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8 de marzo de 2026

Alicia, ¿heroína feminista? (segunda parte)




Esta es la segunda y última parte de un artículo sobre la crítica feminista en Alicia en el País de las Maravillas. En la primera comentamos las figuras femeninas que Alicia encuentra en su viaje.


A lo largo de su sueño, Alicia y el narrador aluden en varias ocasiones al entorno. Ya durante su larga caída por la madriguera del conejo, Alicia piensa en lo valiente que parecerá en casa, para pronto aburrirse de estar cayendo tanto tiempo, y desear que su gatita Dinah estuviera allí con ella. Poco más tarde, consternada por sus primeros cambios de tamaño, se pregunta si acaso se habrá convertido en otra niña, y decide que, aunque su familia se asome por la madriguera y le ruegue que vuelva a subir, no lo hará hasta que le digan claramente quién es ella. Superados estos momentos de angustia, volverá a acordarse varias veces de Dinah (y también del perrito de los vecinos), y pensará en su niñera, a la que ha asustado con sus juegos de "imaginemos que...", y con la que en ocasiones ha ido a la playa. Es notable, sin embargo, que una niña de siete años perdida en un mundo extraño, y a veces amenazante, no piense en ningún momento en sus padres.


Hay razones externas a la historia por las que no se mencionan los padres de Alicia. Mientras que Lewis Carroll pasaba mucho tiempo con las hermanas Liddell y el hermano mayor, Henry Liddell, las relaciones con los padres distaban mucho de ser amistosas. El decano Liddell y Charles Dodgson mantenían con frecuencia opiniones opuestas sobre la política y la gestión de Oxford, y si bien se trataban con deferencia y respeto, sus visiones - reformista la de Liddell, conservadora la de Dodgson - chocaban en el ámbito académico. En cuanto a la madre de Alice, su creciente obsesión con encontrar maridos ricos para sus numerosas hijas fue durante años la comidilla de Oxford, y objeto de poemas y piezas de teatro satíricas. No es de extrañar que Carroll no aludiera a ella en una obra que la habría convertido en una figura ridícula. La Alicia del libro no se acuerda de sus padres, y solo un par de veces de su niñera, porque en su aventura no ha de contar con figuras de autoridad que le digan, como en la vida real, qué ha de hacer en cada momento: es libre, y es interesante ver qué uso hace de esa libertad.


La crítica moderna - Jennifer Geer, Maria Nikolaeva, Karen Coats - suele coincidir en que las tranformaciones de Alicia a lo largo de su aventura no son solo físicos: hay cambios en su actitud, en su visión del mundo, en su propia identidad. No comienza rebelándose ante la incoherencia de lo que encuentra, sino que al principio intenta aplicar las normas que tiene interiorizadas sobre cómo debe comportarse una niña en sociedad, y solo progresivamente irá rebelándose contra ellas. 


Recordemos cómo, en sus primeros encuentros con los personajes del País de las Maravillas, Alicia mantiene una actitud muy cortés y obediente: se dirige al Ratón con toda la amabilidad posible; reparte entre los participantes de la Carrera Loca los caramelos que lleva encima, aun quedándose ella sin ninguno; lamenta su falta de tacto al hablar a los pájaros de lo buena cazadora que es Dinah; obedece sin rechistar al Conejo Blanco cuando éste la confunde con su criada Mary Ann; y cuando entra en su casa le preocupa encontrarse con la verdadera Mary Ann y que la eche sin darle tiempo a cumplir el recado del Conejo. En contraste con la primera vez que aumenta de tamaño, en que se dirige tímidamente al Conejo Blanco, cuando vuelve a crecer y se queda atascada en su casa, Alicia se manifiesta por primera vez de modo agresivo: ante el miedo de que quemen la casa, amenaza con soltar a su gata Dinah contra el Conejo y otros animales pequeños, y despacha de una patada al inofensivo Bill cuando este intenta entrar por la chimenea. Su rebeldía, sin embargo, no dura mucho: al tomar los pasteles vuelve a ser diminuta y deja de estar atrapada, pero ahora es demasiado pequeña para enfrentarse a los animales que siguen considerándola una amenaza. No pasa desapercibido que el tamaño grande (adulto), la mantiene físicamente atrapada - primero en el Vestíbulo de Muchas Puertas, y luego en la casa del Conejo Blanco - pero le da fuerza y autoridad, mientras que el tamaño pequeño (de niña) le permite moverse y explorar, pero debe someterse a cualquiera que le mande.


Con la Oruga, Alicia comienza a cuestionarse su identidad: no se pregunta "¿Dónde estoy?" como la Irene de La princesa y los trasgos o la Dorothy de El mago de Oz, sino "¿Quién soy?". El célebre diálogo en que reflexiona en todo lo que ha cambiado desde que se levantó por la mañana se ha entendido como el descubrimiento del mundo de un modo independiente (lo que constituiría el paso de la infancia a la edad adulta) o de su desarrollo físico como mujer (una primera toma de conciencia de la pubertad). Alicia comienza a ser consciente de que ocupa un lugar en el mundo. 


Esta vez sin la ventaja del tamaño, siente un nuevo impulso de independencia: cruza las manos y recita un poema, como cualquier niña victoriana, cuando la Oruga se lo ordena; pero poco después se molesta por la actitud displicente de su interlocutor, y decide despedirse y marcharse, sin esperar su permiso. Alicia se está dando cuenta de que, aunque su educación le haga buscar la aprobación de los adultos, no depende de esa aprobación para ser ella misma, y puede dudar, replicar y cuestionar aquello con lo que no esté de acuerdo. Desde que la Oruga  - probablemente, impresionado por esa demostración de voluntad - le ofrece la manera de controlar su tamaño, Alicia recorrerá el País de las Maravillas evolucionando poco a poco: acercándose a los adultos con respeto y cortesía en un primer lugar, intentando aplicar las normas y la lógica que ya conoce, pero rebelándose ante lo que encuentra arbitrario o injusto. 


