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26 de agosto de 2020

Alice of Wonderland in Paris (1966)







Alice of Wonderland in Paris (también conocida como Alice in Paris, Alice in a New Wonderland o Alice in Wonderland in Paris) es una película de animación checo- estadounidense de 1966. No se trata de una adaptación de Alicia, sino de una antología de cinco cuentos infantiles presentados por un personaje inspirado en el de Carroll. 

La idea para esta película surgió de los productores Gene Deitch y William L. Snyder, que ya habían colaborado en el filme checo Munro (1960) y las series televisivas Tom y Jerry (1960- 1962, para Metro-Goldwyn-Meyer) y Popeye (1960- 1963, para King Features Syndicate). Habían realizado varios cortos de animación, basados en libros populares en ese momento, para ser proyectados en escuelas con fines educativos. De entre ellos escogieron cinco para incluirlos en una película en los que serían presentados por el personaje de Alicia; por tanto, solo fue necesario filmar las nuevas secuencias. Los cuentos que se narran son, principalmente, dos de la serie Madeline de Ludwig Bemelmans: Madeline y el "Sombrero malo" y Madeline y los gitanos. Los otros tres son El príncipe ceñudo de Crockett Johnson, Anatole de Eve Titus y Muchas lunas de James Thurber. La banda sonora fue compuesta por Václav Lidl, e incluía dos canciones escritas por Paul Alter.

La película, producida por Snyder y dirigida por Deitch, se estrenó el 5 de febrero, distribuida por una compañía llamada Childhood Productions. Al durar solamente 52 minutos, se añadió a los proyecciones en los cines el cortometraje francés Crin Blanca (1953), del Albert Lamorisse, que también suele incluirse en las ediciones en formato doméstico.  En los años 70, Paramount Pictures adquirió los derechos y comenzó a proyectarlas en las sesiones matinales para niños, dentro de la serie Family Matinee,  bajo el título Alice in a New Wonderland, y también con Crin Blanca.



Poster de las proyecciones de Paramount.



La historia se desarrolla en la época contemporánea a su emisión, en los años 60 del siglo pasado. Por otra parte, la protagonista parece ser norteamericana, ya que habla de París como un lugar que está muy lejos y al que le resultaría muy caro llegar, y tiene una gran afición por las hamburguesas con queso.




La película comienza con una vista de una habitación en la que hay estatuillas y adornos de los personajes del País de las Maravillas. Hay una niña acurrucada en un sillón, leyendo un libro de la serie Madeline, con una gata dormida en el reposapiés; hay un póster de Francia en la pared y una figurita de la Torre Eiffel en la mesita cercana. 




La niña (Norma MacMillan) suspira, se pone la torre en la cabeza y le dice a la gata, llamándola Dinah, que su mayor sueño es ir alguna vez a París y conocer a Madeline, la heroína de sus libros favoritos. A través de su "conversación" con Dinah, descubrimos que la niña es la Alicia que soñó las famosas aventuras, y que es consciente de que fueron solo un sueño, mientras que París es "un País de las Maravillas en el mundo real". A continuación añade: "Para ir al País de las Maravillas, solo tuve que caer por una madriguera, o atravesar un espejo... pero, admitámoslo: ¡hace falta muchísimo dinero para ir a París!".




Mientras se lamenta, aparece un ratoncito (Allen Swift), montado en bicicleta, a través de un agujero de la pared. Alicia exclama que nunca ha visto a un ratón con sombrero y maletín; el ratón se presenta como François y le explica a Alicia que está realizando una encuesta sobre los tipos de queso favoritos por "los habitantes de este lado de París". El ratón se sorprende cuando Alicia le comunica que no están en París, pero se empeña en saber cuál es el queso favorito de Alicia, y se disgusta muchísimo cuando la niña le dice que ella solo conoce el queso de las hamburguesas. 





