19 de noviembre de 2023

Snarked! de Roger Langridge (2011- 13). Vol. III.

 



Este es un artículo dividido en tres partes. La primera parte consta de una presentación del autor y el primer volumen de Snarked!; la segunda, del segundo volumen de la obra; y la tercera, del tercer volumen y un comentario y conclusión. 


Lo buscaron con dedales, lo buscaron con cuidado.

Lo persiguieron con tenedores y esperanza.

Lo amenazaron con acciones del ferrocarril

y lo cautivaron con pastillas de jabón.





El tercer tomo recibe también el título de un verso de "La Morsa y el Carpintero": "Of cabbages and kings", "Sobre coles y reyes". Aunque la noche en que comienza la historia, el Pregonero afirma que se han perdido, a la mañana siguiente llegan sin problemas a la isla del snark. Bajan en una barca la Morsa y el Carpintero, los príncipes, el Pregonero, el Carnicero (que es un muchacho, casi un niño) y el Castor (una hembra, como también sucedía en la versión de animación en volumen de Saranne Bensusan y en el musical de Mike Batt). Una vez en tierra, localizan la boca de una cueva con un cartel de "Prizón" y sospechan que el rey Russell puede estar encerrado allí. Para llegar a la cueva, sortean varias trampas de las que el Pregonero, experimentado cazador en la isla, ya estaba al corriente, y un largo puente colgante. Pero en la misma entrada de la cueva son detenidos por el León y el Unicornio, quienes están encadenados el uno al otro por un tobillo, y obligados por los ministros del reino a tener prisionero al rey Russell. La Morsa se compromete a liberarlos forzando la cerradura de sus grilletes, mientras Rusty se cuela en la cueva, y Scarlett entra tras él. Salva al niño de caerse por un precipicio bajo el cual hay toneladas de oro y joyas; aparentemente el snark, como los dragones de cuentos tradicionales, acumula tesoros para dormir sobre ellos.



En el exterior, y ante el fracaso de la Morsa como cerrajero, el Carpintero rompe los grilletes de un martillazo, y el León y el Unicornio, libres y exultantes, se marchan de la isla en globo, no sin indicarles por dónde han de ir para rescatar al rey. La Morsa y el Carpintero entran en su busca, y se encuentran con que Scarlett ya ha llegado a su celda, pero el rey se niega a ser rescatado: está muy a gusto sin hacer nada en todo el día, libre de responsabilidades políticas, y no echa de menos a sus hijos, cuya existencia apenas recuerda. No reconoce a Scarlett, y la Morsa le echa un rapapolvo, informándole de los esfuerzos que ha hecho su hija para salvarlo, pero el rey se empeña en quedarse en la cueva. 



Cambia radicalmente de opinión cuando el Carpintero le dice que en el palacio real sirven todas las noches pudín de sebo; resulta ser el plato favorito del rey, el cual, cayendo en la cuenta de que no lo ha comido en seis meses, carga con su bola de presidiario y se une al grupo. Salen los cinco de la cueva, donde se reúnen con el Pregonero, el Carnicero y el Castor, que habían estado buscando infructuosamente al Panadero. Todos juntos se dirigen a la playa para regresar al Old Gertrude, pero la barca en la que habían llegado está completamente destrozada. 



En el reino, mientras tanto, la población se ha sublevado contra los ministros por la falta de dinero y alimentos; Osbert, Hecate y Kazmar se han gastado todos los recursos del palacio en ellos mismos y en procurarse una guardia pretoriana traída de Splotvia. Todos los rebeldes acaban en los calabozos, que ya se están saturando, y los ministros solo esperan que el Grifo vuelva con Rusty para ver si se calman los ánimos de la hambrienta población. 



Paralelamente, el Grifo se ha hecho con el mando del barco pirata, que cometió el error de rescatarlo a él y a sus ayudantes cuando los encontraron a la deriva tras el ataque del bandersnatch. Con la excepción del Sombrerero, que recibió una paliza por no cederle voluntariamente el cargo de capitán, la tripulación pirata no ha tenido ninguna dificultad en seguir a su nuevo líder, aunque les preocupa dirigirse a la isla del snark, y sospechan algo de los restos del aerodeslizador que el Grifo insistió en cargar a bordo.