En la casa de la Duquesa - donde encuentra a las dos primeras figuras femeninas, desagradables y hasta crueles - y en la Merienda Loca - donde los bruscos cambios de tema, y de asiento, ponen a prueba su paciencia - Alicia sigue acercándose a los adultos con la cortesía que se espera de ella, pero tomando la iniciativa. Entra a la casa de la Duquesa sin esperar a que le abran (y llamando "idiota" entre dientes al Lacayo-Pez), del mismo modo que se sienta en la mesa del Sombrerero y la Liebre sin que nadie la invite. Alicia desea interactuar con los demás de manera natural y amistosa: está contenta de entablar una conversación con la Duquesa, quiere contar cuentos y adivinanzas con el Sombrero, la Liebre y el Lirón. Pero cuando esto se vuelve imposible por lo absurdo o peligroso del comportamiento ajeno, Alicia se vuelve firme y asertiva: ya no vacila a la hora de llamar la atención a la Duquesa ante el trato que propina a su bebé, o de recriminar al Sombrerero las observaciones personales. Se siente frustrada porque ese mundo no se rige por las normas que conoce, pero está aprendiendo a discutirlas, y sabe que es libre de levantarse y marcharse cuando no soporta más una situación.


Alicia llega por fin al hermoso jardín de la Reina: frente al bosque que ha recorrido en buena parte de su aventura, es un fragmento de naturaleza ordenado, controlado, modificado al gusto del hombre. Esa ilusión de disciplina se rompe pronto, al ver que los Jardineros-Carta pintan de rojo las rosas blancas; de nuevo, una solución tan absurda como desesperada. La llegada de la comitiva real provoca emociones contradictorias  en Alicia: está ilusionada al ver el desfile, y por un momento se siente cohibida por el hecho de que una reina le dirija la palabra; pero al mismo tiempo se muestra despectiva al reflexionar que no son más que cartas, y se insolenta - sorprendiéndose ella misma de su audacia - cuando la reina le pregunta por los Jardineros. El "¡Tonterías!" con el que ataja las amenazas de la Reina, y la decisión con que protege a los Jardineros de los Soldados que van a ejecutarlos, parecen la culminación de su recorrido hacia la independencia. Pero, de nuevo, son solo un brote pasajero: en la partida de croquet, Alicia se cuidará mucho de ofender a la Reina, y la obedecerá sin rechistar cuando la mande a visitar a la Tortuga Falsa. Incluso cuando la deja sola con el Grifo, que le da un poco de miedo a Alicia, la niña piensa que no estará menos segura con él que con la "salvaje" Reina.  


El juicio a la Sota de Corazones, que ocupa los dos últimos capítulos del libro, mantiene la ambigüedad entre la Alicia obediente y la Alicia independiente. Al principio recupera la emoción infantil de poder estar presente en un tribunal "de verdad" y reconocer lo que ha visto en los libros, al mismo tiempo que su primer pensamiento al ver las tartaletas es esperar que el proceso acabe pronto y se sirva un refrigerio. Pero, durante las testificaciones, que sigue con interés de espectadora, se pasa el efecto de la seta reductora que había tomado antes de entrar a casa de la Duquesa, y comienza a crecer a ojos vista. Es interesante el momento en que su vecino de asiento le recrimina que está ocupando espacio; a lo que Alicia contesta que no puede evitar crecer, y el vecino replica que la mayoría de gente no crece tan rápido. Desde un punto de vista feminista, se podría ver aquí una reivindicación, ya que Carroll no era ajeno a los movimientos por los derechos de las mujeres que estaban teniendo lugar desde 1850 (en 1866, solo un año después de la publicación de Alicia, se realizó la primera petición para el sufragio femenino). Aunque, personalmente, considero que Carroll escribió esta línea en parte por el chiste, y el parte por la queja, tan común entre los adultos, de lo rápido que crecen los niños, es posible ver en este momento - y en lo que pasa después - que Alicia comienza a llenar espacio en un lugar en que la única mujer es la Reina.


De nuevo con un tamaño superior al de todos los adultos presentes, Alicia toma coraje: replica al rey sobre la norma 42, lo interrumpe un par de veces, se niega a salir de la sala, y finalmente se enzarza en una discusión a gritos con la mismísima Reina. Por su desafío a la autoridad, es atacada por los Soldados, se asusta, grita - en parte de miedo, en parte de rabia - y se despierta junto a la reconfortante figura de su hermana.


Con la vuelta a la realidad, a un mundo en que toda su independencia ha sido un sueño, Alicia no es una heroína política, ni un modelo feminista en la patriarcal sociedad victoriana. Pero ha aprendido a pensar por sí misma y actuar cuando juzga necesario, lo que le otorga un destello de conciencia crítica frente a estructuras de poder injustas. Con su oscilación entre modosa y rebelde, entre sumisa y desafiante, Alicia nos recuerda que la libertad y la autonomía se construyen paso a paso: cuestionando la autoridad, aprendiendo de la experiencia y, sobre todo, confiando en la propia voz. Es justo el tipo de visión moderna, surgido en un cuento infantil de un autor conservador, que hace que el libro siga generando interés y debate ciento sesenta años después.


Fuentes:

AUERBACH, Nina. “Alice and Wonderland: a Curious Child”. Universidad de Pennsylvania, 1973. 

COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography, Random House, Nueva York, 1995. 

COATS, KarenLooking Glasses and Neverlands: Lacan, Desire, and Subjectivity in Children's Literature”, University of Iowa Press, 2004.

GEER, Jennifer. "All sorts of pitfalls and surprises": Competing Views of Idealized Girlhood in Lewis Carroll's Alice Books”, en Children's Literature, John Hopkins University Press, 2003, vol. 31, págs. 1-24.

LEACH, Karoline. In the Shadow of the Dreamchild, Peter Owen Publishers, Londres, 2015. 

