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10 de febrero de 2021

Alice Liddell (1852- 1934). Segunda parte.

 

Alice Liddell como la diosa Pomona.
Fotografía de Julia Margaret Cameron, 1872.


Este es un artículo divido en tres partes. En la primera, hablamos sobre la infancia y la adolescencia de Alice, hasta sus dieciocho años; en la segunda, sobre su juventud y madurez; y en la tercera, sobre su ancianidad y los últimos años de su vida. 

 

Segunda parte: La mujer. 

 

En noviembre de 1872, Christ Church recibió con los brazos abiertos a un estudiante de excepción: el príncipe Leopoldo, duque de Albany, octavo hijo y cuarto varón de la reina Victoria y el príncipe Alberto. No era raro que los miembros de la realeza estudiaran en Oxford (el hermano mayor de Leopoldo, que reinaría como Eduardo VII, también había pasado brevemente por sus aulas una década antes), pero Leopoldo, de salud frágil debido a su hemofilia, tuvo que insistir para convencer a su sobreprotectora madre de que le permitiera abandonar la seguridad del palacio. La reina cedió a cambio de restringir las actividades del príncipe en Christ Church, prohibiéndole cualquier tipo de deporte o juego en que pudiera lastimarse. El príncipe se alojó con su tutor, Robinson Duckworth, en la residencia de este, Wykenham House, y se matriculó en varias asignaturas de humanidades. 

 
El príncipe Leopoldo y su tutor Robinson Duckworth.
El perrito probablemente pertenecía al estudio.
Fotografía de Hills & Saunders, circa 1870.

En Christ Church, Leopoldo pronto conoció a los compañeros y amigos de su tutor, y trabó amistad con John Ruskin y Charles Dodgson, y más tarde con Oscar Wilde, que se matriculó en 1874. Además de la casa de su tutor y sus amigos, las salas de clase y la sede del club de ajedrez universitario, el príncipe también pasó mucho tiempo en la casa del deán Liddell, muy frecuentemente invitado a cenas y fiestas.


El príncipe Leopoldo.
Fotografía de Charles Dodgson, 1875.

La familia Liddell no era extraña para la realeza: ya había organizado en las dependencias del deán una recepción para la reina Victoria y el príncipe Alberto en 1860, y otra para la boda del príncipe Eduardo y la princesa Alexandra en 1863. La sra. Liddell, con tres hijas casaderas en ese momento (Lorina, de veintitrés años, Alice, de veinte, y Edith, de dieciocho) supo que aquella era su gran oportunidad para cumplir su sueño de emparentarse con la familia real. Probablemente pensó que, debido a su enfermedad y a sus pocas posibilidades de alcanzar la corona, el príncipe Leopoldo no suscitaría demasiado interés entre las demás casas reales europeas, y tal vez la reina consentiría en un matrimonio con una plebeya. De modo que puso todo su empeño en exhibir ante el príncipe a sus tres hijas disponibles - especialmente a Edith, la más joven y considerada la más hermosa - y buscar ocasiones para que pasaran tiempo juntos y participaran en actividades comunes. 


Alice Liddell como la diosa Alethea.
Fotografía de Julia Margaret Cameron, 1872.



Sus manipulaciones debieron de ser tan explícitas que la cerrada pero jovial sociedad de Oxford, siempre dispuesta a la sátira, no tardó en sacarle punta al asunto. Charles Dodgson, firmando como Carroll, publicó en 1873 un folleto titulado "La visión de las tres Tes", en el que se reproducía un diálogo entre un Pescador, un Cazador y un Profesor. En cierto momento, el Pescador habla de los peces que se pueden pescar en los lagos y afluentes del Támesis que hay en Oxford, y comenta que la carpa dorada (Goldfish) es una presa codiciada no solo por los pescadores, sino también por varias aves como el martín pescador (Kingfisher). La metáfora era tan evidente (el biógrafo Douglas- Fairhurst la llamó "uno de sus lenguajes codificados menos ambiciosos") que pronto todo Oxford comenzó a referirse a la señora Liddell como "la Pescarreyes", y un enfurecido deán hizo prohibir el folleto. Eso no impidió que año siguiente un estudiante publicara una obrilla de teatro satírica en que tres doncellas se jactaban de haber "cazado" a pretendientes de la nobleza y la realeza. 



Con todas las risas que suscitó, el plan de la sra. Liddell parecía funcionar. El príncipe Leopoldo pasaba mucho tiempo con Alice, la más cercana a él en edad; la muchacha tenía el privilegio de acompañarlo a algunas de sus clases - a las jóvenes de buena posición se les permitía acudir como oyentes - y salían a pasear y a remar por el Támesis. Alice recordaría que ella manejaba tan mal los remos que en una ocasión golpeó con uno de ellos al príncipe en la cara y le puso un ojo morado, lo que podría haberlo matado, pero "nunca se ordenó que me cortaran la cabeza". Durante los cuatro años que el príncipe estuvo en Oxford, Alice fue su más constante acompañante femenina, y la sra. Liddell debió de pensar que el asunto ya estaba decidido, por lo que adjudicó a sus otras hijas a otros postores: Lorina se casó en 1874 con William Baille Skene (rico, aunque sin título nobiliario) y Edith se prometió en 1876 con Aubrey Harcourt, sobrino del representante parlamentario de Oxford. 


No obstante, a pesar de las esperanzas de "la Pescarreyes", el príncipe dejó Oxford en 1876, con un doctorado honorario en Derecho Civil, y se fue  viajar por Europa. El último contacto cercano que tuvo con la familia Liddell fue ser uno de los porteadores del féretro de Edith, que falleció de viruela o de peritonitis (las fuentes difieren) pocos meses antes de su boda, en junio de 1876. Desde entonces él y Alice mantuvieron esporádicamente el contacto en algunas cartas; Alice se casó en 1880 y Leopoldo en 1882.  Poco más tarde el príncipe aceptó ser el padrino del segundo hijo de Alice, nacido en 1883, que también se llamaría Leopold. 


Se ha especulado sobre la naturaleza de la relación entre el príncipe y la hija del deán. Hay quien dice que se enamoraron el uno del otro, pero que la reina Victoria le prohibió a su hijo de modo tajante que se uniera a una plebeya; hay quien asegura que Leopoldo realmente amaba a Edith, como la sra. Liddell había orquestado en un principio; otros opinan que solo fueron amigos y nunca hubo un conato de noviazgo por ninguna de las dos partes. No hay testimonios ni pruebas objetivas en ningún sentido, y las únicas cartas que se conservan son la felicitaciones de boda y las relativas al apadrinamiento de Leopold, el hijo de Alice. 


Reginald Hargreaves.
Fotógrafo y año desconocidos.


