30 de agosto de 2019

Jabberwocky (cuarta parte)


Jabberwock de Paul Elwin Rodgers (2013)

Cuarta parte. Traducción.

Esta es la cuarta y última parte del artículo. La primera trata sobre los orígenes del poema; la segunda, sobre sus interpretaciones, y la tercera, sobre las obras inspiradas en el poema o su criatura. 

Que “Jabberwocky” iba a ser conocido fuera de los sobrios márgenes del “cuarteto de poesía anglosajona” para el que fue concebido fue algo que estuvo claro desde la publicación de A través del espejo en 1871. Pocas semanas después, ya había tres traducciones al latín: una de Augustus A. Vansittart, del Trinity College de Cambridge (“Mors Iabrochii”); otra del tío paterno de Charles Dodgson, Hassard Hume Dodgson (“Gaberbocchus”); y una tercera de un misterioso autor anónimo (“Gabrobocchia”). Los latinistas, los curiosos y los latinistas curiosos pueden disfrutarlas aquí. Al año siguiente, Robert Scott, un prominente lingüista especializado en griego antiguo, publicó un falso artículo filológico en que denunciaba que “Jabberwocky” era una simple traducción de una antigua balada alemana. Como “prueba” adjuntaba, por supuesto, la reproducción de dicha balada, que constituye la primera traducción al alemán: “Der Jammerwock”.

En su Alicia anotada: la edición definitiva, del año 2000, Martin Gardner calcula en cincuenta los diferentes idiomas a los que se ha traducido “Jabberwocky”. Casi veinte años más tarde, Wikipedia eleva esta cifra a sesenta y cinco. Teniendo en cuenta que muchos de estos idiomas tienen más de una versión (solo en castellano hay unas quince), y que algunos como el chino o el hindú tienen versiones para sus diferentes dialectos, el total de traducciones sobrepasa holgadamente el centenar. Como hemos visto, hay traducciones a lenguas “muertas” como el latín y el griego antiguo, a lenguas muy vivas como los lenguajes de signos británico y estadounidense, y a lenguas de vitalidad cuestionable como el esperanto. Y si alguien se lo pregunta, la respuesta es sí: se ha empezado una traducción al klingon.

La primera versión en castellano la debemos a Marià Manent y a la editorial Juventud, en 1944. Juan Gabriel López Guix, de la Universidad Complutense, hace notar que este primer traductor no tuvo acceso a los comentarios sobre el poema que aparecen desperdigados en cartas de Lewis Carroll, por lo que su traducción se realizó sobre el texto sin ningún trabajo bibliográfico de fondo.

El Dragobán

Llegaba ya el hervín. Blendes casquines
huldaban y jarcían en el gardo.
Calígonos estaban los cibines
y venía el verdal con paso tardo.

¡Hijo mío, cuidado! ¡El Dragobán!
¡Esas fauces y garras espantosas!
¡El pájaro Yubyub! ¡Oído!
¡Van por el bosque Negras Mariposas!

Mas la espada de bronce él empuñó
y buscó al enemigo largamente;
bajo el árbol Tuntún se cobijó
y, pensando, frunció la tersa frente.

Y mientras meditaba, el Dragobán
llegó, con ojos de terribles llamas,
lanzando vaharadas de alquitrán,
de azufre y de betún, bajo las ramas.

Pero ¡zis, zas! ¡zis, zas! el bronce duro
carne y huesos destroza a su sabor.
Bien muerto lo dejó, y, con su cabeza,
traspuso galopando el negro alcor.

¿Has muerto al Dragobán? ¡Ven a mis brazos,
oh doncel de cien glorias! ¡Ven a mí!
¡Día feliz! ¡Ohé! ¡No más zarpazos!
Y de alborozo casi enloquecí.

Llegaba ya el hervín. Blendes casquines
huldaban y jarcían en el gardo.
Calígonos estaban los cibines
y venía el verdal con paso tardo.

Una de las más conocidas en castellano, debido a su calidad y a sus consecuentes múltiples reimpresiones, es la de Jaime de Ojeda, uno de los más destacados traductores de los libros de Alicia. Fue publicada en la edición de Alianza de A través del espejo en 1973.

El Galimatazo

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.

¡Cuídate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo
y que no te agarre el frumioso Zamarrajo!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando...

Y así, mientras cavilaba firsuto.
¡¡Hete al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!

¡Zis, zas y zas! Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!

¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.

Pero brumeaba ya negro el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas necrofaba...

Se observa en esta traducción que las dos primeras estrofas (y en consecuencia la última) se han extendido a cinco versos, y que se han utilizado dos verbos distintos, “murgiflaba” y “necrofaba”, para outgrabe. Es algo arbitraria, pero una de las más ricas desde el punto de vista literario.

Mi favorita, posiblemente por ser la primera que leí y aprendí, y por la sonoridad del nombre de la criatura, es otra de las más reproducidas. Tiene claras influencias de la de Ojeda (“váparas”) y a su vez ha sido imitada sin reparos por traductores posteriores:  es la de Emilio Pascual, de la editorial Edival-Ortells, en 1977.

El Fablistanón

Asurraba. Los viscovivos toves
tadralando en las váparas ruetaban;
misébiles estaban los borgoves,
mientras los verdos momios bratchilbaban.

¡Cuidado, hijo, con el Fablistanón!
¡Con sus dientes y garras muerde, apresa!
¡Cuidado con el pájaro Sonsón
y rehúye al frumioso Magnapresa!

Blandiendo su montante vorpalino,
al monstruo largo tiempo persiguió…
Bajo el árbol Tumtum luego se vino
y un rato cavilando se quedó.

Y estando en su aviesal cavilación
llegó el Fablistanón, ojo flagrante,
tufando por el bosque fosfuscón,
y se acercó veloz y burbujante.

¡Un, dos! De parte a parte le atraviesa
varias veces el vorpalino acero.
Y, muerto el monstruo, izando su cabeza,
regresó galofando muy ligero.

¿De verdad al Fablistanón has muerto?
¡Ven que te abrace, niño radioroso!
¡Hurra, hurra! ¡Qué día ristolerto!,
risotó carcajante y jubiloso.

Asurraba. Los viscovivos toves
tadralando en las váparas ruetaban;
misébiles estaban los borgoves,
mientras los verdos momios bratchilbaban.

Finalmente, y aunque no se trata de una de mis traducciones favoritas, dejo aquí una de las más recientes y originales: la de Andrés Erenhaus para la editorial valenciana Media Vaca en 2013. Aunque está bien construida lingüísticamente, el conjunto no me parece demasiado atractivo… excepto por el logro inigualable de llamar al Bandersnatch nada menos que Baitezampa. Sublime.

Jabierloqui

Fritarde, cuando el fángil dongo
regila y hurza en la porlapa,
mindebles van los gorobobos
y el pigorrante achala.

“Vigila, m’hijo, al Jabierloqui!
¡Que no te muerda con sus zarpas!
¡Evita al pájaro Yoyobi
y al furbio Baitezampa!”

Él empuñó su espada albosa
y en busca fue del vilenemigo;
al pie de un Árbongo reposa
y aguarda pensativo.

Estando en frondos pensamientos,
el Jabierloqui dejó el bosco
con malhodor, echando averno
y espurnas por los ojos.

¡Uno y dos! ¡Uno y dos! ¡Y tris tros!
La albosa espada entraba, entraba.
Lo remató y cabalganó
con la cabeza a casa.

“¿Has muerto al Jabierloqui, m’hijo?
¡Ven a mis brazos, muchachombre!
¡Feliciloor! ¡Albricia, albricio!,
exclamoteó de goce.

Fritarde, cuando el fángil dongo
regila y hurza en la porlapa,
mindebles van los gorobobos
y el pigorrante achala.


Para una muestra más amplia de las versiones en castellano del “Jabberwocky”, y un riguroso análisis linguïstico de cada una, no puedo sino remitir al brillante artículo del traductor Juan Gabriel López Guix. Existen en internet varios índices sobre las traducciones a otras lenguas, y la entrada de Wikipedia ofrece ejemplos de la primera estrofa en veintiún idiomas. Una búsqueda en cualquier canal de vídeos ofrece diferentes versiones del poema en lengua de signos estadounidense. Las opciones para disfrutar este poema son innumerables.

Pero yo les animo, querida lectora, querido lector, a emprender su propia versión del “Jabberwocky”. Que no les arredre el hecho de que los mejores nombres ya estén cogidos, ¿quién les dice que no pueden ponerse a la altura del Jerigóndor o el Parlotropello? La lengua nos regala recursos infinitos; aprovéchenlos. Traduzcan, adapten, parodien el poema, chapoteen en él como cachorros en un charco. Estoy bastante segura de que Carroll no nos dio a su criatura para que la miráramos de lejos con reverencia o colgáramos su cabeza de la pared, sino para que nos lo pasáramos pipa jugando y revolcándonos en el suelo con ella. 