MOHELL TEKBILECK, Rebecka. Alice in Smotherland.A Feminist Study of Alice’s Adventures in Wonderland”, Delarna University, 2021.

NIKOLAJEVA, Maria. The development of children's fantasy, en The Cambridge Companion to Fantasy Literature, Cambridge University Press, 2012, págs. 50 - 61 

O'SULLIVAN, Britanny. “Sex and Food: Alice’s Sexual Development through Consumption”, en Theocrit: The Online Journal of Undergraduate Literary Theory and Criticism, octubre de 2009. 






28 de julio de 2024

Charles Dodgson en Daresbury.

 

Entrada dedicada a las amables guardesas de la iglesia de Todos los Santos de Daresbury, que me permitieron entrar y permanecer en ella cuanto quisiera, con la mayor simpatía y afectuosas sonrisas.
 




Al noroeste de Inglaterra, limitando al norte con Merseyside y Gran Mánchester, al este con Derbyshire, al sureste con Staffordshire, al sur con Shropshire, y al oeste con Gales, se encuentra el condado de Cheshire. Su capital es Chester, y sus ciudades más conocidas probablemente sean Mánchester, importante núcleo de comunicaciones ferroviarias, y Liverpool, histórica cuna de Los Beatles. A unos treinta y seis kilómetros de Mánchester, en dirección a Chester, hay un puntito en el camino que merece nuestra atención: Daresbury, una pequeña población de menos de trescientos habitantes. Tiene una iglesia, un cementerio, una granja de vacas y un camino que permite recorrer el pueblo relajadamente en una media hora. Y a unos dos kilómetros y medio de esta pequeña villa hallamos el lugar de nacimiento de Charles Dodgson. 


En 1832, Daresbury, "virtualmente perdida entre granjas", tenía una extensión de 242 hectáreas y una población de 143 habitantes, entre los que se encontraban los padres y las dos hermanas mayores de Charles. Su padre había recibido el curato en 1827, y la casa parroquial que habitaba la familia estaba tan aislada, "que hasta el paso de una carreta despertaba un gran interés", como diría Stuart Collingwood, el sobrino y primer biógrafo de Charles Dodgson. La vida en esa casa sin más vecinos que flores, insectos y animales del corral impregnó la imaginación y la sensibilidad de Charles en su infancia. Uno de sus primeros poemas trata de un niño que queda desolado al encontrar un pollito muerto en el gallinero, y en otro recuerda "una casa aislada, anchos mares de maíz" como "el feliz sitio donde nací". 


En Daresbury no había escuela. El padre de Charles logró establecer una escuela dominical en la iglesia de Todos los Santos, donde predicaba, pero era en su casa donde impartía un severo régimen de estudio y lecciones, combinado con rezos y lectura de la Biblia. El reverendo, doblemente graduado en Lenguas Clásicas y Matemáticas, enseñaba personalmente a su hijo, además de a otros niños del pueblo, por lo que cobraba un pequeño sobresueldo; su esposa, Frances Lutwidge, educaba a las hijas. Charles fue un niño inteligente y precoz que aprendió rápidamente latín y mostraba un gran interés por las matemáticas, hasta el punto de insistir a su padre en que le enseñara fórmulas y operaciones muy adelantadas para su edad; y por la literatura inglesa, a la que contribuyó desde muy pequeño escribiendo sus primeros acrósticos. Según relatos de sus hermanas, sentía tanta fascinación por los pequeños animales del campo que solía adoptar caracoles y ranas como mascotas. Fue también en estos primeros años en los que se reveló su tartamudeo, un defecto que sería común en su familia (prácticamente todos sus hermanos y hermanas lo sufrirían) y quedó sordo del oído derecho tras un fuerte episodio de fiebre. 


La familia Dodgson permaneció en Daresbury dieciséis años. En 1843, amigos del reverendo Dodgson solicitaron al primer ministro, Robert Peel, que le concediera un nuevo destino, en una parroquia mayor y mejor pagada. Después de Charles, habían nacido otros siete hermanos y hermanas, haciendo un total de diez niños y dos adultos, además del servicio; el reverendo se veía apurado por dificultades económicas y la estrechez de la casa parroquial, ya que su sueldo dependía del tamaño de la congregación, no del de su familia. Los Dodgson cultivaban comida en un pequeño huerto, criaban algunos animales y daban clases, pero aun así las necesidades de diez niños debían de superar sus recursos. Escuchando la petición de los notables, Robert Peel adjudicó al reverendo Dodgson la rectoría de Croft-on-Tees, en el condado de Yorkshire del Norte, con unos 740 habitantes. 


Cuando la familia se marchó de Daresbury, Charles tenía once años. En la iglesia de Todos los Santos, donde fue bautizado y oyó predicar a su padre durante esa década, se despidieron de la familia con un tributo que recordaba y agradecía todo lo que el reverendo Dodgson había aportado desde su llegada: la escuela dominical, las lecturas de la Biblia "no menos de tres veces a la semana", y las ayudas a innumerables pobres, enfermos y afligidos de la congregación.



En la actualidad, Daresbury es un pueblecito pegado a la carretera que comunica Mánchester con Chester. El acceso es difícil si uno no conduce: de lunes a sábado hay un autobús que sale de la cercana población de Warrington y se detiene, bajo petición, en cierto punto de la carretera, cerca de la granja lechera y a unos veinte minutos del pueblo. El resto del camino hay que hacerlo a pie, por el arcén, lo que en un día soleado es relativamente agradable, pero no me gustaría tener que recorrerlo en la oscuridad, lluvia o niebla. La mañana de abril en que me encontré con la sorpresa de que el autobús no dejaba en la entrada del Daresbury sino en medio de la carretera fue, por suerte, seca y soleada - aunque con mucho viento - y pude ir andando sin contratiempos hacia el pueblo, saludando a ciclistas y paseantes por el camino. 




