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6 de noviembre de 2021

Alicia de Jan Švankmajer (1988)




 

Něco z Alenky (literalmente, "Algo de Alicia") es una adaptación de Alicia en el País de las Maravillas, de imagen real y animación en volumen, del director checo Jan Švankmajer. Estrenado en 1988 en Nueva York, fue el primer largometraje del autor tras una larga lista de cortos de dibujos animados y animación de recortables, plastilina y marionetas. Tiene una duración de 86 minutos. 


Jan Švankmajer, de ascendencia bohemio-germánica, nació en Praga en 1934. En su infancia, recibió un regalo de Navidad que definiría su vocación para siempre: un teatrillo de marionetas. Estudió en la Universidad de Artes Aplicadas de Praga, y más tarde en el Departamento de Títeres de la Academia de las Artes Escénicas de Praga. Uno de sus primeros trabajos en animación fue su colaboración en la película de marionetas Johanes doktor Faust dirigida por Emil Radok en 1958. En el mismo año comenzó a trabajar en el teatro Semafor de Praga, donde fundó el Teatro de Máscaras, y posteriormente pasó al teatro Laterna Magika, donde volvería a colaborar con Radok. 



Fotograma de El último truco.


Su primer cortometraje fue El último truco del Sr. Schwarzewalde y el Sr. Edgar (Poslední trik pana Schwarzewaldea a pana Edgara), estrenado en 1964. Su estilo fue evolucionando del manierismo al surrealismo, siendo su primera obra dentro de esta corriente El jardín (Zahrada), de 1968; no tardaría en definirse a sí mismo como surrealista y unirse al Grupo Surrealista Checoslovaco en 1970. En esta época fue el principal editor de la publicación surrealista Anagolon. Durante la "normalización" (nombre que recibe el período que siguió al Pacto de Varsovia de 1968, hasta la liberación e independización de las naciones soviéticas que comenzó en 1987), el trabajo de Švankmajer fue vigilado y reprimido por las autoridades comunistas; de hecho, se le prohibió filmar películas entre 1973 y 1979. Esto hizo que fuera completamente desconocido fuera de su país hasta los años 80, en que cortos como Dimensiones del diálogo (Možnosti dialogu, 1980) o El pozo, el péndulo y la esperanza (Kyvadlo, jáma a naděje, 1983) comenzaron a llamar la atención de críticos y cineastas en Europa y Estados Unidos. En 1983, con Jaromír Kallista, fundó una compañía de cine independiente que en 1992 sería conocida como Athanor Ltd.




En 1988, Něco z Alenky (estrenada simplemente como Alice) le valió el reconocimiento y el aplauso internacional; animadores de prestigio como los hermanos Quay y Terry Gilliam han expresado la influencia de esta película en su propia obra, y su admiración por el trabajo de Švankmajer.



Jan Švankmajer y Terry Gilliam en la Escuela de Cine de Verano, 
en Uherské Hradiště (República Checa, 2009).

En la actualidad, el director checo es reconocido por crear en sus obras un mundo único, sombrío e inquietante, propio de pesadillas, usando objetos cotidianos pero siniestros, como cráneos y huesos, animales disecados, muñecas y bebés de juguete, y artículos punzantes como imperdibles, agujas, clavos, chinchetas... Ha adaptado textos de Lewis Carroll, Edgar Allan Poe, Christopher Marlowe, Horace Walpole, y los escritores checos Karel y Josef Čapek, además de cuentos folclóricos de su país. Aparte de Alice, su largometraje más celebrado es El pequeño Otik (Otesánek, 2000), sobre una pareja sin hijos que "adopta" una raíz con una forma que recuerda vagamente la de un niño, la cual cobra vida y comienza a devorar todo lo que encuentra. Su obra más reciente, y que por sus propias declaraciones es la última, es Insectos (Hmyz, 2018).

 


Jan Švankmajer con el pequeño Otik.


Švankmajer trabaja con frecuencia en artes plásticas como la cerámica, los grabados y los collages. En sus obras combina las marionetas de mano o de varilla con actores reales y varios tipos de animación (de plastilina, recortables y stop-motion). Con su esposa, Eva Švankmajerová, pintora surrealista que colaboró en Alice y El pequeño Otik, adquirió un castillo del siglo XVIII, situado en Horní Staňkov, y creó en él un museo de curiosidades, en el que exhibe las figuras y marionetas usadas en sus películas, y grotescas criaturas formadas por huesos, cráneos y conchas de animales dispares. Los hermanos Quay rodaron un cortometraje documental sobre tan fascinante espacio en 1984.



Una de las curiosidades del gabinete de Jan Švankmajer.

Su particular y personalísima versión de Alicia está protagonizada por una única actriz, Kristýna Kohoutová, que interpreta a Alicia y hace las voces de todos los demás personajes, sean recortables o marionetas. Aparte de ella, solo se pueden contar como personajes de imagen real a la hermana mayor de Alicia, que aparece en la secuencia inicial, pero no habla, no se ve su rostro en ningún momento, y no está acreditada en la película; y los animales vivos que aparecen en algunos momentos. Kristýna Kohoutová, que tenía siete años en el momento del rodaje, solo parece tener en su haber el papel de Alicia: no consta que tuviera una experiencia previa como actriz infantil, o que continuara trabajando en el cine tras la película de Švankmajer. Sin embargo, es una Alicia perfecta: tiene la edad adecuada para el papel, y el talento y la madurez suficientes para interpretarlo. 