François le cuenta a Alicia la historia de su tatarabuelo, lo que introduce el primero de los cuentos, Anatole de Eve Titus. Ambientado en París, trata del ratón Anatole (Carl Reiner), honrado y respetable padre de familia, que consigue comida para su hogar recogiendo pedazos descartados de una quesería. Una noche descubre, al oír una conversación entre los queseros, que los humanos odian a los ratones por considerarlos una plaga, y que más pronto que tarde llamarán a exterminadores para eliminar a los que hay en el almacén. Deprimido ante esta idea, consulta con su esposa qué pueden hacer para ganar la estima de los humanos. Se le ocurre de pronto, ya que ha probado todos los quesos de la fábrica, convertirse en catador, y comienza a etiquetar cada pieza con su valoración y sus recomendaciones. A la mañana siguiente, los catadores de la quesería prueban los productos, descubren que todas sus observaciones eran exactas, y se imaginan que algún misterioso gourmet experto en quesos les está ayudando de forma anónima. Cuando Anatole decide revelar su identidad al presidente de la quesería, Monsieur Duval, es tanto el éxito que ha alcanzado debido a sus recomendaciones, que cancela la orden de exterminar a los ratones de la fábrica, y nombra a Anatole vicepresidente, con una mesa de despacho a su medida.





Ante la insistencia de Alicia, que quiere que la lleve con él a París para conocer a Madeline, y su propio interés en que pruebe quesos de calidad, François le  entrega un queso elaborado con las misma seta mágica del País de las Maravillas, que le permitirá encogerse y entrar por el agujero de la pared. Así sucede, y Alicia monta con François en su bicicleta y se marchan los dos a París por un entramado de cañerías subterráneas. 





Salen a la superficie en el patio del internado de la señorita Clavel, donde viven Madeline y sus compañeras, y François dice que el lugar le recuerda a una historia que ocurrió allí mismo. Cuenta a continuación Madeline y el "Sombrero Malo" de Ludwig Bemelmans, en la que el embajador de España se muda a una casa cercana al internado, y su hijo, Pepito, comienza a acosar a las niñas, tirándoles piedrecitas con su tirachinas, asustándolas y burlándose de ellas. Captura y encierra animales silvestres, decapita patos con una guillotina que ha construido él mismo, y ensalza el arte del toreo, cosas que Madeline y sus amigas desprecian por ser crueles y bárbaras. Tras resultar gravemente herido por una jauría de perros, entre los cuales había arrojado un gato vivo con la intención de mirar cómo lo destrozaban, Pepito sufre una larga y dolorosa convalecencia, se arrepiente de su crueldad, se vuelve vegetariano, y libera a todos los animales a los que había capturado... y a algunos del zoo de París. Madeline le dice que se tenía merecido lo que le pasó, pero que gracias a su nuevo comportamiento lo ha perdonado.


Alicia le dice a François que ahora tiene más ganas de conocer personalmente a Madeline. François le recuerda que deben descubrir su queso favorito, y cuando Alicia le dice que además del queso de las hamburguesas también le gusta el requesón, François se enfurruña porque no lo considera un queso "de verdad". Alicia lo reconviene: "deja de fruncir el ceño, o te parecerás al Príncipe Ceñudo". 





Cuenta entonces la historia del mismo nombre, de Crockett Johnson, sobre un pequeño príncipe que siempre está enfadado, nunca sonríe, y está orgulloso de tener "un ceño inamovible". Sus preocupados padres hacen llamar a bufones, malabaristas y acróbatas, que no consiguen más que aburrir al príncipe. El gran mago de la corte declara que un ceño inamovible solo se puede curar con una sonrisa irresistible, y mandan llamar a la princesita del reino vecino, que siempre sonríe y nunca se enfada. Cuando la princesita sonríe delante del príncipe, no parece funcionar, y todos parecen resignarse a que el ceño es verdaderamente inamovible, pero al poco se le pasa el enfado, y comienza a sonreír él también.





François, mientras comenta que su propio ceño desaparecerá cuando Alicia pruebe quesos de verdad y le diga su favorito, la lleva a la fábrica familiar, Quesos Duval. Durante el trayecto se ha hecho de noche, y desde el almacén de la quesería los amigos contemplan una hermosa luna llena, lo que les lleva contar la siguiente historia, Muchas Lunas de James Thurber. 






