14 de septiembre de 2019

Alicia de Bud Pollard (1931)


DVD de una edición doble,
 con la versión de W.W. Young (1915)


Esta película de Alicia en el País de las Maravillas fue dirigida por el estadounidense Bud Pollard en 1931. Fue la cuarta versión cinematográfica de la obra de Carroll, tras la de Cecil Hepworth (1903), la atribuida a Edwin S. Porter (1910), y la de W.W. Young (1915), y muy notablemente, la primera en cine sonoro.

Pollard era un director independiente de películas de explotación de bajo presupuesto. Trató diferentes géneros como el de terror (The Horror, 1932), el bélico (The Dead March, 1937), el de temas raciales (The Black King, 1932; Victims of Persecution, 1933), la comedia musical (It Happened in Harlem, 1945; Tall, Tan and Terrific, 1946) y el drama romántico (Love Island, 1952). Solía participar en la escritura del guion de sus películas y actuar en ellas. Muchas de sus cintas se consideran perdidas en la actualidad.

Su adaptación de Alicia en el País de las Maravillas constituye, en cierto sentido, una de sus películas de explotación. La obra se había puesto de moda debido a la reciente adquisición del manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra por un magnate americano, y el centenario del nacimiento de Lewis Carroll se aproximaba, por lo que se estaban organizando eventos y homenajes a ambos lados del Atlántico. La Paramount preparaba una versión del libro con fondos ilimitados y un reparto estelar, y Bud Pollard, especializado en películas baratas y de rodaje rápido, decidió que podía adelantarse. Con actores noveles que se esforzaban en imitar un acento británico, y exageraban los gestos faciales como en el todavía reciente cine mudo, filmó casi una hora de película en unos estudios independientes de New Jersey y la estrenó a lo grande en el Teatro Warner de Nueva York. 


Con un REPARTO TREMENDO

Tras unos créditos de apertura en los que suena una canción compuesta por Irving Berlin (que había aparecido en una película musical el año anterior, Puttin' On the Ritz, de Edward Sloman), la película comienza con Alicia (Ruth Gilbert, de diecinueve años) que se despierta directamente en el País de las Maravillas. No hay ninguna indicación de cómo ha llegado allí; no hay hermana junto al río, libro aburrido sin dibujos ni diálogos ni caída por la madriguera. Simplemente se despierta, se extraña de encontrarse en un lugar desconocido – aunque no está para nada asustada ni preocupada – y está un rato diciéndose a sí misma lo raro que es todo. 


Ve entonces pasar al Conejo Blanco (Ralph Hertz) y lo llama, pero él no la oye y sale apresuradamente, exclamando algo sobre la Duquesa, y deja caer sus guantes y su abanico. Alicia los recoge, se abanica y se pregunta quién puede ser la Duquesa. El Conejo vuelve al poco buscando sus accesorios. Alicia se los tira, el Conejo los recoge y se va corriendo; Alicia sale tras él, llamándolo, pero se pierde de vista.


Alicia pasea un poco por el bosque y llega a una casa desde cuyo interior se oyen gritos y golpes. Entra a la cocina donde la Duquesa (Mabel Wright) y la Cocinera (Lillian Ardell) discuten violentamente; está el bebé pero no el Gato de Cheshire. La Cocinera se marcha enfadada. 


La Duquesa traba conversación con Alicia y le canta una nana (dulcemente, de hecho) al bebé, el cual se transforma en cerdito y se va correteando por la cocina. La Duquesa y Alicia siguen hablando de manera amistosa pero, sin razón aparente, la Duquesa coge un hacha y se acerca a Alicia con extrema lentitud. Después de estar unos largos segundos mirándola, Alicia chilla y sale corriendo. La Duquesa la amenaza desde la puerta.


Alicia encuentra en una rama al Gato de Cheshire (Tom Corless), y tienen la conversación del libro, casi palabra por palabra. Llega entonces al jardín donde el Sombrerero (Leslie T. King), el Lirón (Raymond Schulz) y la Liebre (Meyer Berensen) están celebrando una merienda. El castillo real se puede ver al fondo. El pasaje de la Merienda Loca también sigue fielmente el diálogo, y las caracterizaciones de los personajes se parecen bastante a las ilustraciones de Tenniel.


Tras dejar la fiesta, Alicia se encuentra con la Oruga (Jimmy Rosen). El diálogo también se respeta bastante, y la niña recita “Eres viejo, padre William”, lo que casi nunca aparece en las adaptaciones, pero en cambio se omite la discusión sobre el tamaño adecuado, y Alicia no recibe ningún consejo ni coge trozos de hongo. Muy curiosamente, y siguiendo las indicaciones del libro, la Oruga se va reptando. Alicia se ve sola, suspira y se marcha también.