Perdida cualquier esperanza de emparentarse con la realeza, Alice volvió a buscar un marido que fuera rico aunque no tuviese título, y lo encontró en la acaudalada familia Hargreaves. El primogénito, Reginald Hargreaves, jugador de criquet y antiguo alumno (no de los más brillantes) de Charles Dodgson, conocía a la familia Liddell desde hacía tiempo, y llevó algunas veces a bailar a Alice y a Edith, hasta centrarse en la primera. Tras un año de luto por la muerte de Edith, y un viaje de consuelo al año siguiente, Alice y Reginald se prometieron formalmente, y la petición de mano tuvo lugar en julio de 1880. Se casaron el 15 de septiembre del mismo año, en una ceremonia de la que se hizo eco toda la sociedad de Oxford, en la abadía de Westminster. Aunque se tomaron un breve descanso de la boda en Sussex, aplazaron la luna de miel hasta febrero de 1881, en que realizaron un viaje de ocho semanas por Francia y España. A su regreso, se trasladaron a una enorme mansión llamada Cuffnells en el condado de Hampshire, que poseía la familia Hargreaves. Alice había visitado por primera vez la mansión unas semanas antes de su boda, y le había escrito a su prometido: "Parece que el País de las Maravillas por fin ha encontrado a su Alicia". 


La mansión Cuffnells a principios del s. XX.

Alice disfrutó de una vida lujosa durante su edad adulta: celebraba fiestas y bailes, desempeñaba cargos honoríficos en asociaciones patrocinadas por la alta sociedad británica, y hacía que la servidumbre la llamara "Lady Hargreaves", aunque carecía de título nobiliario. Se conservan algunos testimonios de la aspereza con que trataba a las criadas: en una ocasión riñó severamente a una por no haber abierto las contraventanas, y cuando la mujer le explicó que tenía las manos tan hinchadas por los sabañones que apenas podía mover los dedos, envió a otra criada a comprarle un ungüento, pero le descontó una semana de su sueldo por ello. 

 

Reginald y Alice tuvieron tres hijos: Alan Knyveton (nacido en 1881), Reginald Leopold (nacido en 1883, del que fue padrino el príncipe Leopoldo), y Caryl Liddell (nacido en 1887, cuyo nombre, según siempre aseguró Alice, no estaba inspirado por el de Carroll). Una anécdota cuenta que, en 1886, Carroll escribió a Alice para pedirle que le devolviera temporalmente el manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra, con el fin de preparar una edición facsímil. Alice se lo envió, y Carroll le respondió que, cuando el facsímil se publicara, tendría mucho gusto en dedicarle un ejemplar a su hija mayor. 



En 1890, los beneficios del estado de Cuffnells comenzaron a ser insuficientes para mantener la propiedad y el tren de vida de la pareja, con lo que Reginald lo fue vendiendo por partes, hasta quedarse con poco más que la mansión y alguna granja. Solventados estos primeros tropiezos económicos, la familia siguió viviendo sin dificultades, y a pesar de que Reginald pasaba largas temporadas fuera de casa por sus actividades deportivas, Alice parecía muy enamorada de él: "Te amo todavía con un amor tan tierno como el día en que me tomaste para lo bueno y para lo malo", le escribió en 1891, en el undécimo aniversario de su boda. 



La idílica vida de mujer de la alta sociedad de Alice transcurría pacíficamente, solo alterada por la muerte de familiares y amigos: el príncipe Leopoldo murió, a consecuencia de una caída que le provocó hemorragias internas, en 1884; Charles Dodgson y el deán Liddell, con cuatro días de diferencia, en 1898; Lorina Liddell, madre, en 1910; y Harry Liddell, en 1911. Sin embargo, la mayor tragedia de su vida llegaría, como para tantas vidas en Europa, con la Primera Guerra Mundial. Sus tres hijos fueron movilizados, y los dos mayores perdieron la vida en Francia: Alan en 1915 y Reginald hijo en 1916. Reginald y Alice nunca visitaron las tumbas, pero sufragaron casi íntegramente el coste de un memorial que se levantó  en Lyndhurst en 1921 con el nombre de los 69 residentes de la zona que perecieron en la guerra. El diseño mismo del memorial partió de una idea original de Alice, y ella y su marido fueron invitados de honor en la ceremonia de inauguración.



Memorial de los caídos en la Primera Guerra Mundial en Lyndhurst.
Fotografía de Brice Stratford.

A principios de los años veinte, la situación familiar y económica de los Hargreaves seguía deteriorándose. El valor de la tierra se devaluaba y los impuestos aumentaban; cada vez era más caro mantener la propiedad, y más difícil encontrar personal de servicio dispuesto a trabajar en un lugar aislado. Reginald, aunque aún afectuoso con Alice, no se recobró de las muertes de sus hijos, y vivió el resto de sus años arrasado por el dolor. Cuando falleció de una neumonía en 1926, sus allegados coincidieron en que la muerte había sido misericordiosa. Frederick "Eric" Liddell, uno de los hermanos menores de Alice, dijo que Reginald había sido otra baja de guerra. 



Ese mismo año, Alice y Caryl emprendieron un viaje de seis semanas por Italia para distraerse de la pérdida. El gasto no fue muy oportuno. Caryl llevaba una vida frívola en Londres, siempre buscando oportunidades de negocios que nunca prosperaban, y aunque era el heredero directo de Cuffnells, no tenía la menor intención de habitar en la enorme mansión en la que se había criado. Los recursos de la familia se fueron agotando, y Alice cerró todas las habitaciones de la casa, excepto cinco, para ahorrar en mantenimiento. Dos años después, cuando Caryl intentó convencerla de que alquilara Cuffnells, Alice decidió vender en subasta el manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra que Dodgson le había regalado en 1864, junto con otras primeras ediciones autografiadas, y una colección de juguetes, folletos y curiosidades relacionadas con Alicia en el País de las Maravillas. Consiguió 15.400 libras, equivalentes, en la actualidad, a más de un millón de euros. Cometió el error o la imprudencia de entregar ese dinero a Caryl, que lo invirtió sin habilidad y  lo perdió prácticamente todo. 



Caryl se casó en junio de 1929 con Madeleine Llewellen, una viuda de guerra que tenía ya dos hijos, y estableció definitivamente en Londres. Alice se había opuesto desde el principio a ese matrimonio, ya que consideraba inmorales a las viudas que contraían segundas nupcias, y sus relaciones con su hijo se enfriaron, aunque seguían escribiéndose. La viuda Hargreaves pudo permanecer en Cuffnells, pero privada ya de fiestas, soirées y reuniones sociales de alto copete, llevando una existencia solitaria, y olvidada de todos, hasta que llegó una efeméride que le otorgó una notoriedad inesperada: el centenario del nacimiento de Charles Dodgson.



Fuentes:


CALLEJAS, César Benedicto. "Alice Liddell y Leopoldo... un desamor de maravillas", en Cisterna de sol, 13 de mayo de 2016. 


COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography. Random House, Nueva York, 1995.


DOUGLAS-FAIRHURST, Robert. The story of Alice. Lewis Carroll and the secret story of Wonderland, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge, 2015.


LEACH, Karoline. In the Shadow of the Dreamchild, Peter Owen Publishers, Londres, 2015. 


7 de febrero de 2021

Alice Liddell (1852 - 1934). Primera parte.

 

Alice Liddell a los siete años, 
fotografiada por Charles Dodgson (1860).




Este es un artículo divido en tres partes. En esta primera, hablamos sobre la infancia y la adolescencia de Alice, hasta sus dieciocho años; en la segunda, sobre su juventud y madurez; y en la tercera, sobre su ancianidad y los últimos años de su vida. 

 

Primera parte: La niña. 

