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28 de febrero de 2022

Lewis et Alice de Michel Suffran (1977)

 



Lewis et Alice es una obra de teatro del autor francés Michel Suffran (1931- 2018), que explora la relación entre Charles Dodgson y una Alice Liddell que ya ha entrado en la adolescencia. Se estrenó en el centro Pompidou el 2 de febrero de 1977, y volvió a representarse en el café-teatro Le Connétable, y en festivales teatrales de Burdeos y Versalles. El texto se publicó íntegro en el número 616 de la revista teatral L'Avant-Scéne Théatre, en octubre de aquel mismo año. 



Michel Suffran en los años 70.

Michel Suffran, cuya profesión era la de médico y desarrolló su carrera literaria de modo paralelo, cultivó todos los géneros salvo el lírico. Escribió docenas de ensayos sobre autores y regiones de Francia, novelas y relatos cortos; obras de teatro originales y adaptadas (una de ellas, sobre El Quijote); y guiones para radio y televisión. Gran admirador del escritor y periodista Dino Buzzati, fundó y presidió la Asociación Internacional de Amigos de Dino Buzzati en 1977. A lo largo de su vida recibió numerosos premios y galardones, entre los cuales destaca el premio Durchon-Louvet de la Academia Francesa, que le fue otorgado en 1987 por la novela La nuit de Dieu. De esta obra, Eugène Ionesco dijo que le dejó  "deslumbrado, incluso angustiado" y le hizo preguntarse por qué Suffran no era más conocido.


Martine de Breteuil como Alice Hargreaves.



En el prólogo a Lewis et Alice, Suffran explica lo que desea mostrar en su texto: "El tema de la obra es la vida secreta de Lewis Carroll. Su propósito es mostrar al público francés el drama interior de este hombre, incapaz de salir del todo de su infancia y afrontar las exigencias de una vida plenamente adulta". Para ello, sitúa la obra en 1932, año en que la octogenaria Alice Hargreaves, a través de su hijo Caryl, habló de los recuerdos de su infancia con Charles Dodgson. Suffran se basa en ese texto para crear una situación similar en que Alice Hargreaves concede directamente una entrevista a una reportera, y, mediante un cuadro que es también pantalla, puerta y espejo, se alterna la acción entre ese "presente" y sus recuerdos de infancia, alrededor de 1860. 



Fanny Fontaine como la periodista Marjorie "Morningstar".


La composición de la obra, que consta de un único acto, es simple, casi minimalista. Consta de un reparto de únicamente tres actores, cada uno de los cuales asume dos papeles: una mujer que hace de Alice Hargreaves, y de su madre, la sra. Liddell, en el pasado; una muchacha adolescente que hace de Marjorie y de Alice Liddell; y un hombre joven que hace del fotógrafo del periódico y de Charles Dodgson. Las fotografías de la revista son de la representación en el café-teatro Le Connétable, en que los papeles fueron interpretados respectivamente por Martine de Breteuil, Fanny Fontaine y Marcel Guido. En la primera representación en el Centro Pompidou, el papel de Marjorie y Alicia adolescente había sido interpretado por Marie- Véronique Maurin, que siete años antes ya había sido Alicia en la versión televisiva de Jean Averty.


Marcel Guido como el fotógrafo Charles.


Las indicaciones escénicas dejan claro que el único elemento imprescindible es una pantalla sobre la que se proyectan las fotografías tomadas por Charles Dodgson y los dibujos de John Tenniel y Arthur Rackham para los libros de Alicia; otros muebles como sillones, un fonógrafo y algunos elementos decorativos pueden colocarse de modo opcional. En un momento se indica también el uso de unos maniquíes o figuras de tela que sugieren el desdoblamiento de los personajes, pero una nota  pie de página informa de que, después de las dos representaciones de París, se prescindió de estos elementos. 





La obra comienza en el momento "presente", 1932, en la sala o despacho de Alice Hargreaves, donde, de manera anacrónica, está sonando la canción "Yesterday" de Los Beatles (que se grabaría en 1965). Entra, despacio, la periodista Marjorie (aunque se refiere a sí misma como Morningstar, que es el nombre de su periódico, y Alice se dirige a ella de esta manera). Se presenta a Alice cuando sale a recibirla, pero esta no parece recordar que venían a entrevistarla, y se pone a divagar de manera poco coherente con sus recuerdos del pasado. Marjorie se da cuenta de que el gran retrato que está apoyado en una pared, sobre el suelo de la habitación, tiene una superficie difusa; Alice le dice que es a la vez puerta y espejo, y escenas del pasado de Alice comienzan a mostrarse al otro lado. Marjorie está fascinada, pero entonces llega Charles, fotógrafo del periódico y novio de Marjorie, y el cuadro vuelve a ser normal. Alice sigue hablando sin sentido, saltando de un tema a otro, pero en un momento les muestra los álbumes de fotos que conserva con las fotografías originales de Carroll. En un momento en que sale a buscar "algo mejor", Charles saca precipitadamente las fotografías de los álbumes, diciéndole a Marjorie que le traerá copias a Alice sin que se dé cuenta y venderá los originales a coleccionistas que pagarán lo que les pidan por ellos; la joven intenta detenerlo, forcejan, y las fotografías caen al suelo. En ese momento regresa Alice con dos gruesos cuadernos. Marjorie recoge las fotografías y se las entrega a Alice, pero esta, indiferente, se las da a Charles. Les entrega también los cuadernos, uno a cada uno, explicándoles que son los diarios inéditos de Lewis Carroll y de ella misma, y les invita a leerlos en voz alta. A partir de ahora, y hasta casi el final de la obra, todas las escenas que se desarrollan son momentos del pasado. 