En la ruta Warrington- Chester, el autobús deja en el lado derecho de la carretera, y Daresbury queda en el izquierdo, por lo que hay que cruzar al llegar al pueblo, respetando, evidentemente, los semáforos.





La señal de bienvenida al pueblo no deja lugar a dudas de que es el Daresbury que vio nacer al futuro Lewis Carroll. 




Se entra al pueblo por el lado de la iglesia de Todos los Santos, que de hecho está ubicada en medio del cementerio. La iglesia ya no es igual a como era en la infancia de Charles; fue reformada casi por completo en 1870. En 1935 se inauguraron unas vidrieras con los personajes de Alicia en el País de las Maravillas, y en 2012 se dedicó un pequeño anexo, el Centro Lewis Carroll, a su vida y obra. 


Entrada sur. Fotografía de Wikipedia.


Torre y cementerio, desde el norte.

Tras atravesar el cementerio, hermoso y bien cuidado como suelen estarlo los camposantos rurales, llegué a la iglesia, que en aquel momento ya había terminado el servicio de la mañana. Unas amables parroquianas me invitaron a recorrerla a mi antojo y me dijeron que me sintiera como en casa; se marcharon al poco, con lo que durante una hora tuve el lujo de disponer de la pequeña iglesia "para mí sola". La nave central tiene forma de cruz; el altar es modesto y sobrio, y cuenta también con un pequeño órgano. Todo el edificio es sencillo, excepto mi principal punto de interés: la magnífica vidriera de la Natividad, que incluye a Lewis Carroll y a Alicia, los personajes del País de las Maravillas, y uno de sus poemas.










La vidriera, sita en la capilla Daniell e inagurada en 1935, se construyó con donativos de entusiastas carrollianos de todo el mundo, para conmemorar el centenario de su nacimiento. Fue diseñada por el artista Geoffrey Webb (1879- 1954) y muestra una escena de Natividad, en cuyo primer panel Charles Dodgson y una niña que representa a Alicia (basada en las ilustraciones de John Tenniel, no en la Alice Liddell real) están rezando. Debajo de la vidriera hay cinco paneles que incluyen personajes del País de las Maravillas. El primer y el quinto panel se refieren al nacimiento y la muerte de Charles Dodgson, mientras que los tres centrales incluyen versos de uno de sus poemas: "Felicitación de Navidad (de un hada para un niño)". Escondidos en el conjunto de la vidriera hay una pequeña telaraña - la marca personal de Geoffrey Webb - y el Gato de Cheshire. Fue un honor inmenso poder estar todo el tiempo que quise contemplando esta maravillosa obra sin molestar ni interrumpir a nadie.


Después de llenarme los ojos cuanto quise, di una vuelta por el Centro Lewis Carroll, que tiene paneles que cuentan su vida y obra y algunos juegos y actividades interactivas para los niños. 






Pasé también por el rinconcito de los recuerdos, del que adquirí un curiorísimo mantel con una ilustración en que los personajes de Carroll "invaden" la tranquila iglesia de Todos los Santos. 





A continuación salí a dar una vuelta por Daresbury. Aunque la posibilidad de ir a tomar un refresco al pub cercano era muy tentadora, me llamaba más recorrer el pueblo mientras durara el buen tiempo - muy variable en la primavera inglesa -, así que emprendí la marcha por un camino bordeado de flores: el paseo Lewis Carroll, la calle principal de la localidad. 









Los habitantes de Daresbury parecen muy orgullosos del que fue un destacado residente, y casi todas las casas de la avenida reciben nombres sacados de sus obras, o contienen algún detalle que lo referencia. 









Al llegar al final del pueblo, tras un placentero paseo, tuve la posibilidad de seguir caminando y llegar al lugar donde estuvo la casa parroquial donde nació Charles Dogdson. Estuvo, porque ardió hasta los cimientos en 1884. Sin embargo, sabemos cómo era porque el propio Charles Dodgson, cuando comenzó a interesarse por la fotografía, trasladó todo su equipo a Daresbury y fotografió la casa de su infancia, preservándola, sin saberlo, para la posteridad. En la actualidad, una valla metálica y unas líneas de ladrillos indican dónde estuvo la vivienda. 

 


Fotografía del Centro de Lewis Carroll.



A mi pesar, decidí no ir a visitar la zona, ya que debía estar pendiente del autobús de vuelta a Warrington, y la conexión, a su vez, a Mánchester, donde me alojaba. De modo que volví a la entrada del pueblo, me despedí mentalmente de la iglesia, crucé la carretera vigilando que no pasaran caballos, y volví a darme una caminata por el arcén para coger el autobús de vuelta a Warrington. 






En Warrington, mientras hacía tiempo para el siguiente tren a Mánchester, me encontré con algo que fue el colofón perfecto a mi viaje a la cuna de Lewis Carroll. Literalmente, vi pasar un conejo blanco, lo cual no me llamó la atención, porque era Sábado Santo, y había conejos de Pascua por todas partes. Pero cuando detrás del conejo pasó corriendo una muchacha con vestido azul y delantal blanco, y luego un grupo de niños exultantes, y luego una oruga con una sombrilla en forma de seta, me di cuenta de que era una actividad de Pascua con temática de Alicia en el País de las Maravillas, y me metí en ella, como Alicia en la merienda loca, sin que nadie me invitara. 








La obra, por lo visto, iba ya por la mitad, y consistía en un recorrido por el centro de Warrington, durante el cual los niños participaban en juegos, resolvían acertijos, y recibían regalitos de los comercios locales. Como era de esperar, no tardó en aparecer la temible Reina de Corazones, ordenando decapitaciones a diestro y siniestro, pero los valientes niños no se arredraron. 








La Reina se calmó un poco, y explicó que estaba enfadada porque había perdido su valioso huevo dorado. Invitó a los niños a buscarlo en el parque donde nos hallábamos, y prometió una fabulosa recompensa a quien lo encontrara. Todos los niños se pusieron a buscarlo, cosa que no era fácil, pues resultó que el parque estaba cuajado de pequeños y brillantes huevos de chocolate. Un sagaz chavalín de seis o siete años encontró el huevo dorado y se lo entregó a la Reina, recibiendo como premio un vale para canjear en una juguetería local. 