En la isla del snark, el grupo de aventureros está intentando sobrevivir a la noche. Sin modo de volver al barco, su única opción es hacer señales de destellos a sus compañeros para que vengan a buscarlos, pero la espesa niebla que envuelve a la isla no se lo permite. Scarlett está poniendo al día a su padre de lo que ocurrió en su ausencia, pero el rey no le hace caso, se olvida constantemente de su nombre, y solo piensa en lo buen monarca que será Rusty de mayor. Durante la noche, el rey se levanta sonámbulo, y Scarlett coge a su hermano, más tres pares de gafas protectoras por si se encuentran al boojum, y sale a buscarlo. Por la mañana, la familia real no ha regresado, de modo que la Morsa, el Carpintero y el Pregonero salen a buscarla, mientras que el Carpintero y el Castor se quedan haciendo señales al barco. A la playa han llegado también el Grifo y los piratas, llevando consigo los restos del aerodeslizador. El Grifo pulsa un botón para casos de emergencia, y los fragmentos destrozados del parapente se transforman por arte de magia en un gigantesco Jabberwock robot. 



El ser mecánico, tripulado por el Grifo, atrapa con su cola al Pregonero y al Carpintero, pero la Morsa logra inutilizarlo clavándole un tenedor en los depósitos de vapor. Salen huyendo, y se reúnen con la familia real. Se dan cuenta entonces de que el Jabberwock robot ya no los persigue, y se acercan cautelosamente a ver qué ha pasado. Ven que junto al robot, ya inmóvil, solo han quedado los zapatos del Grifo y los gorros de sus ayudantes, lo que indica que se han encontrado con un boojum y se han volatilizado. 



Todos regresan al campamento de la noche anterior a replantearse su situación. Desde el barco no han visto sus señales y no han bajado a buscarlos, pero han encontrado la barca en la que el Grifo y los piratas llegaron a la isla, y cuando le hagan unas reparaciones, podrán volver ellos mismos al Old Gertrude. Sin embargo, Scarlett no quiere marcharse de la isla sin coger algo del enorme tesoro de la cueva: tras unas horas con su padre, ha comprendido que está incapacitado para dirigir su reino, y cree que la única manera de salvarlo es reuniendo todo el dinero posible. El Gato de Cheshire, en un traje de buzo completo con escafandra, llega a la isla y les da una lista de cosas necesarias para enfrentarse al snark; les dice, además, que no pueden reparar el bote con madera de los árboles de la isla, porque es demasiado pesada, y que hay otro bote en buenas condiciones... dentro de la guarida del snark. 



Decididos ya a volver a la cueva, en parte por los tesoros y en parte por la barca, reúnen las cosas de la lista: un dedal (Scarlett llevaba uno en el bolsillo, como Alicia tras la carrera loca); cuidado (el Pregonero tiene un frasco de medicina cuyas iniciales se leen C.A.R.E); esperanza (el Pregonero tiene un colgante con una figurita alegórica de la Esperanza); acciones del ferrocarril (la Morsa encontró unas entre los restos del Grifo); una sonrisa (los dientes postizos del Pregonero) y un tenedor (la Morsa siempre lleva uno atado a la punta de su paraguas). Les falta solo el jabón, del que no llevan encima ni un pedacito. El Gato les ha dicho que una de esas cosas - no sabe cuál - derrota fácilmente al snark, de modo que se arriesgan a entrar a la cueva esperando que no sea el jabón. 


De camino a la guardia del snark, se encuentran con el Panadero, que en efecto ha vuelto de su desaparición, veinte años antes, y se alegra de ver al Pregonero, al que encuentra muy envejecido. La Morsa se queda perplejo, porque él mismo había creído que su encuentro con el Jardinero había sido una historia que se había inventado, pero el Carpintero le confirma que ocurrió de verdad, solo que el Jardinero y él se pasaron la noche bebiendo y después lo recordó como un sueño o una fantasía. Se alegra mucho porque así ya no tiene que disculparse ante el Pregonero por haberle mentido. 