Fuentes:

CARROLL, Lewis; GARDNER, Martin (ed.). The Annotated Alice, Penguin, Londres, 2001.

Jabberwocky index, de Karl Lueck, una página de recetas que, incidentalmente, incluye el índice más completo y actualizado de traducciones y parodias que he visto en Internet.

Jabberwocky variations, de Keith Lim, índice de traducciones y material relacionado, desgraciadamente abandonado desde hace once años.

LÓPEZ GUIX, Gabriel, Doce versiones del «Jabberwocky» de Lewis Carroll: una propuesta de valoración poética”, Ediciones Complutense, Madrid, 2017.

SCOTT, Robert. “The Jabberwock Traced to Its True Source”, MacMillan's Magazine, febrero de 1872.

21 de agosto de 2019

Jabberwocky (tercera parte)


El Jabberwock de Mervyn Peake (1946)

Tercera parte. Legado.

Ésta es la tercera parte de un artículo dividido en cuatro. La primera trata sobre los orígenes del poema, y la segunda, sobre sus interpretaciones. La cuarta recoge varias versiones en castellano.

El poema recibió una gran acogida desde la publicación de A través del espejo en 1871, entendido como una parodia de la poesía pedante y pretenciosa, del estilo pomposo de los profesores y literatos de Oxford, y de los críticos literarios que analizan los textos palabra por palabra ignorando el conjunto. Sin embargo, lo que se consideraba un ejemplo de cómo no escribir poesía se trasladó muy pronto a las propias aulas como sujeto de estudio y de crítica como poema serio. La misma estructura del texto, y sus famosos primeros versos, se adaptaron pronto como base para construir parodias y burlas sobre otros temas, en las que el autor sustituye las palabras nuevas de Carroll por otras relativas al asunto del que se burla o critica, siendo habitual en la sátira política. Varias de estas parodias se pueden leer aquí, y otras muchas aquí.

La fenomenal criatura que protagoniza “Jabberwocky” es en la actualidad uno de los personajes más recordados del libro, hecho al que sin lugar a dudas contribuyó la magnífica ilustración de John Tenniel… la cual estuvo a punto de no ver nunca la luz. En una carta fechada el 15 de febrero de 1871, Carroll se dirigió a la esposa de un clérigo de Yorkshire, a cuyos hijos había fotografiado varios años antes, remitiéndole el dibujo del Jabberwock, que debía ser el frontispicio del libro. En la carta manifestaba su preocupación porque otras personas le habían dicho que el Jabberwock era “un monstruo demasiado terrible”, y que probablemente asustaría “a niños nerviosos e imaginativos”. Carroll le solicitó a esta madre - y a varias otras, a quienes escribió la misma carta – que mostrara el dibujo “a cuantos niños considerara apropiado” y le aconsejara si la mejor opción sería dejar la ilustración como frontispicio, moverla al lugar del libro al que correspondía, o retirarla por completo de la obra. Por fortuna, la mayoría de madres juzgó sabiamente que el dibujo debía permanecer en el libro, si bien no en las primeras páginas, y así se quedó al final del primer capítulo, acompañando al poema.

Pero no debía de dar tanto miedo cuando pasó tan rápidamente a la cultura popular, con la fuerza de cualquier criatura mitológica. Además de todas las interpretaciones artísticas a las que ha dado lugar (aunque son pocas las que se desvían de la forma de dragón que Tenniel hizo canónica), es en la música donde encontramos la mayor cantidad de obras que aluden al Jabberwock o se inspiran en él.  La era psicodélica y su interés por los libros de Alicia nos dio, entre otras, las canciones “Jabberwock” del grupo Boeing Duveen & The Beautiful Soup (1968); “Jabberwock Song”, de Essra Mohawk (1970); o “Jabberwocky” de Donovan (1971); más adelante aparecería también “The Jabberwock”, del dúo Anderson & Brown (1991). A la década de los 70  pertenece asimismo el musical Jabberwock (1973), escrito y compuesto por Andrew Kay, Malcolm Middleton y Peter Philips, estudiantes en aquel entonces de la universidad de Sydney. Se representó por temporadas en Sydney, Perth y Adelaida entre 1973 y 1978, y aparentemente en la actualidad es un título de referencia en grupos teatrales amateurs y de instituto, pero por lo visto nunca se ha llevado fuera de Australia. El temible ser está también presente en la música clásica: la pieza central de la suite A través del espejo (1919) del compositor estadounidense Deems Taylor narra musicalmente la batalla del joven contra el Jabberwock.

