Mostrando entradas con la etiqueta Miscelánea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miscelánea. Mostrar todas las entradas

23 de abril de 2026

Día del Libro 2026


Niña leyendo Alicia en el País de las Maravillas. 
Óleo sobre lienzo de Gilbert Holiday, 1921.


Feliz Día del Libro a lectores, bibliófilos, ratones de biblioteca y Alicias de todo el mundo.

5 de abril de 2026

Domingo de Pascua 2026

 

Portada del suplemento dominical del periódico 
Los Angeles Examiner, 25 de marzo de 1951.
Ilustración de Hank Porter.



Tanto si pintamos huevos como si hacemos otras manualidades, recogemos Aleluyas, vemos películas religiosas o nos ponemos morados a chocolate, ¡feliz Domingo de Resurrección!


25 de diciembre de 2024

Sexto cumpleaños de Estudios Carrollianos.

 


Tarjeta de la compañía inglesa Valentine's Greeting Cards. Años 60.



Muchas gracias, queridas lectoras, estimados lectores, por acompañarnos otro año en este viaje de locura y descubrimiento que es el estudio de la obra de Lewis Carroll. Pidamos al Año Nuevo más tiempo para leer y ver todo lo que podamos, porque el material, ya lo sabemos, es inagotable... tanto como las ganas de disfrutarlo.


Irene Martínez


31 de marzo de 2024

Domingo de Pascua 2024



"Alimentando a los conejos", también conocido como "Alicia en el País de las Maravillas" (circa 1904).
Del pintor británico Frederick Morgan (1847 -1927). 




Feliz Domingo de Resurrección, Aleluyas y/o búsqueda de huevos de chocolate. ¡Que lo disfrutéis mucho, sea cual sea vuestro plan!


25 de diciembre de 2023

Quinto cumpleaños de Estudios Carrollianos

 

Felicitación para el cumpleaños de una nieta 
de Fairfield Greetings Cards, circa 1950.



Un año más agradezco a mis lectores la fidelidad y la paciencia con que siguen este viaje de descubrimiento. Felices fiestas a todos, y por muchos años más de leer, aprender y disfrutar.


Irene Martínez.

16 de julio de 2023

Descanse en paz, Francisco Ibáñez

 

Fotografía de Mané Espinosa para La Vanguardia.


Siendo este un blog dedicado en exclusiva a Lewis Carroll, tengo por norma no incluir artículos sobre temas no relacionados con él, por mucho que me interesen o incluso me apasionen. He decidido, sin embargo, que si hay un solo autor que merezca una excepción a esa norma, ha de ser el historietista español Francisco Ibáñez Talavera, fallecido ayer, 15 de julio de 2023, a la edad de 87 años.


Y la razón por la que debo rendir un homenaje a Ibáñez en mi blog, aunque no recuerde ninguna de sus viñetas en que se refiera a las obras de Carroll, es porque antes de que yo leyera por primera vez Alicia en el País de las Maravillas, a los siete años y medio, ya había devorado cientos y cientos de páginas de Mortadelo y Filemón, El botones Sacarino, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, y 13, Rue del Percebe. Antes de que viera la serie de Nippon Animation, o la versión de Walt Disney, ya había visto hasta aprenderme de memoria, grabados en cintas VHS, los veintitrés episodios de la serie de Mortadelo y Filemón de Estudios Vara, más el especial, ¡y qué especial!, El armario del tiempo. Y del mismo modo, antes de aprender las "palabras difíciles" del poema "Jabberwocky" (y otras menos difíciles, pero que a los siete años son poco usuales, como "lacayo con librea"), ya había aprendido otras muchas que no aparecían en los textos de mis libros escolares, pero simplemente estaban en las páginas de Ibáñez, como "infiltración", "cabotaje", "autodestruirse", "órbita", "microfilm", "sulfato atómico", o "lepidóptero estrábico".