Cuando terminó la actividad y los niños se dispersaron, recogí yo misma un pequeño huevo de chocolate que había quedado en un parterre, así que mi excursión a Daresbury y Warrington no pudo terminar de modo más dulce.



Fuentes:


CARROLL, Lewis; SÁNCHEZ-RODRIGO, Carlos Miguel (trad. y ed.). El paraguas de la rectoría. Cajón de sastre. Ediciones del Cotal S.A., Barcelona, 1980. 

COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography. Random House, Nueva York, 1995.

COLLINGWOOD, Stuart Dodgson. “Before Alice: The Boyhood of Lewis Carroll”, en The Strand Magazine, Londres, 1899, p. 616. 

COLLINGWOOD, Stuart Dodgson. The Life and Letters of Lewis Carroll, T. Fisher Unwin, Londres, 1898.

DE LA MARE, Walter. Lewis Carroll, Faber and Faber, Londres, 1932.

HUNT, Peter. The making of Lewis Carroll's Alice and the Invention of Wonderland, Bodleian Library, Oxford, 2020.

KELLY, Richard. Lewis Carroll, Twayne Publishers Michigan, 1990.

The Daresbury Lewis Carroll Society.

WAKELING, Edward. Lewis Carroll: The Man and His Circle, I.B. Tauris, Londres, 2015.


20 de febrero de 2024

El Gato de Cheshire (primera parte).

 



Esta es la primera parte de un artículo dividido en tres. Trata sobre los orígenes del personaje; la segunda trata sobre sus principales representaciones e interpretaciones; y la tercera, sobre sus versiones modernas y su legado en la actualidad. 


En el capítulo 6 de Alicia en el País de las Maravillas "Cerdo y pimienta", Alicia entra en la cocina de la casa de la Duquesa, después de haberse reducido de tamaño y de haber intentado dialogar con el Lacayo-Rana. La cocina está saturada de humo y de pimienta, que la Cocinera está echando continuamente en un caldero de sopa; la especia hace estornudar enseguida a Alicia, y estornudan también la Duquesa, sentada en un taburete en medio de la cocina, y el bebé que lleva en brazos. Como muy pronto observa Alicia, los únicos que no estornudan son la propia Cocinera, y "un gran gato, que estaba tumbado en el hogar y sonriendo de oreja a oreja". Alicia, tímidamente, le pregunta a la Duquesa por qué su gato sonríe así, a lo que la Duquesa contesta que lo hace porque es un gato de Cheshire. Aunque a la Duquesa le parece suficiente explicación, a las preguntas de Alicia sigue contestando que todos los gatos pueden sonreír, y que de hecho la mayoría lo hace. Pero, ¿cómo el gato y su sonrisa han llegado desde Cheshire hasta el País de las Maravillas?



Willy Pogány, 1922.


El condado de Cheshire se encuentra al noroeste de Inglaterra, limitando con Gales al oeste, con los estuarios de Dee y Mersey al noreste, y con la formación montañosa de los Peninos al este. Fue en un pequeño pueblo de este condado, llamado Daresbury, donde en 1832 nació Lewis Carroll. La expresión "sonreír como un gato de Cheshire" ("grin like a Cheshire cat") era común en la época victoriana - documentada por primera vez en 1788, en la segunda edición de A Classical Dictionary of the Vulgar Tongue de Francis Grose - y no cabe duda de que, siendo originario de Cheshire, Carroll la oiría y recordaría desde muy temprana edad. 


Los orígenes de la frase son desconocidos. Martin Gardner cita dos teorías principales: la del queso de Cheshire, y la de los leones pintados en los carteles. Según la primera, tradicionalmente se elaboraba en Cheshire (una región en la que abundan las granjas de leche, y famosa aún en la actualidad por sus productos lácteos) un queso con una forma que recordaba a la de un gato con una mueca o sonrisa; como este queso comenzaba a cortarse por la "cola", lo último que quedaba del queso, cuando ya se habían cortado todas las porciones, era la sonrisa. La segunda, propuesta por el escritor Samuel Maunder en 1853, alude a un artista, al parecer no demasiado bueno, que pintó leones rampantes en los carteles de varias posadas y establecimientos en el condado. El parecido de estos presuntos leones con la versión doméstica de la especie felina, y que el gesto de su rostro, lejos de noble, asemejara una mueca o sonrisa, hicieron que el público general comenzara a referirse a ellos como "gatos sonrientes". Es el mismo proceso de asimilación popular que sucedió en España, en 1870, con las monedas de diez y cinco céntimos de peseta: el león estaba tan dudosamente grabado en ellas, que a la gente le parecía un perro; de ahí que comenzaran a llamarse, respectivamente, "perra gorda" y "perra chica".


La frase en sí sería suficiente para estimular la imaginación de Carroll: como han sugerido otros autores, Carroll pensaría que, si un gato hecho de queso intentara comerse un ratón, tal vez sería el ratón quien se lo comería a él. Pudo pensar también en que la Luna, en cuarto creciente, semeja una sonrisa en el cielo sin nada más alrededor (y tengamos presente que, según una metáfora popular en los países de habla inglesa, la propia Luna está hecha de queso). Otros autores sugieren que Carroll también podría estar pensando en una catenaria, la curva que forman una cadena o una cuerda que cuelga de dos puntos sin estar tensa... y que también puede recordar a una sonrisa. 


Cat-enaria en la Giralda de Sevilla. Shuttershock.