La película empieza de una manera totalmente convencional, con la imagen de un pequeño arroyo en el que empiezan a a caer guijarros. Alicia se encuentra sentada en la orilla junto a su hermana (que está leyendo un libro, y cuyo rostro no llega a verse) y se entretiene tirando piedrecitas al agua. Cuando se le acaban, se sacude la tierra de la falda, y curiosea en las páginas del libro de su hermana... quien le golpea la mano para que se esté quieta. Alicia retira la mano sin quejarse y vuelve a una postura inmóvil, mirando fijamente a la cámara. 



Los créditos comienzan a mostrarse en gruesas letras blancas de molde sobre un fondo completamente negro, alternándose con un primer plano de los labios de la niña recitando una especie de presentación, al tiempo que se oye una suave música de piano que será la única banda sonora de toda la película.




"Alicia pensó para sí misma:
Vamos a ver una película.
Para niños...
quizá.
Pero no olvides
que debes
cerrar los ojos.
Porque de otra manera
no verás nada."


La siguiente escena transcurre en la habitación de Alicia, que está llena de cadáveres y despojos: la cámara pasa por moscas muertas en el antepecho de la ventana, mariposas y escarabajos clavados en paneles, huesos y cráneos de pequeños mamíferos, conchas y plumas, corazones de manzana y flores secas. Muñecas con ojos de cristal y títeres de cachiporra descoloridos rodean a la niña, que repite su pasatiempo anterior cogiendo piedrecitas de la falda de una de las muñecas y lanzándolas dentro de una taza de té. 


El mecanismo de un reloj suena demasiado alto durante todo este tiempo. Alicia al final se aburre, se tumba en el suelo y fija la vista en la lámpara, hasta que un ruido llama su atención. Se incorpora para ver a un conejo blanco... disecado, que está arrancando sus propias patas de los hierros que lo sujetan a la vitrina.




El Conejo logra liberarse las patas, saca algo de ropa de un doble fondo de la urna donde está expuesto y, tras vestirse, rompe con unas tijeras el cristal de la vitrina y se libera. Pronto se percata de que está perdiendo su relleno de serrín por el tajo en el abdomen a través del cual, en su día, el taxidermista le sacó los intestinos. El intentar cerrar esa costura y rellenarse de serrín siempre que tiene ocasión - y asimismo, guardar su reloj en el hueco de su propio vientre - será un motivo recurrente en la película.




"¡Cielos, cielos, voy a llegar tarde!", exclama el Conejo a través de Alicia. Y echa a correr por un terreno desolado, cubierto de costras de tierra, que de repente está conectado con la habitación de la niña. Al ver que el Conejo se mete en un escritorio que está en medio del desierto, Alicia lo sigue sin pensarlo. Cuando ella llega al escritorio, abre el cajón y tantea el interior, pinchándose un dedo con un compás viejo y oxidado. La niña se queja, pero no se arredra: se lame la sangre del dedo, se asoma al cajón y se mete sin más. Comienza así un alucinado viaje a un lugar que está más cerca de la demencia que de las maravillas.




Todo lo que encuentra Alicia a partir de entonces es amenazador. Continuamente corre peligro, se cae, se golpea: una "broma" recurrente es que cada vez que intenta abrir un cajón se queda con el tirador en la mano, y la mayoría de las veces el impulso al querer abrirlo hace que se caiga de espaldas. 




La propia Alicia es mucho menos prudente que la observadora niña de Carroll: ella no tiene ningún reparo en comer y beber cosas que claramente no están destinadas a su consumo, como serrín o tinta. Además, incluso lo que en apariencia es comestible oculta peligros escalofriantes. Mientras Alicia "cae" por la madriguera (va bajando con un ascensor, que resuena de modo ominoso cada vez que desciende un piso) ve las estanterías con tarros de conservas, pero cuando coge el de mermelada de naranja, lo abre y saca una poca con la punta del dedo, comprueba que hay chinchetas entre la mermelada. Estos primeros encuentros con "comida" potencialmente mortal no son más que predecesores de la dantesca escena de la despensa, pero a Alicia aún le quedan muchos horrores antes de llegar a ella.



Como en el libro, Alicia cae en un gran montón de hojas sin hacerse daño. Las hojas son rápidamente absorbidas por el cajón de un escritorio, y la niña no tarda en advertir que está atrapada en una habitación pequeña y claustrofóbica, con solo el escritorio, y una puerta que no puede abrirse. La puerta tiene una puertecita más pequeña, la llave está en el cajón del escritorio, y el Conejo está al otro lado, pero Alicia siempre es demasiado grande para pasar.




Alicia se reduce al beber de una botella de tinta (convirtiéndose en una muñeca de porcelana), y luego crece al comer una galleta que cae del cajón. Cuando ve que no puede pasar por la puertecita, llora tanto que el agua supera las tres cuartas partes de la altura de la habitación. Es la única versión de Alicia en que parece que la niña se va a ahogar de verdad, incluso cuando todavía es grande.






