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28 de diciembre de 2018

Alicia y los sueños de la razón. Conferencia de Alberto Manguel, 20/03/ 2015 (parte 2)

Segunda parte de la ponencia de Alberto Manguel “Alicia y los sueños de la razón”. La primera se puede leer aquí.

Segunda parte. Lógica y locura en el País de las Maravillas.

Alicia no se lee como un cuento infantil. En la Divina Comedia, Santa Matilda le dice a Dante que la Edad de Oro de la literatura es un reflejo en la tierra del paraíso perdido. Del mismo modo, puede que el País de las Maravillas sea el recuerdo de un estado de razón perfecto que, visto desde las convenciones sociales, parece una locura. Por ese motivo, el País de las Maravillas no es solo inglés ni victoriano: es universal y atemporal. Solo las hermanas Liddell y el Rev. Duckworth estuvieron presentes en su creación, pero, desde ese día, el País de las Maravillas apareció en la literatura como un Jardín del Edén: un lugar que sabemos que existe, aunque nunca lo pisemos. “No está en ningún mapa;”, dice Ismael acerca de Rokovoko, la isla natal de Queequeg, “los lugares verdaderos nunca lo están”.

El País de las Maravillas no es una alegoría del alma, ni una parábola cristiana, ni una fábula distópica como las de Huxley y Orwell. El País de las Maravillas es el lugar donde, más allá de lo demente que sea, nos encontramos cada día, siguiendo las instrucciones del Rey de Corazones: “Comienza por el comienzo, y continúa hasta el final: entonces, deténte”.

Alicia está equipada con una sola cosa para sus aventuras: el lenguaje. Con palabras, Alicia descubre la diferencia entre lo que las cosas son y lo que parecen ser. Podemos intentar hallar lógica en la locura, pero la verdad, como dice el Gato, es que no podemos elegir: vayamos donde vayamos, estamos rodeados de locos. Las palabras revelan a Alicia el único hecho incontrovertible del mundo: todos estamos locos. Podemos, como Alicia, ahogarnos nosotros y ahogar a los demás en nuestras propias lágrimas; podemos creer, como el Dodo, que, corramos por donde corramos y lleguemos cuando lleguemos, todos podemos exigir un premio; podemos, como el Conejo Blanco, ir siempre con prisas y dar cuantas órdenes se nos antoje; podemos, como la Oruga, cuestionar la identidad de nuestros semejantes aun cuando estemos a punto de perder la nuestra. Creemos, como la Duquesa, que podemos cuestionar el enojoso comportamiento de los jóvenes, sin preguntarnos a qué es debido; creemos, como el Sombrerero, que somos los únicos con derecho a un cubierto limpio en una mesa puesta para muchos. Como la Reina, mandamos cortar la cabeza a los que se ven incapaces de obedecer órdenes absurdas. El sistema escolar del Galápago y el judicial de la Corte fracasan en su intento de aportar orden al caos.

Pero pocos de nosotros, ante tanta locura, nos ponemos en pie como Alicia y nos negamos a cerrar la boca.


Fuentes:

Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll. Ed. Pilar Torralba Álvarez. Akal, Madrid, 2005.
Moby Dick; Or the Whale, Herman Melville. Ed. The Project Gutenberg.

27 de diciembre de 2018

Alicia y los sueños de la razón. Conferencia de Alberto Manguel, 20/03/ 2015 (parte 1)


Foto: ASALE

El 20 de marzo de 2015, en Barcelona, tuve el inmenso honor de asistir a una conferencia del profesor Alberto Manguel, uno de los escritores contemporáneos que con más acierto, profundidad y delicadeza ha interpretado los libros de Alicia. Sabio de las letras, docto en Dante y en Borges, explorador de mundos imaginarios, Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) se declara rendido amante de Alicia y su país maravilloso en muchos de sus artículos, entrevistas y ensayos. La conferencia, auspiciada por el CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) a propósito del 150 aniversario de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas, reveló no solo un vasto y penetrante conocimiento de la obra sino también una exquisita sensibilidad en su lectura.

