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18 de agosto de 2025

Tea for 2, el juego de cartas (2020).

 




Tea for 2 (publicado también con el título en japonés, húngaro, polaco y tailandés) es un juego de mesa francés, diseñado por Cédrick Chaboussit, con dibujos de Amandine Dugon, y publicado en 2020 por diferentes compañías: Space Cowboys, Gém Klub Kft., Hobby Japan, Rebel Sp. z o.o. y Siam Board Games. Es para dos personas, las partidas duran entre veinte y treinta minutos, y está recomendado para jugadores a partir de diez años. No se debe confundir con otro juego de nombre similar, llamado Chai: tea for 2


La descripción del juego es la siguiente:


¡Un juego de cartas recién preparado para tu fiesta del té!

Una sutil mezcla de batalla y construcción de mazos.

¡Usa tus cartas con inteligencia, cómpralas con sensatez 
y enriquece tu mano para ganar siempre!

Desafía el tiempo con tus relojes de arena, deléitate con tartas de fresa 
y mantén al flamenco de tu parte.

¿Quién sabe? ¿Quizás haya un empate?

¡Y feliz no cumpleaños para ti!



El juego consiste en acumular cartas de personajes del País de las Maravillas con el mayor valor posible, con el objetivo de conseguir el mayor número de puntos al final (siendo la carta de menor valor, 1, el Conejo Blanco y el Gato de Cheshire, y la de mayor valor, 9, la Reina de Corazones). La mecánica básica es muy simple: en cada turno se saca una carta, y se decide entre comprar otra carta o aplicar el efecto que tiene la carta que se ha sacado. Ese efecto puede beneficiar al jugador o perjudicar al rival, con lo cual una cierta estrategia es necesaria en cada turno. 



Además de las cartas, el juego consta de un pequeño tablero por el que avanzan los peones de los jugadores, y que sirve como contador de puntos: los peones avanzan cada vez que su jugador obtiene cinco puntos, y cuando este llega a 25, se canjean por una ficha y los peones vuelven al principio. 





Cada jugador parte con un mazo inicial idéntico, y uno de ellos, escogido al azar con la moneda incluida en el juego (o bien siguiendo la sugerencia de que sea el que más recientemente ha tomado una taza de té), recibe la ventaja de la ficha del Flamenco. Este personaje puede cambiar de manos por los avatares de la partida (efectos de las cartas, movimientos del reloj) y decide los empates a favor del jugador que lo posea en ese momento, por lo que es una pieza valiosa.


Entre los efectos de las cartas y los del reloj también se pueden eliminar cartas (tanto propias como del rival), con lo que el jugador activo gana automáticamente los puntos de la carta. 


Los efectos de los personajes son los siguientes: 

1, el Gato de Cheshire: se coloca la manecilla del reloj de bolsillo en cualquier segmento a elección del jugador y se activa su efecto.


2, el Lirón: se cogen dos tartas de fresa de la reserva (si no quedan, se le roban al rival).

3, los Soldados- Carta: se obliga al rival a revelar y descartar sus tres próximas cartas, sin aplicar sus efectos. El jugador activo se suma los puntos de estas cartas.

4, el Verdugo: se obliga al rival a revelar y descartar su próxima carta, sin aplicar sus efectos. El jugador activo se suma los puntos de esta carta, excepto si es la Reina de Corazones: en este caso, el rival la descarta, pero el jugador activo no se queda con los puntos.


5, la Sota de Corazones: se cogen tres tartas de fresa de la reserva (si no quedan, se le roban al rival).

6, la Oruga: se cogen dos relojes de arena de la reserva (si no quedan, se le roban al rival).

7, el Rey de Corazones: se cogen dos tartas de fresa de la reserva (si no quedan, se le roban al rival) o el Flamenco (si lo tiene el rival).

8, Alicia: se coge un reloj de arena de la reserva (si no quedan, se le roba al rival).

9, la Reina de Corazones (o el Conejo Blanco): se destruye la carta superior de una de las pilas de suministro y se anotan tantos puntos como estrellas muestre.




Mediante los efectos de las cartas se pueden conseguir tartas de fresa, con las que cubrir la diferencia de puntos para comprar una carta de personaje; o relojes de arena, que podrán usarse para girar la manecilla del reloj y obtener un efecto: ganar puntos, apropiarse del Flamenco... 






Cada vez que el jugador llega al final de su mazo de robo, debe usar una carta del Conejo Blanco (que se obtiene de un suministro común) para barajar los descartes y volver a empezar; la carta de Conejo Blanco queda fuera de juego. La partida termina cuando se acaban las cartas de Conejo Blanco, o bien cuando se agotan cuatro de los cinco montones de personajes.


Al final de la partida, además, se comprobará si los jugadores han cumplido alguno de los objetivos (ser el jugador que más cartas tiene en total, el que más cartas ha eliminado, tener porciones de tarta sin gastar...). En caso de empate de puntos, gana quien tenga el Flamenco.


Las ilustraciones de Amandine Dugon son bastante agradables, y los personajes y objetos se identifican enseguida (excepto la de la tarta de fresa, que de lejos parece una porción de pizza). Personalmente, no encuentro la razón por la que las fichas del reloj sean relojes de arena, y no de bolsillo, y que los puntos sean estrellas y no un objeto más relacionado con Alicia en el País de las Maravillas, como rosas, tacitas de té o galletas. Por lo demás, son dibujos bonitos y cumplen su cometido. 





Créditos del juego.


Nombre(s): Tea for 2, 
2人でお茶を, Herbatka dla dwojga, Tea 2 főre, ชา 2 ถ้วยс.

Año de publicación: 2020.

Diseño: Cédrick Chaboussit.

Arte: Amandine Dugon.