Unos cortesanos y unas trompetas anuncian la llegada del Rey (N.R. Creagan) y la Reina de Corazones (Vie Quinn). Alicia se encuentra por casualidad en el jardín del palacio real, y se presenta a Sus Majestades. 


La Reina le pregunta si no tiene miedo de haber ido allí sin una invitación, y Alicia contesta que no va a tener miedo de un montón de cartas. La Reina, por supuesto, ordena que le corten la cabeza, pero Alicia apenas se inmuta, y el Rey y la Sota de Corazones (Patrick Glasgow) tranquilizan a la Reina haciéndole ver que solamente se trata de una niña. La Reina ordena que empiece el baile, suenan las trompetas, y los componentes de la comitiva real bailan una cuadrilla (no hay partida de croquet, aunque el Gato de Cheshire había aludido a ella). 


El Conejo Blanco se lleva aparte a Alicia y le cuenta que la Duquesa ha sido hecha prisionera por atizarle un sopapo a la Reina; como en el libro, Alicia se ríe muy a gusto. Pero cuando la Duquesa es traída a presencia de la Reina y se arrodilla ante ella para pedirle perdón, Alicia intercede en su favor y dice que la Duquesa no puede hablar en su propia defensa porque está deslumbrada por la belleza de la Reina. Ésta, muy halagada, perdona a la Duquesa, así como a todos los condenados a decapitación, lo que levanta un clamor general. Sin embargo, le pega un bofetón al Rey, por inútil.


Mientras todos ríen exageradamente, la Duquesa lleva a Alicia a la playa cercana para que conozca al Grifo (Charles Silvern) y la Tortuga Falsa (Gus Alexander). El diálogo sobre los días de colegio se respeta bastante, aunque hablan sobre todo la Tortuga Falsa y Alicia; el Grifo casi no interviene (muy probablemente, porque el actor lleva una máscara pesada con la que apenas se le oye). Hay un montaje de la Cuadrilla de Langostas; Alicia enseguida se aprende la letra y canta con ellos. Sin embargo, es la propia Alicia, y no la Tortuga Falsa, quien canta la canción “Hermosa Sopa”. Llega entonces el Conejo Blanco, tocando la trompeta, y los convoca a todos a la corte para asistir al juicio de la Sota de Corazones.


Una vez en la sala del juicio, el Conejo Blanco lee la acusación, y comienzan a entrar los testigos. Primero viene el Sombrerero, y la Reina ordena su decapitación casi de inmediato. El Sombrerero suplica clemencia al Rey, comienza a gemir de miedo, y al final se desmaya entre espasmos. Los ujieres lo meten en un saco y lo tiran a un rincón sin ninguna ceremonia; Alicia llora de pena por él. El siguiente testigo es la Cocinera, que llega entre una nube de pimienta, y hace que todos estornuden. Contesta de manera irreverente a las preguntas, y se larga sin que nadie le dé permiso.

El siguiente testigo es la propia Alicia, que no sabe nada de nada del asunto, y se ríe cuando el jurado (compuesto por el Grifo, la Tortuga Falsa, la Liebre de Marzo y el Lirón… dormido) apunta su declaración como si fuera importante.


Al Conejo Blanco le traen una nueva prueba: la misteriosa carta sin firmar. Los Reyes asumen que la ha escrito la Sota de Corazones, pero éste dice que no pueden demostrarlo porque no está firmada; a lo que el Rey contesta que con más razón va a sospechar de él, porque si fuera inocente de las acusaciones, habría firmado la carta como un hombre honrado. A partir de aquí, el final difiere completamente de cualquier otra versión. Ya que Alicia no cambia de tamaño en su aventura, es preciso buscar otro motivo por el que se enfrenta a la corte real, y se crea una confusa situación de comedia de enredo que choca irremediablemente con el texto de Carroll. 

El Conejo procede a la lectura, y el Rey y la Reina van comentando cada estrofa, intentando descubrir pistas, hasta que la Reina sospecha que la “ella” que es mencionada en la carta puede ser la Duquesa, y la manda llamar. La Sota se ríe a carcajadas, y declara que, si cometiera un delito, lo haría por una doncella hermosa: “Por Alicia, robaría todas las tartas jamás horneadas” a lo que Alicia contesta soltando una risita y exclamando “¡Qué ridículo!”. La Duquesa es conducida a la presencia de los Reyes, quienes la presionan para que confiese, pero ella dice que “no acusará a quien ama”. La Reina lo entiende como una confesión de que han sido la Sota y la Duquesa quienes han cometido el robo de manera conjunta… y los condena a CASARSE allí mismo, ¡para lo que llama al verdugo! 