Una princesita (Trinka Snyder) coge un empacho de tartas de frambuesa, y convence a su padre de que solo se curará si le traen la Luna. El rey hace llamar a los sabios de la corte, quienes le explican que la Luna es demasiado grande y está demasiado lejos como para que se pueda traer. El bufón piensa una solución alternativa, y le pide a la princesa que le describa la Luna. La princesa cree que es pequeña, tal como la ve en el cielo, así que encargan al orfebre real que talle un colgante de oro con forma de luna y se lo entregue a la princesa. Ésta se "cura" de repente, convencida de que han cogido para ella la Luna de verdad. Cuando esa noche la vuelve a ver en el cielo, y pregunta cómo es posible, el bufón le contesta que la Luna siempre vuelve a crecer, "igual que el cuerno de un unicornio", respuesta que resulta plenamente satisfactoria para la princesa.





Alicia no se quita de la cabeza el conocer a Madeline, y promete que ya probará todos los quesos cuando sea mayor, así que finalmente François claudica, y tan pronto como amanece vuelven a salir en su bicicleta, de regreso al colegio de Madeline. 






De camino, pasan por una feria donde tuvo lugar otra de sus aventuras, Madeline y los gitanos. En esta historia, Madeline y las otras niñas, con su vecino Pepito, ya reformado de su sadismo, están divirtiéndose en la feria, cuando estalla una tormenta y deben volver precipitadamente. Con las prisas, la señorita Clavel no se da cuenta de que faltan Madeline y Pepito, que se han quedado atascados en la noria. Son rescatados por unos gitanos... que a continuación los secuestran, los sacan de París y los obligan a actuar en sus espectáculos. 




Los niños están encantados con su nueva vida nómada, y Madeline envía una postal al internado para que la señorita Clavel y sus compañeras no se preocupen, contándoles que está muy bien con la troupe circense. La señorita va en su busca, y los gitanos meten a los niños dentro de un disfraz de león y cosen las cremalleras para que no los encuentren. Sin embargo, al ver a la señorita Clavel y a las niñas del internado, Madeline y Pepito se dan cuenta de que las echan de menos. Se acercan a ellas, logran quitarse el disfraz de león y vuelven todos a París.

Alicia y François llegan finalmente al internado de Madeline, y entran a su dormitorio a través de un agujero de la pared. Ven que Madeline está en su cama, leyendo Alicia en el País de las Maravillas, y Alicia está encantada al pensar que Madeline sueña con conocerla a ella, igual que ella misma soñaba con conocer a Madeline. 






Pero, antes de que pueda hacer nada, comienza a hipar y a crecer con cada hipo. François se alarma porque el queso con setas mágicas estaba en fase experimental y no esperaba que los efectos durasen tan poco. 







Vuelven precipitadamente por el agujero, y cuando están de nuevo al aire libre, Alicia recupera su tamaño y comienza a flotar, elevándose hacia el cielo mientras François y Madeline le dicen adiós con la mano. 






Alicia, mientras vuela, se despide de las niñas del internado, de la fábrica de Quesos Duval, y del príncipe Ceñudo y la princesa de la Sonrisa Irresistible, que también están por allí, en el almenar de un castillo. 





Alicia se despierta en el sillón de su casa, con Dinah dormida en su regazo, y ve que en la mesita hay un plato con queso y galletitas, y una nota de su madre que la anima a tomarlos si tiene hambre cuando se despierte. La película termina con Alicia comiendo un cachito de queso y, aparentemente, encontrándolo muy bueno.








Como se ve, la película en sí no tiene nada que ver con los libros de Carroll. Las únicas alusiones a las aventuras que soñó Alicia (y que luego alguien puso por escrito, ya que Madeline las está leyendo) tienen lugar al principio, con las figuritas de los personajes del País de las Maravillas, los comentarios de la propia Alicia sobre caerse por la madriguera y atravesar el espejo, y el que el queso para reducir el tamaño esté hecho con la misma seta del País de las Maravillas (además de la frase "nunca he visto un ratón con sombrero y maletín"). A lo largo del viaje, y hasta el momento en que ven a Madeline con el libro de sus aventuras, no hay nada que haga pensar que Alicia es la que viajó en sueños al País de las Maravillas. Podría haberse contado, sin apenas alteraciones, con cualquier niña que soñara con ir a París y conocer a la protagonista de sus libros favoritos. No se puede considerar, por tanto, una adaptación de ninguna de las aventuras de Alicia, ni siquiera superficialmente como lo pueden ser las versiones de Hanna- Barbera o la de Tim Burton. 





