentan coserlo de nuevo con el hilo y las tijeras que el Conejo siempre tiene a mano. Mientras tanto, los guijarros que han caído al interior de la casa se han convertido en pastelitos, y al comerse uno, Alicia vuelve a convertirse en muñeca. 



Intenta escapar de la casa sin ser vista mientras el Conejo y sus amigos están alimentando a Bill con el serrín que ha caído de su propio cuerpo, pero la descubren y la persiguen. 

 

 


Acorralada, Alicia cae en una olla llena de una pócima lechosa. Por unos momentos no sale a la superficie, pero súbitamente - entendemos que al tragar algo de ese líquido - vuelve a su tamaño normal, pero atrapada en el cuerpo de la muñeca. Los animales la atan por los pies y, mediante unas aves que relinchan y tiran como caballos, la arrastran hasta llevarla tras una puerta que el Conejo cierra con llave. 




Alicia logra romper su "cuerpo" de muñeca y escapar de su interior, pero aún tiene que salir de una despensa plagada de horrores. Decide no volver a probar los pastelitos y la tinta que ha ido comiendo hasta ahora, pero las otras opciones parecen poco seguras: un tarro de bombillas, zapatos dentro de garrafas, relojes en salmuera. Y entonces todo comienza a moverse. Los huevos de un cartón eclosionan, y de las cáscaras salen pequeños cráneos sin ojos ni patas que se van correteando. De una barra de pan brotan clavos. Alicia abre una lata de conservas de la que surge un río de cucarachas, y destapa una olla de la que emerge un enorme trozo de carne cruda que se va reptando a esconderse dentro de otra cacerola. Aun así, le queda valor para abrir una lata de sardinas, y encuentra, bien conservada en aceite, la llave que le permite escapar de la despensa. 

 

 

Se encuentra en el interior de lo que parece una casa de campo dilapidada, con el yeso de las paredes desprendiéndose, las puertas despintadas y astilladas, bombillas desnudas colgando de cables en el techo, y un aspecto general desolador. Se encuentra también con un viejo conocido: el Ratón que acampó en su cabeza tiene el cuello partido por una trampa de resorte. 




Alicia observa que, en el pasillo, hay muchos pares de zapatos frente a una puerta cerrada. Llama a la puerta y, al no oír respuesta, se quita ella también los zapatos y entra sigilosamente. El suelo de madera está cuajado de enormes agujeros rodeados de serrín, de los que comienzan a surgir gusanos hechos de calcetines. 




Tras una nueva caída al intentar abrir un cajón, la niña se da cuenta de que ha aplastado a dos de esos gusanos, pero logra reanimarlos insuflándoles aire, y regresan rápidamente a sus agujeros. Otro gusano, que tiene ojos y una dentadura humana, se coloca sobre una seta de costura (un accesorio de madera, con dicha forma, que se utiliza para coser parches en calcetines y prendas pequeñas) e interpela a Alicia. 




Se trata en realidad de la Oruga, quien, tras decirle a la niña que coja un trozo de cada lado de la seta para crecer o disminuir, comienza a coserse los ojos a sí mismo porque tiene sueño. A Alicia le cuesta un gran esfuerzo arrancar trozos de la seta de madera, y después tiene que vérselas con sus propios calcetines, que deciden imitar a sus congéneres y esconderse en los agujeros del suelo. 


La siguiente habitación que visita Alicia contiene una casa en miniatura: rodeada de piezas batería de cocina, y de docenas de trozos de platos y vasos rotos, es la de la Duquesa. 



El Lacayo-Pez viene a traer la invitación de la Reina, y se la entrega al Lacayo-Rana. Sus pelucas se enredan y se ponen a moverse por sí mismas; la propia Alicia las separa y las devuelve a sus respectivas cabezas. La confusión del Lacayo-Pez, que se va apresuradamente, es una de las dos únicas cosas en toda la película que harán sonreír a la niña. El Lacayo-Rana comienza a cazar moscas y avispas que rondan por los restos de comida de los platos rotos, y acaba marchándose también. Alicia se asoma a la casa, en la que solo está el Conejo, dándole el biberón al bebé. Alicia lo llama suavemente, pero al verla, el Conejo le tira todo lo que queda en la cocina, incluyendo el bebé, y se va corriendo mientras la niña se ocupa de la criatura. El bebé no tarda en convertirse en un cerdito, y se va por sí solo escaleras abajo, pero sigue gimiendo como un bebé y chillando como un cerdito al mismo tiempo. Alicia va ayudarlo, pero solo lo ve desaparecer tras una puerta... 