La narrativa se aleja del texto de Carroll para presentar situaciones igualmente surrealistas. Mientras Alicia nada de un lado al otro del cuarto, llega nadando el Ratón, que aparentemente confunde la cabeza de la niña con un islote. Sube por su cabello arrastrando tras de sí un baúl, clava a martillazos unas estacas en la cabeza de Alicia, y enciende un fuego sobre el que coloca una olla, en la que va vaciando latas.




Tras aguantar con una paciencia inusual que hayan prendido fuego en su cabeza, Alicia murmura "Creo que esto ya es demasiado" y se sumerge en el agua, desbaratando el campamento del Ratón, que se marcha a nado, desconcertado con el hundimiento del islote. Al poco, el Conejo llega en barca, con un plato de galletitas. Huye al ver a Alicia, que solo intenta pedirle ayuda, y la bandeja se acerca flotando hasta la niña, que coge una de las galletas, se la come y vuelve a convertirse en muñeca. Con un gran esfuerzo, la pequeña Alicia logra alcanzar la llave y abrir finalmente la puerta grande; el agua sale a presión hacia un río, y Alicia llega, exhausta, a la orilla, donde también desembarca el Conejo. Este la confunde con su criada Mary Ann y la manda a su casa... a por unas nuevas tijeras, que ha perdido en el agua. 



Siguiendo humildemente sus órdenes, la Alicia-muñeca entra en una delirante construcción de bloques de madera, montada sobre una mesa de tamaño normal, a la que se accede mediante escaleras y rejas con clavos salientes por todas partes. No tarda en encontrar un nuevo par de tijeras para el Conejo - que tiene un cajón lleno de ellas -, pero no resiste la tentación de beber otra vez de un tintero. Esto hace que recupere su forma humana y su tamaño normal, y se quede atascada en la casita. 

 

 

El Conejo se impacienta y va a buscarla; para no enfrentarse a él, Alicia bloquea con los muebles la puerta de entrada al cuartito donde está. Tras varios golpes, cortes y caídas, el Conejo, frustrado, sale al jardín e intenta serrar el brazo de Alicia que asoma por una ventana, pero tampoco consigue nada. Llama entonces a unos amigos animales, seres terroríficos compuestos de cráneos, huesos y raspas con ojos saltones, ataviados con gorros rojos de duendecillo, que difícilmente recuerdan a criaturas reales. 

 

El lagarto Bill intenta colarse por la chimenea, con las consecuencias que todos conocemos, pero mucho más severas: su cuerpo revienta al estrellarse contra el suelo. Tras arrojarle a Alicia, furiosos y desesperados, las pequeñas piedras que hay en una carretilla, sus compañeros intentan coserlo de nuevo con el hilo y las tijeras que el Conejo siempre tiene a mano. Mientras tanto, los guijarros que han caído al interior de la casa se han convertido en pastelitos, y al comerse uno, Alicia vuelve a convertirse en muñeca. 



Intenta escapar de la casa sin ser vista mientras el Conejo y sus amigos están alimentando a Bill con el serrín que ha caído de su propio cuerpo, pero la descubren y la persiguen. 

 

 


Acorralada, Alicia cae en una olla llena de una pócima lechosa. Por unos momentos no sale a la superficie, pero súbitamente - entendemos que al tragar algo de ese líquido - vuelve a su tamaño normal, pero atrapada en el cuerpo de la muñeca. Los animales la atan por los pies y, mediante unas aves que relinchan y tiran como caballos, la arrastran hasta llevarla tras una puerta que el Conejo cierra con llave. 




Alicia logra romper su "cuerpo" de muñeca y escapar de su interior, pero aún tiene que salir de una despensa plagada de horrores. Decide no volver a probar los pastelitos y la tinta que ha ido comiendo hasta ahora, pero las otras opciones parecen poco seguras: un tarro de bombillas, zapatos dentro de garrafas, relojes en salmuera. Y entonces todo comienza a moverse. Los huevos de un cartón eclosionan, y de las cáscaras salen pequeños cráneos sin ojos ni patas que se van correteando. De una barra de pan brotan clavos. Alicia abre una lata de conservas de la que surge un río de cucarachas, y destapa una olla de la que emerge un enorme trozo de carne cruda que se va reptando a esconderse dentro de otra cacerola. Aun así, le queda valor para abrir una lata de sardinas, y encuentra, bien conservada en aceite, la llave que le permite escapar de la despensa. 

 

 

Se encuentra en el interior de lo que parece una casa de campo dilapidada, con el yeso de las paredes desprendiéndose, las puertas despintadas y astilladas, bombillas desnudas colgando de cables en el techo, y un aspecto general desolador. Se encuentra también con un viejo conocido: el Ratón que acampó en su cabeza tiene el cuello partido por una trampa de resorte. 




Alicia observa que, en el pasillo, hay muchos pares de zapatos frente a una puerta cerrada. Llama a la puerta y, al no oír respuesta, se quita ella también los zapatos y entra sigilosamente. El suelo de madera está cuajado de enormes agujeros rodeados de serrín, de los que comienzan a surgir gusanos hechos de calcetines. 