Mientras cruzan el puente colgante para acceder a la cueva del snark, Scarlett se queda paralizada en el centro, y la Morsa va a ayudarla; bajo el peso combinado de los dos, los tablones ceden, y se salvan por los pelos. Mientras, Rusty vuelve a entrar solo en la cueva, y de nuevo la Morsa le echa la bronca al rey, que no se preocupa por sus hijos. El rey acaba admitiendo que nunca en su vida ha hecho nada valiente ni sacrificado, porque siempre tenía criados, ministros, pajes y soldados que se ocupaban de ello, pero acaba poniéndose unas gafas protectoras y entrando a la cueva para buscar a Rusty, seguido por todos los demás. Por el camino, encuentran tirados por todas partes los esqueletos de anteriores aventureros. El Carpintero los registra hasta que encuentra jabón en uno de ellos, e improvisa una escopeta que dispara chorros de jabón. Llegan así a la cueva, donde el snark-boojum (en realidad una criatura con dos cabezas) está tumbado sobre su tesoro, y Rusty, como de costumbre, está jugando junto al monstruo. El rey organiza a su heterogéneo grupo: unos distraen y atacan a la criatura, otros recuperan el bote, y él va a salvar al niño. Todos cumplen más o menos su cometido, pero la Morsa se queda acorralado, y ha perdido sus gafas protectoras, lo que hace que el Carpintero y Scarlett vayan a ayudarlo. La Morsa consigue herir al monstruo clavándole su paraguas con el tenedor en la punta, pero la cabeza- boojum lo mira, y se desvanece. La princesa se ha dado cuenta de que el tenedor era lo único que ha logrado hacerle daño, así que le arroja el paraguas de la Morsa con todas sus fuerzas, y al clavárselo en el pecho, el monstruo estalla en miles de pedazos. 



Todos vuelven a la playa - entendemos que por la otra boca de la cueva, la de la "Prizón", ya que el puente por el que habían entrado había quedado completamente destruido - y embarcan de vuelta al Old Gertrude, pero el Carpintero decide quedarse en la isla esperando el regreso de la Morsa: si el Jardinero y el Panadero volvieron a aparecer veinte años después de que los volatilizara el boojum, la Morsa también volverá. 


Con el regreso del rey y un buen saco de oro al reino, la paz regresa también. Los traicioneros ministros son encerrados, se evita la guerra con Splotvia, y los ciudadanos vuelven a ser felices. El rey modifica las leyes para que sea Scarlett quien herede la corona, y veinte años más tarde es ella quien reina, mientras que Rusty queda rebajado a ser el consorte de una duquesa (o una condesa) del reino de Splotvia. En la isla, la Morsa reaparece, y vuelve a tratar como un trapo al Carpintero, quien lo ha estado esperado lealmente esos veinte años. 



Regresan al reino en una barca de construcción casera justo a tiempo de ver el desfile por la boda del príncipe Rusty con la duquesa (o la condesa). Se cruzan con la carroza de la reina, quien los mira sin reconocerlos. La Morsa se siente tan dolido que decide irse de inmediato a Splotvia. 



Tras unos minutos de pensárselo, Scarlett recuerda a la Morsa y baja corriendo de la carroza para ir a buscarlo. Por el camino, le cuenta apresuradamente a Rusty, quien ha ido tras ella, que en su infancia le habían hecho creer que cuando fue a rescatar a su padre sufrió un trauma y que la Morsa era un amigo imaginario que se hizo para superarlo, pero que ella siempre había sabido que lo conoció de verdad. No encuentra a la Morsa, pero, junto a la estatua que hizo levantar de él, sí encuentra el tenedor con el que mató al snark. Muy emocionada, regresa con Rusty al desfile. En la cabeza de la estatua está el Gato de Cheshire, lo que deja en el aire si ha sido él quien le ha cogido el tenedor a la Morsa y lo ha dejado ahí, o si solo ha supervisado que todo saliera como pretendía. 