 

Alice Pleasance Liddell (Hargreaves a partir de su matrimonio) fue, durante su infancia y con sus hermanas Lorina y Edith, una de las amigas y modelos de fotografía del reverendo Dodgson, quien en una famosa ocasión improvisó un cuento que la tenía como protagonista y, tras redactar un primer manuscrito para regalárselo, decidió desarrollar hasta convertirlo en Alicia en el País de las Maravillas


Henry y Lorina Liddell a mediados de la década de 1860.
Fotógrafo desconocido, posiblemente Thomas Edge.



Alice nació en Westminster, un distrito del centro de Londres, el 4 de mayo de 1852, hija de Henry George Liddell (1811- 1898) y de Lorina Hanna Liddell (de soltera Reeve, 1826- 1910). Aunque solamente Alice y dos de sus hermanas, Lorina y Edith, así como sus padres, suelen aparecer en las obras documentales o semificcionales que hablan de la génesis de Alicia en el País de las Maravillas, la familia Liddell era mucho más extensa: Alice era la cuarta de diez hermanos. Fue precedida por Harry, Lorina y Arthur (que murió a los tres años); y seguida por otros seis hermanos y hermanas: Edith, Rhoda, Albert (que murió con pocas semanas de vida), Violet, Frederick y Lionel. Rhoda y Violet aparecerían como la Rosa y la Violeta en A través del espejo



Fotografía de la recepción de la reina Alexandra (en el centro, de blanco), junio de 1863.
La mujer con la niña en brazos en Lorina Liddell (madre); la niña es Rhoda Liddell.
El hombre sentado a la derecha de la foto es Henry Liddell.



Cuando nació Alice, Henry Liddell era director de la Westminster School, pero pocos años más tarde fue nombrado decano de Christ Church, con lo que la familia se trasladó de manera permanente a Oxford a principios de 1856, el mismo año en que Charles Dodgson se inició en la fotografía. El matrimonio Liddell y sus dos hijos mayores (Harry y Lorina) se encontraron por primera vez con Dodgson el 25 de febrero de ese año, viendo una carrera de botes. Un poco más tarde, en la primera semana de marzo, Dodgson señala en su diario que traba amistad con Harry, y unos días más tarde con Lorina. El 25 de abril tuvo ocasión de conocer a la familia completa, mientras fotografiaba la catedral por primera vez (aunque él mismo admite que esas fotografías primerizas fueron un fracaso) y los Liddell paseaban por los alrededores. 

 

 
Henry Liddell (1847- 1911). 
Fotografía de Charles Dodgson, verano de 1859.


El reverendo se convirtió en un amigo muy cercano a la familia – aunque no siempre compartía las teorías académicas del decano Liddell – y era un visitante frecuente en su casa; del mismo modo, las hermanas Lorina, Alice y Edith, que siempre iban juntas, solían visitar sus aposentos y su estudio de fotografía. Aunque no suele mencionarse en los apuntes biográficos de Carroll por no tener relación directa con los libros de Alicia, había un mutuo aprecio entre Charles Dodgson y el primogénito de los Liddell, Harry, quien posó para las primeras fotografías de Dodgson (pero tenía dificultades para permanecer quieto mucho tiempo) y asistió a algunas excursiones con sus hermanas; el reverendo le enseñaba matemáticas y lo llevaba consigo a remar en bote y a exposiciones de arte. 


De izquierda a derecha: Alice, Lorina, Harry y Edith.
Fotografía de Charles Dodgson, primavera de 1860.

Las tres hermanas Liddell eran en modelos frecuentes y entusiastas del principiante fotógrafo Dodgson, quien les sacó docenas de fotografías, de las que solo unas pocas pasaron sus exigentes estándares de calidad y han llegado hasta nuestros días. Aunque entonces el proceso de tomar una sola fotografía podría llevar veinte minutos en los cuales el modelo debía permanecer completamente inmóvil, Alice Liddell escribiría en su edad adulta que les encantaba posar para el reverendo, especialmente cuando este fue adquiriendo habilidad y las hacía disfrazarse y representar escenas para fotografías más complejas. 


"Abre la boca y cierra los ojos". 
Edith (sentada), Lorina (centro) y Alice Liddell (derecha). 
Fotografía de Charles Dodgson, julio de 1860.


En diciembre de 1860, la familia Liddell organizó una fastuosa recepción para una invitada de gran categoría: la reina Victoria, que había acudido a Oxford para visitar a su hijo, el príncipe Eduardo, que estudiaba allí desde el año anterior. Las niñas Liddell tuvieron ocasión de lucir sus mejores galas y repartir ramilletes de flores a los asistentes. Entre ellos estaba Dodgson, que vio por primera vez a Su Majestad, y se sintió decepcionado al ver que era "baja, regordeta y de aspecto común". Alice, con ocho años entonces, no debió de quedarse mucho tiempo en la fiesta, y no sabemos lo que pensaría de la reina Victoria, pero años más tarde tuvo una relación muy cercana (algunos especulan que un amor imposible) con otro de los hijos de la monarca.


En la Inglaterra victoriana, las mujeres no tenían acceso a ningún tipo de formación académica, y solo estaba tolerado que trabajaran aquellas de clase social baja: las pertenecientes a una posición social superior, como el caso de las hermanas Liddell, no tenían otra salida que casarse con un hombre adinerado, o quedarse solteras y depender económicamente del padre, un hermano u otro familiar. Por tanto,  a pesar de vivir desde su infancia en el corazón de la universidad de Oxford, la educación que recibió Alice fue superficial. No fue a la escuela como sus hermanos, ya que hasta la década de 1870 no se abrieron escuelas para niñas (e incluso entonces se consideraba que eran propias de la clase baja), de modo que estudiaba en un cuarto habilitado como aula en las dependencias del decano. Una institutriz le daba lecciones de cultura general, sobre todo lengua, literatura, historia del Reino Unido y nociones de álgebra, mientras que tutores especializados le enseñaban latín y francés. La frase que Alicia le dice al Ratón en el Charco de Lágrimas, "Oú est ma chatte?" y que según ella es la primera de su libro de francés, corresponde en efecto a un libro de texto real, La bagatelle, publicado en 1804 y dirigido a niños de tres o cuatro años, por lo que es posible que ya lo hubieran utilizado ella y Lorina, y en 1862 lo estuviera estudiando Edith. Su formación se complementaba con salidas a museos y excursiones al campo "para observar la naturaleza", aunque era evidente que el propósito de estas actividades era sobre todo lúdico. Tratándose de niñas, todo conocimiento académico se consideraba sobrante, y las institutrices ponían el mayor empeño en los modales y el decoro, las labores de aguja e hilo y la economía doméstica.



Litografía de My Mother's Picture Book
publicado por George Routledge and Sons (1878).

El reverendo Dodgson, que además de ser ingenioso estaba dotado de una gran capacidad de improvisación, solía contar cuentos sobre la marcha para entretener a las niñas durante las excursiones en barca por el Támesis. Para deleite de las oyentes, hacía que ellas fueran las protagonistas, y que aparecieran miembros de la familia, profesores de Oxford y otras figuras conocidas en su entorno como personajes de esas historias. En 1862, en una de sus salidas  - la del 4 de julio - Dodgson contó un cuento en que Alice se caía por una madriguera persiguiendo a un conejo blanco, y debió de estar tan inspirado que, por primera vez, Alice le insistió en que la pusiera por escrito. El resultado fue una versión manuscrita del cuento improvisado, Las aventuras de Alicia bajo tierra, y una reescritura ampliada y sin duda mejorada, Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas.