Primero vemos la infancia de Alice, en que Lewis Carroll la distraía contándole historias de los personajes de sus libros, e incluso de la infancia y juventud del propio Carroll, que se enfrenta a su propio padre (interpretado por una voz en off) que le discute su madurez y su capacidad para enfrentarse a la vida adulta, y lo anima a aceptar que es diferente a todos los demás en vez de intentar fingir lo contrario. Después de esto, encontramos que Carroll ha ido a ver a la sra. Liddell para pedirle la mano de Alice (de la que se menciona que tiene ya dieciséis años). La madre se niega rotundamente, debido no a la edad de Carroll, sino a su inmadurez ("¿Me considera demasiado mayor para ella?" "¡Oh, no! Demasiado joven. Irremediablemente, demasiado joven"). La sra. Liddell insiste en que Alice debe vivir como una mujer respetable en el mundo real, y no como una niña en los países fantásticos de los que Carroll, a su juicio, es incapaz de salir; un matrimonio con ella está completamente fuera de cuestión. 





Decepcionado, Carroll se vuelca en sus "amigas-niñas", a las que escribe cartas ingeniosas y dedica sus siguientes libros. En la última escena del pasado, que nos sitúa en 1872, unos meses después de la publicación de A través del espejo, Carroll está jugando en la playa con varias niñas cuando se encuentra por casualidad con Alice, ya adulta y con el apellido de su marido, Hargreaves. Ella afirma que es feliz con su marido, pero Carroll, no muy convencido, le dice que fue ella quien decidió llevar una vida "normal" al casarse con Reginald Hargreaves y olvidarse del País de las Maravillas y de la imaginación e ingenio que tenía de niña. Alice dice que ha recibido una copia de A través del espejo, y que el libro le ha parecido encantador, pero que esa Alicia que cruza el espejo ya no es ella, que está muerta: "Todas las personas deben matar su infancia para vivir. Si no, las mantiene prisioneras". Carroll intenta insistir en que esa Alicia de su pasado puede seguir viva en su interior, pero Alicia afirma, incluso, que Carroll nunca la ha amado, ni a ella ni a ninguna de sus amigas-niñas, porque en realidad ama algo breve, fugaz, que desaparece con la infancia: "No es a mí a quien usted amó, Lewis. Ni a ninguna de nosotras... No: usted ha amado algo de nosotras, una chispa, un centelleo, un instante fugitivo, una gracia. Alguna cosa indestructible que ha brillado sobre todas, de una a otra, para después apagarse y resplandecer de nuevo sobre otras, una y otra vez. Una perfección inalcanzable, dolorosa. Y usted sigue persiguiéndola, en vano, sin descanso, con la misma esperanza...". 





Marjorie y Charles terminan de leer los diarios y ven que la anciana se ha dormido en el sillón. Por un momento consideran la fortuna que tienen en sus manos, pero Charles devuelve las fotografías originales que le había dado Alice, y Marjorie guarda los diarios en un baúl bajo llave. Charles dice que no servirá de nada porque llegarán otros que no tendrán ningún escrúpulo en difundir esos recuerdos a los cuatros vientos, pero Marjorie insiste en que por lo menos ellos han hecho lo correcto. Cuando se acerca a Alice para decirle en voz baja que se marchan, descubre que en realidad se hacía la dormida y que había estado escuchando lo que decían. Le regala una rosa roja que no saben de dónde ha sacado, y Marjorie y Charles atraviesan la puerta- espejo, hacia el paisaje idealizado del País de las Maravillas, mientras se muestran las fotos de Lewis Carroll y Alice Liddell y la música de "Yesterday" suena de nuevo con fuerza. 




Como obra pseudo-biográfica sobre la vida de Lewis Carroll, el texto solamente se basa, muy por encima, en datos objetivos. Hay algunos anacronismos e inconsistencias fácilmente pasables, ya que no afectan al sentido de la obra (por ejemplo, cuando Alice se casó en 1880, A través del espejo ya llevaba nueve años publicado; su marido, Reginald Hargreaves, no era parte de su familia ni mucho menos su primo como se dice en el texto). Pero en el contexto biográfico que la revista ofrece como presentación de la obra - presumiblemente redactado por el propio Suffran - hay varios conceptos erróneos, quizá dados por válidos en los años 70 pero desbancados por investigadores en las décadas posteriores. Se dice, por ejemplo, que Carroll pidió en matrimonio a Alice cuando era una niña, cosa de la que no existe la menor evidencia, o que rompía la relación con sus amigas-niñas cuando estas entraban en la adolescencia, lo que se ha comprobado por testimonios que también es falso. Al partir de estos datos erróneos, Suffran no duda en tildar a Lewis Carroll de emocionalmente inmaduro, y en considerar que vivió en una situación marginal respecto a la sociedad. Por tanto, hay que leer esta obra no solo considerando que es una ficción solo ligeramente basada en la realidad, sino que además esa realidad estaba equivocada en el momento de su escritura. 