La Morsa y el Carpintero embarcan en un crucero a Splotiva, robándoles los pasajes de primera clase a otras personas. Se encuentran también con una ostra solitaria que la Morsa piensa comerse, pero al final no puede hacerlo porque las aventuras de veinte años antes lo han convertido en "un hombre mejor". 


A diferencia de Wonderland, otra novela gráfica infantil ambientada en el País de las Maravillas, Snarked! obtuvo el prestigioso premio Will Eisner en 2012. Las reseñas y alabanzas suelen subrayar cómo la historia puede ser disfrutada por niños y adultos, con los primeros divirtiéndose con las muchas escenas de peleas, persecuciones y trompazos, y los segundos sonriendo ante los chistes más sutiles y las referencias a los libros de Carroll. Y en efecto es una obra que combina con bastante equilibrio la acción y los diálogos, de modo que ni una ni otros llegan a cansar. Los personajes son variados y coloridos, y aunque no se exploran todos los lugares que se prometían en el mapa del primer tomo, hay suficiente variedad de escenarios para proporcionar dinamismo a las aventuras de los personajes. El argumento resulta un poco cliché (unos protagonistas vagos y maleantes, pero con buen corazón en el fondo, se ven involucrados en una misión que aceptan de mala gana, con el único incentivo de una recompensa material, pero de la que salen enriquecidos como personas), pero, para un público infantil, sigue siendo efectivo. 


El principal defecto que veo en Snarked! es el tratamiento de los personajes. Al principio, los protagonistas parecen ser la Morsa y el Carpintero, pero progresivamente el "heroísmo" se va centrando en la Morsa, debido al afecto que desarrolla hacia Scarlett (el que, paralelamente, se va formando entre el Carpintero y Rusty, se ve en cada viñeta pero ni se menciona). La Morsa tiene algunos pocos momentos en que realmente ayuda a los demás y resulta útil, sobre todo en el primer tomo, cuando usa sus contactos y su labia para conseguir un barco y escapar del reino. Pero prevalecen más los momentos en que es mentiroso, egoísta e hipócrita, como cuando toda la tripulación del Old Gertrude es hecha prisionera por los piratas, y él se despreocupa totalmente, ya que tiene los mapas a la isla del snark, el barco y comida de sobra. Miente sin ningún empacho al Pregonero, dándole la esperanza de que el Panadero puede estar vivo, y cuando su historia resulta ser verdad, lo único que le alegra es lo bien que se ha librado. Su extraña "historia de amor" con el pingüino, del que ni siquiera se sabe si es macho o hembra, con el que no llega a cruzar ni una palabra, y que no vuelve a ser mencionado en absoluto en la tercera parte, parece un intento bastante chapucero de hacer que la Morsa no parezca "tan malo", pero realmente no consigue nada. Durante los tres tomos, y con solo un momento de gratitud, trata al Carpintero como basura, hablando siempre de él como un ser tosco y estúpido, no reconociendo su valentía, lealtad, capacidad resolutiva, e incluso superior inteligencia (habla el idioma de los pájaros caníbales, y da explicaciones acertadas sobre la física de la isla del snark, y apropiándose injustamente de sus méritos. Resulta muy frustrante llegar al final y ver que, veinte años después, la princesa Scarlett solo lo recuerda a él como su amigo y protector, y que tanto ella como Rusty (aunque en su caso es comprensible) se han olvidado por completo del Carpintero. 