La Merienda Loca reproduce el proceso eterno y cíclico al que están condenados el Sombrero y la Liebre de un modo aterrador. En una mesa en la que solo hay seis asientos, el Sombrerero cambia de sitio cada pocos minutos, haciendo que la Liebre, que se desplaza en silla de ruedas, vaya tras él, y tras ellos Alicia. El Sombrerero se prueba sombreros, toma el té. La Liebre saca de una tetera un reloj, lo unta de mantequilla, lo cuelga del pecho del Sombrerero. De un sombrero sale el Conejo Blanco, que recoge el reloj y se va. A la Liebre se le queda un ojo colgando de un hilo; el Sombrerero lo pone en su sitio de un tirón, y le da cuerda a la Liebre con la llave que tiene a su espalda. Una y otra vez, el proceso se repite, ante una atónita Alicia que solo cuando se va contempla el punto que cierra y abre el círculo: de la tetera sale el Lirón, que limpia a lametazos las seis tazas antes de volverse a esconder. 

 

 

Siguiendo nuevamente al Conejo, Alicia se encuentra en un tendedero cubierto con docenas de prendas de ropa en las cuerdas. Se abre camino apartando sábanas y camisas, y oye un entrechocar de espadas. En el jardín de la Reina, los soldados de la baraja han salido de sus cartas y están combatiendo. 




A continuación pasan también el Lacayo-Pez, y la procesión real: el Rey y la Reina de Corazones son marionetas de cartón, y el resto de la comitiva la componen cartas de tamaño normal, más otras pequeñitas que representan los Infantes. Los Soldados-Carta prosiguen con su lucha, hasta que la Reina ordena cortarles la cabeza... y es el Conejo Blanco quien lleva a cabo la ejecución, con sus tijeras. Aquí no es el heraldo de la corte, sino el verdugo. 



Los Soldados, sin embargo, siguen combatiendo, pese a la incomodidad de haber sido decapitados. La comitiva se aleja, y Alicia la sigue a distancia. En el jardín vuelve a encontrarse con el Sombrerero y la Liebre, que en ahora están jugando a las cartas en vez de tomar el té, y le sube el ojo a la Liebre y le da cuerda para que puedan seguir con su partida. Pero aparece la Reina, y vuelve a dar al Conejo la orden de cortarles la cabeza. El Conejo obedece ante la aterrada mirada de Alicia, y las cabezas del Sombrerero y la Liebre caen al suelo de un tijeretazo. Los cuerpos las recuperan... cambiándoselas sin darse cuenta: ahora el cuerpo del Sombrerero tiene la cabeza de la Liebre, y viceversa, pero pueden seguir jugando.



La Reina le pregunta a Alicia si juega al croquet, y cuando esta, un poco impresionada, le contesta que sí, la invita a jugar con ella. La niña sigue a los personajes reales a otra habitación, donde la Reina le indica que coja un flamenco. Las pelotas son acericos con muchos alfileres clavados. La Reina se sirve también un flamenco, y hace un tiro que atraviesa varias cartas y termina rompiendo un cristal. Alicia se ríe, aunque deja de hacerlo cuando ve que la jugada termina con la decapitación de todas las cartas implicadas. 



Se dispone a tirar ella misma, pero, antes de golpear, su flamenco de cartón - y todos los que están en las cartas - se transforma en una gallina viva, y los alfileteros, en gorditos y redondos erizos. Los animales se van correteando y aleteando por el campo de juego. Sin mencionar para nada este suceso, el Conejo se acerca a Alicia y le entrega un cuaderno escolar, con la indicación de que debe aprenderse de memoria su contenido, y se marcha. Alicia sale corriendo tras él, atraviesa los pasillos de la ruinosa casa de campo, y entra en la habitación donde cree que se ha metido. En el interior están los Reyes de Corazones, con sendos cuadernos idénticos al de Alicia, y un platito de galletas. 