En el cine, por el contrario, nuestro Jerigóndor no ha tenido tantas apariciones, por tres motivos no achacables a su innegable atractivo: el hecho de que hay muy pocas adaptaciones completas de A través del espejo (el libro suele quedar reducido a unas escenas y personajes insertados en las producciones de Alicia en el País de las Maravillas); el que la lectura del poema no se incluya en las adaptaciones completas; y la obvia dificultad que suponía realizar un monstruo impresionante en la época en que los efectos especiales eran difíciles y costosos. Curiosamente, la única versión de A través del espejo en la que el Jabberwock no solo aparece sino que tiene un papel prominente, es el musical de Alan Handley de 1966, que es a su vez la adaptación que menos se parece al texto original. 

Jack Palance como el Jabberwock

Por lo demás, es el concepto del Jabberwock y su irresistible nombre lo que suele mostrarse, de manera de manera muy tangencial, en el cine. En las películas Jabberwocky (1977, conocida en España como La bestia del reino), de Terry Gilliam, y Jabberwock (2011), de Steven R. Monroe, aparece un dragón que recibe este nombre, pero ambos filmes se desarrollan en un entorno medieval genérico no relacionado con los libros de Alicia. La no estrenada Jabberwocky Rise (2015), de Philip Shaw, incluía la lectura del poema al principio y contaba con varios personajes inspirados en A través del espejo, pero aparentemente se quedó en fase de producción. Asimismo, el corto Jabberwocky (1971) de Jan Svankmaier también comienza con la lectura del poema, pero las imágenes no guardan absolutamente ninguna relación con el texto ni con nada de Alicia, y no recomiendo verlo a la gente fácilmente impresionable o que no conozca previamente el estilo de este cineasta. 

Muy lamentablemente, ni “Jabberwocky” como poema ni el Jabberwock como personaje llegaron a aparecer en la versión de Walt Disney de 1951. Llegó a existir arte conceptual para la criatura, un ser simpático y amistoso que ayudaba a Alicia a orientarse en el País de las Maravillas, pero se descartó por diferentes motivos. Para suplir en parte su presencia, se escribió una canción con la letra del poema que debía cantar el Gato de Cheshire, pero esta idea también hubo de ser desestimada; como sabemos, lo único que queda de ella es unos pocos versos sueltos. 

Podría haber sido...

El Jabberwock más cercano al del texto original es, por suerte o por desgracia, el que aparece al final de Alicia en el País de las Maravillas (2010) de Tim Burton: un dragón bajo las órdenes de la Reina Roja al que Alicia, quien toma el papel del muchacho sin nombre del poema, decapita sin contemplaciones al final de la película. 

Sin embargo, a esta producción debemos el privilegio de que, en uno de sus actos promocionales, el poema fuera leído por nada menos que Christopher Lee. Una lectura que se disputa el primer puesto con otra de mis favoritas, con la que termino este artículo. No tengo los derechos, pero no puedo resistirme. 

Episodio 506 de The Muppet Show, 1980.

Fuentes:
CARROLL, Lewis; GRAY, Donald J. (ed.), Alice in Wonderland. W.W. Norton, Nueva York, 1971. 

Interlude

Jabberwocky index, de Karl Lueck, una página de recetas que, incidentalmente, incluye el índice más completo y actualizado de traducciones y parodias que he visto en Internet.

Jabberwocky variations, de Keith Lim, índice de traducciones y material relacionado, desgraciadamente abandonado desde hace once años.


5 de agosto de 2019

Jabberwocky (segunda parte)


Segunda parte. Interpretación.

El Jabberwock de Peter Newell (1902)


Ésta es la segunda parte de un artículo dividido en cuatro. La primera trata sobre los orígenes del poema; la tercera, sobre la recepción y el legado de la obra; y la cuarta, sobre la traducción y las versiones en castellano.