Editores: Space Cowboys, Gém Klub Kft., Hobby Japan, Rebel Sp. z o.o., Siam Board Games.

 

Fuentes:

Amandine Dugon, página oficial de la artista.


Ficha del juego en Space Cowboys (aunque no existe la galería de imágenes).

Ficha del juego en Board Game Geek.


25 de octubre de 2022

Alicia de Dominique Debar (2003)

 



Alice de l'autre côté du miroir (Alicia al otro lado del espejo) es un cortometraje de animación tradicional producido por la televisión francesa y dirigido por Dominique Debar. Fue el capítulo 6 de la primera temporada de la serie Les grands textes de l'enfance y se emitió en 2003 por la cadena FR3. Dura 26 minutos.



Dominique Debar (en algunos sitios, DeBar o De Bar) comenzó su carrera en la animación como intervalista en Los mundos sumergidos o Espartaco y el sol negro (Les mondes englutis, 1985-86). Posteriormente fue artista de storyboard de El joven Robin Hood (Young Robin Hood, 1991-92) y director de la serie Les grands textes de l'enfance, en su mayoría adaptaciones de cuentos de autor franceses, en los que se incluyó esta versión de A través del espejo. Sus trabajos más recientes han sido algunos guiones para la adaptación en animación por ordenador del cómic Bill y Bolín (Boule et Bill, 2018- 2019). 



El texto de Carroll, por su parte, fue adaptado por Alexandre Révérend, compositor, cantante, actor y guionista. Nacido en 1958 en Seresnes (departamento de Altos del Sena), Réverend grabó su primer disco en 1975, y en los nueve años siguientes compuso e interpretó tres más; en 1984 dejó de cantar y decidió dedicarse solo a los guiones teatrales y a la composición de canciones y bandas sonoras de series infantiles y dibujos animados (aunque grabaría un quinto álbum en 2021). En un viaje a Oxford en 1985 descubrió las partituras de las canciones de Alicia en el País de las Maravillas (probablemente las de la adaptación teatral de Henry Savile Clarke), lo que daría lugar a su interés por las obras carrollianas y a varios trabajos relacionados con Alicia. Así, el mismo año de 1985 montó una obra de teatro, Le sacre d'Alice, ou les chansons retrouvées de Lewis Carroll (La consagración de Alicia, o las canciones reencontradas de Lewis Carroll), en que él interpretaba al escritor; en los años siguientes tradujo y anotó Isa's visit to Oxford (un breve texto de Carroll de 1888); colaboró en una edición rigurosa de las obras del autor; y escribió el libreto del ballet ANA, inspirado en A través del espejo, para la coreógrafa Régine Chopinot. En 1989 participó en el cortometraje Phantasmagoria de Tiziana Caminada, en el papel del mayordomo Gaspard, y a finales de los años 90 se dedicó a la animación, como escritor de guiones y productor. En 2003 produjo esta adaptación animada de A través del espejo


La banda sonora del episodio fue compuesta por Cyril de Turckheim, el mismo autor del anteriormente mencionado ballet ANA. La voz de Alicia es Camille Donda, actriz de doblaje habitual de Miley Cyrus y Taylor Momsen (en la serie Gossip Girl) y del personaje de Lilo en las diferentes animaciones de Lilo y Stitch, entre otras docenas de papeles. Los demás actores de doblaje aparecen acreditados, pero sin especificar quién dobla a cada personaje. 



La animación está ambientada en la época actual. Comienza, como es relativamente común en las obras que adaptan uno de los libros de Alicia, con un recorrido por la habitación de la niña, en el que se ven objetos y juguetes que luego aparecerán en sus aventuras: un tablero de ajedrez, un gran peluche de Humpty Dumpty, unas flores, unos muñecos idénticos... La habitación es moderna y está algo desordenada, y parece más propia de una chica cercana a la adolescencia que de una niña pequeña, como sugiere el póster de un joven cantante, Ricky, encima de la cama. Alicia entra en su habitación; es una muchachita de unos trece o catorce años, de ojos verdes y cabello castaño recogido con una coleta y pinzas, sencillamente ataviada con una chaqueta turquesa sobre un vestido amarillo. 



Se acerca al espejo de cuerpo entero que hay en la puerta del armario y comienza a ensayar posturas, gestos, miradas y risas. Al cabo de unos momentos se tumba en la cama con expresión frustrada, abraza su muñeco de Humpty Dumpty y suspira. Al mirar las fotos familiares del corcho de la pared, comienza a recordar el momento en que su padre le comunicó que se divorciaba de su madre y que ella viviría con él y su nueva novia. Recuerda que la nueva pareja de su padre le exige obediencia y le dice que ella no tiene nada de especial ni diferente de las otras niñas. Su madre, por el contrario, la trata con mimo exagerado, le asegura que es hermosa y la anima a aprovechar la "gran oportunidad". No queda muy claro a qué se refiere, pero se deduce que habla de presentarse a algún tipo de prueba o audición (más tarde veremos que se trata de un concurso de belleza), algo que a Alicia no le apetece en absoluto. 



Agobiada por la perspectiva, vuelve a levantarse y a contemplarse en el espejo, pero sigue oyendo la voz de la pareja de su padre, diciéndole despectivamente que fracasará, y la de su madre, insistiéndole en que podrá convertirse en todo lo que ella deseó y no pudo ser. De pronto, se ve a sí misma en el espejo con el pelo suelto, descalza y con el vestido amarillo sin la chaqueta, y murmura: "Lo que quiero ser es una chica que se sienta bien en su propia piel". La Alicia del espejo se ríe y sale corriendo por la puerta de su propia habitación; Alicia va a seguirla, pero se da de narices contra la superficie del espejo. Toma aliento, vuelve a intentarlo, y lo atraviesa limpiamente. Se ve en su propia habitación, pero invertida: las agujas del reloj van hacia atrás, y el nombre de Ricky en el póster está al revés. Pero Alicia no pierde el tiempo y sale de la casa para seguir a su reflejo. 