Como ya comenté en el primer tomo, la segunda pareja protagonista, los príncipes, son muy poco creíbles. La princesa tiene ocho años pero piensa y se comporta como una adulta, además de tener habilidades físicas que no concuerdan con la de una niña tan pequeña; su hermanito, por el contrario, parece desarrollarse más lentamente de lo normal, ya que a los dos años no pronuncia una sola palabra articulada. El mismo Rusty, al igual que los dos secuaces del Grifo, no hace absolutamente nada que aporte a la historia en los tres tomos; solo hacer creer que se ha matado para que todos se queden trágicamente paralizados en una viñeta, y revele estar perfectamente bien en la siguiente. Esto pasa por lo menos cuatro veces, y deja de impactar desde la primera. Su padre, el rey Russell, resulta ser un perfecto inútil que abandona sin empacho su reino y a sus hijos, y a su regreso modifica las leyes para que Scarlett pueda reinar y quitarse esa responsabilidad de encima, indiferente al hecho de que su hijo Rusty ha de rebajarse al matrimonio con una mujer de la nobleza, no de la realeza, de la que ni siquiera se dice el nombre. Al final de la historia, aunque el reino está en paz y los habitantes parecen felices, ni Scarlett ni Rusty parecen serlo (la última frase de Scarlett es: "vamos, tenemos que casarte"). 


Todos los demás personajes que el autor coge prestados de los libros de Carroll no tienen nada, quitando su nombre y su aspecto, que recuerde a los originales. La tripulación del barco pirata, formada por el Sombrerero, el Conejo Blanco, la Liebre, Tweedledee y Tweedledum... no hacen nada característico. Podrían haber sido piratas normales y corrientes y no habría cambiado nada; es más, si los hubiera inventado el propio Langridge, seguramente habrían tenido más personalidad. Lo mismo ocurre con el Caballero Blanco o el Lagarto Bill, antiguos compañeros de celda de la Morsa: no hay nada especial en ellos por ser personajes carrollianos.  


Por último, hay varios fallos garrafales de continuidad y agujeros de guion que perjudican el conjunto de la obra. En el primer tomo, la Morsa lee en el periódico que el rey ha salido de viaje "y se espera que esté fuera tres meses", por lo que decide entrar a robar en el palacio, ya que habrá menos guardias; ese mismo día, cuando sale escaldado y sin botín, otro periódico informa de que el rey ya lleva fuera tres meses y se ha perdido el contacto con su barco. No hay ninguna explicación de por qué los ministros, si confían en el Grifo lo suficiente para darle otra oportunidad, le siguen proporcionando unos ayudantes totalmente inútiles, ya que se están gastando los recursos del reino en contratar soldados cualificados. No se dice en ningún momento qué ha pasado con el barco, la tripulación y la escolta con la que viajaba el rey antes de ser hecho prisionero en la isla del snark. Por mucha imaginación que le echemos, no podemos creernos que los restos destrozados de un aerodeslizador, básicamente un parapente, se transformen, pulsando un botón, en un robot de unos nueve metros de alto con depósitos de vapor completamente preparados y funcionando a pleno rendimiento. Al partir de la isla, el rey comenta que, como ya han matado al monstruo, podrán hacer todos los viajes necesarios para ir cogiendo el tesoro, pero después todo parece mostrar que el Carpintero ha estado esos veinte años completamente solo, esperando el regreso de la Morsa, y no menciona nada de que haya pasado un solo barco a llevarse sacos del tesoro. Tampoco sabemos cómo es que no reaparecen también el Grifo y sus ayudantes, ya que fueron volatilizados por el boojum unas horas antes de que lo fuera la Morsa. Y en las últimas páginas, las dos veces en que se menciona la boda de Rusty, una vez se dice que es con una duquesa, y la otra con una condesa. 


Como lectura, en fin, es generalmente entretenida, siempre que no se espere una aventura en que los personajes se enfrenten a auténticos desafíos, o en el que la mayoría de problemas no se resuelvan por pura suerte o casualidad. Los aficionados a Carroll deben tener en cuenta que los personajes tomados de sus obras se parecen solo en nombre y aspecto; las referencias a los libros, que son muy abundantes, están más en citas y detalles que en los personajes en sí. 