“Jabberwocky” es un poema muy breve, de solo siete estrofas, que en realidad son seis porque la primera y la última son la misma. Aparecen dos personajes presuntamente humanos, padre e hijo, y una gran variedad de criaturas salvajes, entre las que destacan, por su ferocidad, el Bandersnatch (Magnapresa, Zamarrajo, Zumbabadanas), el JubJub (Jubo-Jubo, Rapiña, Yubyub) y por supuesto el Jabberwock (Fablistanón, entre otros mencionados en este artículo). Nada se sabe de estas fieras: solo se indica que el Jubjub es un pájaro y que el Jabberwock tiene “dientes y garras” y unos “ojos llameantes”.

Tras su primera y única lectura del poema, Alicia tiene claro que “alguien ha matado a algo”, y desde luego no va desencaminada. La primera estrofa es la presentación de un bosque tranquilo a la caída de la tarde, donde los animales que lo habitan se dedican a sus actividades habituales, como tadralar o bratchilbar. La segunda estrofa es la advertencia de un padre a su hijo sobre la peligrosidad de los terribles Jabberwock, Magnapresa y Jubjub. Desoyendo los ruegos paternos, en la tercera estrofa el hijo empuña un arma (espada vorpal o vorpalina en la mayoría de traducciones) y sale en busca de la aterradora criatura. No encontrándola, se detiene bajo un árbol a meditar su siguiente movimiento. Sin embargo, en la cuarta estrofa es el Jabberwock quien lo encuentra y se lanza contra él. El combate se despacha presto en la quinta estrofa: el caballero decapita al Jabberwock y regresa con su cabeza, galopando y triunfando, o galofando. La sexta estrofa es la celebración del padre que vuelve a ver a su hijo vivo y victorioso, y la séptima, en fin, es la repetición de la primera, en que el bosque vuelve a la calma después del conflicto.

Para Martin Gardner, pocos se atreverían a discutir que “Jabberwocky” es el mayor poema absurdo de la literatura inglesa. Él mismo lo compara con un cuadro surrealista, en el cual, en vez de imitar fielmente la realidad como haría un pintor figurativo, el artista retoza con la pintura tanto como quiere: “Las palabras que [Carroll] utiliza pueden sugerir vagos significados, como un ojo aquí y un pie allá en un cuadro de Picasso, o puede que no signifiquen nada: que solamente sean un juego de sonidos agradables, como un juego de colores no objetivos en un lienzo”. Esta teoría según la que el poema intenta sugerir más que indicar se correspondería con la reacción de la propia Alicia al leerlo: “Parece que me llena la cabeza de ideas, ¡pero no sé exactamente cuáles!”.

Según Ramón Garrido, editor de los libros de Alicia para Cátedra, este “ingenuo” comentario de Alicia “es más inteligente que el de muchos especialistas”, ya que define lo absurdo como una falsa pretensión de significado, y porque no pierde el tiempo en una “pormenorizada interpretación” de unas palabras que no se prestan a ello. El “Jabberwocky”, por tanto, no puede analizarse: simplemente leerse y, como diría el Caballero Blanco, disfrutarse… o no disfrutarse.  

Sin embargo, para expertos semiólogos como Mr. Adam Rose, de la Universidad de Chicago, y Humpty Dumpty, del Muro de Ladrillos, el texto no tiene nada de absurdo: es un poema épico breve y directo en que un héroe vence a un monstruo y regresa triunfante entre el clamor de los suyos. La dificultad que entraña no está en el sentido sino en el significado: Alicia no sabe lo que son las váparas o los borgoves, como en su primera aventura no sabía lo que eran la latitud y la longitud, aunque conociera las palabras. Dicho de otro modo, si el poema parece absurdo – a ella y a los lectores – no es por una falta de sentido, sino por nuestra propia escasez de vocabulario, justificable en una niña de siete años y medio, pero vergonzosa en un lector adulto.