Un año después de esta excursión se produjo una repentina  ruptura entre Charles Dodgson y los Liddell. Aun no siendo definitiva - las relaciones se reanudarían, algo frías al principio, en diciembre de ese mismo año -  la causa de esta separación sigue siendo un misterio. El diario de Dodgson que abarca estas fechas cuenta muchos encuentros, fotografías y excursiones con las niñas, pero la entrada del 27 de junio de 1863, tras un comienzo sin incidencias, fue mutilada por una de las sobrinas y herederas de Dodgson, que cortó una página entera antes de entregar los diarios para su publicación. Después de ese día desaparecido, Dodgson menciona brevemente, el 30 de junio, que los Liddell han salido de vacaciones, y no vuelve a decir nada sobre ninguno de ellos hasta la entrada del 5 de diciembre, en que dice que vio a la familia en una obra de teatro "pero me mantuve a distancia, como he estado haciendo todo este trimestre".


Durante mucho tiempo se ha especulado qué pasó el 27, 28 o 29 de junio que hiciera que Dodgson se mantuviera "a distancia" durante no solo durante el trimestre académico sino también los tres meses anteriores, que no mencionase para nada a los Liddell en todo ese tiempo, y que alguna de sus herederas considerara tan grave como para arrancarlo literalmente del diario del autor. Para algunos parece evidente que la causa del malestar de los Liddell fue el excesivo afecto que Dodgson prodigaba a Alice; Morton Cohen sugiere incluso que llegó a pedir la mano de la niña, que entonces tenía once años. Cabe aclarar que, en la Inglaterra victoriana, las niñas eran legalmente núbiles a los doce años, y los matrimonios entre hombres adultos y chicas de entre doce y dieciséis años eran socialmente aceptados. Para Cohen y otros biógrafos, el enojo de los Liddell no provendría de la edad de Alice, sino de la posición social del pretendiente, muy por debajo, a juicio de ellos, de la suya propia. Como veremos más adelante, la señora Liddell tenía aspiraciones muy altas para sus hijas - se ganó en Oxford el apodo de "la pescarreyes" - y que un hombre con un cargo medio en la Iglesia le propusiera matrimonio a cualquiera de sus hijas le habría sentado como un guantazo.  

 

En 1996, la investigadora Karoline Leach encontró una nota que arrojó algo de luz sobre el misterio. La misma mano desconocida que mutiló el diario sintió la necesidad de dejar constancia de lo que se contaba en la página cortada, y escribió brevemente: "L.C. se entera por la señora Liddell de que creen que está usando a las niñas para cortejar a la gobernanta - también que cree que [ilegible] cortejando a Ina".

 

Los rumores de que el reverendo podría estar enamorado de la institutriz de las niñas se remontaban a 1857, y el propio Dodgson se reía de ellos en su diario: Mary Prickett, una mujer de tan mal carácter como escaso atractivo, no tenía más interés para Carroll que el de hacer chistes a su costa para diversión de las niñas. El que se mencione un posible cortejo a Ina, por el contrario, fue mucho más revelador. Lorina Liddell tenía catorce años en 1863, y era una jovencita inteligente, amable, alta y hermosa; en abril de ese mismo año, Dodgson ya había observado lo desarrollada que estaba para su edad, y había anotado que, por primera vez, la señora Liddell había insistido en que sus hijas llevaran una carabina cuando salían con él. Su preocupación porque pronto sus padres no permitieran a Lorina acompañar sus hermanas a las excursiones en barca o a visitarlo en sus habitaciones era fundada, al no ser ya una niña sino una muchacha casadera. Es muy razonable pensar que, si en efecto Dodgson hizo una petición de mano, no fue la de Alice sino la de Lorina; y si él mismo nunca propuso un matrimonio, probablemente los padres se sintieran incómodos porque su atractiva hija pudiera pasar mucho tiempo con un hombre soltero al que jamás aceptarían como pretendiente. 


Alice (sentada con el libro), Lorina (de pie) y Edith Liddell (delante).
Fotografía de Thomas Edge, mediados de la década de 1860.


Cuando se reanudaron las relaciones entre Dodgson y los Liddell a finales de ese año, fueron cordiales como siempre, pero se volvieron cada vez menos frecuentes. Los encuentros y paseos casi diarios de Dodgson y las niñas se hicieron más y más esporádicos, así como las excursiones y las fotografías: siendo ya Lorina una señorita, Alice pronto estaría también disponible para el matrimonio. En mayo de 1864, Dodgson pidió autorización, sin obtenerla, para llevarse a pasear en barca a Alice, Edith y Rhoda. En noviembre del mismo año, envió a Alice, en lugar de entregárselo en persona, el manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra. Aunque el libro ocupaba un lugar destacado en el salón y se enseñaba orgullosamente a los visitantes, no hay constancia de que Alice, que entonces tenía doce años, ni nadie de su familia, escribiera a Dodgson una nota de agradecimiento. Fue el primero de muchos libros con una dedicatoria de su puño y letra que el reverendo envió a los Liddell, y que acabarían constituyendo una valiosa colección. 


Alice Liddell.
Fotografía de Charles Dodgson, 1870.

La última vez que Dodgson fotografió a Alice fue en junio de 1870. La joven tenía ya dieciocho años, y no es demasiado suponer que la búsqueda de marido constituía su única ocupación. No sabemos mucho de los pretendientes que pudiera tener en aquella época, pero sí sabemos que dos años después se encontraría con la gran oportunidad de su vida, que fue la comidilla de Oxford y otorgó a la señora Liddell el apodo de "la pescarreyes": el príncipe Leopoldo, duque de Albany. 


La niña Alice Liddell ha aparecido como personaje en algunos recuentos semificcionales que la tienen a ella o al reverendo Dodgson como protagonistas. En las versiones cinematográficas de Alicia en el País de las Maravillas de Dallas Bower (1949), William Sterling (1972) o Harry Aldous (1985) se muestra la excursión en barca del cuatro de julio; en la primera también se ve una sesión de fotografía de Dodgson y las hermanas Liddell, y la llegada de la reina Victoria. La película para televisión Alice de Dennis Potter (1965), centrada en Dodgson, ofrece una especulación, si bien respetuosa, sobre el interés que tenía el reverendo por la niña; la posterior Dreamchild, del mismo director (1985) cuenta la misma historia desde el punto de vista de la propia Alice, que recuerda su relación con Dodgson siendo ya anciana. Muy similar a esta última película son los libros Alice a los 80 (Alice at 80, 1984), de David R. Slavitt, y  Alice I have been (2009), de Melanie Benjamin: ambas comienzan con una Alice octogenaria que recuerda su infancia y su relación con  Dodgson. La niña también es un personaje central en la novela La casa del espejo (2015) de Vanesa Tait, que tiene como protagonista y narradora a la desagradable señorita Prickett, que es la única en creer los rumores sobre el amor del reverendo por ella.


Es preciso insistir en que las películas y las novelas son obras de ficción que toman como base  - pero también manipulan - acontecimientos reales, para dar la propia interpretación de directores y autores sobre los personajes y su relación entre ellos, por lo que no hay que tomarlas como documentos históricos. Para conocer a las personas y los hechos con la mayor veracidad posible, con datos contrastados y todas las teorías claramente señaladas como tales, remito a las abundantes y serias biografías que se han escrito de Lewis Carroll y los Liddell.