Los diferentes tomos se pueden leer gratuita y legalmente en algunas bibliotecas digitales como Open Library, previo registro. Para la edición física, el precio de venta original era de 14.99$ cada tomo; diez años después, el precio ya depende totalmente de la tienda que los ponga a la venta. 


Datos bibliográficos: 

Texto e ilustraciones de Roger Landridge.

Publicado el 5 de febrero de 2013.

ISBN: 9781608862955

Editorial Boom Entertainment, división KaBOOM!

112 páginas.

17 de noviembre de 2023

Snarked! de Roger Langridge (2011-13). Vol. II.

 



Este es un artículo dividido en tres partes. La primera parte consta de una presentación del autor y el primer volumen de Snarked!; la segunda, del segundo volumen de la obra; y la tercera, del tercer volumen y un comentario y conclusión.



El volumen II, que abarca los números del 5 al 8, se titula "Ships and Sealing Wax" ("Barcos y cera de sellos"), y comienza con los tres ministros reales yendo al calabozo del palacio para liberar al Grifo, a quien tienen entre grilletes desde que fue incapaz de cumplir su misión de recuperar a Rusty. Le dan una nueva oportunidad, y aunque el Grifo atribuye el fracaso del anterior intento a los dos secuaces inútiles que le asignaron, le vuelve a dar a los dos mismos individuos. Más tarde, va a visitar a un chivo, llamado Cube, al parecer un ingeniero aeronáutico, que le proporciona una especie de parapente a reacción y una flauta con la que puede invocar al bandersnatch, además de una barquita común y corriente para sus ayudantes.




En alta mar, la Morsa y el Carpintero, los príncipes y la tripulación se encuentran frustrados (y algunos, mareados) ante la falta de rumbo. El Gato de Cheshire se aparece de nuevo a la princesa y le dice que deben dirigirse a la isla del snark, y que no es que el mapa esté en blanco, sino que no lo saben leer. Aunque a la Morsa no le apetece dirigirse a una isla poblada de criaturas monstruosas, el Gato de Cheshire le convence de que hace años que no ha sido avistado allí ningún snark, y que, en cambio, hay fabulosos tesoros. La tripulación del barco cuesta más de convencer: ellos mismos eran cazadores de snarks antes de que uno de sus miembros, el Panadero, desapareciera sin dejar rastro, cuando el snark al que perseguían se reveló como un boojum. Aunque la caza de los snarks les daba mucho dinero, no quieren arriesgarse a perder a otro miembro. La Morsa interviene y les cuenta que hace años conoció a un Jardinero - el Jardinero Loco de Silvia y Bruno - que también vio una vez a un boojum, y en efecto desapareció... para volver a aparecer veinte años después, sin haber envejecido en absoluto. Les asegura que el Panadero también podría volver, y la tripulación, sin que se les ocurra por un momento que lo que les acaba de contar la Morsa es otra de sus muchas mentiras, accede a visitar la isla, por si hay alguna posibilidad de que su compañero regrese.



El barco es invadido por cocodrilos, pero logran expulsarlos e incluso capturar a uno enorme, que el Carnicero prepara para comer y conservar en sal para el resto del viaje. Mientras se dan un banquete, sufren un nuevo ataque, esta vez de un barco pirata con una tripulación compuesta por el Sombrerero, la Liebre, el Conejo Blanco, Humpty Dumpty, la Oruga y Tweedledee y Tweedledum, quienes le disparan al Lirón de un cañonazo.  



Los tripulantes del Old Gertrude deciden devolverles el proyectil y abordan el barco pirata, pero acaban siendo capturados y hechos prisioneros. La Morsa es el único que no ha participado en el combate: se ha desentendido de la suerte de sus compañeros, ha robado las cartas náuticas del Pregonero, y sigue atracándose de carne de cocodrilo, dispuesto a seguir el viaje él solo, ahora que tiene un mapa funcional. Pero cuando la princesa destruye ese mapa al lanzarle una flecha incendiaria desde la celda donde la tienen prisionera, la Morsa no tiene más remedio que rescatarlos. Se entrega al barco enemigo llevando una bandera blanca, y convence a los piratas de que todos los tripulantes y pasajeros del Old Getrude tienen la peste, por lo que los piratas los devuelven rápidamente a su barco y se alejan todo lo deprisa que pueden. 