Por otra parte, acusa su bajo presupuesto, la simplicidad de los dibujos, el haberse realizado en animación limitada (en muchas escenas, los personajes solo mueven la boca y una mano, mientras que las figuras del fondo son rígidas), una fonomímica terrible y un equipo de doblaje más bien escaso (en el cuento de El Príncipe Ceñudo, el príncipe, el rey y el mago de la corte están doblados por un mismo actor, Howard Morris; la intérprete de la princesa Lenore era muy probablemente la hija del productor). No se diferencia mucho, a decir verdad, de lo que eran las series de animación de los 60, pero está muy lejos de la calidad mínima para haberse estrenado en cines.  Es una película pasable, entretenida, que habría funcionado mucho mejor como un programa especial de televisión, y sin duda habría alcanzado mayor audiencia y apreciación.





La película tiene una licencia de dominio público, lo que ha facilitado sus numerosas ediciones domésticas. Se encuentra en DVD a un precio asequible sin el menor problema, pero nunca ha sido remasterizada, y la calidad es la misma que se puede ver en Youtube, en The Internet Archive (donde también se puede descargar legal y gratuitamente) u otros canales de vídeo, por lo que adquirir el DVD no tiene ninguna ventaja particular, y solo lo aconsejaría a grandes fans de esta película o nostálgicos de la animación sesentera.


Fuentes: 

Internet Movie DataBase

The Internet Archive

14 de julio de 2019

Alicia de Alex Lovy (1966)



Alice in Wonderland; or, what’s a nice kid like you doing in a place like this? (Alicia en el País de las Maravillas, o, ¿qué hace una niña buena como tú en un lugar como éste?) es una película de dibujos animados estadounidense, dirigida en 1966 por Alex Lovy, y producida por el celebérrimo dúo de William Hanna y Joseph Barbera. Se trata de una adaptación muy libre de la historia de Carroll, que básicamente no conserva más que el planteamiento y los nombres de los personajes; el desarrollo, los diálogos y la propia caracterización de los personajes son completamente diferentes. El guion fue escrito por el comediógrafo Bill Dana, que también prestaría su aspecto, su voz y su personaje “José Jiménez” al Caballero Blanco.

William Hanna (izda.) y Joseph Barbera en 1967.
Imagen de prensa publicada por Relaciones Públicas 
McFadden, Strauss, Eddy & Irwin.

La carrera de Bill Hanna y Joe Barbera había comenzado en los estudios de Metro-Goldwyn-Meyer, donde pasaron veinte años realizando cortos de Tom y Jerry; cuando la MGM dejó de producir dibujos animados en 1957, la pareja fundó su propia compañía y dominó la escena de la animación occidental durante décadas. En 1966, Hanna-Barbera ya había escrito, producido y dirigido series de dibujos animados tan enormemente populares como Los Picapiedra (The Flintstones, 1960), El oso Yogi (The Yogi Bear Show, 1961), Don Gato (Top Cat, 1961), Los Supersónicos (The Jetsons, 1962), o Johnny Quest (1964), entre muchas otras. Posteriormente también crearía Los Autos Locos (Wacky Races, 1968) y Scooby-Doo (1969), y realizaría la adaptación estadounidense de Los Pitufos (The Smurfs, 1981).

Una de las claves de su éxito fue el énfasis que ponían en la escritura de chistes y creación de situaciones humorísticas, y otra, la calidad del doblaje: ambas características se observan en esta particular versión de Alicia. Los diálogos están plagados de juegos de palabras y retruécanos que, sin ser del mismo estilo que los de Lewis Carroll, son efectivos e inmediatos, y en el reparto se encuentran voces de la categoría de Sammy Davis Jr.