La Sota cae de rodillas suplicando compasión, y de manera totalmente sorpresiva el Conejo Blanco exclama que esa sentencia no puede llevarse a cabo porque fue él quien robó las tartas y escribió la carta en verso… ¡y por tanto es él quien debe casarse con la Duquesa! La Sota, emocionado al ver el sacrificio que se dispone a hacer el Conejo, exclama “¡Oh noble amigo!”, y Alicia interrumpe gritando que no lo permitirá. Indignada, la Reina ordena al verdugo (que ha llegado con su hacha… ¿para oficiar la boda?) que le corte la cabeza a Alicia, y es entonces cuando ella exclama: “¡Venga, venid todos! ¿Quién va a tener miedo de una baraja de cartas?”. Cuando los Soldados- carta se precipitan sobre ella, Alicia se despierta… en una silla del jardín de su casa. El aya se asoma a una ventana y diciéndole que el té está listo, y Alicia se levanta, se despereza un poco y se dirige sonriente hacia la puerta.

La película no tuvo un gran éxito en su estreno: aunque en general se alabó el encanto de la historia, se criticó la calidad técnica y sonora de la cinta, y lo poco memorable de las interpretaciones. Pronto se ganó la apostilla de “más bien para niños” y pasaría a proyectarse de manera exclusiva en iglesias y escuelas, con un propósito educativo, para acercar a los jóvenes lectores a la obra. Dos años después, con el estreno de la versión de Norman McLeod, se relegaría irremediablemente al olvido. A fecha de hoy no se ha emitido nunca por televisión, y solo está disponible en DVD como un contenido extra de la edición de la película muda de W.W. Young

Sin embargo, a pesar del bajo presupuesto, los actores noveles (muchos no volverían a actuar, o tendrían un par de papeles pequeños sin que sus carreras avanzaran mucho más), la omisión de elementos y escenas significativos del libro (como los cambios de tamaño de Alicia, la Carrera Loca, el juego de croquet con flamencos y erizos…) y los extraños cambios al principio y al final, la película está bastante bien lograda. Alicia disfruta claramente de su viaje al País de las Maravillas; se muestra alegre y sonriente, y aunque puede sorprenderse con lo que encuentra, raramente pasa miedo. Se hace amiga de todos los personajes, y ni siquiera después de haber huido de la Duquesa parece guardarle rencor; logra que la Reina la perdone por el bofetón, y más tarde le planta cara cuando pretende casarla con la Sota de Corazones (aunque la opinión de la propia Duquesa al respecto no llega a saberse).  Los disfraces de los actores que representan animales no son tan atroces como en otras versiones, y los de personajes humanos o miembros de la corte son realmente hermosos.


La banda sonora es bastante correcta: las canciones y la música de relleno están adecuadamente donde deben estar, sin hacerse cargantes, y Alicia recita varios poemas sin tener que convertir cada uno en una canción. La cuadrilla que bailan las camareras de la Reina, aunque no aparezca en el libro ni tenga motivo argumental, constituye un momento agradable y encaja perfectamente en la escena. La ya mencionada canción de Irving Berlin, que constituye el tema principal, es particularmente memorable.


Resulta interesante visualizar esta película, limitada e independiente, junto a la que dos años más tarde empleó a los actores más caros de Hollywood. Personalmente las dos me parecen bastante iguales. Hay grandes aciertos y notables errores en ambas, ambas respetan el texto de Carroll lo suficiente para beneficiarse de él, y ambas contrataron para el papel de Alicia a una actriz desconocida, de la misma edad  y con una peluca idéntica. Como he mencionado antes, esta película solo se encuentra en DVD como extra de otra, aunque, al estar libre de derechos de autor, se puede ver legalmente en canales de vídeo de Internet. Eso sí, la cinta está bastante deteriorada, y es necesario indagar un poco para encontrar un vídeo de calidad aceptable.

Fuentes:


1 comentario:

  1. Personalmente encuentro impecable el razonamiento del Rey respecto a la carta sin firmar, aunque la condena me parece excesiva.
    La presencia de un verdugo para oficiar una boda es algo soberbio, ya que la función del verdugo es matar, y una boda (al igual que cualquier otro tipo de contrato) "mata" parte de la libertad de acción y decisión de los implicados.

    Por otra lado, a pesar de su fama de oportunistas y vulgares, las películas de explotación se han encargado en muchos casos de mantener vivo el interés por ciertas temáticas entre una y otra gran producción. No todo en la vida pueden ser banquetes, también hay que comer sandwich de vez en cuando.

    ResponderEliminar

Artículos más leídos