Así pues, la lógica interna del poema y la gramática impecable no dejan lugar a dudas: sabemos que alguien ha matado a algo; sabemos que el “algo” es una criatura peligrosa y que el “alguien”, ya que empuña un arma, tiene dedos suficientemente prensiles para permitirnos suponer que es un ser humano. Ahora bien, el resto del poema depende totalmente de la imaginación del lector, y no solo por las palabras que no llega a explicarnos Humpty Dumpty. ¿Qué son todas las demás criaturas que se mencionan?  ¿Dónde tiene lugar el combate? ¿Qué clase de monstruo es el Jabberwock? ¿Quién forjó la espada vorpalina? Y sobre todo, ¿por qué ese alguien mata a ese algo? ¿Porque es una amenaza real para otras personas, o solamente para probar su valía como caballero? ¿Era una prueba de fuerza, un rito de madurez, un capricho de joven noble ocioso? ¿Es el Jabberwock un ejemplar único o uno de muchos? Como le sucede a la propia Alicia, nos hacemos muchas preguntas, y es propio de Carroll el dejarnos sin respuestas. De modo que para algunos el Jabberwock es un dragón escamoso y alado de la tradición medieval, para otros un ave gigantesca, y para otros una criatura que parece haber brotado de la tierra… mientras que para otros, el muchacho que se enfrenta a él ni siquiera es humano, o la espada vorpalina es un sacacorchos con el que difícilmente podría decapitarse a nadie.

En la siguiente parte veremos algunas de las obras que han sido inspiradas, con mayor o menor fidelidad y éxito, por este breve y enjundioso cantar de gesta.

Fuentes:

CARROLL, Lewis. Through the Looking Glass, and what Alice found there. Puffin Books, Londres, 1984.

CARROLL, Lewis; BUCKLEY, Ramón (trad.); GARRIDO, Ramón (ed.). Alicia en el País de las Maravillas. A través del espejo, Cátedra, Madrid, 2001.

CARROLL, Lewis; GARDNER, Martin (ed.). The Annotated Alice, Penguin, Londres, 2001.

ROSE, Adam. “Lewis Carroll’s ‘Jabberwocky’: non-sense not nonsense”, Universidad de Chicago, Chicago, 1995.

1 de agosto de 2019

Jabberwocky (primera parte)


Primera parte. Orígenes.

El Jabberwock de John Tenniel (1871)


Ésta es la primera parte de un artículo dividido en cuatro. La segunda trata sobre la interpretación del poema; la tercera, sobre su recepción y legado; y la cuarta, sobre la traducción y las versiones en castellano.

“Jabberwocky” (traducido al castellano como “Galimatazo”, “Fablistanón”, “Dragobán”, “Guirigayero” o “Jerigóndor”, entre muchos otros) es un poema absurdo de Lewis Carroll que forma parte del libro A través del Espejo, y lo que Alicia encontró al otro lado, de 1871. Por sus excepcionales características, sin embargo, es habitual que el texto se reproduzca, se estudie y se traduzca de manera independiente respecto al resto de la novela.

Aunque en las traducciones ambos nombres suelen coincidir, tengamos en cuenta, respecto al texto original, que “Jabberwocky” es el título del poema, mientras que el Jabberwock es la criatura monstruosa que en él aparece.

El texto se encuentra al final del primer capítulo del libro, llamado “La casa del espejo”. Alicia ha cruzado el espejo que cuelga sobre la chimenea de la sala de estar y se encuentra en una habitación en la que los cuadros parecen vivos y las piezas de ajedrez hablan y pasean cogidas del brazo. Hay un libro encima de la mesa, y Alicia lo hojea, creyendo al principio que está escrito en un idioma incomprensible; pronto se da cuenta de que la escritura está invertida, y que debe colocarlo enfrente de un espejo para leerlo con comodidad. El texto, que ofrezco aquí en la traducción de Emilio Pascual de 1977, es el siguiente: 


EL FABLISTANÓN

Asurraba. Los viscovivos toves
tadralando en las váparas ruetaban;
misébiles estaban los borgoves,
mientras los verdos momios bratchilbaban.

¡Cuidado, hijo, con el Fablistanón!
¡Con sus dientes y garras muerde, apresa!
¡Cuidado con el pájaro Sonsón
y rehúye al frumioso Magnapresa!

Blandiendo su montante vorpalino,
al monstruo largo tiempo persiguió…
Bajo el árbol Tumtum luego se vino
y un rato cavilando se quedó.

Y estando en su aviesal cavilación
llegó el Fablistanón, ojo flagrante,
tufando por el bosque fosfuscón,
y se acercó veloz y burbujante.

¡Un, dos! De parte a parte le atraviesa
varias veces el vorpalino acero.
Y, muerto el monstruo, izando su cabeza,
regresó galofando muy ligero.

¿De verdad al Fablistanón has muerto?
¡Ven que te abrace, niño radioroso!
¡Hurra, hurra! ¡Qué día ristolerto!,
risotó carcajante y jubiloso.

Asurraba. Los viscovivos toves
tadralando en las váparas ruetaban;
misébiles estaban los borgoves,
mientras los verdos momios bratchilbaban.