Tras una nueva caída al intentar abrir un cajón, la niña se da cuenta de que ha aplastado a dos de esos gusanos, pero logra reanimarlos insuflándoles aire, y regresan rápidamente a sus agujeros. Otro gusano, que tiene ojos y una dentadura humana, se coloca sobre una seta de costura (un accesorio de madera, con dicha forma, que se utiliza para coser parches en calcetines y prendas pequeñas) e interpela a Alicia. 




Se trata en realidad de la Oruga, quien, tras decirle a la niña que coja un trozo de cada lado de la seta para crecer o disminuir, comienza a coserse los ojos a sí mismo porque tiene sueño. A Alicia le cuesta un gran esfuerzo arrancar trozos de la seta de madera, y después tiene que vérselas con sus propios calcetines, que deciden imitar a sus congéneres y esconderse en los agujeros del suelo. 


La siguiente habitación que visita Alicia contiene una casa en miniatura: rodeada de piezas batería de cocina, y de docenas de trozos de platos y vasos rotos, es la de la Duquesa. 



El Lacayo-Pez viene a traer la invitación de la Reina, y se la entrega al Lacayo-Rana. Sus pelucas se enredan y se ponen a moverse por sí mismas; la propia Alicia las separa y las devuelve a sus respectivas cabezas. La confusión del Lacayo-Pez, que se va apresuradamente, es una de las dos únicas cosas en toda la película que harán sonreír a la niña. El Lacayo-Rana comienza a cazar moscas y avispas que rondan por los restos de comida de los platos rotos, y acaba marchándose también. Alicia se asoma a la casa, en la que solo está el Conejo, dándole el biberón al bebé. Alicia lo llama suavemente, pero al verla, el Conejo le tira todo lo que queda en la cocina, incluyendo el bebé, y se va corriendo mientras la niña se ocupa de la criatura. El bebé no tarda en convertirse en un cerdito, y se va por sí solo escaleras abajo, pero sigue gimiendo como un bebé y chillando como un cerdito al mismo tiempo. Alicia va ayudarlo, pero solo lo ve desaparecer tras una puerta... 



La Merienda Loca reproduce el proceso eterno y cíclico al que están condenados el Sombrero y la Liebre de un modo aterrador. En una mesa en la que solo hay seis asientos, el Sombrerero cambia de sitio cada pocos minutos, haciendo que la Liebre, que se desplaza en silla de ruedas, vaya tras él, y tras ellos Alicia. El Sombrerero se prueba sombreros, toma el té. La Liebre saca de una tetera un reloj, lo unta de mantequilla, lo cuelga del pecho del Sombrerero. De un sombrero sale el Conejo Blanco, que recoge el reloj y se va. A la Liebre se le queda un ojo colgando de un hilo; el Sombrerero lo pone en su sitio de un tirón, y le da cuerda a la Liebre con la llave que tiene a su espalda. Una y otra vez, el proceso se repite, ante una atónita Alicia que solo cuando se va contempla el punto que cierra y abre el círculo: de la tetera sale el Lirón, que limpia a lametazos las seis tazas antes de volverse a esconder. 

 

 

Siguiendo nuevamente al Conejo, Alicia se encuentra en un tendedero cubierto con docenas de prendas de ropa en las cuerdas. Se abre camino apartando sábanas y camisas, y oye un entrechocar de espadas. En el jardín de la Reina, los soldados de la baraja han salido de sus cartas y están combatiendo. 




A continuación pasan también el Lacayo-Pez, y la procesión real: el Rey y la Reina de Corazones son marionetas de cartón, y el resto de la comitiva la componen cartas de tamaño normal, más otras pequeñitas que representan los Infantes. Los Soldados-Carta prosiguen con su lucha, hasta que la Reina ordena cortarles la cabeza... y es el Conejo Blanco quien lleva a cabo la ejecución, con sus tijeras. Aquí no es el heraldo de la corte, sino el verdugo. 



Los Soldados, sin embargo, siguen combatiendo, pese a la incomodidad de haber sido decapitados. La comitiva se aleja, y Alicia la sigue a distancia. En el jardín vuelve a encontrarse con el Sombrerero y la Liebre, que en ahora están jugando a las cartas en vez de tomar el té, y le sube el ojo a la Liebre y le da cuerda para que puedan seguir con su partida. Pero aparece la Reina, y vuelve a dar al Conejo la orden de cortarles la cabeza. El Conejo obedece ante la aterrada mirada de Alicia, y las cabezas del Sombrerero y la Liebre caen al suelo de un tijeretazo. Los cuerpos las recuperan... cambiándoselas sin darse cuenta: ahora el cuerpo del Sombrerero tiene la cabeza de la Liebre, y viceversa, pero pueden seguir jugando.



La Reina le pregunta a Alicia si juega al croquet, y cuando esta, un poco impresionada, le contesta que sí, la invita a jugar con ella. La niña sigue a los personajes reales a otra habitación, donde la Reina le indica que coja un flamenco. Las pelotas son acericos con muchos alfileres clavados. La Reina se sirve también un flamenco, y hace un tiro que atraviesa varias cartas y termina rompiendo un cristal. Alicia se ríe, aunque deja de hacerlo cuando ve que la jugada termina con la decapitación de todas las cartas implicadas. 