Por otra parte, se trata de una de esas piezas teatrales en que la puesta en escena puede aportar tanto como quitar. El que los mismos actores interpreten a varios personajes distintos en varias épocas de su vida diferentes, que es una práctica habitual en el teatro, puede resultar muy confuso para un espectador que no conozca a priori la vida de Charles Dodgson y Alice Liddell, y que los mismos actores adultos hagan de adolescentes y también de niños no ayuda a distinguir las diferentes etapas de los recuerdos de Alice. Aunque parece claro el propósito de que al final se identifique a Lewis Carroll y Alice Liddell con los jóvenes Charles y Marjorie, creo que la obra sería más asumible con seis actores, tres para la época presente y otros tres para el tiempo pasado. La idea del cuadro que es a la vez "puerta y espejo", sobre el que se proyectan tanto fotografías como dibujos, más una iluminación adecuada, sí permite la transición entre la realidad del presente y los diferentes momentos del pasado. 


No me consta que se haya hecho y/o conservado ninguna grabación de las diferentes representaciones de la obra; dado que tampoco suscitó mucho interés en su época, no parece probable que se vaya a representar en un futuro cercano. El texto, también por lo que sé, está publicado solamente en la revista L'Avant-Scène; posiblemente lo esté también en tomos recopilatorios del teatro de Suffran. No me importaría verla representada si tuviera ocasión para ello, pero creo que, a pesar de algunos momentos aceptables - el parlamento final de Alicia sobre aquello que Carroll amaba en las niñas - se aleja demasiado de lo que ahora sabemos de Charles Dodgson como para poder presumir de mostrar su "vida secreta". 




Fuentes:

L'Avant-Scéne Théatre, Au Bureau du Jornal, París, número 616, octubre de 1977.




25 de octubre de 2021

Alicia de Donahue y Driver (1982)

 




Alicia en el País de las Maravillas es una versión teatral de los dos libros de Alicia de Lewis Carroll, montada y dirigida en 1970 y 1982 por John Clark Donahue, de la Children's Theatre Company and School of Minneapolis (abreviadamente CTC). La producción de 1982 fue grabada profesionalmente, con efectos añadidos en posproducción, y publicada en formato doméstico. Dura unos 82 minutos.


Edificio de la CTC.

John Clark Donahue, en colaboración con el Instituto de Arte de Mineápolis, fundó la CTC en 1965. Enfocada al teatro infantil  y familiar, y con un gran número de intérpretes adolescentes que se formaban en la escuela y actuaban junto a los adultos, la CTC  fue durante veinte años fue una de las principales instituciones artísticas del estado de Mineápolis. Adaptaciones de obras literarias infantiles como  Pippi Calzaslargas, Los 500 sombreros de Bartolomé Cubbins, Cenicienta, Cómo el Grinch robó la Navidad, Un año con Rana y Sapo o La vendedora de cerillas permanecían meses en cartel y se repetían temporada tras temporada. 


Montaje de Cenicienta de 1976.


Sin embargo, un escándalo sexual fue a sacudir la, en apariencia, intachable reputación de la escuela: en 1984, John Clark Donahue, hallado culpable de abusos a tres alumnos menores, fue obligado a dejar la dirección y condenado a un año de cárcel. Tras esta primera sentencia, las denuncias de estudiantes hacia otros profesores y miembros del equipo comenzaron a sucederse, y en 2019 - año en que falleció Donahue - había procesos contra unos veinte adultos de la escuela, por parte de un centenar de estudiantes que eran menores de edad entre los 70 y los 80. En la actualidad, la CTC sigue abierta y en activo, evidentemente, sin ninguno de los procesados en la plantilla. 




Aunque John Clark Donahue dirigió los dos montajes que hizo la escuela de Alicia en el País de las Maravillas, en el primero, el texto fue adaptado por Fred Gaines, y en el segundo, por Sharon Holland; el vestuario y la estética en general también fueron diferentes. Esta producción fue codirigida entre Donahue y John Driver. La banda sonora y la canción con que comienza la obra, "The World is a Wonderland", fueron compuestas por Hiram Titus, compositor habitual de los montajes de la CTC.


La actriz que interpretó a Alicia en la versión que nos ocupa fue Annie Enneking, de catorce años en el momento de la filmación, que en el mismo año de 1982, y dirigida también por Donahue, ya había interpretado a Pippi Calzaslargas en la obra homónima. Tendría un pequeño papel en una producción para televisión de Frankenstein (Burt Brinckerhoff, 1986); permaneció en el CTC como coreógrafa de escenas de lucha; y después pasaría al mundo de la canción, como compositora y solista en su grupo de rock Annie and the Bang Bang. Su último papel como actriz ha sido en una extraña producción independiente, llamada Aranya: Super-Queen (Berto Borroto, 2020), como mentora de Aranya, el primer superhéroe travesti. 

 

Los demás actores y actrices que aparecen en esta producción tuvieron también pequeños papeles en televisión y cine, aunque principalmente siguieron vinculados al CTC y al teatro en general. La Oruga fue interpretada por Jason McLean, otro de los acusados de abusos, que huyó a Méjico para evitar una sanción multimillonaria, pero regresó unos años después y abrió un restaurante en California. La actriz más destacada de esta versión fue probablemente Julee Cruise, que tuvo el papel de Reina de Corazones, pero más tarde desarrollaría una carrera musical y colaboraría, como compositora e intérprete, en las bandas sonoras de Twin Peaks: Fuego camina conmigo (David Lynch, 1992), Terciopelo azul (David Lynch, 1986) o Scream (Wes Craven, 1996), entre otras.