Toma un ondulante sendero amarillo con la intención de adentrarse en el campo, pero acaba volviendo a la puerta de la casa. Cuando se lamenta en voz alta de la situación, las flores del jardín le aconsejan que para ir hacia delante debe caminar de espaldas, y le dicen que han visto a alguien como ella en el camino. Aunque al principio no entiende la lógica tras el sistema, Alicia prueba a caminar de espaldas, y pronto el propio sendero comienza a avanzar. 



En él, Alicia encuentra no a su reflejo, sino a la Reina Roja... que es idéntica, en aspecto y en carácter, a la nueva novia de su padre. La Reina le da órdenes, la obliga a correr un trecho (para no moverse del sitio) y, tras mostrarle un campo que parece un tablero de ajedrez, le indica que no es más que un peón y que no cree que nunca pueda llegar a nada. Molesta, Alicia le responde que va a convertirse en Reina, mas la Reina Roja se marcha sin creérselo demasiado. 



Alicia camina por el gran campo ajedrezado, hasta que se da cuenta de que lo atraviesa una vía por la que se está acercando un tren. Este se detiene justo donde está ella, y la niña se sube al vagón con una Cabra, un Insecto y un Hombre de Periódico, contenta de poder avanzar tan deprisa. 



Pero pronto llega el Revisor pidiendo los billetes, y cuando Alicia intenta explicar que no había una taquilla en el lugar donde ella se ha subido, los demás pasajeros se quejan de que está siendo una molestia y hace perder el tiempo al Revisor. Alicia se enfada y tira del freno de emergencia para bajarse de inmediato, pero resulta ser la barba de la Cabra, lo que enoja más aún a los pasajeros. El tren se detiene, y Alicia se baja entre exclamaciones de "¡Vete con viento fresco!". 


Alicia vuelve a caminar por el campo de ajedrez; el enfado se le pasa al ver a un peón blanco y otro rojo persiguiéndose y jugando como si fueran cachorros. Llega hasta una charca en medio de la cual hay una barquita con dos personajes vestidos con bañadores y gorros, como los muñecos que Alicia tenía en su cuarto. 



Son los equivalentes a Tweedledee y Tweedledum, pero aquí han sido adaptados a una broma infantil francesa: "Pellízcami y Pellízcame están en una barquita. Pellízcami cae al agua. ¿Quién queda en la barquita?" (podemos imaginar lo que ocurre cuando la ingenua víctima responde "Pellízcame"). Los bañistas se acercan a la orilla y le dicen a Alicia que, cuando uno caiga al agua, tendrá que adivinar quién queda, a lo que Alicia responde que no contestará porque no quiere que la pellizquen. Mientras Pellízcami se cae al agua y vuelve a subir a la barca, Alicia descubre que detrás de un árbol está durmiendo el Rey Rojo. 



Pellízcame le advierte que no haga ruido, porque está soñando con ella, y si lo despierta, ella desaparecerá. Alicia llora unos dos segundos y le pregunta a los gemelos cómo puede ser un sueño, si sus lágrimas son reales, a lo que ellos responden que esas lágrimas pueden ser soñadas también. Los gemelos siguen discutiendo sobre la barca, el Rey Rojo sigue durmiendo, y Alicia se encoge de hombros y se marcha. 



Está pensando qué camino seguir en una encrucijada cuando pasa volando un chal sobre su cabeza; corre para atraparlo, y se lo devuelve a la Reina Blanca, que es igual que su madre. De inmediato, la Reina comienza a recomendarle ropa y accesorios que va sacando al abrir las casillas del tablero. Alicia le pregunta por qué no se pone ella misma esa ropa, si tanto le gusta, y la Reina responde que en el País del Espejo, los sueños propios son cumplidos por otras personas. Alicia declara que tiene el sueño de convertirse en Reina y que lo cumplirá ella misma, y se marcha mientras la Reina Blanca se convierte en oveja y comienza a tejer con un hilo suelto de la sudadera de Alicia, que lo corta antes de que se le estropee la ropa. 



A continuación encuentra un elevado muro hecho de casillas de ajedrez, y trepa por él con grandes dificultades, convencida de que es el final del tablero y se convertirá en Reina al llegar arriba. Pero arriba solo está Humpty Dumpty, igual a su peluche pero mucho más grande, que se balancea de modo precario en el borde del muro. 



En su conversación, Alicia le dice a Humpty Dumpty que ya hace casi doce años que se sabe la cancioncilla sobre él, a lo que Humpty responde que debería haberse quedado en siete años. Alicia se molesta de que opine sobre su crecimiento, y está a punto de caerse ella misma del muro, pero recupera el equilibrio y comienza a bajar con más cuidado, mientras Humpty le restriega que tiene una cara, unos rasgos y un aspecto general tan comunes que no se distingue del resto de las personas. 




Al poco de bajar del muro y seguir caminando por terreno llano, llega al trote una unicornio que se sorprende de ver que las niñas son seres reales y no fantásticos; Alicia le responde que ella también creía que los unicornios eran seres de cuento. Su conversación es mínima: tras prometerse que a partir de entonces cada una creerá en la existencia de la otra, la unicornio le pregunta a Alicia si seguirá en ese lugar dentro de quince minutos, y se marcha de nuevo al trote.


 


Alicia se quita la chaqueta y se sienta en una roca a esperar a su nueva amiga, pero entonces llega el Caballero Rojo, que la hace la prisionera. Resulta que el Caballero Rojo es el atractivo cantante Ricky (de hecho, en vez de espada o lanza lleva su guitarra), lo que hace que Alicia exclame "¡Qué guapo es!", se sonroje y esté encantada de ser su prisionera. 