Sonaría exagerado, efectista, y producto de la tristeza del momento, decir que Francisco Ibáñez me enseñó a leer. Pero, en gran parte, así fue. No a la acción básica de leer, mirando letras en un papel, formando palabras y pronunciándolas; para eso estaban, como debe ser, los padres, los hermanos mayores, las maestras de la escuela, los libros infantiles. Pero los tebeos en general - y los de Ibáñez en particular, porque eran de los que más había en casa - me enseñaron los títulos con rimas divertidas, los juegos de palabras, los insultos creativos (nunca obscenos ni malsonantes), los calambures y las anfibologías (mucho antes de saber que había un nombre técnico para el Bar Budo), los poemas satíricos, las réplicas ingeniosas... Por no hablar de cómo también me enseñó a observar con atención y descubrir detalles, merced a la infinidad de chistes visuales que colaba en cada rincón de sus viñetas, o de cómo aprendí a reconocer políticos del momento y personajes históricos cuando los veía en televisión, porque antes los había visto caricaturizados en sus tebeos. Su influencia fue mucho mayor que un montón de carcajadas - las cuales, si atendemos a sus declaraciones en entrevistas, eran su objetivo principal - y de esas, igualmente, nunca faltaron. 


Junto con uno de mis hermanos, tuve la oportunidad y el honor de conocer a Francisco Ibáñez en 2002, en la presentación de su álbum de Mortadelo y Filemón ¡Misión Triunfo!. En aquella ocasión le di uno de los dibujos de sus personajes que había hecho con siete u ocho años, el cual, aunque quedara prontamente olvidado entre los cientos de cartas y dibujos de admiradores que recibió aquel día - y a lo largo de su tan provechosa vida - por lo menos le provocó una sonrisa. 

Como he comentado al principio, este blog no es el lugar más adecuado para rendir tributo a Ibáñez; otros muchos medios están realizando más extensos y justos homenajes. El mío, aparte de este artículo que no pasa de ser una pequeña mención, será seguir haciendo lo que he hecho desde pequeña: leer sus tebeos y pasarlo en grande. 




23 de abril de 2023

Día del Libro 2023

 

La joven Jennifer, de cuatro años, lee 
Alicia en el País de las Maravillas.
Fotografía del archivo digital de la biblioteca de Multnomah County.


 

Feliz Día del Libro a lectores, bibliófilos, ratones de biblioteca y Alicias de todo el mundo.

25 de diciembre de 2022

Cuarto cumpleaños de Estudios Carrollianos

Tarjeta-disco de felicitación, con un vinilo de 45rpm.
© Walt Disney Productions, © Buzza-Cardozo, circa 1950.



Y hemos pasado un año más descubriendo a Lewis Carroll y disfrutando de las versiones de sus obras. Aunque una desafortunada avería del disco duro externo causó la pérdida de la mayoría de material que teníamos preparado (salva los datos importantes en un disco duro externo, decían. Es mucho más seguro que tenerlos en la memoria del ordenador, decían) y por ello no hemos podido publicar tan a menudo como habríamos querido, no ha sido un año completamente estéril. Hemos dedicado varios artículos (y los que nos quedan) a analizar A través del espejo, y hemos ido a propósito a Madrid para visitar una exposición de obras pictóricas relacionadas con Alicia en el País de las Maravillas. Hemos leído muchos libros, consultado muchos manuales, y visto varias películas mediocres, cuando no bastante malas, pero también alguna pequeña joya. Aún no disponemos de la versión de La caza del snark que llevamos tanto tiempo esperando, pero ya se ha estrenado en salas independientes del Reino Unido y no deberíamos tardar mucho en recibirla. 


Mi más profundo agradecimiento a todos quienes visitáis este pequeño diario y compartís vuestro interés por la obra de Carroll. ¡Seguid leyendo, observando y estudiando!


Irene Martínez

 

21 de agosto de 2022

Alicia en Belfast

 



Hace pocos días regresé de mi viaje anual a la isla de Irlanda, y como en otras ocasiones visité por espacio de unas horas la capital de Irlanda del Norte, Belfast. Durante un paseo por el centro, y para mi sorpresa, descubrí en las cercanías del ayuntamiento algo que lleva allí veintidós años y que, sin embargo, no había visto en ninguna de mis anteriores visitas. Se trata del Alice Clock, un reloj situado en la parte superior de un pequeño centro comercial llamado Fountain Centre, justo arriba de la fuente que da nombre al lugar. Hay veinticuatro campanas que cada hora (entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde) tocan una melodía diferente, y catorce personajes que salen y las rodean mientras suena la música. 