Fuentes:


Fotografías de la National Portrait Gallery, usadas con licencia Creative Commons. 


CARROLL, Lewis; GARDNER, Martin (ed.). The Annotated Alice, Penguin, Londres, 2001. 


COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography, Random House, Nueva York, 1995.


COLLINGWOOD, Stuart Dodgson. The life and letters of Lewis Carroll, T. Fisher Unwin, Londres, 1898. 

LEACH, Karoline. In the Shadow of the Dreamchild, Peter Owen Publishers, Londres, 2015.

WOOLF, Jenny. The Mystery of Lewis Carroll, St. Martin's Press, Nueva York, 2010.



3 de agosto de 2020

The Secret World of Lewis Carroll (BBC, 2015)







The Secret World of Lewis Carroll ("El mundo secreto de Lewis Carroll"; no existe doblaje al español) es un programa documental producido por la cadena británica BBC, de 56 minutos de duración, emitido originalmente por la BBC Two el 31 de enero de 2015. Posteriormente se emitiría en Finlandia el 19 de septiembre de 2016. Fue presentado por Martha Kearney, y dirigido por Clare Beavan. 



La presentadora dublinesa Martha Kearney. 


El documental, que se publicitó como una conmemoración de los 150 años de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas (de 1865), generó un gran malestar entre los expertos en Lewis Carroll por dedicar la mitad del metraje a debatir la atracción sexual del autor hacia niñas pequeñas, y especialmente por mostrar la fotografía de un desnudo frontal de una jovencita y cuestionar si podría haberla realizado el reverendo Dodgson. El tono de la segunda mitad del programa y el uso de la fotografía, cuyo modelo y autor siguen siendo desconocidos a fecha de hoy, hizo que algunos de los propios entrevistados denunciaran a la BBC por malas prácticas. 


El documental incluye los testimonios de, entre otros expertos, los biógrafos Morton N. Cohen, Jenny Woolf y Edward Wakeling; los escritores oriundos de Oxford Philip Pullman (La Materia Oscura) y Will Self (Mi idea de la diversión); el destacado historiador de Oxford Mark Davies; la tatarasobrina de Lewis Carroll, Caroline Luke; y la bisnieta de Alice Liddell, Vanessa Tait.


"Es posible que mi personaje de Lyra sea una suerte 
de descendiente de Alicia", Philip Pullman. 


La primera media hora del documental no tiene nada de particular: ofrece los datos, fechas y explicaciones que cabría esperar sobre un personaje famoso y su obra más destacada. Comienza con unas vistas de la celebración del 4 de julio en Oxford, con una multitud de personas de diferentes edades y nacionalidades disfrazadas como los personajes de Alicia, hablando sobre el libro y lo mucho que significa para ellas. A continuación, Martha Kearney se da un baño de saludable auto-bombo al rememorar que ella misma, a los once años, interpretó a Alicia en una función escolar, y muestra descuidadamente algunas reseñas muy favorables que los periódicos locales hicieron de su actuación; huelga decir que este pasaje no aporta nada al mundo secreto de Lewis Carroll, pero probablemente hizo que la presentadora se sintiera muy bien. 


Tras esto, el documental se centra en la historia del libro: trata primero sobre la personalidad del reverendo Dodgson, que insistía en mantenerse separado de su alter-ego literario (los conserjes de Christ Church tenían instrucciones de devolver al remitente todo el correo dirigido a Lewis Carroll); sus primeros encuentros con Alice Liddell cuando ella tenía cuatro años y llegó a Christ Church con su familia; la famosa "tarde dorada" en que se gestó la historia; y el manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra que el reverendo preparó como regalo para la niña. La presentadora examina el libro original, así como los bocetos y las referencias que el autor tomó para sus ilustraciones, y comenta la atención al detalle y el perfeccionismo tan propios del reverendo Dodgson. Finalmente, la versión final se publicaría en 1865, siendo contemporánea de Grandes esperanzas (1861) y Los niños del agua (1863). 



"Fue el momento en que la literatura victoriana encontró al niño, 
el momento en que el niño se puso en el centro de atención", Hugh Haughton. 


Tras comentar cómo Alicia fue la primera heroína femenina de las novelas infantiles (lo que no es cierto, de hecho, como explico al principio de esta otra entrada), el documental vuelve a centrarse en la figura del reverendo Dodgson. Explica que en su muy numerosa familia eran solo cuatro hermanos por siete hermanas, y que cuando dejó la casa de sus padres para vivir de modo independiente en Christ Church, retuvo consigo su experiencia de crecer en un hogar lleno de niñas. Según comenta Jenny Woolf: "Se supone que dijo que[los niños]eran tres cuartas partes de su vida... y yo creo, de alguna manera, los veía como una especie de refugio contra el mundo de los adultos". Y es en este momento cuando la presentadora se pregunta: "Pero, ¿qué pasaba, exactamente, con la relación de Lewis Carroll con los niños? Y, ¿cuál era la naturaleza de su relación con Alice Liddell?". A partir de aquí, el programa pone toda su atención en las fotografías de niñas que realizó el reverendo Dodgson, las posibles causas de su ruptura temporal con la familia Liddell, y la "controversia" de la fotografía del desnudo frontal de una jovencita. 


Las opiniones de los expertos son un poco contradictorias acerca de la relación entre Dodgson y Alice Liddell: Edward Wakeling sostiene que las cartas y los recuerdos que se intercambiaban habrían sido pruebas de amor romántico entre dos adultos, pero no pasan de ser muestras de afecto inocente entre una niña y un adulto; Morton N. Cohen afirma que había una implicación emocional por parte del reverendo, muy distinta a un amor paternal; y Vanessa Tait declara que ella cree que Dodgson estaba enamorado de Alice, aunque él mismo no llegara a admitirlo. Will Self dice francamente que lo que hace de Alicia en el País de las Maravillas un libro tan especial no es otra cosa que la "atracción reprimida" del reverendo Dodgson por la pequeña Alicia. 


Como ejemplo de esa "atracción", se muestra una fotografía de Alice Liddell en la que la niña aparece disfrazada de mendiga, descalza y con los hombros y parte del pecho descubiertos. La fotografía fue tomada en 1858, cuando Alice tenía seis años, y su tema fue muy probablemente inspirado por el poema "La doncella mendiga" de Lord Alfred Tennyson, escrito en 1842. 


Alice Liddell como "doncella mendiga", 
Charles Dodgson, 1858.


La presentadora comenta que la fotografía es "ambigua", y el profesor Robert Douglas-Fairhurst incluso admite que hay un "destello de sexualidad". Sin embargo, cuando Martha Kearney le pregunta si esa fotografía resultaría tan perturbadora en su momento como lo es ahora, el profesor recuerda que el sacar fotografías de niños con todo tipo de disfraces era el "estándar absoluto" para las familias victorianas de clase media, dado lo novedoso del arte fotográfico. El documental omite decir que los propios padres de Alice Liddell hicieron colorear a mano esa fotografía y la tenían enmarcada, lo que evidentemente no habrían hecho si les hubiera parecido que presentaba de forma erótica a su hija.