Sin embargo, su cautiverio de amor dura poco, ya que enseguida llega el Caballero Blanco - que es el padre de Alicia - y ahuyenta al melenudo jinete. 



Alicia intenta ir tras él, pero se resigna a que ha sido "liberada" y le dice al Caballero Blanco que quiere ser Reina. El Caballero la acompaña aproximadamente diez metros (en los cuales se cae un par de veces) y le indica que solo debe cruzar un puente para ser Reina. 




En efecto, Alicia salta las últimas casillas, y al llegar a la más elevada le aparece una corona sobre la cabeza, un cetro en la mano, un vestido rosa sobre el que ya lleva puesto (con una banda que pone "Miss Alice"), zapatos de tacón en vez de sus zapatillas, y maquillaje en su rostro. 




Las Reinas aparecen también una a cada lado, y le dicen que en el País del Espejo la coronación viene antes de las pruebas de aptitud, y que debe pasar un examen para ser Reina, pero se quedan dormidas antes de hacerle ninguna pregunta. Alicia intenta quitárselas de encima, y de pronto ve que frente a ella han preparado una fiesta sorpresa, en la que están todos los personajes que ha conocido desde que ha atravesado el espejo (con la notable excepción del Caballero Blanco). 



Todos cantan y la felicitan, y Alicia está extasiada de recibir tanta atención, hasta que la Reina Blanca le indica el trono en el que debe sentarse y quedarse para siempre. Alicia vacila, y responde que si hiciera eso se le dormirían las piernas... y que además debe regresar a su propio mundo. El humor de los personajes cambia drásticamente: todos comienzan a decir que es una insolente y una desagradecida. Alicia ve su reflejo multiplicado en un abanico de espejos, se da cuenta de que va vestida como la ganadora de un concurso de belleza y murmura: "No es este el tipo de reina que quería ser". 



Entonces, ve que alguien la llama y le hace señales: es su reflejo, que la invita a seguirla. Alicia sale corriendo, diciendo en voz alta que nunca será "una muñeca, una estatua desgraciada que no puede moverse". Mientras la Reina Blanca-madre y la Reina Roja-madrastra le ordenan que vuelva, Alicia tira el centro y la corona, se saca los zapatos de tacón, se quita el vestido rosa, se limpia el maquillaje con la mano y se suelta el pelo. Sonriendo por fin, se coge de la mano de su reflejo, y juntas corren por un sendero en espiral. Regresan a la habitación por donde entró y, solo con un gesto de cabeza, la otra Alicia la anima a volver. 



Alicia se sitúa de espaldas frente al espejo de la puerta del armario y se deja caer hacia atrás. De vuelta en su propia habitación, Alicia exclama: "¡Por fin me he convertido en mí misma!" y sale alegremente del cuarto tras echar una última mirada al espejo. Durante los breves créditos finales, vemos de nuevo los juguetes y las fotos familiares de Alicia, y a su lazo del pelo, que se ha convertido en una mariposa, y se choca un par de veces en el espejo desde el otro lado, antes de salir también de la habitación. 



Este cortometraje tiene la misma premisa que la película de Nick Willing de 1999: Alicia huye de su casa porque su familia la presiona para que haga algo que no quiere, y en el viaje encuentra la confianza que le permite volver a su mundo con independencia y seguridad. Sus encuentros con los personajes del País del Espejo son muy breves, pero todos hacen un comentario sobre la situación de Alicia: hablan de acatar la autoridad, de crecer, de elegir, de creer en uno mismo, y de distinguir lo atractivo de lo importante. Las voces de los personajes, que resuenan en su cabeza como antes las de sus padres y la pareja de su padre, le hacen replantearse continuamente quién es y qué quiere llegar a ser.


El mensaje de la película, obviamente dirigida a un público preadolescente, se deja bastante claro. Después de huir de un hogar familiar pero incómodo, Alicia cree que el ser Reina le permitirá tomar sus propias decisiones y sentirse bien "en su piel", pero cuando se da cuenta de que en realidad va a representar un papel inútil y decorativo que los demás han preparado para ella, renuncia a las expectativas ajenas. Las metáforas visuales de quitarse adornos y ropas recargadas hasta quedarse descalza y con el pelo suelto, y encontrarse consigo misma (literalmente) son obvias, pero eficaces. La historia invita a los jóvenes a conocerse mejor y decidir lo que quieren hacer sin dejar que la familia les imponga sus propios deseos ni viva a través de ellos. 


Sin embargo, el que hayan decidido crear un marco narrativo para esta adaptación hace que al final tengamos muchas preguntas sobre la situación de esta Alicia y su familia. La secuencia en que se exponen  sus recuerdos se acompaña de fotos que la niña tiene en el corcho de su habitación; algunas son normales (como su padre levantándola en volandas cuando era más pequeña), pero otras son absurdas. Hay una foto de ella y la nueva novia de su padre mirándose de reojo con evidente disgusto. Hay una serie de cuatro imágenes de fotomatón en que está con su madre; en la primera las dos posan sonriendo, pero en las siguientes Alicia se aparta de su madre con gesto decepcionado (se da a entender que le ha dicho lo del concurso de belleza); y sin embargo las cuatro están allí. La más incomprensible, sin embargo, es la primera que se ve, en la que sus padres la han llevado al bosque para decirle que van a divorciarse. ¿Qué niña tendría en el corcho de su habitación la foto del momento en que sus padres le comunican su divorcio? Es más, ¿quién hizo la foto??


"No, no, quédatela tú". "No, ¡te la quedas tú!"