La de Donahue es una adaptación bastante convencional de Alicia en el País de las Maravillas, con interpolaciones de A través del espejo. Comienza con Alicia y su hermana (interpretada por Solveig Olsen, y llamada aquí "Edith", que era el nombre de una de las hermanas de Alice Liddell, pero menor que ella) sentadas a la orilla del río. Edith está dándole a Alicia, en voz demasiado alta, una lección de historia (algo copiado de la Alicia de Walt Disney). Alicia, que se aburre, se mira en un espejo de mano, y reflejado en él ve pasar al Conejo Blanco (Wendy Lehr). Se levanta de un salto... y comienza a gritar. Va a ser lo más característico de esta versión: la actriz de Alicia grita todas sus líneas. Al principio sorprende, y luego, a lo largo de toda la obra, se vuelve muy molesto. Unido al hecho de que lleva el pelo completamente encrespado, la impresión general es que esta Alicia ha metido los dedos en un enchufe y ahora no puede bajar el volumen. 



Aparte de esta particularidad, que es muy difícil pasar por alto, la producción es bastante común. Alicia sigue al Conejo, cae por su madriguera, llega al Vestíbulo, va probando las puertas, bebe la poción y come el pastelito... 



Debido a las limitaciones de una grabación en escenarios de teatro, se suprime el pasaje del Charco de Lágrimas, de modo que, siendo Alicia pequeña, el Conejo abre la puerta que da al jardín y pasa corriendo a través de ella. Alicia va detrás, y, cruzándose en su camino con el Carpintero, que saldrá más adelante, no tarda en llegar a un claro del bosque donde está la Oruga (Jason McLean). 




Alicia acaba de coger los dos pedazos de la seta cuando llegan el Lacayo-Pez (Jerome Wallin) y el Lacayo-Rana (Stephen Polk).



Cuando, al hacerse una reverencia, los rizos de sus pelucas se enredan, Alicia decide coger el sobre con la invitación de la Reina, y llevárselo ella misma a la Duquesa, con la esperanza de encontrarse con el Conejo Blanco. 




Tras presenciar la violenta convivencia de la Duquesa (Gary Briggle) y la Cocinera (Elizabeth Fink), Alicia se hace cargo del bebé, que no tarda en convertirse en un cerdito y marcharse correteando por el bosque. La niña vuelve a encontrarse entonces con el Gato de Cheshire (una marioneta, con la voz de Leslye Orr), quien le indica los caminos de las casas de la Liebre de Marzo y el Sombrerero. Alicia decide visitar la primera vivienda, y se sienta a merendar con el Sombrerero (Carl Beck), la Liebre (Tom Dunn) y el Lirón (Marin Ostenberg), en una escena que respeta bastante el texto de Carroll. 



Después de marcharse, comienza una parte que recoge varios capítulos y personajes de A través del espejo. Primero se encuentra con Tweedledee (Matthew Brassill) y Tweedledum (Gary Costello), que recitan en un teatrillo el poema de "La Morsa y el Carpintero" (interpretados a su vez, respectivamente, por Tucker McGrady, o McCrady, y John Dietzmann), y después se pelean por su carraca rota. 







A continuación, ve a Humpty Dumpty (George Muschamp) sentado en su muro. Cuando este se cae, llega el Caballero Blanco (Stephen Boe), que acompaña a Alicia en su camino a través del bosque con la intención de protegerla, aunque más bien es la niña quien debe auxiliarlo en sus frecuentes caídas del caballo. 



Tras la despedida del Caballero, la historia vuelve al País de las Maravillas: Alicia sigue buscando al Conejo Blanco, y de pronto se encuentra a los Jardineros-Carta (Matthew Dudley, Dean Hawthorne y James Rutland) que están pintando de rojo las rosas blancas. Llega la comitiva real, formada por el Rey (Oliver Ostenberg), la Reina (Julee Cruise) y la Sota (Michael DeLeon). La Reina ordena unas cuantas decapitaciones, e invita a Alicia a su partida de croquet. 



El juego se desarrolla con las incidencias que cabe esperar; Alicia se entretiene charlando con el Gato de Cheshire, e intenta defenderlo cuando la Reina lo manda decapitar, pero la desaparición de su cuerpo y su cuello dificulta la tarea del verdugo. El Conejo Blanco llega, horrorizado, porque además del cuerpo del Gato también han desaparecido las tartas de la Reina. La Reina manda enseguida celebrar un juicio, al que Alicia marcha escoltada por los Soldados-Carta. 



La Sala de Juicios está bastante concurrida, ya que se presentan todos los personajes con los que Alicia se ha ido encontrando: la Oruga, los Lacayos Pez y Rana, la Duquesa, el Caballero, Tweedledee y Tweedledum, la Morsa y el Carpintero... incluso Humpty Dumpty, que aparece con la cabeza vendada y una pierna escayolada. El Rey hace algunos chistes terribles acerca del trabajo que han hecho sus hombres al recomponerlo, afirmando que tiene un aspecto "eggcelente" pero un poco "revuelto". Desde el principio del juicio se obvia el hecho patente de que la Sota se está comiendo las tartaletas robadas delante de toda la corte.