Pero también hubo otros gatos en Cheshire, aparte de aquellos moldeados en queso, que pudieron contribuir al personaje. En Grappenhall y Pott Shrigley, dos localidades cercanas al pueblo natal de Carroll, hay dos iglesias donde encontramos sendos grabados que podrían haberse quedado en la imaginación del joven Carroll como inspiración de su futuro personaje. En Grappenhall se encuentra la iglesia de San Wilfredo, y en la cara oeste de la torre hay esculpido un animal que muchos consideran un prototipo de Gato de Cheshire.



Grabado en arenisca en la torre de la iglesia de San Wifredo, Grappenhall.

Por su parte, en Pott Shrigley se encuentra la iglesia de San Cristóbal, en cuyo interior, en un arco sobre el altar, aparecen varios grabados medievales de animales. Entre ellos, uno que también es considerado un gato, y que luce una gran sonrisa. 


Grabado en gres en la iglesia de San Cristóbal, Pott Shrigley.


Incluso fuera de Cheshire encontramos un gato sonriente al alcance de Carroll. El padre del autor, el reverendo Charles Dodgson, fue llamado a ocupar el cargo de rector de Croft y archidiácono de Richmond en Croft-on-Tees, Yorkshire del Norte, desde 1843 a 1868. La familia se mudó de Daresbury a Croft-on-Tees en 1843, y Carroll vivió allí hasta que, en 1850, se fue a estudiar a Oxford. En la iglesia de San Pedro de Croft, donde su padre ejercía su magisterio, había un sitial excavado en la piedra sobre el cual había tallada la cabeza de un animal, tal vez un gato. En 1992, Joel Birenbaum, un aficionado a Alicia en el País de las Maravillas que visitaba la iglesia con un grupo de iguales, observó que, pasando por debajo del grabado, un niño no habría visto toda la cabeza, sino solo la sonrisa.


Bajorrelieve en San Pedro de Croft.


Aunque Alicia no habla con el sonriente gato mientras se encuentra en la casa de la Duquesa, vuelve a verlo en el exterior, en la rama de un árbol. Su diálogo críptico y sus continuas apariciones y desapariciones marean a Alicia, que llega a decirse a sí misma que una sonrisa sin gato es la cosa más curiosa que ha visto en su vida. Pero más tarde, cuando ve su sonrisa aparecer en la caótica partida de croquet de la Reina de Corazones, se alegra de tener a alguien con quien hablar, y lo presenta a la Reina como "un amigo mío". Es el único personaje de todo el País de las Maravillas a quien Alicia se refiere como tal. 


En el siguiente artículo veremos la primera y más recordada versión ilustrada del Gato de Cheshire, la de John Tenniel, y la segunda más popular, la de Walt Disney.


Fuentes:


BLACKBURN, Jonathan. "Where does the grinning 'Cheshire Cat' come from? We go on the hunt across the county", en CheshireLive, 6 de noviembre de 2021.


CARROLL, Lewis; GARDNER, Martin (ed.). The Annotated Alice, Penguin, Londres, 2001.


COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography. Random House, Nueva York, 1995.





20 de junio de 2022

Who Was Lewis Carroll?, de Pam Pollack y Meg Belviso

 



Who was Lewis Carroll? es una somera biografía de Charles Dodgson/ Lewis Carroll, pensada para niños de unos ocho o diez años, incluida en la colección Who HQ, de biografías de personajes históricos y contemporáneos. Muy breve y con muchos dibujos, se lee en unos veinte minutos.


Para la edad a la que está destinada, la biografía es suficiente y adecuada, aunque es de esperar que suprima mucha información. Solo habla de Alicia en el País de las MaravillasA través del espejo y La caza del snark, y se refiere de pasada a sus tratados matemáticos; no alude a sus otras obras de ficción ni a los libros divulgativos de lógica simbólica. En los capítulos dedicados a su infancia, y aunque habla de los juegos que inventaba para entretener a sus numerosos hermanos menores, no menciona que ya de pequeño escribía poesías, cuentos y adivinanzas, y los "publicaba" en periódicos y revistas en los que colaboraba toda la familia. También hay algunos errores, como el incluir una ilustración de A través del espejo cuando todavía está en el episodio de Alicia en el País de las Maravillas, o explicar que el autor solo comenzó a pensar en publicar Alicia en el País de las Maravillas después de haberle entregado una versión manuscrita a Alice Liddell, la niña que inspiró el cuento. De hecho, trabajó paralelamente en la versión manuscrita y en una versión revisada para la publicación.


Un aspecto del libro que me ha gustado es que tiene pequeños cuadros de información extra, no relacionados directamente con Carroll pero sí con su época: por ejemplo, cuando la biografía cuenta que el joven Charles comenzó a estudiar en el colegio de Rugby, un cuadro explica brevemente el origen del deporte; y al aludir por primera vez a la reina Victoria, hay también un apartado de la importancia de su reinado en la historia del Reino Unido. Estos cuadros aparte son muy cortos, pero complementan muy bien la biografía porque ayudan a hacerse una idea del mundo en que vivía Carroll.


Por sus características, lo puedo recomendar a los niños de la edad para la que está pensado, pero también a adultos que quieran saber algo sobre el autor sin tiempo o necesidad de profundizar demasiado.


Datos bibliográficos: 

Texto de Pam Pollack y Meg Belviso.

Ilustraciones de Joseph Qiu.

Publicado el 3 de octubre de 2017 en tapa dura, y el 15 del mismo mes y año en tapa blanda.

ISBN: 9780448488677

Editorial Penguin.

112 páginas.

Ficha del libro en Penguin Books.

28 de febrero de 2022

Lewis et Alice de Michel Suffran (1977)

 



Lewis et Alice es una obra de teatro del autor francés Michel Suffran (1931- 2018), que explora la relación entre Charles Dodgson y una Alice Liddell que ya ha entrado en la adolescencia. Se estrenó en el centro Pompidou el 2 de febrero de 1977, y volvió a representarse en el café-teatro Le Connétable, y en festivales teatrales de Burdeos y Versalles. El texto se publicó íntegro en el número 616 de la revista teatral L'Avant-Scéne Théatre, en octubre de aquel mismo año. 