Inaugurado en el año 2000 para conmemorar la entrada en el nuevo milenio, este reloj con autómatas es el único de estas características en Irlanda del Norte (hay varios en otras ciudades del Reino Unido), y de momento en toda la Isla Esmeralda. Fue diseñado por los ingenieros Fitzpatrick & Mays de Dublín, y construido por los expertos relojeros de la firma Otto Buer de Lübeck, Alemania. Los mosaicos de cerámica que completan el reloj fueron realizados por Berni Sutton, del condado de Down. Presenta dos series de autómatas: una con figuras religiosas (el rey David, Juan el Bautista, San José, y la Virgen María con el Niño Jesús en brazos) y otra con personajes de los dos libros de Alicia: Tweedledee, Tweedledum, el Conejo Blanco, Alicia, el Gato de Cheshire, el Sombrerero, el Lirón en su tetera, Humpty Dumpty, la Reina de Corazones y el Rey de Corazones, en ese orden. Las figuras religiosas aparecen cada tres horas a partir del mediodía (es decir, a las doce, las tres y las seis) y las de Alicia el resto del día (por tanto, a las nueve, diez y once de la mañana, y dos, cuatro y cinco de la tarde). 




En el nivel de la calle hay varios carteles que publicitan el reloj con fotografías de los personajes; fue así como descubrí su existencia, porque de otro modo probablemente no se me habría ocurrido subir a la terraza del centro comercial. 





Una vez arriba, los paneles de cristal que rodean el reloj ofrecen información sobre el mismo, así como dibujos y citas de los personajes de Alicia; desafortunadamente, cuestan bastante de leer.







La plaza cuyo centro ocupa el reloj está preparada con bancos para que se pueda ver el recorrido de los autómatas cada hora; los domingos, el acceso a la terraza está cerrado, pero también se pueden ver desde el nivel de la calle. De modo que cuando descubrí aquel curioso detalle carrolliano en pleno centro de Belfast, me equipé con un café y me senté en el mejor banco para esperar veinte minutos. Sin embargo, entonces no sabía el horario de las series de figuras, y resultó que tocaba el último pase del día, así que en vez de Alicia y los suyos, vi a los personajes religiosos. La música que sonó entonces fue "Londonderry Air". Aunque me frustró un poco no ver las figuras de Alicia, ya que no me quedaba hasta el día siguiente en Belfast, no pude sino pensar que es una idea prudente que la Reina de Corazones y Juan el Bautista no salgan al mismo tiempo. 



Estoy muy contenta, con todo, por haber sabido de la existencia del reloj de Alicia. He constatado una vez más que los homenajes al personaje más famoso de Carroll pueden aparecer sin buscarlos, como ya vi el año pasado en Dublín. Al buscar información sobre este reloj, además, he descubierto que no muy lejos hay un café temático del País de las Maravillas, lo que puede darme una buena excusa para que en el próximo viaje me quede algo más de unas horas en esa pequeña y linda ciudad que llaman Belfast. 


Fuentes: 

Alice Clock Belfast, the Only Automaton Clock in Ireland, vídeo en YouTube en que se aprecian con detalle las figuras, del canal Tom McLean Positive Belfast.

Tripadvisor.



23 de abril de 2022

Día del Libro 2022

 

Cromolitografía de finales del s. XIX.
Autor y fecha desconocidos.


Feliz Día del Libro a lectores, bibliófilos, ratones de biblioteca y Alicias de todo el mundo.

 

17 de abril de 2022

Domingo de Pascua 2022

 


©Disney Imagineering, 2017.



Feliz Domingo de Resurrección, Aleluyas y/o búsqueda de huevos de chocolate. ¡A disfrutar mucho de cualquiera que sea vuestro plan!





7 de diciembre de 2021

Alicia en miniatura



Mi agradecimiento a Juan Ángel Serrano por sus oportunas correcciones.


 
Del cuento "It's about time!" 
de la colección Disney's storytime treasures library (1998).

 

"¡Qué sensación más extraña!", se dice a sí misma Alicia, después de beberse la poción de la botellita, "Debo de estar encogiéndome como un telescopio". Se encoge, en efecto, hasta llegar a las diez pulgadas (25.4 cm.), y más adelante, tras aumentar de tamaño y darse aire inconscientemente con el abanico del Conejo Blanco, vuelve a reducirse hasta quedar en nueve pulgadas (22.8 cm.), lo que le hace exclamar, desesperada: "¡Nunca había sido tan pequeña como ahora, nunca!". 