Se dispone a tirar ella misma, pero, antes de golpear, su flamenco de cartón - y todos los que están en las cartas - se transforma en una gallina viva, y los alfileteros, en gorditos y redondos erizos. Los animales se van correteando y aleteando por el campo de juego. Sin mencionar para nada este suceso, el Conejo se acerca a Alicia y le entrega un cuaderno escolar, con la indicación de que debe aprenderse de memoria su contenido, y se marcha. Alicia sale corriendo tras él, atraviesa los pasillos de la ruinosa casa de campo, y entra en la habitación donde cree que se ha metido. En el interior están los Reyes de Corazones, con sendos cuadernos idénticos al de Alicia, y un platito de galletas. 



El Conejo está con ellos, y también el Sombrerero y la Liebre - ya con las cabezas en los cuerpos correspondientes - y otros animales que componen el jurado. Los Reyes acusan a Alicia de haberse comido las tartitas; Alicia asegura que no ha comido nada. El jurado golpea platos y cazuelas ante tan flagrante distorsión de la verdad, y Alicia se corrige: "...o casi nada". El Rey la hace leer una página del cuaderno en que se disculpa, pero la niña dice que no se arrepiente de nada, lo que conlleva una nueva cacerolada y una nueva corrección: "...de casi nada". El Rey le insiste en que diga solo lo que está escrito en el cuaderno; la niña discute con él, y en un momento dado se acerca al plato de galletas y comienza a comérselas a puñados. El Rey le da la razón a la Reina, que llevaba todo el juicio ordenando que le cortaran la cabeza a Alicia, y da la orden él mismo. El Conejo enarbola sus tijeras, Alicia, todavía con la boca llena de galletas, comienza a negar desesperadamente con la cabeza... y se despierta. 




La niña se frota los ojos, se incorpora, y recorre con la vista todos los elementos de su habitación que ha visto en el sueño: las cartas, el tintero, el plato de galletas de su merienda, y su propia versión en muñeca. Cuando mira la vitrina del conejo disecado, sigue rota y vacía. Se acerca despacio, mete la mano en el interior, y abre el cajón oculto donde el Conejo guardaba su ropa, y que ahora tiene unas tijeras. Las recoge, y se dice para sí: "Llega tarde, como siempre... Creo que tendré que cortarle la cabeza".




La Alicia de Švankmajer es una película que no puede dejar indiferente. Se considere inquietante, original, aterradora o simplemente rara, no es para nada una adaptación como cualquier otra. El País de las Maravillas que crea el autor checo es fascinante. Irrepetible. Ningún elemento es como se espera en una adaptación de Alicia, ni en el apartado visual, ni en el narrativo, ni en el sonoro. Además de que, como hemos mencionado, no hay actores de doblaje para las marionetas porque Alicia lee todas las intervenciones, tampoco hay música de fondo (excepto una breve secuencia de piano en los créditos de inicio y final), solo efectos de sonido que suenan más alto de lo que deberían. El tictac del reloj, el ruido del ascensor conforme baja, el choque de las tazas de té y los platillos en la mesa del Sombrerero y la Liebre, los pasos, y sobre todo cada golpe, cada caída, cada desgarrón o tijeretazo, se oyen con una claridad perfecta. 



Los hilos y las fibras de cartón de las marionetas no son solo visibles, sino que se insiste en su naturaleza de objeto creado por el hombre que no debería tener vida propia, como en el caso de la Liebre, que funciona a cuerda, o de modo estremecedor, en el de los animales disecados, que vuelven a la vida después de haber sido asesinados por entretenimiento, y recogen el serrín que los rellena porque ya no tienen órganos. 


Y entre todo esto, lo que posiblemente más llame la atención es que Alicia sufre. Solo llora en la escena del charco de lágrimas, pero continuamente recibe golpes y heridas, desde pinchazos en el dedo hasta estacas clavadas en su cabeza. Al volver a su tamaño tras caer en un cazo mientras huía de los animales hechos de hueso, se queda atrapada en el cuerpo de la muñeca, y sus ojos se mueven de un lado a otro, impotente mientras la atan y la arrastran. Se muestra compasiva con las extrañas criaturas con las que se encuentra (sopla en los calcetines- gusano para devolverlos a la vida, da cuerda a la Liebre, por no mencionar cuánto tiempo soporta que el Ratón cocine sobre su cabeza), y se asusta al ver decapitaciones y abusos. Su curiosidad por hablar con el Conejo, y su voracidad por comer todo lo que encuentra (no vacila en comer serrín, beber tinta, o arrancar y masticar trozos de la seta de la Oruga, aunque claramente son astillas de madera) tienen consecuencias que no la hacen retroceder, pero que tampoco le pasan inadvertidas.