Michel Suffran en los años 70.

Michel Suffran, cuya profesión era la de médico y desarrolló su carrera literaria de modo paralelo, cultivó todos los géneros salvo el lírico. Escribió docenas de ensayos sobre autores y regiones de Francia, novelas y relatos cortos; obras de teatro originales y adaptadas (una de ellas, sobre El Quijote); y guiones para radio y televisión. Gran admirador del escritor y periodista Dino Buzzati, fundó y presidió la Asociación Internacional de Amigos de Dino Buzzati en 1977. A lo largo de su vida recibió numerosos premios y galardones, entre los cuales destaca el premio Durchon-Louvet de la Academia Francesa, que le fue otorgado en 1987 por la novela La nuit de Dieu. De esta obra, Eugène Ionesco dijo que le dejó  "deslumbrado, incluso angustiado" y le hizo preguntarse por qué Suffran no era más conocido.


Martine de Breteuil como Alice Hargreaves.



En el prólogo a Lewis et Alice, Suffran explica lo que desea mostrar en su texto: "El tema de la obra es la vida secreta de Lewis Carroll. Su propósito es mostrar al público francés el drama interior de este hombre, incapaz de salir del todo de su infancia y afrontar las exigencias de una vida plenamente adulta". Para ello, sitúa la obra en 1932, año en que la octogenaria Alice Hargreaves, a través de su hijo Caryl, habló de los recuerdos de su infancia con Charles Dodgson. Suffran se basa en ese texto para crear una situación similar en que Alice Hargreaves concede directamente una entrevista a una reportera, y, mediante un cuadro que es también pantalla, puerta y espejo, se alterna la acción entre ese "presente" y sus recuerdos de infancia, alrededor de 1860. 



Fanny Fontaine como la periodista Marjorie "Morningstar".


La composición de la obra, que consta de un único acto, es simple, casi minimalista. Consta de un reparto de únicamente tres actores, cada uno de los cuales asume dos papeles: una mujer que hace de Alice Hargreaves, y de su madre, la sra. Liddell, en el pasado; una muchacha adolescente que hace de Marjorie y de Alice Liddell; y un hombre joven que hace del fotógrafo del periódico y de Charles Dodgson. Las fotografías de la revista son de la representación en el café-teatro Le Connétable, en que los papeles fueron interpretados respectivamente por Martine de Breteuil, Fanny Fontaine y Marcel Guido. En la primera representación en el Centro Pompidou, el papel de Marjorie y Alicia adolescente había sido interpretado por Marie- Véronique Maurin, que siete años antes ya había sido Alicia en la versión televisiva de Jean Averty.


Marcel Guido como el fotógrafo Charles.


Las indicaciones escénicas dejan claro que el único elemento imprescindible es una pantalla sobre la que se proyectan las fotografías tomadas por Charles Dodgson y los dibujos de John Tenniel y Arthur Rackham para los libros de Alicia; otros muebles como sillones, un fonógrafo y algunos elementos decorativos pueden colocarse de modo opcional. En un momento se indica también el uso de unos maniquíes o figuras de tela que sugieren el desdoblamiento de los personajes, pero una nota  pie de página informa de que, después de las dos representaciones de París, se prescindió de estos elementos. 





La obra comienza en el momento "presente", 1932, en la sala o despacho de Alice Hargreaves, donde, de manera anacrónica, está sonando la canción "Yesterday" de Los Beatles (que se grabaría en 1965). Entra, despacio, la periodista Marjorie (aunque se refiere a sí misma como Morningstar, que es el nombre de su periódico, y Alice se dirige a ella de esta manera). Se presenta a Alice cuando sale a recibirla, pero esta no parece recordar que venían a entrevistarla, y se pone a divagar de manera poco coherente con sus recuerdos del pasado. Marjorie se da cuenta de que el gran retrato que está apoyado en una pared, sobre el suelo de la habitación, tiene una superficie difusa; Alice le dice que es a la vez puerta y espejo, y escenas del pasado de Alice comienzan a mostrarse al otro lado. Marjorie está fascinada, pero entonces llega Charles, fotógrafo del periódico y novio de Marjorie, y el cuadro vuelve a ser normal. Alice sigue hablando sin sentido, saltando de un tema a otro, pero en un momento les muestra los álbumes de fotos que conserva con las fotografías originales de Carroll. En un momento en que sale a buscar "algo mejor", Charles saca precipitadamente las fotografías de los álbumes, diciéndole a Marjorie que le traerá copias a Alice sin que se dé cuenta y venderá los originales a coleccionistas que pagarán lo que les pidan por ellos; la joven intenta detenerlo, forcejan, y las fotografías caen al suelo. En ese momento regresa Alice con dos gruesos cuadernos. Marjorie recoge las fotografías y se las entrega a Alice, pero esta, indiferente, se las da a Charles. Les entrega también los cuadernos, uno a cada uno, explicándoles que son los diarios inéditos de Lewis Carroll y de ella misma, y les invita a leerlos en voz alta. A partir de ahora, y hasta casi el final de la obra, todas las escenas que se desarrollan son momentos del pasado. 






Primero vemos la infancia de Alice, en que Lewis Carroll la distraía contándole historias de los personajes de sus libros, e incluso de la infancia y juventud del propio Carroll, que se enfrenta a su propio padre (interpretado por una voz en off) que le discute su madurez y su capacidad para enfrentarse a la vida adulta, y lo anima a aceptar que es diferente a todos los demás en vez de intentar fingir lo contrario. Después de esto, encontramos que Carroll ha ido a ver a la sra. Liddell para pedirle la mano de Alice (de la que se menciona que tiene ya dieciséis años). La madre se niega rotundamente, debido no a la edad de Carroll, sino a su inmadurez ("¿Me considera demasiado mayor para ella?" "¡Oh, no! Demasiado joven. Irremediablemente, demasiado joven"). La sra. Liddell insiste en que Alice debe vivir como una mujer respetable en el mundo real, y no como una niña en los países fantásticos de los que Carroll, a su juicio, es incapaz de salir; un matrimonio con ella está completamente fuera de cuestión. 