El Conejo está con ellos, y también el Sombrerero y la Liebre - ya con las cabezas en los cuerpos correspondientes - y otros animales que componen el jurado. Los Reyes acusan a Alicia de haberse comido las tartitas; Alicia asegura que no ha comido nada. El jurado golpea platos y cazuelas ante tan flagrante distorsión de la verdad, y Alicia se corrige: "...o casi nada". El Rey la hace leer una página del cuaderno en que se disculpa, pero la niña dice que no se arrepiente de nada, lo que conlleva una nueva cacerolada y una nueva corrección: "...de casi nada". El Rey le insiste en que diga solo lo que está escrito en el cuaderno; la niña discute con él, y en un momento dado se acerca al plato de galletas y comienza a comérselas a puñados. El Rey le da la razón a la Reina, que llevaba todo el juicio ordenando que le cortaran la cabeza a Alicia, y da la orden él mismo. El Conejo enarbola sus tijeras, Alicia, todavía con la boca llena de galletas, comienza a negar desesperadamente con la cabeza... y se despierta. 




La niña se frota los ojos, se incorpora, y recorre con la vista todos los elementos de su habitación que ha visto en el sueño: las cartas, el tintero, el plato de galletas de su merienda, y su propia versión en muñeca. Cuando mira la vitrina del conejo disecado, sigue rota y vacía. Se acerca despacio, mete la mano en el interior, y abre el cajón oculto donde el Conejo guardaba su ropa, y que ahora tiene unas tijeras. Las recoge, y se dice para sí: "Llega tarde, como siempre... Creo que tendré que cortarle la cabeza".




La Alicia de Švankmajer es una película que no puede dejar indiferente. Se considere inquietante, original, aterradora o simplemente rara, no es para nada una adaptación como cualquier otra. El País de las Maravillas que crea el autor checo es fascinante. Irrepetible. Ningún elemento es como se espera en una adaptación de Alicia, ni en el apartado visual, ni en el narrativo, ni en el sonoro. Además de que, como hemos mencionado, no hay actores de doblaje para las marionetas porque Alicia lee todas las intervenciones, tampoco hay música de fondo (excepto una breve secuencia de piano en los créditos de inicio y final), solo efectos de sonido que suenan más alto de lo que deberían. El tictac del reloj, el ruido del ascensor conforme baja, el choque de las tazas de té y los platillos en la mesa del Sombrerero y la Liebre, los pasos, y sobre todo cada golpe, cada caída, cada desgarrón o tijeretazo, se oyen con una claridad perfecta. 



Los hilos y las fibras de cartón de las marionetas no son solo visibles, sino que se insiste en su naturaleza de objeto creado por el hombre que no debería tener vida propia, como en el caso de la Liebre, que funciona a cuerda, o de modo estremecedor, en el de los animales disecados, que vuelven a la vida después de haber sido asesinados por entretenimiento, y recogen el serrín que los rellena porque ya no tienen órganos. 


Y entre todo esto, lo que posiblemente más llame la atención es que Alicia sufre. Solo llora en la escena del charco de lágrimas, pero continuamente recibe golpes y heridas, desde pinchazos en el dedo hasta estacas clavadas en su cabeza. Al volver a su tamaño tras caer en un cazo mientras huía de los animales hechos de hueso, se queda atrapada en el cuerpo de la muñeca, y sus ojos se mueven de un lado a otro, impotente mientras la atan y la arrastran. Se muestra compasiva con las extrañas criaturas con las que se encuentra (sopla en los calcetines- gusano para devolverlos a la vida, da cuerda a la Liebre, por no mencionar cuánto tiempo soporta que el Ratón cocine sobre su cabeza), y se asusta al ver decapitaciones y abusos. Su curiosidad por hablar con el Conejo, y su voracidad por comer todo lo que encuentra (no vacila en comer serrín, beber tinta, o arrancar y masticar trozos de la seta de la Oruga, aunque claramente son astillas de madera) tienen consecuencias que no la hacen retroceder, pero que tampoco le pasan inadvertidas.