 
Ilustración de Gordon Robinson (1916).

Sin embargo, científicos de las universidades de Cardiff, dirigidos por el doctor Daryl Beggs, han conseguido que sea más pequeña todavía, más pequeña de lo que nunca se habría imaginado el propio Carroll: han reducido las páginas del libro a un tamaño de 85x60 micrones. ¿Cuánto es un micrón? La milésima parte de un milímetro. Como referencia, el diámetro de un cabello humano mide entre 50 y 70 micrones. 


 


La página oficial del proyecto describe el libro como: "La más pequeña reproducción nunca hecha de Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, con letras que se miden en nanómetros", y a continuación concreta: "las 78 páginas y 26.764 palabras de la historia se han traspasado a un pequeño chip de silicio, en que cada página tiene el ancho de un cabello humano (60 micrones). Cada letra individual solo tiene dos micrones de alta, y está hecha de oro puro". 

 

 

Según explican Daryl Beggs y Dimitra Fimi (la asesora literaria), escogieron el libro de Alicia en el País de las Maravillas no solo por las reducciones de tamaño de la protagonista, sino por la fascinación por las miniaturas y lo diminuto que, en general, sentían los victorianos. Fue la época en que se perfeccionó el microscopio, se popularizaron las figuritas de animales en joyería y adornos, y comenzaron a construirse detalladas casitas de muñecas (no tanto como juguetes, sino como modelos educativos donde las niñas recreaban la organización de un hogar).


Cocina de una casita de muñecas de 1840.
Victoria&Albert Museum of Childhood.

Charles Dodgson, el futuro Lewis Carroll, no se resistió al encanto de lo diminuto. Su tío Skeffington Lutwidge tenía una colección de instrumentos ópticos (además de otras curiosidades, como una nevera), y contagió a su sobrino su afición a observar minúsculos animales vivos por medio de un microscopio. "Es una visión de lo más interesante", escribiría Dodgson en su diario en 1852,  "dado que estas criaturas son convenientemente transparentes, y puedes ver sus órganos brincando como piezas de una intrincada maquinaria, y hasta la circulación de la sangre". Un año más tarde, John Benjamin Dancer (1812- 1887) inventó la microfotografía, el proceso de reducir fotografías a un tamaño de milímetros, de modo que solo puedan ser vistas a través de un microscopio. La novedad causó furor en la Inglaterra vitoriana al menos durante cuatro décadas, y no cabe duda de que Charles Dodgson, que se inició en la fotografía en 1856, debió de admirar muchas de estas imágenes microscópicas. 


Microfotografía de la Luna.

No olvidemos, por otra parte, que la producción de libros en miniatura data de la era renacentista (aunque ya se escribían obras a mano en miniatura antes de la invención de la imprenta), y ha sido un arte que ha perdurado durante siglos. El libro como miniatura legible a simple vista es un objeto común para coleccionistas y curiosos, y hoy en día es muy fácil encontrar libros de Alicia en miniatura, que caben en la palma de la mano pero también se pueden leer.



Edición en inglés de Wartelsteiner GmbH, 2016.
Mide 38x53 mm.


 
Edición en castellano de Minilibros, 2012.
Mide 50x60 mm.


Hasta el presente año, el honor del libro más pequeño nunca hecho - certificado con récord Guinness - lo tiene el cuento Teeny Ted from Turnip Town (2007), escrito por Malcolm D. Chaplin y publicado por Robert Chaplin, en Canadá. El ejemplar está impreso en treinta microtabletas de silicio y tiene un tamaño de 70x100 micrones. Sin embargo, parece ser que aún hay otros más pequeños: los dos creados en 2016 por el miniaturista siberiano Vladimir M. Aniskin. Ambos ejemplares - uno de los cuales contiene una lista de nombres de microminiaturistas, y el otro el alfabeto cirílico - miden 70x90; excepcionalmente están hechos a pulso, sin la ayuda de brazos o dedos robóticos, y presentados sobre el corte transversal de una semilla de amapola. Las letras miden 15 nanómetros.