Decepcionado, Carroll se vuelca en sus "amigas-niñas", a las que escribe cartas ingeniosas y dedica sus siguientes libros. En la última escena del pasado, que nos sitúa en 1872, unos meses después de la publicación de A través del espejo, Carroll está jugando en la playa con varias niñas cuando se encuentra por casualidad con Alice, ya adulta y con el apellido de su marido, Hargreaves. Ella afirma que es feliz con su marido, pero Carroll, no muy convencido, le dice que fue ella quien decidió llevar una vida "normal" al casarse con Reginald Hargreaves y olvidarse del País de las Maravillas y de la imaginación e ingenio que tenía de niña. Alice dice que ha recibido una copia de A través del espejo, y que el libro le ha parecido encantador, pero que esa Alicia que cruza el espejo ya no es ella, que está muerta: "Todas las personas deben matar su infancia para vivir. Si no, las mantiene prisioneras". Carroll intenta insistir en que esa Alicia de su pasado puede seguir viva en su interior, pero Alicia afirma, incluso, que Carroll nunca la ha amado, ni a ella ni a ninguna de sus amigas-niñas, porque en realidad ama algo breve, fugaz, que desaparece con la infancia: "No es a mí a quien usted amó, Lewis. Ni a ninguna de nosotras... No: usted ha amado algo de nosotras, una chispa, un centelleo, un instante fugitivo, una gracia. Alguna cosa indestructible que ha brillado sobre todas, de una a otra, para después apagarse y resplandecer de nuevo sobre otras, una y otra vez. Una perfección inalcanzable, dolorosa. Y usted sigue persiguiéndola, en vano, sin descanso, con la misma esperanza...". 





Marjorie y Charles terminan de leer los diarios y ven que la anciana se ha dormido en el sillón. Por un momento consideran la fortuna que tienen en sus manos, pero Charles devuelve las fotografías originales que le había dado Alice, y Marjorie guarda los diarios en un baúl bajo llave. Charles dice que no servirá de nada porque llegarán otros que no tendrán ningún escrúpulo en difundir esos recuerdos a los cuatros vientos, pero Marjorie insiste en que por lo menos ellos han hecho lo correcto. Cuando se acerca a Alice para decirle en voz baja que se marchan, descubre que en realidad se hacía la dormida y que había estado escuchando lo que decían. Le regala una rosa roja que no saben de dónde ha sacado, y Marjorie y Charles atraviesan la puerta- espejo, hacia el paisaje idealizado del País de las Maravillas, mientras se muestran las fotos de Lewis Carroll y Alice Liddell y la música de "Yesterday" suena de nuevo con fuerza. 




Como obra pseudo-biográfica sobre la vida de Lewis Carroll, el texto solamente se basa, muy por encima, en datos objetivos. Hay algunos anacronismos e inconsistencias fácilmente pasables, ya que no afectan al sentido de la obra (por ejemplo, cuando Alice se casó en 1880, A través del espejo ya llevaba nueve años publicado; su marido, Reginald Hargreaves, no era parte de su familia ni mucho menos su primo como se dice en el texto). Pero en el contexto biográfico que la revista ofrece como presentación de la obra - presumiblemente redactado por el propio Suffran - hay varios conceptos erróneos, quizá dados por válidos en los años 70 pero desbancados por investigadores en las décadas posteriores. Se dice, por ejemplo, que Carroll pidió en matrimonio a Alice cuando era una niña, cosa de la que no existe la menor evidencia, o que rompía la relación con sus amigas-niñas cuando estas entraban en la adolescencia, lo que se ha comprobado por testimonios que también es falso. Al partir de estos datos erróneos, Suffran no duda en tildar a Lewis Carroll de emocionalmente inmaduro, y en considerar que vivió en una situación marginal respecto a la sociedad. Por tanto, hay que leer esta obra no solo considerando que es una ficción solo ligeramente basada en la realidad, sino que además esa realidad estaba equivocada en el momento de su escritura. 


Por otra parte, se trata de una de esas piezas teatrales en que la puesta en escena puede aportar tanto como quitar. El que los mismos actores interpreten a varios personajes distintos en varias épocas de su vida diferentes, que es una práctica habitual en el teatro, puede resultar muy confuso para un espectador que no conozca a priori la vida de Charles Dodgson y Alice Liddell, y que los mismos actores adultos hagan de adolescentes y también de niños no ayuda a distinguir las diferentes etapas de los recuerdos de Alice. Aunque parece claro el propósito de que al final se identifique a Lewis Carroll y Alice Liddell con los jóvenes Charles y Marjorie, creo que la obra sería más asumible con seis actores, tres para la época presente y otros tres para el tiempo pasado. La idea del cuadro que es a la vez "puerta y espejo", sobre el que se proyectan tanto fotografías como dibujos, más una iluminación adecuada, sí permite la transición entre la realidad del presente y los diferentes momentos del pasado. 


No me consta que se haya hecho y/o conservado ninguna grabación de las diferentes representaciones de la obra; dado que tampoco suscitó mucho interés en su época, no parece probable que se vaya a representar en un futuro cercano. El texto, también por lo que sé, está publicado solamente en la revista L'Avant-Scène; posiblemente lo esté también en tomos recopilatorios del teatro de Suffran. No me importaría verla representada si tuviera ocasión para ello, pero creo que, a pesar de algunos momentos aceptables - el parlamento final de Alicia sobre aquello que Carroll amaba en las niñas - se aleja demasiado de lo que ahora sabemos de Charles Dodgson como para poder presumir de mostrar su "vida secreta". 




Fuentes:

L'Avant-Scéne Théatre, Au Bureau du Jornal, París, número 616, octubre de 1977.




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