Kristýna Kohoutová es posiblemente la mejor Alicia de todas las versiones de imagen real que nunca se han filmado. Es una niña de la edad de Alicia, que actúa y reacciona como tal, que se adapta a un mundo sobrenatural a pesar de llevarse golpes y pinchazos, y persevera en su curiosidad a pesar de los reveses. No tiene ni la ingenuidad de las actrices infantiles ni la inevitable seriedad de las adultas, sino el punto justo de madurez para interpretar al personaje de una manera tan poco convencional. Habría sido ideal que hubiera protagonizado otra película de Alicia, siguiendo un guion más canónico, y ver qué habría pasado. Personalmente creo que, aunque esta interpretación sea única, también habría podido hacer una Alicia completamente "normal", y la habría hecho muy bien. 




La Alicia de Švankmajer, como reconocida película de culto, se publica y reedita con frecuencia, y está al alcance de cualquiera que se atreva con ella. Se ha editado en DVD y Blu-ray (y ediciones dobles), está en varios canales de vídeo de Internet, y existe una versión doblada al inglés, con la voz de la irlandesa Camilla Power como Alicia. Hay que verla. Para juzgar si es una obra de arte, o material de pesadilla  - o ambas - , hay que verla. 


 


Fuentes:


Alice, película con subtítulos en español en Youtube.

Athanor, página oficial del estudio de Švankmajer.


The Cabinet of Jan Svankmajer, cortometraje de los hermanos Quay.

PEÑAS, Esther. "'Alice: frontera exacta entre belleza y espanto", en Código Cine, 16 de junio de 2020.
 
ŠVANKMAJER, Jan. Para ver, cierra los ojos, Pepitas de calabaza, Logroño, 2012.

26 de agosto de 2020

Alice of Wonderland in Paris (1966)







Alice of Wonderland in Paris (también conocida como Alice in ParisAlice in a New Wonderland o Alice in Wonderland in Paris) es una película de animación checo- estadounidense de 1966. No se trata de una adaptación de Alicia, sino de una antología de cinco cuentos infantiles presentados por un personaje inspirado en el de Carroll. 

La idea para esta película surgió de los productores Gene Deitch y William L. Snyder, que ya habían colaborado en el filme checo Munro (1960) y las series televisivas Tom y Jerry (1960- 1962, para Metro-Goldwyn-Meyer) y Popeye (1960- 1963, para King Features Syndicate). Habían realizado varios cortos de animación, basados en libros populares en ese momento, para ser proyectados en escuelas con fines educativos. De entre ellos escogieron cinco para incluirlos en una película en los que serían presentados por el personaje de Alicia; por tanto, solo fue necesario filmar las nuevas secuencias. Los cuentos que se narran son, principalmente, dos de la serie Madeline de Ludwig Bemelmans: Madeline y el "Sombrero malo" y Madeline y los gitanos. Los otros tres son El príncipe ceñudo de Crockett Johnson, Anatole de Eve Titus y Muchas lunas de James Thurber. La banda sonora fue compuesta por Václav Lidl, e incluía dos canciones escritas por Paul Alter.

La película, producida por Snyder y dirigida por Deitch, se estrenó el 5 de febrero, distribuida por una compañía llamada Childhood Productions. Al durar solamente 52 minutos, se añadió a los proyecciones en los cines el cortometraje francés Crin Blanca (1953), del Albert Lamorisse, que también suele incluirse en las ediciones en formato doméstico.  En los años 70, Paramount Pictures adquirió los derechos y comenzó a proyectarlas en las sesiones matinales para niños, dentro de la serie Family Matinee,  bajo el título Alice in a New Wonderland, y también con Crin Blanca.



Poster de las proyecciones de Paramount.



La historia se desarrolla en la época contemporánea a su emisión, en los años 60 del siglo pasado. Por otra parte, la protagonista parece ser norteamericana, ya que habla de París como un lugar que está muy lejos y al que le resultaría muy caro llegar, y tiene una gran afición por las hamburguesas con queso.




La película comienza con una vista de una habitación en la que hay estatuillas y adornos de los personajes del País de las Maravillas. Hay una niña acurrucada en un sillón, leyendo un libro de la serie Madeline, con una gata dormida en el reposapiés; hay un póster de Francia en la pared y una figurita de la Torre Eiffel en la mesita cercana. 




La niña (Norma MacMillan) suspira, se pone la torre en la cabeza y le dice a la gata, llamándola Dinah, que su mayor sueño es ir alguna vez a París y conocer a Madeline, la heroína de sus libros favoritos. A través de su "conversación" con Dinah, descubrimos que la niña es la Alicia que soñó las famosas aventuras, y que es consciente de que fueron solo un sueño, mientras que París es "un País de las Maravillas en el mundo real". A continuación añade: "Para ir al País de las Maravillas, solo tuve que caer por una madriguera, o atravesar un espejo... pero, admitámoslo: ¡hace falta muchísimo dinero para ir a París!".




Mientras se lamenta, aparece un ratoncito (Allen Swift), montado en bicicleta, a través de un agujero de la pared. Alicia exclama que nunca ha visto a un ratón con sombrero y maletín; el ratón se presenta como François y le explica a Alicia que está realizando una encuesta sobre los tipos de queso favoritos por "los habitantes de este lado de París". El ratón se sorprende cuando Alicia le comunica que no están en París, pero se empeña en saber cuál es el queso favorito de Alicia, y se disgusta muchísimo cuando la niña le dice que ella solo conoce el queso de las hamburguesas. 