La celebración del rescate no dura mucho: al darse cuenta de que no solo se han quemado sus mapas, sino que la Morsa se ha comido toda la carne de cocodrilo que tenían pensado salar y conservar para meses, el Pregonero mete a sus pasajeros en una barquita y los arroja al mar. Tras la desesperación inicial, el Carpintero se da cuenta de que el mapa en blanco de la princesa, al mojarse, ha revelado la ubicación de la isla del snark. Pero siguen sin tener instrumentos de navegación para establecer un rumbo ni un timón para mantenerlo. Sobreviven, con todo, a una tormenta en alta mar, y llegan a una paradisíaca isla tropical donde los nativos (aves de diferentes tipos, liderados por un supuesto Dodo) los colman de agasajos y los tratan a cuerpo de rey: según el Carpintero, el único que entiende su idioma, habían estado padeciendo una terrible sequía, y los consideran dioses al haber traído la lluvia de la noche anterior. 




La Morsa no tarda en decidir que van a quedarse allí, de modo que Scarlett decide volver a partir en la barca, llevándose el mapa, un saco de provisiones, y a Rusty. Mientras ella se encuentra con que la barca se ha hecho pedazos contra las rocas de la orilla, la Morsa y el Carpintero descubren que los nativos son caníbales que los han estado cuidando para luego hervirlos en la típica olla gigante: por lo que le explican al Carpintero, creen que al comérselos absorberán sus poderes de portadores de lluvia. La situación pinta muy mal, pero son rescatados sorpresivamente por la tripulación del snark, que ha ido a la isla en su busca. También los ayuda a escapar uno de los pájaros (aparentemente un pingüino, y de sexo incierto), que de repente, y sin haberse cruzado más que un par de miradas, se ha enamorado de la Morsa. 





De vuelta en el Old Gertrude, el Pregonero les dice que habían encontrado una botella flotante con un mensaje del rey Russell, en el que confirma que ha sido hecho prisionero en la isla del snark, y que ofrecerá una cuantiosa recompensa a quien lo libere. Ahora que saben cómo activar el mapa de la princesa, solo tienen que poner rumbo a la isla. Sin embargo, y a pesar de la excitación de saber que su padre sigue con vida, Scarlett le ofrece a la Morsa volver a la isla de los pájaros caníbales, porque - de alguna manera que no se explica - ha adivinado que la Morsa y el pingüino se han enamorado, y lo compara con el amor que su padre le tenía a su ya fallecida madre. La Morsa se lo agradece, pero cree que ese pájaro ya se habrá olvidado de él. 
En la última parte de este volumen, el Gato de Cheshire vuelve a aparecerse para entregarle a Scarlett una bolsa con gafas protectoras que necesitará si se enfrentan a un snark (a pesar de que, como la propia Scarlett le recuerda, él mismo les había dicho que ya no había snarks en la isla homónima). La Morsa está tumbado y deprimido por haberse separado del pingüino, acariciando y hablándole a un dibujo que ha hecho de él o ella, y lamentándose de que su vida de ladrón y estafador, aunque es la que ha elegido, a veces se vuelve solitaria. Mientras tanto, el Grifo, que había estado buscando a los fugitivos desde su parapente, baja hasta el Old Gertrude con una escalera de cuerda y usa la flauta para invocar al bandersnatch, aquí un enorme monstruo marino, que invade la cubierta. La Morsa se "enfrenta" al Grifo, fingiendo que se desmaya para que el Carpintero lo tumbe de un martillazo por la espalda. Le roban la flauta que invoca al bandersnatch y todas las demás pertenencias que tenía en los bolsillos, y suben a cubierta a enfrentarse al monstruo, pero resulta que este reconoce y obedece a la princesa Scarlett, y dice que no es agresivo, solo que tiene un dolor de muelas. 