Kristýna Kohoutová es posiblemente la mejor Alicia de todas las versiones de imagen real que nunca se han filmado. Es una niña de la edad de Alicia, que actúa y reacciona como tal, que se adapta a un mundo sobrenatural a pesar de llevarse golpes y pinchazos, y persevera en su curiosidad a pesar de los reveses. No tiene ni la ingenuidad de las actrices infantiles ni la inevitable seriedad de las adultas, sino el punto justo de madurez para interpretar al personaje de una manera tan poco convencional. Habría sido ideal que hubiera protagonizado otra película de Alicia, siguiendo un guion más canónico, y ver qué habría pasado. Personalmente creo que, aunque esta interpretación sea única, también habría podido hacer una Alicia completamente "normal", y la habría hecho muy bien. 




La Alicia de Švankmajer, como reconocida película de culto, se publica y reedita con frecuencia, y está al alcance de cualquiera que se atreva con ella. Se ha editado en DVD y Blu-ray (y ediciones dobles), está en varios canales de vídeo de Internet, y existe una versión doblada al inglés, con la voz de la irlandesa Camilla Power como Alicia. Hay que verla. Para juzgar si es una obra de arte, o material de pesadilla  - o ambas - , hay que verla. 


 


Fuentes:


Alice, película con subtítulos en español en Youtube.

Athanor, página oficial del estudio de Švankmajer.


The Cabinet of Jan Svankmajer, cortometraje de los hermanos Quay.

PEÑAS, Esther. "'Alice: frontera exacta entre belleza y espanto", en Código Cine, 16 de junio de 2020.
 
ŠVANKMAJER, Jan. Para ver, cierra los ojos, Pepitas de calabaza, Logroño, 2012.

19 de marzo de 2021

Alicia de John Henderson (1998)

 




Alice through the Looking Glass, conocida en España como Alicia y el espejo mágico, es una película británica del director John Henderson, hecha directamente para televisión en 1998. Tiene una duración de una hora y veintitrés minutos, y adapta casi en su totalidad A través del espejo, sin formar parte de Alicia en el País de las Maravillas. Fue filmada en la Isla de Man.



Portada de la edición española.


La obra más popular de John Henderson es la miniserie de 1992 The Borrowers, y su continuación The return of the Borrowers, sobre una familia de hombrecillos diminutos que vive en casa de personas de tamaño normal, basada en una serie de novelas del mismo título de Mary Norton. Ha dirigido también películas de cine como el drama Lago Ness (1996) y la comedia Traedme la cabeza de Mavis Davis (1997), pero la mayor parte de su trabajo consiste en series y películas televisivas. En el mismo año en que dirigió Alicia, ya había adaptado un cuento de fantasía con Jack y las alubias mágicas


Kate Beckinsale como Alicia.

El papel de Alicia fue interpretado por Kate Beckinsale, que había aparecido en algunas comedias románticas como Mucho ruido y pocas nueces (1993) y el drama La tabla de Flandes (1994), entre otras películas de bajo presupuesto, desconocidas fuera del Reino Unido. En la década de los 2000 saltaría a la fama interpretando a Selene en la saga Underworld. Beckinsale tenía veinticinco años y estaba embarazada cuando hizo de Alicia en esta película, siendo una de las actrices de mayor edad que ha interpretado al personaje, solo superada por Kate Burton en la versión de Kirk Browning, que tenía veintiséis; y por Meryl Streep en Alice at the Palace, que tenía treinta y tres (y también estaba embaraada). 

 

 

 

La película tiene un comienzo poco ortodoxo, al ambientarse en una habituación infantil moderna. Una niña de unos siete años (Charlotte Curley, que en los créditos aparece como "Pequeña Alicia", pero en cierto momento es llamada con otro nombre) está acostada en la cama, y su madre está a su lado, leyéndole el cuento de A través del espejo



Cuando llega a la parte en que Alicia se pregunta cómo será la casa del otro lado del espejo, la niña dice que el espejo de su habitación es como el del libro, y que hay un mundo diferente al otro lado. Insiste en ello hasta que su madre se levanta y se acerca al espejo para asegurarle que no tiene nada especial. Pero entonces la superficie se vuelve translúcida, y la Alicia madre atraviesa el espejo y pasa a la habitación del otro lado, en la que lleva un vestido con enaguas en vez de jersey y vaqueros. No se inmuta en lo más mínimo, y enseguida comienza a fijarse en las piezas de ajedrez del Rey y la Reina Blancos (Geofrey Palmer y Penelope Wilton) que pululan por allí buscando a su bebé Lirio Atigrado (Louise J. Tylor). 