François le cuenta a Alicia la historia de su tatarabuelo, lo que introduce el primero de los cuentos, Anatole de Eve Titus. Ambientado en París, trata del ratón Anatole (Carl Reiner), honrado y respetable padre de familia, que consigue comida para su hogar recogiendo pedazos descartados de una quesería. Una noche descubre, al oír una conversación entre los queseros, que los humanos odian a los ratones por considerarlos una plaga, y que más pronto que tarde llamarán a exterminadores para eliminar a los que hay en el almacén. Deprimido ante esta idea, consulta con su esposa qué pueden hacer para ganar la estima de los humanos. Se le ocurre de pronto, ya que ha probado todos los quesos de la fábrica, convertirse en catador, y comienza a etiquetar cada pieza con su valoración y sus recomendaciones. A la mañana siguiente, los catadores de la quesería prueban los productos, descubren que todas sus observaciones eran exactas, y se imaginan que algún misterioso gourmet experto en quesos les está ayudando de forma anónima. Cuando Anatole decide revelar su identidad al presidente de la quesería, Monsieur Duval, es tanto el éxito que ha alcanzado debido a sus recomendaciones, que cancela la orden de exterminar a los ratones de la fábrica, y nombra a Anatole vicepresidente, con una mesa de despacho a su medida.





Ante la insistencia de Alicia, que quiere que la lleve con él a París para conocer a Madeline, y su propio interés en que pruebe quesos de calidad, François le  entrega un queso elaborado con las misma seta mágica del País de las Maravillas, que le permitirá encogerse y entrar por el agujero de la pared. Así sucede, y Alicia monta con François en su bicicleta y se marchan los dos a París por un entramado de cañerías subterráneas. 





Salen a la superficie en el patio del internado de la señorita Clavel, donde viven Madeline y sus compañeras, y François dice que el lugar le recuerda a una historia que ocurrió allí mismo. Cuenta a continuación Madeline y el "Sombrero Malo" de Ludwig Bemelmans, en la que el embajador de España se muda a una casa cercana al internado, y su hijo, Pepito, comienza a acosar a las niñas, tirándoles piedrecitas con su tirachinas, asustándolas y burlándose de ellas. Captura y encierra animales silvestres, decapita patos con una guillotina que ha construido él mismo, y ensalza el arte del toreo, cosas que Madeline y sus amigas desprecian por ser crueles y bárbaras. Tras resultar gravemente herido por una jauría de perros, entre los cuales había arrojado un gato vivo con la intención de mirar cómo lo destrozaban, Pepito sufre una larga y dolorosa convalecencia, se arrepiente de su crueldad, se vuelve vegetariano, y libera a todos los animales a los que había capturado... y a algunos del zoo de París. Madeline le dice que se tenía merecido lo que le pasó, pero que gracias a su nuevo comportamiento lo ha perdonado.


Alicia le dice a François que ahora tiene más ganas de conocer personalmente a Madeline. François le recuerda que deben descubrir su queso favorito, y cuando Alicia le dice que además del queso de las hamburguesas también le gusta el requesón, François se enfurruña porque no lo considera un queso "de verdad". Alicia lo reconviene: "deja de fruncir el ceño, o te parecerás al Príncipe Ceñudo". 





Cuenta entonces la historia del mismo nombre, de Crockett Johnson, sobre un pequeño príncipe que siempre está enfadado, nunca sonríe, y está orgulloso de tener "un ceño inamovible". Sus preocupados padres hacen llamar a bufones, malabaristas y acróbatas, que no consiguen más que aburrir al príncipe. El gran mago de la corte declara que un ceño inamovible solo se puede curar con una sonrisa irresistible, y mandan llamar a la princesita del reino vecino, que siempre sonríe y nunca se enfada. Cuando la princesita sonríe delante del príncipe, no parece funcionar, y todos parecen resignarse a que el ceño es verdaderamente inamovible, pero al poco se le pasa el enfado, y comienza a sonreír él también.





François, mientras comenta que su propio ceño desaparecerá cuando Alicia pruebe quesos de verdad y le diga su favorito, la lleva a la fábrica familiar, Quesos Duval. Durante el trayecto se ha hecho de noche, y desde el almacén de la quesería los amigos contemplan una hermosa luna llena, lo que les lleva contar la siguiente historia, Muchas Lunas de James Thurber. 






Una princesita (Trinka Snyder) coge un empacho de tartas de frambuesa, y convence a su padre de que solo se curará si le traen la Luna. El rey hace llamar a los sabios de la corte, quienes le explican que la Luna es demasiado grande y está demasiado lejos como para que se pueda traer. El bufón piensa una solución alternativa, y le pide a la princesa que le describa la Luna. La princesa cree que es pequeña, tal como la ve en el cielo, así que encargan al orfebre real que talle un colgante de oro con forma de luna y se lo entregue a la princesa. Ésta se "cura" de repente, convencida de que han cogido para ella la Luna de verdad. Cuando esa noche la vuelve a ver en el cielo, y pregunta cómo es posible, el bufón le contesta que la Luna siempre vuelve a crecer, "igual que el cuerno de un unicornio", respuesta que resulta plenamente satisfactoria para la princesa.