La película tampoco analiza el hecho de que el padre de Alicia tiene como nueva pareja una mujer que desprecia a la niña de manera manifiesta, ni su opinión acerca del concurso de belleza. Es interesante, a ese respecto, la escena en que el Caballero Blanco ahuyenta al Caballero Rojo, con el que la ella estaba muy dispuesta a marcharse: el padre está espantando al guaperas que conquista a las jovencitas con una sonrisa, defendiendo a su hija de los hombres poco serios. Su alter ego del Espejo se muestra afectuoso y protector con Alicia; sin embargo, no sabemos si el padre real es consciente siquiera de que su nueva pareja le exige a Alicia que le obedezca y le dice que nunca será nada, como una auténtica madrastra repelente de cuento. Ya que la película se ha molestado en crear un trasfondo para que Alicia huya al Mundo del Espejo en vez de simplemente caer o soñar, ¿por qué no lo ha hecho un poco mejor? 


En serio, ¿qué niña colgaría esta foto en su cuarto?

En el apartado técnico, la película es correcta. La animación de principios de los 2000, sin ser espectacular, resulta suave y fluida, y los colores ya no son tan chillones como solían serlo en los 90; el efecto de las letras en el Hombre de Periódico, aunque sale poco, está muy bien logrado. El que todos las construcciones del Mundo del Espejo (la tienda de la Reina Blanca-Oveja, el muro de Humpty Dumpty, la sala de fiestas y el trono) estén hechas de las propias casillas del tablero de ajedrez es una muy buena idea que aporta continuidad y solidez al escenario, y que en una película de mayor extensión habría dado muy buen resultado. 



Es esta una animación prácticamente desconocida. No tiene ficha en Internet Movie DataBase (solo se menciona su título como parte de Les grands textes de l'enfance) y no la he visto comentada más que en una vídeo reseña de YouTube. Aparentemente, llegó a emitirse en la televisión rusa, y existe también un doblaje al inglés, pero la fuente no se ha localizado. Se publicó en DVD el mismo año de su emisión por televisión, en una edición doble con Le Proverbe (adaptado del cuento de Marcel Aymé, y que fue el episodio anterior en la serie), pero no tiene más opciones de idioma que el original, y no parece haberse editado en otros países. Y es una lástima que la idea no se desarrollara más. Podría haberse hecho un largometraje para televisión, o una serie, incluso de pocos capítulos, que explorara más el Mundo del Espejo y sus habitantes, y los conflictos de Alicia con su familia. El planteamiento, aun siendo poco original, habría dado más de sí, y la animación estaba a la altura.


Además del DVD, que es fácil y barato de conseguir en diferentes tiendas de Internet, se puede ver en YouTube, en su versión original en francés, o en una versión mixta de la serie emitida por el canal ruso con el audio inglés.


Fuentes: 


Alexandre Révérend, página oficial del artista.


Alice de l'autre côté du miroir, versión original subida por Nestor B.


Alice de l'autre côté du miroir, versión montada y subida por Phantomwise, quien ofrece algo más de información sobre quienes localizaron las diferentes versiones.


28 de febrero de 2022

Lewis et Alice de Michel Suffran (1977)

 



Lewis et Alice es una obra de teatro del autor francés Michel Suffran (1931- 2018), que explora la relación entre Charles Dodgson y una Alice Liddell que ya ha entrado en la adolescencia. Se estrenó en el centro Pompidou el 2 de febrero de 1977, y volvió a representarse en el café-teatro Le Connétable, y en festivales teatrales de Burdeos y Versalles. El texto se publicó íntegro en el número 616 de la revista teatral L'Avant-Scéne Théatre, en octubre de aquel mismo año. 



Michel Suffran en los años 70.

Michel Suffran, cuya profesión era la de médico y desarrolló su carrera literaria de modo paralelo, cultivó todos los géneros salvo el lírico. Escribió docenas de ensayos sobre autores y regiones de Francia, novelas y relatos cortos; obras de teatro originales y adaptadas (una de ellas, sobre El Quijote); y guiones para radio y televisión. Gran admirador del escritor y periodista Dino Buzzati, fundó y presidió la Asociación Internacional de Amigos de Dino Buzzati en 1977. A lo largo de su vida recibió numerosos premios y galardones, entre los cuales destaca el premio Durchon-Louvet de la Academia Francesa, que le fue otorgado en 1987 por la novela La nuit de Dieu. De esta obra, Eugène Ionesco dijo que le dejó  "deslumbrado, incluso angustiado" y le hizo preguntarse por qué Suffran no era más conocido.


Martine de Breteuil como Alice Hargreaves.



En el prólogo a Lewis et Alice, Suffran explica lo que desea mostrar en su texto: "El tema de la obra es la vida secreta de Lewis Carroll. Su propósito es mostrar al público francés el drama interior de este hombre, incapaz de salir del todo de su infancia y afrontar las exigencias de una vida plenamente adulta". Para ello, sitúa la obra en 1932, año en que la octogenaria Alice Hargreaves, a través de su hijo Caryl, habló de los recuerdos de su infancia con Charles Dodgson. Suffran se basa en ese texto para crear una situación similar en que Alice Hargreaves concede directamente una entrevista a una reportera, y, mediante un cuadro que es también pantalla, puerta y espejo, se alterna la acción entre ese "presente" y sus recuerdos de infancia, alrededor de 1860. 



Fanny Fontaine como la periodista Marjorie "Morningstar".


La composición de la obra, que consta de un único acto, es simple, casi minimalista. Consta de un reparto de únicamente tres actores, cada uno de los cuales asume dos papeles: una mujer que hace de Alice Hargreaves, y de su madre, la sra. Liddell, en el pasado; una muchacha adolescente que hace de Marjorie y de Alice Liddell; y un hombre joven que hace del fotógrafo del periódico y de Charles Dodgson. Las fotografías de la revista son de la representación en el café-teatro Le Connétable, en que los papeles fueron interpretados respectivamente por Martine de Breteuil, Fanny Fontaine y Marcel Guido. En la primera representación en el Centro Pompidou, el papel de Marjorie y Alicia adolescente había sido interpretado por Marie- Véronique Maurin, que siete años antes ya había sido Alicia en la versión televisiva de Jean Averty.