Después de leerlo, Alicia considera que es “muy bonito”, pero realmente no ha entendido nada:  lo único que le ha quedado claro es que “alguien ha matado a algo”. Por suerte para ella y para todos los lectores, unos capítulos más tarde Humpty Dumpty arrojará algo de luz sobre el texto, explicándole el significado de las “palabras difíciles” de la primera estrofa. 

La idea original de “Jabberwocky” es muy anterior a A través del espejo. En 1855, cuando aún no utilizaba el pseudónimo Lewis Carroll, Charles Dodgson fue a pasar unas vacaciones en casa de su padre en Croft-on-Tees, y escribió algunos poemas paródicos y humorísticos para la que sería la última de las revistas familiares con las que, desde su infancia, solía entretener a sus hermanos menores: Mischmasch (Cajón de sastre). Entre estos poemas se encontraba una estrofa titulada “Cuarteto de poesía anglosajona” que efectivamente imitaba un poema épico con estilo arcaizante (como utilizar ye en lugar de the).  Esta fue la primera estrofa del que años más tarde extendería hasta convertir en el poema “Jabberwocky”.  

Twas bryllig, and ye slithy toves
did gyre and gymble in ye wabe:
all mimsy were ye borogoves;
and ye mome raths outgrabe.

La estrofa incluye una explicación de las once palabras-maleta que aparecen en ella. Curiosamente, Carroll cambiaría algunas de estas explicaciones en el capítulo de Humpty Dumpty: cuando completó el poema, mantuvo igual la primera estrofa (solamente retiró el arcaico ye), pero alteró el significado de varias palabras. Por ejemplo: tanto en Cajón de Sastre como en A través del espejo se indica que bryllig viene de broil (“cocer, hervir”), y que se refiere a esa hora de la tarde en que uno comienza a preparar la cena; Humpty Dumpty concreta que son las cuatro de la tarde. Del mismo modo, en ambos textos se dice que slithy es una mezcla de lithe (“pequeño, ligero”) y slimy (“viscoso”). Por el contrario, en Cajón de Sastre se dice que el verbo gyre proviene de giaour, una difícil palabra que, en la religión islámica, significa “infiel, hereje” y también “perro” como insulto; Dodgson cogió el significado de “perro” literalmente para definir el verbo como “escarbar la tierra como un perro hace con las patas”. Humpty Dumpty, sin embargo, simplifica la etimología diciendo que viene de gyroscope (“giroscopio”) y significa “dar vueltas, girar”.

En varias ocasiones, Carroll ofrecería algunas notas sobre el significado y pronunciación de algunas palabras-maleta de resto del poema. En el mismo prefacio de A través del espejo ya explicaba cómo debían leerse las “nuevas palabras” slithy, gyre, gimble y rath. En el prólogo a La caza del snark, en 1876, comentaba el adjetivo frumious, e indicaba la correcta pronunciación de slithy, toves y borogoves. En una carta dirigida a su niña-amiga Maud Standen, en 1877, explicaría las palabras uffish y burble.  Y en 1883, respondiendo a la solicitud de unas estudiantes de latín de Boston que le pidieron permiso para llamar The Jabberwock a la revista de su colegio, habló del origen del nombre del monstruo. Pero nunca elaboraría una lista completa de todos los significados de las palabras-maleta, dejando sus posibles interpretaciones para el goce y disfrute de lingüistas y lectores de todas las generaciones por venir. 

En la siguiente parte veremos algunos análisis críticos del contenido del poema.

Fuentes: 

CARROLL, Lewis. Through the Looking Glass, and what Alice found there. Puffin Books, Londres, 1984.

CARROLL, Lewis; GONZÁLEZ ÁLVARO, Juan (trad.). A través del espejo, y lo que Alicia encontró al otro lado. Ediciones Gaviota, Madrid, 1990.

CARROLL, Lewis; SÁNCHEZ-RODRIGO, Carlos Miguel (trad. y ed.). El paraguas de la rectoría. Cajón de sastre. Ediciones del Cotal S.A., Barcelona, 1980. 

COLLINGWOOD, Stuart Dodgson. “Before Alice: The Boyhood of Lewis Carroll”, en The Strand Magazine, Londres, 1899, p. 616. 
                                       -  The life and letters of Lewis Carroll, T. Fisher Unwin, Londres, 1898.




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