Alicia no se quita de la cabeza el conocer a Madeline, y promete que ya probará todos los quesos cuando sea mayor, así que finalmente François claudica, y tan pronto como amanece vuelven a salir en su bicicleta, de regreso al colegio de Madeline. 






De camino, pasan por una feria donde tuvo lugar otra de sus aventuras, Madeline y los gitanos. En esta historia, Madeline y las otras niñas, con su vecino Pepito, ya reformado de su sadismo, están divirtiéndose en la feria, cuando estalla una tormenta y deben volver precipitadamente. Con las prisas, la señorita Clavel no se da cuenta de que faltan Madeline y Pepito, que se han quedado atascados en la noria. Son rescatados por unos gitanos... que a continuación los secuestran, los sacan de París y los obligan a actuar en sus espectáculos. 




Los niños están encantados con su nueva vida nómada, y Madeline envía una postal al internado para que la señorita Clavel y sus compañeras no se preocupen, contándoles que está muy bien con la troupe circense. La señorita va en su busca, y los gitanos meten a los niños dentro de un disfraz de león y cosen las cremalleras para que no los encuentren. Sin embargo, al ver a la señorita Clavel y a las niñas del internado, Madeline y Pepito se dan cuenta de que las echan de menos. Se acercan a ellas, logran quitarse el disfraz de león y vuelven todos a París.

Alicia y François llegan finalmente al internado de Madeline, y entran a su dormitorio a través de un agujero de la pared. Ven que Madeline está en su cama, leyendo Alicia en el País de las Maravillas, y Alicia está encantada al pensar que Madeline sueña con conocerla a ella, igual que ella misma soñaba con conocer a Madeline. 






Pero, antes de que pueda hacer nada, comienza a hipar y a crecer con cada hipo. François se alarma porque el queso con setas mágicas estaba en fase experimental y no esperaba que los efectos durasen tan poco. 







Vuelven precipitadamente por el agujero, y cuando están de nuevo al aire libre, Alicia recupera su tamaño y comienza a flotar, elevándose hacia el cielo mientras François y Madeline le dicen adiós con la mano. 






Alicia, mientras vuela, se despide de las niñas del internado, de la fábrica de Quesos Duval, y del príncipe Ceñudo y la princesa de la Sonrisa Irresistible, que también están por allí, en el almenar de un castillo. 





Alicia se despierta en el sillón de su casa, con Dinah dormida en su regazo, y ve que en la mesita hay un plato con queso y galletitas, y una nota de su madre que la anima a tomarlos si tiene hambre cuando se despierte. La película termina con Alicia comiendo un cachito de queso y, aparentemente, encontrándolo muy bueno.








Como se ve, la película en sí no tiene nada que ver con los libros de Carroll. Las únicas alusiones a las aventuras que soñó Alicia (y que luego alguien puso por escrito, ya que Madeline las está leyendo) tienen lugar al principio, con las figuritas de los personajes del País de las Maravillas, los comentarios de la propia Alicia sobre caerse por la madriguera y atravesar el espejo, y el que el queso para reducir el tamaño esté hecho con la misma seta del País de las Maravillas (además de la frase "nunca he visto un ratón con sombrero y maletín"). A lo largo del viaje, y hasta el momento en que ven a Madeline con el libro de sus aventuras, no hay nada que haga pensar que Alicia es la que viajó en sueños al País de las Maravillas. Podría haberse contado, sin apenas alteraciones, con cualquier niña que soñara con ir a París y conocer a la protagonista de sus libros favoritos. No se puede considerar, por tanto, una adaptación de ninguna de las aventuras de Alicia, ni siquiera superficialmente como lo pueden ser las versiones de Hanna- Barbera o la de Tim Burton





Por otra parte, acusa su bajo presupuesto, la simplicidad de los dibujos, el haberse realizado en animación limitada (en muchas escenas, los personajes solo mueven la boca y una mano, mientras que las figuras del fondo son rígidas), una fonomímica terrible y un equipo de doblaje más bien escaso (en el cuento de El Príncipe Ceñudo, el príncipe, el rey y el mago de la corte están doblados por un mismo actor, Howard Morris; la intérprete de la princesa Lenore era muy probablemente la hija del productor). No se diferencia mucho, a decir verdad, de lo que eran las series de animación de los 60, pero está muy lejos de la calidad mínima para haberse estrenado en cines.  Es una película pasable, entretenida, que habría funcionado mucho mejor como un programa especial de televisión, y sin duda habría alcanzado mayor audiencia y apreciación.





La película tiene una licencia de dominio público, lo que ha facilitado sus numerosas ediciones domésticas. Se encuentra en DVD a un precio asequible sin el menor problema, pero nunca ha sido remasterizada, y la calidad es la misma que se puede ver en Youtube, en The Internet Archive (donde también se puede descargar legal y gratuitamente) u otros canales de vídeo, por lo que adquirir el DVD no tiene ninguna ventaja particular, y solo lo aconsejaría a grandes fans de esta película o nostálgicos de la animación sesentera.


Fuentes: 

Internet Movie DataBase

The Internet Archive

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