A continuación se habla de la ruptura de la familia Liddell con el reverendo Dodgson, que tuvo lugar en junio de 1863, cuando se le prohibió que volviera a la casa del deán y que tuviera contacto con las niñas. La presentadora comenta que las páginas del diario del reverendo que habrían abarcado este incidente fueron cortadas con una cuchilla por las sobrinas de Dodgson tras la muerte de éste. Hasta diciembre del mismo año, Dodgson no vuelve a mencionar a las hermanas Liddell, a las que vio con su madre en una velada teatral, pero se mantuvo a distancia como, según sus propias palabras, había estado haciendo los últimos meses. A partir de entonces se reanudaron las relaciones, pero se volvieron estrictamente formales.



Se especula sobre las razones que pudieron llevar a los señores Liddell a alejar al reverendo: Vanessa Tait está convencida de que la madre de Alice, una "espantosa esnob" que aspiraba a casar a sus hijas con príncipes, se sintió ofendida en su orgullo por el afecto que el reverendo Dodgson prodigaba a Alice, y quemó en una papelera todas las cartas que le habría escrito a la niña, para prohibirle después que tuviera contacto con ella. Sin embargo, había otros rumores en aquella época, según los cuales Dodgson aspiraba a una relación con la hermana mayor de Alice, Lorina "Ina" Liddell, o con la institutriz de las niñas, la señorita Prickett. Por algún motivo, las sobrinas que censuraron el diario dejaron en su lugar un fragmento de papel con un resumen de lo que decían las páginas que habían cortado, y en él se corroboran esas teorías de que Dodgson estaría cortejando a Lorina, o bien utilizando a las niñas para acercarse a Mary Prickett. 



En cualquier caso, la relación entre Dodgson y los Liddell se enfrió, y el reverendo comenzó a hacer muchas otras amigas de corta edad a partir de entonces, lo que Hugh Haughton llama "coleccionismo de niñas". Según el profesor, este modo de vida "ciertamente haría levantar cejas ahora, por parte de los servicios sociales y los padres, y también hizo levantar cejas en su momento". La tatarasobrina de Dodgson, Caroline Luke, insiste en que no se debe juzgar un comportamiento de hace ciento cincuenta años con la moral de hoy en día, y el profesor Nicholas Shrimpton añade que entonces era mucho más reprensible que un hombre soltero pasara su tiempo con mujeres ya sexualmente maduras, que con niñas prepúberes. Hay incluso indicios de que el primer biógrafo de Dodgson, su sobrino Stuart Collingwood, pudo haber reducido a propósito las edades de esas amigas- niñas para disipar cualquier duda de que el interés del reverendo pudiera centrarse en adolescentes y mujeres jóvenes, lo que tuvo "muy extrañas consecuencias". 


"No hay absolutamente ninguna prueba de que las cosas 
[entre Dodgson y las niñas] fueran inapropiadas", Caroline Luke.


Acerca de las fotografías de niñas desnudas, los expertos están de acuerdo en que era algo habitual en la época victoriana entre fotógrafos y artistas, tolerado y alabado por los padres y la sociedad en general. "Como mucha gente, [Carroll] creía que la forma suprema  de la belleza era el cuerpo humano", señala Shrimpton, "Y que la máxima forma de suprema belleza del cuerpo humano era el cuerpo humano femenino antes de alcanzar la pubertad". Frente a Will Self, quien está seguro de que Dodgson era un "pedófilo reprimido", Edward Wakeling dice claramente que quien malinterprete las intenciones del reverendo al fotografiar niñas desnudas "no ha hecho sus deberes". Jenny Woolf insiste en que era algo muy común en la época, correspondiente al culto victoriano por la pureza y la inocencia de los niños, y cita a la fotógrafa Julia Margaret Cameron, contemporánea de Dodgson, como otra especialista en los desnudos de niñas. "Las fotografías de niños desnudos aparecían a veces en postales y tarjetas de cumpleaños, y los dibujos de desnudos, hechos con habilidad, eran alabados como estudios artísticos", había dicho en un artículo de 2010. "Los victorianos veían la infancia como un estado de gracia: incluso las fotografías de niños desnudos se consideraban fotografías de la propia inocencia". La presentadora, no muy convencida, se pregunta en voz alta si aquellos que insisten en que no deben imponerse valores del siglo XXI al período victoriano no están intentando simplemente "proteger a un autor cuya obra amamos".


El último cuarto de hora del documental se centra en la "polémica" fotografía atribuida a Dodgson, en la que se ve un desnudo frontal de una muchachita de unos catorce años (el documental, muy pudorosamente, solo muestra la cabeza). Se trata de una fotografía que  se encontró en Marsella, en el Musée Cantini, con la inscripción “Lorina Liddell, Carroll, Col, MC”. Su legitimidad es muy dudosa desde el momento en que se apunta como autor a "Carroll", quien nunca utilizó su pseudónimo literario para sus trabajos fotográficos, o se usan las siglas "MC" como si correspondieran a Musée Cantini, cuando el propio museo no marca así sus materiales. Como admite la presentadora, Edward Wakeling ya desmintió en 1993 que la modelo pudiera ser Lorina o el fotógrafo Dodgson, comparándola con fotografías verificadas, pero el documental insiste en realizar pruebas forenses por si pudieran demostrar lo contrario. Recurre primero a Nicholas Burnett, especialista en fotografías del s. XIX, quien certifica que la fotografía se hizo realmente en la segunda mitad de ese siglo y no se trata de una falsificación moderna. Tras dar su opinión científica sobre la autenticidad de la fotografía como pieza del s. XIX, Burnett dice que "su instinto" le hace pensar que es de Dodgson. Un segundo experto, David Anley, compara nuevamente a la muchacha de la foto con otras fotos de Lorina y asegura que son la misma. 


Martha Kearney concluye que "si todo esto es verdad", la fotografía arroja una "luz perturbadora" sobre la vida de Lewis Carroll, a la vez que ofrece una posible explicación sobre la "misteriosa separación" del reverendo y la familia Liddell. Se pregunta por qué nadie habría de etiquetar la foto con el nombre de Lorina Liddell si no fuera ella, ya que es una figura secundaria en la vida del autor, y declara que esta "controversia" simplemente refleja la de las otras fotografías del reverendo y su relación con sus amigas-niñas. Termina alabando la atemporalidad de Alicia en el País de las Maravillas y el indiscutible talento de su autor: "El hombre, aunque imperfecto, ha escrito una obra de genio que ha sido redescubierta generación tras generación". 



Viendo que la segunda parte del documental, que había comenzado como una celebración de Alicia en el País de las Maravillas, carga las tintas contra la respetabilidad de su autor, es comprensible que Edward Wakeling y otros entrevistados acusaran a la BBC de mala praxis, ya que en ningún momento les informaron de que sería ése el propósito del programa. La BBC trató de defenderse, muy pobremente, alegando que la decisión de incluir "la polémica fotografía" fue debida a "su descubrimiento" a última hora, lo que es ridículo cuando el propio documental admite que ya se estudió esa fotografía en 1993, y reconociendo su error al no avisar a los colaboradores a tiempo. Edward Wakeling tachó al programa de "terrible y engañoso". Mientras que los espectadores, a juzgar por los comentarios al vídeo y los mensajes a la BBC, apoyan ciegamente la idea de "pedófilo reprimido" y consideran las fotografías "asquerosas y repugnantes", los expertos en Dodgson y estudiosos de su época mantienen que su afición a la compañía de niñas pequeñas y su admiración por sus cuerpos desnudos, si bien eran gustos excéntricos, estaban desprovistos de toda perversión.