Marcel Guido como el fotógrafo Charles.


Las indicaciones escénicas dejan claro que el único elemento imprescindible es una pantalla sobre la que se proyectan las fotografías tomadas por Charles Dodgson y los dibujos de John Tenniel y Arthur Rackham para los libros de Alicia; otros muebles como sillones, un fonógrafo y algunos elementos decorativos pueden colocarse de modo opcional. En un momento se indica también el uso de unos maniquíes o figuras de tela que sugieren el desdoblamiento de los personajes, pero una nota  pie de página informa de que, después de las dos representaciones de París, se prescindió de estos elementos. 





La obra comienza en el momento "presente", 1932, en la sala o despacho de Alice Hargreaves, donde, de manera anacrónica, está sonando la canción "Yesterday" de Los Beatles (que se grabaría en 1965). Entra, despacio, la periodista Marjorie (aunque se refiere a sí misma como Morningstar, que es el nombre de su periódico, y Alice se dirige a ella de esta manera). Se presenta a Alice cuando sale a recibirla, pero esta no parece recordar que venían a entrevistarla, y se pone a divagar de manera poco coherente con sus recuerdos del pasado. Marjorie se da cuenta de que el gran retrato que está apoyado en una pared, sobre el suelo de la habitación, tiene una superficie difusa; Alice le dice que es a la vez puerta y espejo, y escenas del pasado de Alice comienzan a mostrarse al otro lado. Marjorie está fascinada, pero entonces llega Charles, fotógrafo del periódico y novio de Marjorie, y el cuadro vuelve a ser normal. Alice sigue hablando sin sentido, saltando de un tema a otro, pero en un momento les muestra los álbumes de fotos que conserva con las fotografías originales de Carroll. En un momento en que sale a buscar "algo mejor", Charles saca precipitadamente las fotografías de los álbumes, diciéndole a Marjorie que le traerá copias a Alice sin que se dé cuenta y venderá los originales a coleccionistas que pagarán lo que les pidan por ellos; la joven intenta detenerlo, forcejan, y las fotografías caen al suelo. En ese momento regresa Alice con dos gruesos cuadernos. Marjorie recoge las fotografías y se las entrega a Alice, pero esta, indiferente, se las da a Charles. Les entrega también los cuadernos, uno a cada uno, explicándoles que son los diarios inéditos de Lewis Carroll y de ella misma, y les invita a leerlos en voz alta. A partir de ahora, y hasta casi el final de la obra, todas las escenas que se desarrollan son momentos del pasado. 






Primero vemos la infancia de Alice, en que Lewis Carroll la distraía contándole historias de los personajes de sus libros, e incluso de la infancia y juventud del propio Carroll, que se enfrenta a su propio padre (interpretado por una voz en off) que le discute su madurez y su capacidad para enfrentarse a la vida adulta, y lo anima a aceptar que es diferente a todos los demás en vez de intentar fingir lo contrario. Después de esto, encontramos que Carroll ha ido a ver a la sra. Liddell para pedirle la mano de Alice (de la que se menciona que tiene ya dieciséis años). La madre se niega rotundamente, debido no a la edad de Carroll, sino a su inmadurez ("¿Me considera demasiado mayor para ella?" "¡Oh, no! Demasiado joven. Irremediablemente, demasiado joven"). La sra. Liddell insiste en que Alice debe vivir como una mujer respetable en el mundo real, y no como una niña en los países fantásticos de los que Carroll, a su juicio, es incapaz de salir; un matrimonio con ella está completamente fuera de cuestión. 





Decepcionado, Carroll se vuelca en sus "amigas-niñas", a las que escribe cartas ingeniosas y dedica sus siguientes libros. En la última escena del pasado, que nos sitúa en 1872, unos meses después de la publicación de A través del espejo, Carroll está jugando en la playa con varias niñas cuando se encuentra por casualidad con Alice, ya adulta y con el apellido de su marido, Hargreaves. Ella afirma que es feliz con su marido, pero Carroll, no muy convencido, le dice que fue ella quien decidió llevar una vida "normal" al casarse con Reginald Hargreaves y olvidarse del País de las Maravillas y de la imaginación e ingenio que tenía de niña. Alice dice que ha recibido una copia de A través del espejo, y que el libro le ha parecido encantador, pero que esa Alicia que cruza el espejo ya no es ella, que está muerta: "Todas las personas deben matar su infancia para vivir. Si no, las mantiene prisioneras". Carroll intenta insistir en que esa Alicia de su pasado puede seguir viva en su interior, pero Alicia afirma, incluso, que Carroll nunca la ha amado, ni a ella ni a ninguna de sus amigas-niñas, porque en realidad ama algo breve, fugaz, que desaparece con la infancia: "No es a mí a quien usted amó, Lewis. Ni a ninguna de nosotras... No: usted ha amado algo de nosotras, una chispa, un centelleo, un instante fugitivo, una gracia. Alguna cosa indestructible que ha brillado sobre todas, de una a otra, para después apagarse y resplandecer de nuevo sobre otras, una y otra vez. Una perfección inalcanzable, dolorosa. Y usted sigue persiguiéndola, en vano, sin descanso, con la misma esperanza...". 