La zona blanca de esta imagen es el corte de la semilla de amapola.
El libro está en la placa dorada del centro.
Imagen de Vladimir Aniskin.


Tanto el libro de los hermanos Chaplin como los dos listados de Aniskin  podrían  quedar desbancados si la Alicia de Beggs se presenta a los récords. No cabe duda, sin embargo, de que con el desarrollo de la nanotecnología, Alicia seguirá haciéndose más y más pequeña, hasta medidas inconcebibles. Desde hace poco, Alicia en el País de las Maravillas puede ser leída por los klingon: a partir de ahora, también podrán leerla los nanites.

 

Fuentes:

 

A cabinet of curiosities, página web de Howard Lynk. 


GAMERO, Alejandro. "Breve historia de los libros en miniatura", en La piedra de Sísifo, 27 de febrero de 2019. 


Tiny Alice Project.



Wikipedia.



1 de diciembre de 2021

Carta náutica en blanco





Había comprado un gran mapa del mar
  Sin un solo vestigio de tierra que pisar,
 Y su tripulación estaba encantada de ver
       Un mapa que todos podían entender.


    “¿De qué sirven el Polo y Ecuador mercatoriano,
  Trópicos, Zonas, y líneas del Meridiano?”
Dijo el Pregonero, y replicó su tripulación:
  “¡No son más que una simple y pura convención!"


  “¡Otros mapas tendrán relieve, islas y cabos!
  Pero gracias a nuestro Capitán bravo,
 (Así dijeron) tenemos lo adecuado:
        ¡Un perfecto y absoluto mapa en blanco!”


El alivio de los tripulantes - ninguno de los cuales tiene formación en marinería - al constatar que tienen un mapa "que pueden entender" es hasta cierto punto comprensible (si bien es también alarmante). La cartografía, durante los muchos siglos en que se carecía de tecnología tal como satélites, radares, sonares y drones, era una ciencia altamente especializada que requería una gran capacidad de observación, un pulso firme, y mucho, mucho tiempo para dedicarle. Si en la dispar tripulación del snark hubieran contado con un Cartógrafo, o por lo menos con un Barrelman (ayudante del vigía) que se hubiera ocupado de dibujar sobre el mapa en blanco, ¿cómo lo habría hecho?


Como se puede observar, en la carta náutica ya están dibujados los meridianos, pero la distancia entre los paralelos es variable según se acerquen o se alejen del Ecuador. Por tanto, lo primero que se determina es la distancia entre paralelos según el punto de la Tierra en que estemos. Esto se hace comprobando nuestra posición, por ejemplo con un sextante, y a partir de ahí, el cartógrafo calcula en el triángulo de paralelos la separación que debe dejar entre los paralelos que dibuja. 


Triángulo de paralelos.

Después de trazar los paralelos, se calcula la forma y el relieve de la costa, según otra serie de fórmulas. Pero lo más importante son los detalles del propio mar: la profundidad del fondo, el tipo de lecho marino, los posibles escollos o bosques de algas... El tipo de fondo se comprueba con el escandallo: una pieza de plomo (llamada pilón o plomo) atada a una cuerda (llamada sondaleza) con nudos a cada cierta distancia (metros, brazas...). Se echa al agua y se cuentan cuántos nudos se sumergen hasta que toca fondo. El pilón tiene en su base una oquedad en la que se coloca una bola de grasa o sebo. Al recogerlo, tiene adherida a la grasa una muestra del lecho marino, y así se puede saber si es roca, fango, arena o cascajo (restos pulverizados de caparazones y coral fosilizado). Esto es importante porque, dependiendo del tipo de fondo, se elige el fondeadero (lugar donde se echará el ancla), siendo el mejor fondeadero posible el de arena, donde el ancla y la cadena se asientan por completo, y el peor el de roca, donde el ancla puede quedar atascada en grietas o resbalar sobre una superficie demasiado plana.


Rueda de rumbos.


El rumbo de referencia es siempre el norte porque es el más fácil de identificar: de noche por la Estrella Polar, y de día según el sol: al amanecer, si una persona se pone de pie con los brazos en cruz, y el derecho orientado hacia la salida del sol, lo que tiene delante siempre será el norte. De hecho, el rumbo se expresa siempre en grados de diferencia del rumbo verdadero que se está llevando respecto al norte, siendo por tanto el norte el rumbo 000º, el este el 090º, el sur el 180º, y el oeste el 270º. por tanto, para poner rumbo noreste, se mandará al timonel "Proa al 045º".