Hay biógrafos que van más allá y aseguran que el reverendo Dodgson, que tenía unos deseos sexuales y románticos totalmente sanos, se relacionaba con normalidad con mujeres adultas y habría deseado casarse y formar una familia, pero esto le habría obligado a mudarse a una parroquia propia, lo que chocaba fuertemente con sus intereses. Por una parte, era renuente a abandonar las comodidades de sus habitaciones en Christ Church; por otra, sus numerosas hermanas solteras dependían económicamente de él, y no habría podido seguir mandándoles dinero si hubiera tenido que mantener a su propia esposa e hijos.


Independientemente de las opiniones enfrentadas de los expertos y la voluble crítica de las masas, que tienen a creer la noticia más reciente que han visto sin preocuparse por el trasfondo, que un documental comience con gente disfrazada celebrando en Oxford el 4 de julio, y a la mitad entre de lleno en acusaciones directas de pedofilia, es una decisión ejecutiva más que cuestionable, sobre todo viniendo de una cadena del prestigio de la BBC. Espero que les diera a los productores algo que pensar el darse cuenta de que su elección para conmemorar el 150 aniversario del libro en lengua inglesa más traducido del mundo, después de la obra de Shakespeare, quedara a la altura de una columnilla sensacionalista denostada por los propios entrevistados.





Fuentes: 

Todas los fotogramas son propiedad de la BBC. 



MARCHAL, Louise. "Responding to The Secret World of Lewis Carroll", en the mutability cantos, 3 de marzo de 2015. 

The Secret World of Lewis Carroll, documental completo en Youtube. 

WOOLF, Jenny. "Lewis Carroll shifting reputation", en Smithsonian Magazine, abril de 2010. 


3 de abril de 2020

Diario de un viaje a Rusia (1867)






Si bien Lewis Carroll solía moverse bastante por el interior de Inglaterra, fuese para disfrutar de unas vacaciones, visitar a familiares y amigos, o movido por el interés de fotografiar personas y lugares, en toda su vida solamente salió una vez de su tierra natal, y fue para realizar un largo viaje a Rusia, con paradas turísticas en varios países del camino. Entre los recorridos de ida y regreso y su estancia en el destino, estuvo dos meses fuera, del 12 de julio al 13 de septiembre de 1867. Dejó constancia de sus impresiones en un diario, y en las cartas que fue enviando durante el mismo viaje a su hermana Louisa.


La idea de emprender tan larga excursión no fue del reverendo Dodgson sino de su compañero, colega y mentor Henry Parry Liddon. Teólogo y orador prestigioso, Liddon ejercía cargos tanto en Oxford como en la catedral de San Pablo de Londres, y tenía gran interés en conocer de cerca las confesiones ortodoxas y observar sus puntos en común con la Iglesia anglicana. Christ Church aprobó, y tal vez financió parcialmente, su proyecto de viajar a Moscú, además de proporcionarle cartas de presentación a diferentes representantes eclesiásticos en su destino. 





Henry Parry Liddon (1829- 1890).


La inclusión de Dodgson fue, como poco, apresurada: el 4 de julio de 1867 - otro 4 de julio importante - Liddon le propuso a su amigo realizar el viaje, el día 10 se reunieron para hablar de ello, el 11 terminaron de concretar detalles, y el 12 partieron por separado a Dover, donde pasaron la noche para, al día siguiente, tomar el ferry a Calais. Para alguien que nunca había dejado Inglaterra y que era tan extremadamente minucioso, tardar apenas una semana en preparar un viaje de dos meses no debió de resultar muy sencillo.



Puerto de Dover a principios del s. XIX.

Desde Calais fueron recorriendo Europa en tren y carruaje, parando sucesivamente en Bruselas, Colonia, Berlín (donde pasaron cinco días), Danzig, San Petersburgo (donde permanecieron una semana) y finalmente Moscú. En todas estas ciudades visitaron, en primer lugar, cuantas iglesias, catedrales, monasterios y lugares de culto pudieron, asistiendo a servicios anglicanos siempre que tenían oportunidad; el tiempo que les sobraba lo dedicaban a museos y palacios, y ocasionalmente asistían a obras de teatro (Dodgson iba a veces él solo, cuando Liddon se quedaba descansando o atendiendo su correspondencia), aunque tuvieran que descifrar el argumento traduciendo palabras sueltas de los folletos. Cabe decir que Dodgson y Liddon hablaban francés aparte de su lengua materna, y entendían un poco de alemán, pero ninguno de los dos conocía una palabra de ruso. Las interacciones con camareros, cocheros y personal de los hoteles de todas las nacionalidades son habituales en el diario de Dodgson, que no perdía oportunidad de contar las anécdotas, malentendidos y riñas que ocasionaban las barreras del lenguaje.


Permanecieron en Moscú del 2 al 19 de agosto, visitando los principales lugares de culto y sitios turísticos de la ciudad, como el monasterio de San Andrés, la catedral de San Basilio y el Kremlin. Realizaron excursiones a los alrededores, y se entrevistaron con diferentes representantes de la iglesia ortodoxa, a veces en francés, y a veces contando con la ayuda de un traductor. Liddon predicó en algunos de los servicios anglicanos a los que asistieron. 



Catedral de San Basilio.

En el viaje de regreso, volvieron en primer lugar a San Petersburgo, donde pasaron otra semana. Después fueron a Varsovia (que a Dodgson le desagradó bastante: "la ciudad es, en su conjunto, una de las más ruidosas y sucias que nunca haya visitado"), Leipzig, algunas localidades de Alemania (Dresde, Giessen, Ems), y finalmente París, donde visitaron la Exposición Universal antes de partir para Calais y embarcar de regreso a Dover.


Los dos hombres llevaron diarios durante su viaje, y comparándolos se pueden apreciar sus diferentes impresiones ante idénticas experiencias. En lo que respecta al propósito de su viaje, el contacto con la Iglesia ortodoxa y otros lugares de culto (en Berlín asistieron a una ceremonia en una sinagoga, y en Moscú Dodgson oyó por primera vez una adhan, la llamada a la oración, desde una mezquita), se diferencian en que Liddon se concentra en vivir la solemnidad de la prédica y la oración, mientras que su compañero se fija más en detalles inmediatos como el tipo de ropaje que llevan los ministros, las ceremonias como la comunión o el beso de la paz, y la participación de hombres, mujeres y niños; la hermosura de algunos edificios lo conmueve, más que el servicio religioso, hasta el punto en que la belleza de la catedral de Colonia lo hace "sollozar como un niño", según palabras de Liddon. En el sentido contrario, destacan sus repetidas quejas sobre "el lujo y el mal gusto" de las iglesias católicas, y Liddon deja constancia en su propio diario de la actitud irrespetuosa de Dodgson al abandonar una misa a mitad del servicio, "como si fuera una sala de conciertos".



Monasterio de San Andrés.