A partir de ese momento, la película sigue fielmente los episodios de A través del espejo. Alicia lee el poema "Jabberwocky" y, deseando explorar los alrededores, sale al jardín, donde conoce con unas surrealistas flores parlantes: la Rosa (Rebecca Palmer) y las Margaritas (Paulette Williams y Tanya Luternauer). 

 

 


 

A continuación se encuentra con la Reina Roja (Sian Phillips), quien le explica que puede moverse por el Mundo del Espejo como un peón de ajedrez y convertirse en reina al llegar a la última fila. 


 

 

Alicia cruza la primera fila a través de un portal dimensional (cada avance de una fila del tablero a la siguiente se indicará de esta manera) y se encuentra viajando en el compartimento de un tren. El revisor (John Tordoff) le pide el billete, y cuando Alicia explica que no lo tiene, un hombre vestido con un traje de papel (Jasper Holmes) intenta echarle una mano. El tren desaparece en otro portal dimensional, y Alicia está ahora bajo un árbol. Oye el sonido de un mosquito, que primero aparece como una marioneta pero después se muestra como un ser humanoide (Steve Coogan). 



El Mosquito le habla de los diferentes tipos de insectos del Espejo y le advierte sobre el bosque en el que uno puede perder su nombre, y desaparece, entristecido, cuando Alicia le dice que sus chistes son malos y no debería contarlos. Sola nuevamente, y cambiando de vestido y peinado en cada escena, Alicia se interna en el bosque y no tarda en encontrarse con Tweedledee (Marc Warren) y Tweedledum (Garry Olsen), quienes le recitan el poema "La Morsa y el Carpintero", en el que los personajes, nuevamente, son representados de modo alterno por marionetas y por actores con disfraz (Brian Gilks como Morsa y John Cashen como Carpintero). 




Terminado el poema, le presentan al durmiente Rey Rojo (Michael Medwin) y le explican que en ese momento está soñando con ella, y que si se despierta, Alicia desaparecerá. 



La mujer comienza a marcharse cuando se tropieza con la carraca rota, lo que lleva a los hermanos a pertrecharse con todo lo que encuentran (incluyendo un disco del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band) para pelear durante unas horas. Como la propia Alicia adivina al recordar el final de la cancioncilla, aparece un cuervo que ahuyenta a los hermanos, con lo que se zanja la discusión. Alicia sigue paseando por el bosque, atraviesa otro portal, y entra en una casa abandonada murmurando para sí "aquí no podrá cogerme", aunque no se había visto que huyera del cuervo. En la casa se encuentra con la Reina Blanca, quien le ofrece un trabajo de asistenta personal y le explica el funcionamiento del tiempo en el Mundo del Espejo. 



De pronto, la casa es una tienda, y la Reina está haciendo ganchillo. Alicia le compra un huevo, pero cuando va a cogerlo, este se aleja cada vez más, y al seguirlo se ve de nuevo caminando por el bosque, quitándose ramas de la cara. Llega a un claro en el que se alza una altísima torre, en cuya cúspide se encuentra sentado Humpty Dumpty (Desmond Barrit). Alicia le dice sin pestañear que tiene siete años y medio.






Humpty Dumpty recita completo el poema "Jabberwocky", que es representado por un niño, como guerrero, y una marioneta como monstruo (el niño es Jonathan Bailey, y su personaje aparece en los créditos como "Lewis"). A continuación le explica a Alicia algunas de las palabras difíciles del poema; sin embargo, su conversación termina bruscamente, y Alicia se marcha algo molesta, sin darse cuenta de que Humpty Dumpty se cae de la torre y se hace pedazos. Llegan todos los hombres de pie y los jinetes del rey para recomponerlo, pero acaban tropezándose unos con otros y armando un gran revuelo. Alicia sigue su camino y atraviesa otro portal, tras el cual se encuentra al propio Rey Blanco y a Haigha, uno de sus mensajeros anglosajones. Cuando estos se marchan a ver la pelea del León y el Unicornio, Alicia cruza otro portal, y no tarda en aparecer un Caballero Rojo (Greg Wise) que la reclama como su prisionera. Pero se cae del caballo, y antes de que vuelva a montar aparece el Caballero Blanco (Ian Holm) que la defiende, y también se cae del caballo. De nuevo sobre sus cabalgaduras, ambos acuerdan luchar por Alicia y respetar las reglas del combate. Tras muchos golpes y varias caídas más, el Caballero Rojo reconoce su derrota y se marcha. 