Un mapa en blanco evita todos estos complicados embrollos, pero también pone a toda la tripulación en riesgo de acabar en un territorio de boojums en vez de en uno de snarks. Hoy en día, sin embargo, el dibujar físicamente un relieve de costa sobre una cartulina en blanco es algo que ha quedado desfasado por la digitalización de la cartografía, y la tecnología que permite fotografiar y medir con exactitud cada centímetro de la tierra y el agua. La carta mercatoriana que ilustra este artículo fue impresa, quizá por última vez, en 1964, y rescatada in extremis de acabar destruida. Se encuentra ahora a buen recaudo, y aún tiene una misión que cumplir: teniendo una carta náutica en blanco, solo me queda la pequeñez de conseguir un barco (simplemente iré a pedírselo al rey, como en El cuento de la isla desconocida) y la importante labor de reunir a mi tripulación. Como yo soy Profesora, ¿quién me podría acompañar? ¿Un Pintor, un Peluquero, un Pescador? Y como animal de a bordo, ¿un Pájaro, un Panda, un Pangolín? Se aceptan propuestas.

 

Fuentes:


Diagrama de carta mercatoriana en blanco para latitudes entre 61ºN y 61ºS. Diseñada por el cartógrafo Sebastián Ayala, del Instituto Hidrográfico de la Marina, Cádiz, España. Segunda edición de 1950; quinta impresión de 1964.


Asesoramiento experto de Ricardo Martínez, antiguo cabo primero de la Armada Española.

 

.

15 de noviembre de 2021

Alicia en klingon

 



QelIS boqHarmey (pronunciado, aproximadamente, "Kei-lish-bok-jar-mei") es la primera - y me atrevería a decir que la única en mucho, mucho tiempo venidero - traducción de Alicia en el País de las Maravillas al lenguaje klingon. Ha sido elaborada por el autor alemán Lieven L. Litaer, experto y profesor de klingon, y se publica en ediciones bilingües con traducción inversa al inglés o alemán.





El klingon (o klingonés, menos frecuentemente) es un lenguaje artificial creado por Mark Okrand como idioma del pueblo klingon, una raza y cultura ficticia del universo Star Trek. En principio, los personajes klingon – mayoritariamente guerreros, fuertes y orgullosos, con un elevado concepto del honor – conversaban en la serie en inglés, incluso entre ellos. La existencia de un idioma klingon se había mencionado por primera vez en el episodio de 1967 “The Trouble with Tribbles” (“Los tribbles y sus tribulaciones”), pero no se oyó hablar a ningún klingon en este lenguaje hasta Star Trek: la película, de 1979. El productor Jon Povill y el actor James Doohan (Montgomery “Scotty” Scott) idearon algunas palabras y una fonética básica del klingon para que un solo personaje hablara en un determinado momento. Según Mark Lenard, el actor que hacía de capitán klingon, fue Doohan quien le grabó unas líneas, y Lenard se limitó a aprenderlas y repetirlas de una manera adecuada a su personaje, pero sin que el texto tuviera una estructura o un significado concreto. 


No fue hasta unos años más tarde, en la película Star Trek IV: en busca de Spock (1984), cuando el actor y director Leonard Nimoy (Señor Spock) decidió que el klingon debería ser un idioma completo y no un simple parloteo que sonara alienígena, de modo que encargó al lingüista Marc Okrand, que anteriormente había creado unas pocas frases en vulcaniano, que lo desarrollara por completo, a partir de las ideas de Povill y Doohan. Así, Okrand creó el idioma y presentó en 1985 un Diccionario de klingon, que sentó las bases para que este lenguaje continuara ampliándose en subsiguientes películas, series y novelizaciones; incluso se han propuesto dialectos del mismo. Dentro del universo Star Trek, todos los personajes klingon hablan su lengua – que no siempre se traduce o subtitula – y algunos personajes humanos, sobre todo capitanes y diplomáticos, han aprendido a hablarla como segundo o tercer idioma.