Llaman los Reyes a sus testigos: el Sombrerero, la Liebre y el Lirón (que llega dentro de su tetera) y comienza un infructuoso interrogatorio. Siguen la Duquesa y la Cocinera, que arman un gran escándalo, y a continuación el Conejo trae una carta que parece ser una prueba determinante: curiosamente, no es la confesión anónima que aparece en este capítulo del texto original, sino "El cuento del Ratón", el poema en forma de caligrama con el que el Ratón, en un momento anterior del libro, pretendía explicar su aversión a los gatos y los perros. El Conejo lo lee en voz alta, causando el aburrimiento y el sueño de todos los presentes. Cuando se despiertan, el Rey decide ir terminando y pide al jurado que dicte su veredicto; Alicia se opone porque todo el proceso ha sido un disparate. La Reina ordena cortarle la cabeza, pero Alicia se encara con ella y le dice que se calle, para volverse enseguida al resto de la corte y gritarles que no son más que una baraja de cartas. 



Repite esta frase varias veces mientras se despierta, y de pronto se ve en el regazo de su hermana. Se incorpora muy sobresaltada y se pone a contarle a gritos su extraño sueño. Edith la interrumpe y le recuerda que todavía tiene algunas tareas que hacer antes de cenar; entre ellas, sacarle brillo al espejo de mano, en el que había visto reflejado por primera vez al Conejo Blanco. Como es de esperar, Alicia vuelve a mirar el espejo, y de nuevo ve al Conejo, con el que pronto se reúnen todos los demás personajes, que se vuelven hacia ella y le hacen un breve gesto de despedida. El último es el Caballero Blanco, que le sopla un beso y se marcha lentamente. Alicia se acerca cuando ya todos se han perdido de vista, y recoge algo que ha quedado en el suelo: una carta con el as de corazones. 




Esta versión es decente, bonita incluso, con una destacable fidelidad al texto de Carroll, y unas interpretaciones, por lo general, bastante correctas (hay algunas muy mediocres, como la de John McLean, la Oruga, que parece estar leyendo su papel en un apuntador óptico). La banda sonora, orquestada, es muy agradable, y la combinación de actores disfrazados con marionetas (el Gato de Cheshire, o el caballo del Caballero Blanco) funciona bien. Los decorados están muy bien hechos, y en algunos momentos crean una hermosa atmósfera. Sin embargo, Annie Enneking es una de las peores Alicias que he visto nunca. Grita cada vez que abre la boca, y en algunos momentos es especialmente estridente; fuerza cada frase, exagera los gestos, sobreactúa. No es un problema exclusivo de esta actriz (la que hace de su hermana se comporta igual, así como otros personajes), pero al estar lógicamente presente en toda la obra, y tener la mayor carga de diálogo, se hace agotador escucharla vociferar continuamente. 



Es una lástima que la protagonista se haga tan cargante, porque el conjunto, con sus defectos, no es terrible de por sí. Tampoco ayuda el hecho de que solo se ha editado una vez en vídeo, y la grabación se ha ido deteriorando por el tiempo: puede verse en YouTube, pero la calidad no es nada buena. La imagen es borrosa, y en los últimos minutos se producen interferencias en el sonido que estropean la delicada banda sonora. A pesar de todos estos problemas, la versión de Donahue y Driver es un montaje bastante competente que podría tomarse como referencia para producciones actuales, siempre que se eligieran a mejores actores. 


Fuentes:


Alice in Wonderland en YouTube, en el canal PlaysForAllAges: primera, segunda, tercera y cuarta parte. 


"Alice in Wonderland - 1970 and 1982", en Children's Theatre Company (CTC) and School of Minneapolis Alumni Archive, 28 de febrero de 2011.


COMBS, Marianne. "Innocence Lost: A culture of Abuse", en MPR News, 7 de octubre de 2019.


27 de marzo de 2020

Alicia de Henry Savile Clarke (1886)



Cartel del estreno, el 23 de diciembre de 1886.


Al desarrollarse en un mundo de fantasía lleno de  situaciones desconcertantes y personajes inverosímiles, Alicia en el País de las Maravillas es una obra que naturalmente tiene potencial para la escena. En la actualidad, al estar en dominio público, cualquiera puede adaptar y montar una obra de teatro partiendo de los textos de Carroll, sea una pequeña escuela infantil o una gran compañía de Broadway, y una rápida búsqueda en internet revela docenas de montajes. Siendo así, resulta curioso que en vida del autor solo existiera una versión teatral, la única que él aprobó: la Alicia de Clarke.


Apenas dos años después de la publicación de Alicia en el País de las maravillas, Lewis Carroll ya tenía en mente el potencial del libro como pantomima: en marzo de 1867 envió una copia a Thomas Coe, director de la compañía teatral infantil "Living miniatures" con la "vaga esperanza" de que él tomara la iniciativa de adaptarla. No fue así, y Carroll realizó un segundo intento en 1872, dirigiéndose al dramaturgo Percy Fitzgerald acerca de la posibilidad de convertir Alicia en una "obra o extravaganza" para niños. En 1877 también se dirigiría al compositor Arthur Sullivan para que pusiera música a algunos de los poemas del libro, en previsión de que "alguna vez" los necesitara para una obra de teatro. Sullivan, comprensiblemente, no quiso componer las canciones a menos que las perspectivas de que fueran a servir para algo fueran más tangibles. Seis años después, en 1883, Carroll escribió a otro compositor, Alexander Campbell McEnzie, con la misma petición, esta vez sugiriendo que la obra podría montarse "en dos o tres años". Para entonces se habían realizado algunas pequeñas escenificaciones de capítulos de Alicia, pero siempre por grupos de teatro familiar y en salones privados.