Alicia sigue por el bosque intentando ayudar con sus tropiezos y caídas al Caballero Blanco, quien le habla de sus múltiples inventos mientras la acompaña a la última fila del tablero de ajedrez, donde se convertirá en Reina. Al despedirse de ella, le recita el poema "Ojos de bacalao". 




Tras separarse del Caballero, Alicia está a punto de atravesar el último portal, pero oye algo que llama su atención y retrocede para ver qué es. Son los lamentos de la Avispa (Ian Richardson), un anciano que se queja de dolor de huesos. 





Alicia se sienta a su lado e intenta darle algo de conversación y leerle el periódico, pero el hombre está malhumorado y resentido. Le explica que todos sus males se deben a que se dejó convencer para raparse al cero y ponerse un peluquín amarillo, lo que solo le ha valido burlas desde entonces, ya que nunca le volvió a crecer el cabello. Pero se anima un poco al ver que Alicia tiene una mandíbula y unos ojos poco funcionales (desde el punto de vista de una avispa, claro) y Alicia, viendo que ya ha dejado de lamentarse, decide despedirse y atravesar el último portal. Cuando lo cruza, se convierte en Reina y una corona aparece sobre su cabeza. 



Llegan las Reinas Roja y Blanca y le explican que no es suficiente una corona para ser Reina, y que debe pasar un examen de aptitud. 





Le hacen preguntas retorcidas y capciosas, y la critican por no saber resolverlas, hasta que se quedan dormidas sobre los hombros de Alicia. Esta se las quita de encima y se dirige al cercano castillo, donde una puerta pone claramente "Reina Alicia". 




Tras recorrer varias dependencias completamente vacías, Alicia llega a un ruidoso salón lleno de invitados, alrededor de una gran mesa repleta de  comida. Las Reinas Roja y Blanca le dicen que se ha perdido los dos primeros platos pero llega a tiempo del asado, a quien le presentan. Alicia intenta servirse un trozo, pero las Reinas le recriminan que es de mala educación comerse a alguien a quien le han presentado, y retiran el asado. Cuando los camareros traen el pudín de postre, Alicia pide que no se lo presenten, pero la Reina Roja lo hace igualmente, y el camarero vuelve a llevárselo. Alicia recuerda entonces que ella es Reina también, ordena al camarero que ponga de nuevo en la mesa el pudín, y comienza a cortar una rebanada, lo que no le parece nada respetuoso al Pudín.





Para disimular, Alicia comenta que todas las poesías que le han recitado ese día tienen que ver con pescados. Los invitados la vitorean, y la Reina Roja la anima a dar un discurso, pero la fiesta comienza a descontrolarse. Alicia tiene visiones de escenas que le han ocurrido (incluso de algunas que no ha llegado a ver, como a Humpty Dumpty cayendo de la torre), los invitados y las cucharas bailan encima de la mesa, y la Reina Blanca emerge desde el interior de la sopera. Alicia se levanta, da un fuerte tirón del mantel... y está de nuevo frente al espejo de la habitación de su hija. Un poco confundida, le dice a la niña que seguirán leyendo el cuento a la noche siguiente, le da su peluche de morsa y un beso de buenas noches, y se va apagando la luz. Cuando se queda sola, la niña coge una linterna y se mete bajo las sábanas a seguir leyendo el libro. Lee "Una barca bajo el cielo soleado", el acróstico con el que se cierra A través del espejo, y en las últimas estrofas la voz de su madre se superpone a la suya.