En la actualidad hay en la sociedad real una comunidad de hablantes de klingon, ya que resulta atractivo tanto a los interesados por los lenguajes artificiales (como el volapük o el esperanto), como a los estudiosos de idiomas creados para mundos de fantasía (como el quenya), y por supuesto a los trekkies o aficionados a las sagas de Star Trek. 


De hecho, parece que no la hay. 
"Estar solo" se expresa en klingon con un prefijo.


Se han traducido al klingon textos clásicos como Hamlet o El arte de la guerra. Se ha adaptado el cuento Canción de Navidad  a una obra de teatro en la que principalmente se habla este idioma (solo el narrador habla en inglés), y existe una ópera, titulada ʼuʼ, escrita e interpretada completamente en klingon. 


Escena de ʼuʼ en su estreno 

el 10 de septiembre de 2010, en el teatro Zeebelt de La Haya.


No es la primera vez que los filólogos del klingon han intentado llevar la obra de Lewis Carroll al espacio exterior: ya mencioné en este artículo sobre el poema "Jabberwocky" que se había empezado una traducción al klingon, aunque hace un tiempo que no he mirado si está terminada. Es la primera vez, sin embargo, que se traduce un libro completo de este autor. Lieven L. Litaer ya había traducido en 2018 El Principito de Antoine de Saint-Exupéry (con el título de ta'puq mach), y también había traducido unas líneas de Alicia que se citan en klingon en un episodio de la serie Star Trek: Discovery. Traducir el libro completo era todo un reto, como sucede en cualquier otro idioma, por la cantidad de juegos de palabras y bromas internas, pero Litaer aceptó el desafío. El resultado es una traducción de Alicia en el País de las Maravillas fiel a la obra original: no adapta la época ni el entorno, ni la reescribe con personajes klingon. Es simplemente el cuento que leerían los niños klingon si los linguïstas de su planeta lo tradujeran a su idioma. 




Dado que el lenguaje klingon está construido en torno a las características de su pueblo, es rico principalmente en vocabulario de la guerra, la tecnología, las armas, la historia y los viajes interestelares, por lo que suele "quedarse corto" en lo que sería una conversación cotidiana. Así, en las primeras líneas del texto, en que Carroll dice que Alicia comenzaba a aburrirse por estar junto a su hermana "sin nada que hacer", Litaer opta por decir que está "sin ninguna misión que cumplir", lo que sin duda constituiría un motivo de aburrimiento para un klingon, niño o adulto. Sin embargo, Litaer no ha necesitado añadir más que unas diez palabras nuevas en klingon - palabras que, al al parecer, han sido creadas por el propio Marc Okrand - para poder realizar una traducción completa. 




Que Alicia en el País de las Maravillas es un libro que trasciende el tiempo y el espacio... terrestre, es algo que ya sabíamos. Pero claro está que, cuando menos lo esperamos, resulta que llega más lejos, que sube más alto. Ahora, más que ninguna otra vez, ha atravesado la última frontera. ¿Qué puede ser lo siguiente? 



Starry night. Diseño de Frank Nguyen.



Fuentes:

CARROLL, Lewis; LITAER, Lieven L. (trad). QelIS boqHarmey – Alice's Adventures in Wonderland, Egpyt Verlag, Berlin, 2021. Disponible en Amazon y en  klingonisch.de/webstore. 



Wikipedia.


25 de agosto de 2021

Alicia en Glasnevin

 



A mediados de este mes de agosto he pasado algunos días en Dublín, una de mis ciudades favoritas en uno de mis países favoritos. En uno de esos días fui a visitar por primera vez el Jardín Botánico Nacional, que se encuentra en el barrio de Glasnevin ("arroyo de los niños"), al norte de la ciudad, en la orilla del tío Tolka. Después de recrearme un par de horas en un jardín digno de una reina, de fotografiar diversas clases de vida vegetal y animal, y de comprobar la hora en un reloj de sol (aunque tuve que adivinar, porque estaba nublado), fui a dar una vuelta por el vecindario. Charlé un rato con la amable propietaria de una tienda de regalos artesanales; fui a visitar una iglesia, pero la encontré cerrada por limpieza (de bancos y muebles, no de almas, por lo que entendí); y pasé por una escuela, muy tranquila al ser las vacaciones de verano. Fue cuando volvía a la parada del autobús cuando me percaté de unos dibujos en una caja de cuadros eléctricos y me dije a mí misma: "Ya estoy desvariando; veo Alicias por todas partes". Pero no era deformación literaria: eran ciertamente dibujos que imitaban el estilo de Tenniel, y representaban a Alicia... en los edificios del barrio que acababa de ver.