Después de tantos intentos infructuosos, fue el periodista, autor y crítico de teatro Henry Savile Clarke, originario de Yorkshire, quien contactó con Lewis Carroll en agosto de 1886 (veintiún años después de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas, y quince después de la de A través del espejo) para proponerle una versión teatral musical que abarcara ambos libros. Si bien Carroll consideraba a Clarke un dramaturgo solvente, no estaba de acuerdo con su idea de condensar las dos obras en una sola pieza; alegó que "a ningún niño le gustan las mezclas". A pesar de ello accedió, con la condición de supervisar personalmente y tener voto en todos los aspectos de la producción, desde la adaptación de los textos hasta la elección de los actores. Carroll conocía holgadamente el mundo del teatro y tenía amistades en familias de actores y actrices, por lo que quiso asegurarse desde el principio de que un montaje sería no solo adecuado al espíritu de las novelas, sino un espectáculo digno para niños y adultos.


Portada del libreto original, 
que se conserva en la Biblioteca Británica.


Lewis Carroll, como se ha dicho, era muy aficionado al teatro, lo que lo ponía en conflicto con su condición eclesiástica, ya que la Iglesia Anglicana condenaba cualquier forma de entretenimiento popular. Sufría crisis de conciencia por este motivo; pensaba que no había nada pecaminoso en presenciar una obra que fuera limpia e inocente, pero sabía que estaba muy mal visto, independientemente del talante de la representación.  Pidió explícitamente que su nombre real no se mostrara en ningún cartel ni folleto, y prohibió que se añadiera "cualquier tipo de grosería o irreverencia" en el texto o la representación.

El autor de la música fue William Slaughter, un organista, pianista y violonchelista que, a pesar de su juventud (tenía solo veintiséis años en 1886) ya era un destacado compositor de operetas y bandas sonoras de obras infantiles. A petición de Carroll, Slaughter mantuvo las tonadas originales en aquellos poemas que parodiaban canciones conocidas, con el fin de que no se perdiera la referencia (por ejemplo, la canción de coronación de Alicia, que parodia "Bonny Dundee" de Walter Scott;) a cambio, Carroll escribió material adicional para alguna de las canciones.




El libreto condensa cada uno de los libros en dos actos. El primero tiene dos escenas: "Una tarde de otoño" y "Un claro en el País de las Maravillas". El segundo acto tiene cuatro: "A través del espejo", "Las flores parlantes", "La orilla del mar", y "El salón del banquete - El bosque otra vez". En la obra se prima la acción y el baile sobre el diálogo, del que se mantienen, sobre todo, los juegos de palabras y las canciones más que los razonamientos. Así, la narrativa es mínima, la justa y necesaria para presentar a los personajes principales, y a otros nuevos, como un grupo de hadas que bailan alrededor de Alicia cuando ésta se duerme al principio de la obra.





En el montaje participaron tanto actores infantiles como adultos. La primera Alicia fue Phoebe Carlo, de doce años en 1886. Fue recomendada por el propio Carroll, que tenía amistad con ella y su familia, y mucha confianza en su experiencia como actriz. Dos años después, el papel protagonista recaería en Isa Bowman, una de las niñas con las que Carroll mantuvo amistad toda la vida.




Producción de 1886, con Phoebe Carlo como Alicia
y Dorothy D'Alcourt como el Lirón.


La obra se estrenó el 23 de diciembre de 1886, en el Prince of Wales Theatre de Londres, con el título "Alicia en el País de las Maravillas: una obra musical de un sueño, en dos actos, para niños y demás". Carroll la vio por primera vez una semana más tarde, y pareció complacerle bastante, según escribió en su diario:


El primer acto ("País de las Maravillas") va bien, especialmente la Merienda Loca. Sydney Harcourt es un "Sombrerero" mayúsculo, y la pequeña Dorothy D'Alcourt (de 6 años y medio), un Lirón delicioso. Phoebe Carlo es una "Alicia" espléndida. Su canción y baile, con el Gato de Cheshire... ha sido una joya.

Las reseñas en los periódicos fueron también positivas, y el público adoró la obra: debía haberse mantenido en cartel hasta febrero de 1887, pero su popularidad hizo que siguiera representándose hasta el 18 de marzo, y el tour regional debiera posponerse. Aunque limitada a la temporada de Navidad, como era habitual en las pantomimas, el montaje se fue repitiendo periódicamente durante cuarenta años; la última representación tuvo lugar en 1927.



Producción de The Globe en 1898, 
con Rose Hershee como Alicia.
 

En abril de 1887, Carroll publicó en el periódico The Theatre el artículo "Alicia en la escena", en el que comentaba el montaje de Clarke, daba su opinión sobre los principales intérpretes, describía a sus propios personajes, y recordaba tanto la "tarde dorada" en que se originó la historia de Alicia, como la repentina inspiración en que se le ocurrió la estrofa final de La caza del snark. Como se ve, es un texto que no tiene desperdicio, ya que la mayoría de palabras de Carroll sobre su propia obra se encuentran desperdigadas en cartas y diarios. En este ensayo aparece también una de las citas menos recordadas pero más hermosas de Carroll: refiriéndose a los perros, dice que "no conozco un amor terrenal tan puro y perfecto".