Marjorie y Charles terminan de leer los diarios y ven que la anciana se ha dormido en el sillón. Por un momento consideran la fortuna que tienen en sus manos, pero Charles devuelve las fotografías originales que le había dado Alice, y Marjorie guarda los diarios en un baúl bajo llave. Charles dice que no servirá de nada porque llegarán otros que no tendrán ningún escrúpulo en difundir esos recuerdos a los cuatros vientos, pero Marjorie insiste en que por lo menos ellos han hecho lo correcto. Cuando se acerca a Alice para decirle en voz baja que se marchan, descubre que en realidad se hacía la dormida y que había estado escuchando lo que decían. Le regala una rosa roja que no saben de dónde ha sacado, y Marjorie y Charles atraviesan la puerta- espejo, hacia el paisaje idealizado del País de las Maravillas, mientras se muestran las fotos de Lewis Carroll y Alice Liddell y la música de "Yesterday" suena de nuevo con fuerza. 




Como obra pseudo-biográfica sobre la vida de Lewis Carroll, el texto solamente se basa, muy por encima, en datos objetivos. Hay algunos anacronismos e inconsistencias fácilmente pasables, ya que no afectan al sentido de la obra (por ejemplo, cuando Alice se casó en 1880, A través del espejo ya llevaba nueve años publicado; su marido, Reginald Hargreaves, no era parte de su familia ni mucho menos su primo como se dice en el texto). Pero en el contexto biográfico que la revista ofrece como presentación de la obra - presumiblemente redactado por el propio Suffran - hay varios conceptos erróneos, quizá dados por válidos en los años 70 pero desbancados por investigadores en las décadas posteriores. Se dice, por ejemplo, que Carroll pidió en matrimonio a Alice cuando era una niña, cosa de la que no existe la menor evidencia, o que rompía la relación con sus amigas-niñas cuando estas entraban en la adolescencia, lo que se ha comprobado por testimonios que también es falso. Al partir de estos datos erróneos, Suffran no duda en tildar a Lewis Carroll de emocionalmente inmaduro, y en considerar que vivió en una situación marginal respecto a la sociedad. Por tanto, hay que leer esta obra no solo considerando que es una ficción solo ligeramente basada en la realidad, sino que además esa realidad estaba equivocada en el momento de su escritura. 


Por otra parte, se trata de una de esas piezas teatrales en que la puesta en escena puede aportar tanto como quitar. El que los mismos actores interpreten a varios personajes distintos en varias épocas de su vida diferentes, que es una práctica habitual en el teatro, puede resultar muy confuso para un espectador que no conozca a priori la vida de Charles Dodgson y Alice Liddell, y que los mismos actores adultos hagan de adolescentes y también de niños no ayuda a distinguir las diferentes etapas de los recuerdos de Alice. Aunque parece claro el propósito de que al final se identifique a Lewis Carroll y Alice Liddell con los jóvenes Charles y Marjorie, creo que la obra sería más asumible con seis actores, tres para la época presente y otros tres para el tiempo pasado. La idea del cuadro que es a la vez "puerta y espejo", sobre el que se proyectan tanto fotografías como dibujos, más una iluminación adecuada, sí permite la transición entre la realidad del presente y los diferentes momentos del pasado. 


No me consta que se haya hecho y/o conservado ninguna grabación de las diferentes representaciones de la obra; dado que tampoco suscitó mucho interés en su época, no parece probable que se vaya a representar en un futuro cercano. El texto, también por lo que sé, está publicado solamente en la revista L'Avant-Scène; posiblemente lo esté también en tomos recopilatorios del teatro de Suffran. No me importaría verla representada si tuviera ocasión para ello, pero creo que, a pesar de algunos momentos aceptables - el parlamento final de Alicia sobre aquello que Carroll amaba en las niñas - se aleja demasiado de lo que ahora sabemos de Charles Dodgson como para poder presumir de mostrar su "vida secreta". 




Fuentes:

L'Avant-Scéne Théatre, Au Bureau du Jornal, París, número 616, octubre de 1977.




30 de junio de 2021

Adrienne Ségur (1901- 1981)

 


Adrienne Ségur a los 35 años. 
Fotografía de Erwin Blumenfeld (1936).



Adrienne Ségur fue una ilustradora franco-griega, especializada en libros infantiles y cuentos de hadas. Aunque a principios de su carrera creó personajes propios, como el osito Misha, o el conejito Cotonnet, la mayor y más importante parte de su obra estaría centrada en la ilustración de cuentos de autor, como Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll (1949), El Cascanueces de E.T.A Hoffman (1953), o Las zapatillas rojas de Hans Christian Andersen (1966), entre otros.


Adrienne Ségur nació en Atenas en noviembre de 1901. Era hija del escritor Nikolaos Episkopopolous, que entre 1880 y 1930 publicó, en griego, numerosos cuentos de fantasía, terror y erotismo. Instalado en París con su familia, y nacionalizado francés en 1906, el padre de la autora cambió su nombre a Nicolas Ségur y continuó publicando, en francés, amparado en la amistad del poeta Anatole France. Adrienne estuvo familiarizada, desde su infancia, con los más selectos círculos literarios y las mayores casas editoriales.


Comenzó a ilustrar cuentos infantiles con dibujos en blanco y negro muy joven, con el nombre artístico de Adrienne Novel. Pronto pasó a la acuarela, pero, con la ocupación alemana en la Primera Guerra Mundial, tuvo que dejar de lado una carrera apenas empezada. Tras el armisticio, continuó ilustrando cuentos de hadas, y ya firmaba como Adrienne Ségur a finales de los años 20, como vemos en el cuento de André Maurois Le Pays des trente-six mille volontés (1929). 


Le pays des trente-six mille volontés, de André Maurois.
(1929).

En los años siguientes creó un personaje propio, el conejito Cotonnet, que protagonizó los libros Les aventures de Cotonnet (1930), Cotonnet aviateur (1932) y Cotonnet en Amérique (1934). Las ilustraciones, tanto en blanco y negro como en color, eran de trazo simple y coloreado también sencillo, adecuadas para los lectores más pequeños.