Esta adaptación es una de las más fieles de A través del espejo, una de las pocas en las que se recita "Ojos de bacalao", y la única, por el momento, que incluye el capítulo perdido de "La Avispa con Peluca". Sin embargo, no están todos los episodios de libro; se echan en falta el Bosque de los Olvidos donde Alicia se encuentra con un Cervatillo, y la pelea entre el León y el Unicornio, además de un mejor desarrollo del jardín (donde debería haber unos elefantes libando polen) y el viaje en tren, en que varios de los pasajeros, como la Cabra, se ven en imágenes sueltas, probablemente debido al bajo presupuesto de la producción. El que la Morsa y el Carpintero aparezcan alternativamente como actores y como marionetas dentro de la misma secuencia resulta algo confuso, y que Haigha no sea más que un holograma es desconcertante.


Alicia, el Rey Blanco y el no-muy-corpóreo Haigha.

Pero lo que más afecta a esta película, que podría haber sido bastante buena, es indudablemente el haber elegido a una actriz adulta como Alicia. Kate Beckinsale es una mujer muy hermosa, y parece claro que tiene el papel protagonista solo por eso. La película no escatima primeros planos de su rostro, y cambia de vestuario y peinado cada vez que cruza una línea del tablero, como si estuviera preparando un libro de fotos de presentación. Por lo demás, no actúa, no interpreta, no hace nada. No reacciona ante lo que ve o lo que pasa, no cambia de tono, no se inmuta. Es exactamente el mismo problema que tienen todas las Alicias de más de veinte años: no pueden interpretar a una niña de modo creíble. Se comportan con calma y serenidad, como si nada fuera con ellas y no estuvieran vistiendo un miriñaque. Como sus predecesoras Kate Burton y Carol Marsh, Kate Beckinsale parece muy consciente de que su papel aquí es sonreír y ser guapa, no interpretar a Alicia. Teniendo, como tenían, una niña actriz de siete u ocho años que sale al principio y al final, la única explicación posible es que el director y el jefe de reparto no querían una Alicia realista, sino una mujer atractiva que saliera en todos los planos, independientemente de lo adecuada que fuera para el papel. Y se nota: esta es la segunda adaptación de los libros de Alicia peor valorada en IMDb (la primera es la versión de Bud Pollard) y los comentarios positivos se refieren a lo preciosa que es Kate Beckinsale, y poco más. 



Si algo tiene esta película que la haga inolvidable - además de la ya mencionada secuencia de la Avispa, que es un buen punto a su favor - es la interpretación de Sir Ian Holm, el Caballero Blanco. Aunque sin duda el papel que le dio una mayor popularidad fue el de Bilbo Bolsón en todas las películas de El Señor de los Anillos y El hobbit, en que este personaje aparece como anciano, Holm era un actor de formación teatral shakesperiana, con una extensa carrera de más de cien papeles en teatro, cine, radio y televisión. Anteriormente ya había trabajado con el director John Henderson en la serie The Borrowers, y tampoco era ajeno a los libros de Alicia: en 1985 había interpretado a Lewis Carroll en Dreamchild de Dennis Cooper. Holm hace una maravillosa interpretación del Caballero Blanco, con la torpeza, la dulzura y la ingenuidad casi infantiles que caracterizan a este personaje, y recita de forma sublime el poema "Ojos de Bacalao". Su actuación conmueve de un modo que solo puede equipararse a la lectura del texto original, y aunque ha habido algunos Caballeros Blancos muy grandes, creo que en próximas adaptaciones de A través del espejo va a ser difícil superar a este. 


Portada de la edición francesa.

La película se ha editado en formato doméstico en varios países e idiomas, y en la actualidad es bastante fácil de encontrar en DVD en Estados Unidos y el Reino Unido. En España fue doblada al castellano por los estudios Q.T. Lever de Barcelona, y publicada por Planeta Junior en VHS en 2000 y en DVD en 2008; ahora se encuentra descatalogada, pero se puede encontrar de segunda mano. En el momento de publicación de esta entrada se puede ver también en varios canales de vídeo, tanto en su versión original como doblada al castellano. En este aspecto, quiero destacar que, si bien todos los actores y actrices de doblaje hacen un buen trabajo en esta película, el de Alberto Trifol como Caballero Blanco es realmente magnífico, y no desmerece en nada al de Ian Holm. Es una película que recomiendo ver aunque sea solo por este pasaje. El resto no está mal; da lástima pensar que podría haber sido mucho mejor, pero no es doloroso de ver. 



Fuentes: 


eldoblaje.com


Internet Movie Database


Wikipedia

 

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