Del mismo modo, fuera de las visitas a iglesias y encuentros con eclesiásticos, Dodgson presta mucha atención a las anécdotas curiosas o divertidas del viaje, ausentes en el diario de Liddon. Muchos de los intereses de Dodgson van apareciendo en las páginas del diario: en varias ocasiones lamenta no poder sacar fotografías, y adquiere algunas en tiendas por donde pasa; comenta la gracia y el encanto de niños y niñas con los que se encuentra; acude a varias representaciones teatrales aunque no entienda los diálogos; reproduce el estupor que le causan las largas palabras rusas; y comenta la presencia de animales domésticos en los establecimientos en los que se aloja, demostrando su simpatía hacia ellos. Las anécdotas a las que dedica más tiempo son el regateo con los cocheros por los trayectos en el interior de la ciudad, y las dificultades que sufrieron para recuperar el abrigo de Liddon del guardarropa de un hostal, al haberse marchado antes otro huésped que les había servido de intérprete. Tras varios intentos infructuosos de hacerse entender por una criada que solo hablaba ruso, Dodgson tuvo la ocurrencia de realizar rápidamente un dibujo "que representaba a Liddon con una chaqueta puesta, recibiendo otra más grande de las manos de un benigno campesino ruso". Por desgracia, es el único dibujo de Dodgson que se conserva de este viaje, aunque en otras entradas del diario se menciona que estuvo realizando apuntes de edificios y paisanos (lo que propicia que Liddon comente el tiempo que perdieron con eso).





Dodgson hace lo posible por aprender palabras rusas, que a veces copia en alfabeto cirílico y a veces con su transcripción fonética en alfabeto latino, y deja constancia de los comportamientos, a veces chocantes, de los rusos con los que trata, como el guía de la catedral de San Basilio, que los lleva a toda prisa por el templo sin darles oportunidad de contemplar nada, o el propietario de un hostal en el que pasan una noche, quien los besa profusamente después de que dejen propina. Casi todos los días menciona algo sobre la comida (en una ocasión describe un menú ruso completo) y las condiciones del coche o compartimento de tren en que ha de pasar muchas horas. Por lo que se desprende de sus escritos, y aunque Dodgson era muy amante de las comodidades, pareció sobrellevar bastante bien los momentos menos agradables del viaje, mientras que Liddon no tuvo tanta suerte: algunas veces en que han pasado la noche en ruta, Dodgson declara que su compañero no ha podido dormir (mientras que, por el contrario, Liddon se queja de que Dodgson se levanta tan tarde que pierden parte de la mañana), y en otra ocasión, en Konigsberg, Liddon cae tan enfermo que Dodgson ha de salir a toda prisa a procurarle un médico.


Algo que ha llamado la atención de los biógrafos es que Dodgson y Liddon pasaron mucho tiempo separados en la última etapa de su viaje. Los últimos días que estuvieron en París realizaron actividades cada uno por su cuenta; coincidían solamente por las noches, para cenar o ir al teatro. Dodgson dejó el hotel en el que se alojaban, al considerarlo "demasiado grande", y pasó las dos últimas noches en otro diferente. Ambos dejaron París para ir a Calais el 13 de septiembre, pero Liddon lo hizo temprano por la mañana, y Dodgson se quedó paseando y comprando recuerdos; no se marchó del hotel hasta las siete de la tarde, con lo que llegó a Calais a las dos de la madrugada. Es posible que hubiera desavenencias entre los dos compañeros a lo largo del viaje: en su diario Liddon menciona varias "discusiones con Dodgson", aunque no da más detalles; aparte del ya mencionado malestar por los retrasos que les provocaba que durmiera hasta tarde o se entretuviera dibujando, o el desprecio que mostraba ante los edificios y los ritos de la Iglesia romana. El biógrafo Morton N. Cohen sugiere que Liddon era "demasiado parecido al padre de Charles para que Charles caminara constantemente a su lado". Al igual que el padre de Dodgson, Liddon manifestaba unas simpatías por la iglesia católica romana que Dogson no compartía en absoluto: "los desacuerdos de Charles con ambos hombres eran demasiado fundamentales para resolverse o reconciliarse". No obstante, la amistad entre Dodgson y Liddon se mantuvo durante el resto de su vida; ambos siguieron compartiendo actividades religiosas y de ocio, y eran mencionados con cierta frecuencia en los diarios del otro. La confianza entre ellos debía de ser lo suficientemente fuerte como para que Dodgson hiciera a Liddon objeto de burla cariñosa en alguno de sus poemas satíricos, sin que su relación se resintiera por ese motivo.


En una de sus primeras paradas antes de llegar a Rusia, Dodgson conoció a un viajero estadounidense que le dejó su tarjeta de visita. Dodgson comenta al respecto que, si alguna vez viaja a Nueva York, intentará "descifrar" la dirección del caballero, probablemente sorprendido al constatar que en la gran ciudad las calles tienen números en vez de nombres. Pero Dodgson no volvió a salir nunca del país, mucho menos del continente, y es curioso que parezca olvidar muy pronto su única estancia en el extranjero. En su diario de viaje hay algunos espacios en blanco, de nombres de personas o lugares que seguramente pensaría investigar después, pero que nunca fueron rellenados. Las fotografías que compró y los dibujos que hizo no tuvieron mención en sus diarios posteriores (excepto el que ilustra la anécdota del abrigo de Liddon) y, en general, no vuelve a recordar ni comentar para nada el viaje en los diarios que siguió escribiendo el resto de su vida. El único recuerdo que se muestra en su obra de sus dos meses en Europa y Rusia fue un poema humorístico titulado "Un día ruso en Inglaterra", manuscrito en 1874, que mencionaba algunas costumbres y palabras rusas. Nunca publicado en vida del autor, el texto es "difícilmente una obra maestra", señala Cohen.


De hecho, este diario del viaje a Rusia, al formar parte de los documentos personales del autor, no se publicó hasta 1928, bajo el título de Tour in 1867 by C.L. Dodgson, y más tarde, en 1935, como parte de una recopilación de escritos cortos titulada The Russian Journal and Other Selections from the Works of Lewis Carroll, editada por John Francis McDermott. En castellano, la primera edición que me consta es la de Mascaron en 1983; la edición de Nocturna de 2009 es la que yo he utilizado; y la más reciente es la de la Mansalva, de Argentina, en 2015.


Fue Dodgson el reverendo, y no Carroll el escritor de fantasía, el que viajó a Europa y Rusia durante esos dos meses en 1867, pero no podemos por menos que recordar al segundo - y recordar que el viaje tuvo lugar entre los dos libros de Alicia - cuando leemos en el diario que su primera impresión de Moscú es la de "una ciudad de tejados blancos y verdes, de torres cónicas que surgen una de  otra como un telescopio plegable; de protuberantes cúpulas  doradas en las que se reflejan, como en un espejo, distorsionadas imágenes de la ciudad...".



El Kremlin a principios del s. XIX.


Fuentes:

CARROLL, Lewis; FRUTOS, María Eugenia (trad.);     LABORDA, Javier (trad. e int.). Diario de un viaje a Rusia, Nocturna Ediciones, Madrid, 2009.

COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography. Random House, Nueva York, 1995.

COLLINGWOOD, Stuart Dodgson. The Life and Letters of Lewis Carroll, T. Fisher Unwin, Londres, 1898.

JOHNSTON, John Octavius. Life and letters of Henry Parry Liddon, Longman, Londres, 1904.

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