Cotonnet aviateur (1932).


En 1932 se casó con el poeta y filósofo egipcio Mounir Hafez. En 1933 escribió e ilustró otro cuento con un personaje original: Micha, le petit ours brun, publicado por Haumont, que fue llevado a Estados Unidos por Artists and Writers Guild en 1935. En el año 1934, además de escribir e ilustrar el tercer y último libro de Cotonnet, ilustró los Cuentos de Perrault. Entre 1936 y 1939 colaboró diariamente con la revista Le Figaro, de cuya sección infantil llegó a ser la directora. 


Durante la ocupación, hay indicios de que la artista y su marido llegaron a ser vigilados o incluso arrestados como presuntos espías, pero, si fue así, no se ha podido documentar. Su único trabajo conocido durante la guerra fue una colaboración con Maggie Salcedo para la edición del libro de Winifred Pares The secret of the dusty house, que en francés se tituló La maison grise d'en face y se publicó en 1940, con ilustraciones a color de Salcedo, y en blanco y negro de Ségur.


Tras la guerra, ilustró una compilación de diez cuentos de Nanine Gruner, Anne Dujardin y Jean Sinaire titulada L'ours Pafu raconte... (1946) y Un tout petit cochon s'en allait à l'école (1947), seguidos de una presentación de la que sería su primera obra mayor, Alicia en el País de las Maravillas (1949), publicada por Flammarion.




Ilustración para el cuento "Ernestine" 
de L'ours Pafu raconte (1946).


Tras ilustrar otras obras de éxito para varias editoriales a principios de los años 50, Flammarion decidió asegurarse a la autora, y en 1956 firmó con ella un contrato por el que trabajaría para la editorial prácticamente en exclusiva, recibiendo a cambio una remuneración generosa, una tirada mayor de la habitual en libros ilustrados similares, y la mitad de las ganancias de las ediciones internacionales. Flammarion, además, alquiló para ella una casa en medio de la naturaleza en Saint-Gervais-la-Forêt, donde vivió rodeada de animales domésticos y silvestres, y en contacto directo con árboles y flores. A partir de entonces, sus principales obras fueron publicadas por Flammarion: Ib y Cristina, y otros cuentos de Hans Christian Andersen (1958), y compilaciones de varios autores como La rose de Noël (1962), Le livre des bêtes enchantées (1965), Le chat Jéremie et autres contes (1967) o L'oiseau d'or (1970), entre otros. 


Le livre des Bêtes enchantées (1965), 
uno de los más logrados trabajos de la autora.

Su último trabajo publicado fue La légende de Venise de Simone Kervyn (1973); el avanzado estado de su artritis le impidió seguir dibujando. En sus últimos años se retiró a París, donde falleció en agosto de 1981.




La Alicia de Adrienne Ségur es una niña de aspecto feérico, de piel blanca como la nieve, ojos con largas pestañas siempre entrecerrados, y unos labios llenos que suelen ser el único foco rojo o rosado de las ilustraciones a color. Sus cabellos castaños y su vestido amarillo llaman poco la atención, pero su rostro es un elemento central en todos los dibujos en los que aparece.






Los animales, por quienes la autora sentía tanto amor como fascinación, pueblan todas las ilustraciones del País de las Maravillas. No solo el Conejo Blanco, la Oruga, el Gato de Cheshire o el Grifo: insectos en el campo, pájaros en el jardín, crustáceos en la playa, y todo tipo de criaturas silvestres se acercan a Alicia en su recorrido.







Como se puede observar, las ilustraciones en color parten todas de una paleta de verdes, amarillos y marrones que evocan los colores naturales del bosque y del campo, donde el azul y el rojo destacan por su rareza. Las escenas "de interior", en la sala de juicios de la Reina de Corazones, consisten en dibujos en blanco y negro, o están coloreadas principalmente con grises y sombras.




A pesar del éxito, tanto nacional como internacional, de los libros ilustrados por Adrienne Ségur en las décadas de los 50 y 60, el grupo Flammarion no se ha ocupado especialmente de reeditar sus obras. Las ediciones más recientes, de los años 90, son de aquellos libros cuyos derechos fueron adquiridos por editoriales norteamericanas como Little Golden Books, que ha seguido publicando sus cuentos de hadas en pequeño formato. Debido a la difusión de la que gozaron en su momento, se pueden encontrar todavía los libros originales de segunda mano, pero el estado de conservación y los precios varían enormemente. 



La Alicia en el País de las Maravillas de Adrienne Ségur no se ha publicado nunca en España, pero sí en Méjico, gracias a la editorial Renacimiento. La primera tirada, de 4000 ejemplares, fue en 1959; la segunda, en 1978. Ambas son en la actualidad casi imposibles de conseguir: los pocos ejemplares que he encontrado a la venta están obscenamente deteriorados, casi deshechos. Aunque me pesa admitirlo, no tengo muchas esperanzas en conseguir una edición decente de este libro, si el grupo Flammarion no decide reeditar, como se merecen, las obras de esta ilustradora tan injustamente olvidada. 




Fuentes: 


Adrienne Ségur en Art Passions.


Adrienne Ségur en el blog Soloillustratori, 8 de marzo de 2014.

"Adrienne S. ou le livre enchanté", en el blog Floridum Mare, 12 de enero de 2016.


BOTOUROPOLOU, Ifigénie. "Renan, personnage du roman de Nicolas Ségur: Monsieur Renan devant l’amour", en Études Renaniennes, n°117, diciembre de 2016, págs. 73-82.

"Gatos y cuentos de hadas de Adrienne Ségur", en el blog Gatos y respeto, 18 de junio de 2020.


"Hommage à Adrienne Ségur", en La Nouvelle République, 21 de mayo de 2012.




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