Como pude comprobar más tarde en una rápida búsqueda en Internet, la decoración de cientos de cajas metálicas (que contienen los componentes eléctricos de los semáforos), en todas las calles de Dublín, corresponde a un proyecto llamado Dublin Canvas, que desde el verano de 2015 confía en artistas locales para que aporten un poco de color a la ciudad al tiempo que dan rienda suelta a su libertad creativa. Por lo que yo misma he ido viendo esta semana - reconozco que en otras ocasiones no me fijé - muchos artistas muestran a los grandes autores dublineses como James Joyce, Oscar Wilde o Bram Stoker; mientras que otros recurren a infalibles símbolos irlandeses como los Leprechauns o las hilanderas de lana; animales como perros, vacas y zorros aparecen llenos de color en estas cajas; y más recientemente, se han utilizado para recordar a los viandantes que nigh do láhma! ("¡Lavaos las manos!") o mostrar al icónico San Patricio con su sagrada boca cubierta por una mascarilla. Las artistas Isobel y Anna Mahon, por su parte, han decidido apostar por un conocido personaje infantil que parte de nuevo a vivir aventuras... solo que esta vez, su país maravilloso es el barrio de Glasnevin. 





La caja de cableado eléctrico que fue decorada con estas imágenes está justo en la esquina de St. Mobhi Road con Botanic Avenue, y al parecer fue pintada en los primeros días de este mismo mes de agosto. La primera imagen que vi fue la de Alicia, sobrepasando en varios metros la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, la que había intentado visitar un rato antes.





Por la otra cara teníamos a Alicia creciendo dentro de un edificio y rompiendo el techo, pero en esta ocasión no era la casita del Conejo Blanco, sino una curiosa construcción redonda, que me habría parecido una torre Martello de no ser por el tejado. Resultó ser la antigua Escuela Nacional de Glasnevin, construida a principios del siglo XVIII, y apodada cariñosamente "El Tintero" por docentes y alumnos. Por desgracia, este pintoresco edificio fue demolido en 1902 para construir en su lugar la escuela actual por la que pasé, mucho más grande y moderna, pero con una forma aburridísima. 







En uno de los costados tenemos a unas flores con rostro, que aluden a las flores vivas del jardín de la Casa del Espejo, pero en este caso son las preciosas rosas del Jardín Botánico.








Y por último, en el otro costado aparece una pequeña Alicia sentada sobre el reloj de sol del Jardín Botánico. Sobre uno de ellos, porque aparentemente hay dos, aunque yo solo recuerdo haberme topado con uno.






Las autoras comentan de su obra que "nuestro objetivo fue crear un diseño juguetón que resultara llamativo para todas las edades, y pusiera atención en los monumentos locales, tanto pasados como presentes". Desde luego cumplieron su propósito, ya que consiguieron que una turista que no llevaba ni tres horas en el barrio identificara al primer vistazo tres de los lugares mostrados en sus dibujos. Para el de "El Tintero" tuve que investigar, dado que el edificio ya no existe, pero no cabe duda de que los residentes lo reconocerían de inmediato.


Ninguna araña fue lastimada en la toma de estas fotografías.

Una de las mejores cosas de viajar, sobre todo para alguien que se prepara a conciencia los itinerarios y sabe qué va a ver en cada punto del mapa, es encontrarse con lo inesperado. No contaba con ver muchas alusiones a Lewis Carroll en Dublín, pero resulta que Alicia sigue explorando los lugares más insospechados. Todo el proyecto de Dublin Canvas, por su parte, es digno del mayor aplauso, y hay ilustraciones tan fantásticas como estas repartidas a lo largo y ancho de la capital irlandesa. Invito a todos los lectores a echar un vistazo a la página y disfrutar con los diseños de los imaginativos artistas urbanos.




No podía irme de Dublín sin pasar a ver al boojum, pero sin acercarme demasiado, para no desvanecerme suave y súbitamente. Es un restaurante mejicano... pero nunca se sabe.



Fuentes:








Artículos más leídos