Las adaptaciones que siguieron a esta se realizaron tras la muerte del autor, y comenzaron a tomarse más libertades en la interpretación de la obra. Una de las más tempranas, de 1904, fue adaptada y representada por una compañía íntegramente femenina, en un colegio preparatorio estadounidense. Se titulaba La continuación de Alicia en el País de las Maravillas: una opereta en dos actos, y el planteamiento no desmerece a las radicales versiones del siglo XXI: una Alicia adolescente está retenida en un internado dirigido por un tiránico Sombrerero que "aplasta" la imaginación de las muchachas, y huye al País de las Maravillas al recordar su viaje anterior, decidida a valerse por sí misma. Alicia conoce a un joven que se enamora de ella y la pide en matrimonio, pero Alicia lo rechaza porque no cree que el matrimonio sea la única opción para una mujer. Hay pasiones, enfrentamiento y locura entre los personajes del País de las Maravillas, y Alicia y solo Alicia decide quién quiere ser y qué quiere hacer. De modo que, ciertamente, a Tim Burton se le adelantaron más de cien años un grupo de preuniversitarias de Nueva Jersey.





No me consta que se hayan llevado a cabo montajes modernos de la adaptación de Clarke, aunque tanto su texto como las partituras de Slaughter pertenecen ya al dominio público. No nos faltan, sin embargo, representaciones de Alicia. Hay para todos los gustos y los públicos, y, si nos ponemos a buscar en Internet, o miramos los programas de los teatros, especialmente cerca de Navidad, solo necesitamos escoger.



Fuentes:

CARROL, Lewis. "Alice on the Stage", The Theatre, abril de 1887.

COHEN, Morton N. Lewis Carroll: a Biography, Random House, Nueva York, 1995.

COLLINGWOOD, Stuart Dodgson. The Life and Letters of Lewis Carroll, T. Fisher Unwin, Londres, 1898.

FOULKES, Richard. Lewis Carroll and the Victorian Stage: Theatricals in a Quiet Life, Routledge, Londres, 2005.

Guion original de la obra, conservado en la Biblioteca Británica.

SMITH, Lindsay. Lewis Carroll: Photography on the move, Reaktion Books, Londres, 2015. 

Such a curious dream!, exhibición en línea de la Universidad de Harvard.

Wikipedia.

28 de julio de 2019

Alicia de Kirk Browning (1983)




Esta versión estadounidense de 1983 reproduce la mayor parte de Alicia en el País de las Maravillas y A través del Espejo, y consiste en la grabación de una obra de teatro representada en un estudio sin público, con algunos efectos especiales añadidos para su emisión televisiva.


La producción tiene detrás una historia larga y ondulante, como la cola del Ratón. El montaje original data de 1932 y fue co-escrito (con Florida Friebus) y dirigido por la actriz Eva Le Gallienne, que también representó los papeles de Narradora y Reina Blanca. La obra se revivió en 1947, y contó con William Windom, Julie Harris y Eli Wallach. En 1982, Le Gallienne volvió a dirigir la obra, pero no la producción original de cincuenta años atrás, sino la versión de 1947. El espectáculo fue cancelado tras veintiuna representaciones de poco éxito, y al año siguiente se grabó en un estudio de televisión, sin público. Tras añadir escenas y efectos en postproducción, se emitió el 3 de octubre de 1983, como el episodio 2 de la temporada 12 de la serie Grandes representaciones. Del mismo montaje de Friebus y Le Gallienne ya se había hecho una versión televisiva en 1955.

La música había sido compuesta por Richard Addinsell para la producción original de 1932, y se mantuvo para las subsiguientes de 1947 y 1982. 




La obra comienza con el manido recurso de “teatro dentro del teatro”: hay un grupo de actores entre bambalinas, nerviosos y enojados porque la actriz principal les ha fallado, tiene que salir la sustituta (Kate Burton), y ninguno cree que lo vaya a hacer bien. La sustituta en cuestión está en su camerino, fumando mientras se repite aceleradamente el poema “Jabberwocky” y se mira en el espejo. 




Y de repente ya tiene su peluca rubia y su traje azul de Alicia, y está sentada en el borde del espejo, y ya es el País de las Maravillas: no hay orilla del río, libro aburrido ni caída por la madriguera. Los conocedores de la obra notarán que ha entrado en el País de las Maravillas como en los libros originales entra en el Mundo del Espejo.


A partir de ese momento, Alicia recorrerá algunas de las escenas del País de las Maravillas, muchas de ellas abreviadas o con el orden cambiado, aunque los diálogos tienden a respetarse. Conoce al Conejo Blanco (Austin Pendleton); al Ratón (Nathan Lane) y los demás animales del Lago de Lágrimas; a la Oruga (Fritz Weaver), al Gato de Cheshire (Geoffrey Holden); a la Duquesa (Kaye Ballard); al Sombrerero (André Gregory) y la Liebre (Zeljko Ivanev); al Rey (James Coco), la Reina (Eve Arden) y la Sota de Corazones (Tony Cummings); y a la Tortuga Falsa (Donald O’Connor) y el Grifo (Swen Swenson). 