El Carpintero se introduce en su boca y le quita un clavo que se le había encajado entre los dientes. El Grifo recupera el conocimiento y sube también a cubierta, pero el bandersnatch, con su cola, lo agarra y lo lanza a millas de distancia, para destrozar a continuación su aparato volador. El Grifo, y los restos del aerodeslizador, van a caer sobre la barquita de sus inútiles secuaces.
 
La princesa y el Carpintero se despiden del bandersnatch al tiempo que la tripulación avista la isla del snark, y la Morsa deja que la princesa lo considere un héroe por robarle la flauta al Grifo (aunque lo hizo por pura costumbre, y realmente ha sido el Carpintero quien los ha salvado, al noquear al Grifo y poner al bandersnatch de su parte) y se vuelve al camarote a decirle al dibujo de su "querido" pingüino que podía sentirse orgulloso de él. 

A pesar de toda la acción y aventuras, este volumen se hace aburrido, ya que la historia no progresa. Al principio se dirigen a la isla del snark, y terminan igual, dirigiéndose a la isla del snark; los sucesivos ataques de los cocodrilos, de los piratas y del Grifo con el bandersnatch no tienen ninguna consecuencia; la estancia en la isla de los pájaros caníbales solo sirve para que la Morsa se enamore de un pingüino que le da un masaje y así se "demuestre" que tiene un corazoncito bajo sus muchas y gruesas capas de egoísmo. Los personajes no aprenden nada; la Morsa sigue aprovechándose de todo y de todos, y no vacila en abandonar a su suerte al Carpintero cuando se le presenta la ocasión; el Carpintero demuestra valentía y astucia, además de conocimiento de idiomas, pero lo siguen tratando como un bobo; la princesa, que se comporta como una adulta, cada vez admira más a la Morsa, a pesar de que este no hace más que traicionarlos y apropiarse méritos que sabe perfectamente que no tiene; el niño Rusty no hace más que meterse en problemas y dar a entender que ha muerto para aparecer a la siguiente viñeta completamente ileso. 



Las dos apariciones del Gato de Cheshire me han molestado especialmente: en una sale disfrazado de mariachi, y en la otra de caballero del siglo XVIII con una peluca empolvada. Da la impresión de que el autor no ha sabido darle al personaje la consistencia suficiente para que sus intervenciones esporádicas sean interesantes y significativas, y por eso hace que cada vez tenga un aspecto ridículo que no se molesta en explicar. 






Por otra parte, se abusa un poco de la suerte de los protagonistas o de la estupidez de sus enemigos: los piratas no los desarman cuando los cogen prisioneros (encierran a Scarlett en un calabozo con un arco, flechas y material para encenderlas); los pájaros, cuando los persiguen, van todos por el mismo camino, en vez de aprovechar su superioridad numérica para separarse en dos grupos y acorralarlos; y el mismo Grifo, que se supone un cazarrecompensas profesional y meticuloso, decide invocar al bandersnatch sin tener ni idea de si va a obedecerle o no, en vez de usar sus armas y habilidad para reducirlos. Los dos secuaces del Grifo no hacen absolutamente nada en este tomo; a no ser que tengan alguna intervención en el tercero, no se entiende siquiera por qué lo acompañan.


Las dos últimas páginas ofrecen lo mejor de todo el tomo: un resumen del texto original de La caza del snark con algunas de las ilustraciones de Henry Holiday.




Ahora que ya tienen mapas y protección contra los snarks, y se han librado de tres grupos de enemigos distintos (cuatro, contando a los cocodrilos), y el autor ha embutido con calzador a casi todos los personajes de Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo, no debe de faltar mucho para que lleguen a la isla donde está prisionero el rey Russell y se encuentren con un snark, o tal vez un boojum.


Datos bibliográficos: 

Texto e ilustraciones de Roger Landridge.

Publicado en 2012.

ISBN: 9781608862764

Editorial Boom Entertainment.

112 páginas.

                                                          

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