Reproduzco íntegramente la ponencia del profesor Manguel, más la ronda de preguntas del público, a partir de mis propios apuntes. Para mayor comodidad de lectura, divido el texto en cuatro partes: tres para el discurso y una para las preguntas y respuestas.

Primera parte. Sobre la génesis de Alicia.

De todos los milagros que jalonan la historia de la literatura, pocos son tan sorprendentes como el del nacimiento de Alicia. La tarde del 4 de julio de 1862, el Rev. Charles Lutwidge Dodgson, con su amigo el Rev. Duckworth, acompañó a tres de las hijas del decano Liddell – Lorina, Alice y Edith – a una excursión en barca por el río Támesis. “El sol quemaba tanto”, recordaría Alice, “que tuvimos que desembarcar en los prados junto al río, abandonando la barca para buscar refugio en el único trocito de sombra que encontramos, al pie de un almiar recién hecho. Aquí surgió de las tres la sempiterna petición de ‘cuéntenos una historia’, y así empezó el delicioso cuento.  A veces, para pincharnos – y quizá porque también estaba muy cansado – el sr. Dodgson se detenía de repente y decía: ‘Y eso es todo hasta otro momento’, y las tres exclamábamos: ‘¡Pero si ya es otro momento!”.

Cuando regresaron, Alice le pidió a Charles Dodgson que le escribiera las aventuras que le había contado. Dodgson se puso a ello esa misma noche, y en 1864 le ofreció a Alice un manuscrito, titulado Las aventuras de Alicia bajo tierra y primorosamente ilustrado por él mismo, que desde entonces ocuparía una lugar destacado en el salón de los Liddell y sería mostrado con orgullo a las visitas. Tres años después de la excursión, en 1865, McMillan lo publicó con el título Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas. Hoy este libro cumple 150 años. Feliz cumpleaños, Alicia.

Alicia fue creada, literalmente, sobre el hombro de Duckworth, quien recuerda: “Yo remaba de popa y él de proa en la famosa excursión a Godstow, durante las vacaciones de verano, con las tres señoritas Liddell como nuestras pasajeras; y de hecho la historia fue compuesta y contada sobre mi hombro en atención a Alice Liddell, que era el ‘patrón’ de nuestra canoa. Recuerdo que me di la vuelta y dije: ‘Dodgson, ¿es esto una de tus improvisaciones? Y me contestó: ‘Sí, me lo estoy inventando sobre la marcha’”. La mayor parte de la historia, salvo algunos añadidos posteriores como la Fiesta del Té, nació en aquellas horas.

La verdad es increíble. Respecto a otro País de las Maravillas – la Divina Comedia de Dante – Mandelstam dijo: “ninguna obra es fruto de un instante de inspiración”. En el caso de Alicia, parece que ocurrió precisamente eso que parece imposible. No hay duda de que Carroll ya tenía en su cabeza muchos de los chistes y juegos de palabras que luego utilizaría, porque siempre los tenía a mano para entretener a los niños… o, más concretamente, a las niñas, ya que, en sus famosas palabras “me gustan los niños, excepto los varones”. Pero, cuando las aventuras de Alicia fueron seguidas por A través del espejo – libro que sí se benefició del tiempo y la reflexión que normalmente se necesitan para escribir una novela – encontramos que el sofisticado juego de ajedrez no es mejor que la loca partida de cartas. A pesar de la improvisación en la concepción de una, y la elaboración de la otra, ambos mundos se originaron en la misma “tarde dorada”.

Se dice que los místicos reciben la inspiración divina para crear una obra poética, pero no hay testigos de esos milagros. En el caso de Alicia, sin embargo, el testimonio del Rev. Duckworth parece intachable.

Fuentes:

Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll. Ed. Pilar Torralba Álvarez. Akal, Madrid, 2005.

The Annotated Alice, Lewis Carroll. Ed. Martin Gardner. Penguin, Londres, 2001.

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