Cuando al final del Juicio, Alicia es atacada por los Soldados-Carta, hay un breve entreacto en que se muestra de nuevo el camerino de la actriz, y alguien llama a su puerta para indicarle que está a punto de salir a escena, pero, a continuación, Alicia está hablando ya con la Reina Roja (Colleen Dewhurst), quien le explica las normas para moverse por el tablero de ajedrez que constituye el Mundo del Espejo. Para alguien que no conozca el texto original, resulta muy confuso cómo Alicia pasa de un lugar a otro.


Alicia viaja por el Mundo del Espejo como por el País de las Maravillas, conociendo a los personajes más destacados: Tweedledee y Tweedledum (Alan Weeks y André De Shields), el Caballero Blanco (Richard Burton), Humpty Dumpty (Richard Woods) y la Reina Blanca (Maureen Stapleton).


Cuando la fiesta de la coronación de Alicia se transforma en un caos, Alicia comienza a sacudir a la Reina Roja, y la imagen vuelve al camerino. La actriz sigue dándole caladas a su Marlboro cuando vuelven a llamar a su puerta porque ya le toca salir. La película termina con Alicia sentada en un gran sillón en un escenario a oscuras, recitando “Jabberwocky” completamente inmóvil y sin más expresividad que levantar la voz de vez en cuando.


Lo primero que se ve en esta película es que ha adaptado en todo lo posible las ilustraciones originales de Tenniel: los decorados son simplemente sus dibujos en tres dimensiones, y los disfraces de los actores constituyen una réplica exacta de los trajes de los personajes en ambos libros, algunos de ellos en color, y otros en blanco, negro y beige. Esto hace que, estéticamente, este montaje es el que más se parece a una edición clásica del libro de Carroll, lo que no necesariamente es una buena noticia. Cierto que algunas escenas son visualmente magníficas, y que los fondos “dibujados” favorecen el efecto de inmersión, pero la inconsistencia en los disfraces se puede hacer irritante. Algunos personajes como la Tortuga Falsa o el Grifo están todo el tiempo en su disfraz “de Tenniel”, pero otros, como el Conejo, tienen una máscara en su primera aparición que al poco desaparece automáticamente para dejar ver un rostro maquillado, mientras que el resto del disfraz se mantiene. 

El caso del Gato de Cheshire o Humpty Dumpty son los más llamativos (e incómodos): el rostro de los actores aparece sobreimpresionado en los dibujos de los personajes, y a continuación los actores realizan el resto de la escena sin ningún tipo de disfraz, salvo unas uñas larguísimas y una corbatilla para identificarlos. El presentar la estética de Tenniel, muy bien lograda en algunos momentos, para abandonarla caprichosamente según las necesidades de la escena o los actores resulta desastroso. El vestuario, en general, sería precioso si todos los personajes lo llevaran del mismo modo.




Tanto en el País de las Maravillas como en el Mundo del Espejo, las canciones originales del texto de Carroll tienen música y pasos de baile y están interpretadas con bastante corrección; sin ser memorables, encajan bien en la película y no son tan numerosas como para resultar cargantes. 

La actuación, en general, no es muy destacable. Era de esperar que las mejores interpretaciones sean la de Richard Burton como Caballero Blanco, en uno de sus últimos papeles, y la de Donald O’Connor como Tortuga Falsa (este actor tendría un papel menor, de Loro, en la versión de Harry Harris de 1985). 


Sin embargo, la protagonista, Kate Burton, es una de las Alicias menos creíbles de la historia del cine. Ya es bastante malo que una mujer de veintiséis años se ponga una peluca y unas enaguas y pretenda hacerse pasar por una niña de siete; aparecer fumando y hecha una histérica no ayuda en nada. Pero incluso si pudiéramos pasarlo por alto, esta Alicia habla todo el rato como si tuviera su diálogo en la mano y lo estuviera leyendo; y cuando grita o llora es peor aún. Su reacción cuando entra en la cocina de la Duquesa y la ve arrojando violentamente al bebé al suelo es sonreír sin más. No nos puede convencer en ningún momento de que es una niña que descubre unos mundos maravillosos y unas criaturas sorprendentes: vemos solamente una mujer joven tratando con otros adultos de igual a igual. Ya en vida de Carroll se hicieron adaptaciones teatrales de Alicia en que actuaban niñas, quizá no de siete años pero sí de diez u once. Incluso con las leyes actuales que justamente protegen a los niños actores de exceso de horas de trabajo o de situaciones de peligro, el no buscar una actriz más cercana a la edad del personaje que interpreta es inexcusable.




La película tiene varias ediciones en DVD y resulta relativamente fácil de encontrar; también está disponible en canales de vídeo de Internet. Vale la pena verla por los escenarios y las imágenes que reproducen las de Tenniel, y algunos números musicales son bastante apreciables (no en vano la Tortuga Falsa había cantado bajo la lluvia muchos años antes). Pero el montaje original tenía muy buenas ideas que desgraciadamente no se trasladan bien a una versión televisiva, y el papel de Alicia no lo representa la actriz más adecuada ni de lejos. Es una pena porque es la única manera de ver ese montaje en la actualidad, y no cabe duda de que queda muy deslucido.

Fuentes:







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