La película, realizada directamente para televisión, fue patrocinada por la cadena de droguerías y farmacias Rexall y por la compañía de refrescos Coca-cola. La emisión original, el 30 de marzo de 1966, incluía una promoción después de los créditos introductorios. Mientras Alicia, que ya ha caído por la “madriguera” del Conejo, mira desconcertada a su alrededor, una voz en off anuncia: “Alicia en el País de las Maravillas les es presentada por Rexall, el nombre más conocido de Estados Unidos en productos farmacéuticos (¡no se pierdan, mañana, su famosa venta de 1 céntimo!), y por sus embotelladores locales de Coca-cola, que le recuerdan pensar a lo grande, comprar a lo grande, y ahorrar a lo grande”, mientras los logos y eslóganes de las respectivas marcas aparecen también en pantalla. Al final de la película, se añaden unos segundos de metraje en que vuelve a aparecer la misma locución, pero con el orden invertido; se anuncia en primer lugar la Coca-cola, y en segundo lugar a Rexall. En las pausas publicitarias se emitieron anuncios de ambas marcas en las que aparecían personajes de la historia. Las subsiguientes emisiones de la película, así como las ediciones –  no autorizadas – en VHS, ya suprimieron los mensajes y los logos. Los anuncios publicitarios muestran a los personajes comentando y alabando las respectivas marcas; en uno de ellos, por ejemplo, el Conejo Blanco le da la bienvenida a Alicia a “Rexall-land”. La misma compañía también publicó una versión en cómic de la película, que regalaba con la compra de sus productos.


La banda sonora estuvo a cargo del compositor Charles Strouse y el escritor Lee Adams, que en la época eran muy conocidos por el musical Bye Bye Birdie, y fue orquestrada por Marty Paich. Varios intérpretes cantaron ellos mismos las canciones; otros tuvieron un actor de doblaje específico para los temas musicales.

La película está ambientada en la época en que se realizó, mediados de los años 60, lo que se observa tanto en las partes que suceden en el mundo real como dentro del País de las Maravillas. Como suele suceder en las adaptaciones, añade también personajes de A través del Espejo.


La historia comienza con Alicia (Janet Valdo en los diálogos, Doris Drew en las canciones), una niña de unos diez o doce años, jugando en la calle con su perrito Fluff (Don Messik). Su madre (no aparece en los créditos; solo tiene una frase) la llama desde la puerta de su casa, y cuando Alicia responde que irá en un momento, se asoma también su padre (Allan Melvin), quien le ordena severamente que vaya en ese momento, a lo que Alicia obedece sin rechistar. Una vez dentro de casa, el padre le pregunta si ha ayudado a su madre a lavar los platos, y al obtener una respuesta afirmativa, le pregunta a continuación si ha terminado los deberes, ¿no tenía acaso que hacer un trabajo sobre Alicia en el País de las Maravillas? Fluff intenta esconder el libro para que Alicia pueda seguir jugando, pero el padre lo descubre, recupera el libro, y le recuerda a su hija que “nada de televisión” hasta que termine los deberes. Alicia se resigna a perder la tarde, pero Fluff aún quiere jugar y, con la pelota en la boca, se mete entre los pies de la niña, haciendo que tropiece y se caiga; es el momento en que Alicia pierde momentáneamente el conocimiento y comienza a soñar. Alicia se levanta y, enfadada con Fluff, le tira la pelota a otra habitación; el perrito corre alegremente tras ella. Pero la pelota atraviesa la pantalla de un televisor apagado, y Fluff salta también al interior. Alicia toca la pantalla y nota, asombrada, que es como la superficie del agua. Se asoma, llamando a Fluff, y accidentalmente se cae dentro del televisor. Por un momento puede agarrarse al borde de la pantalla, y ve que su padre está en la puerta de la habitación, aparentemente buscándola. Alicia lo llama a gritos, pero su padre no la oye, y al final sus dedos se sueltan y se precipita por el interior de los tubos catódicos.


Alicia cae sentada sin hacerse daño, y mira a su alrededor intentando ver dónde está y buscando a Fluff. Lo que ve es el Conejo Blanco (Howard Morris), el cual se presenta como un dragón (pero no cuela). Aunque Alicia identifica al Conejo Blanco como el personaje del cuento que ha leído, la conversación con él es muy difícil; no para de reírse convulsivamente y de anotar puntos para un juego cuyas reglas nunca se molesta en explicar.


Cuando Alicia insiste en que tiene que ir a buscar a Fluff, el Conejo le da a una galleta con la que podrá cambiar de tamaño, porque ahora es muy grande para poder salir de la madriguera. Tras varios intentos, alcanza una altura razonable. Salen por una puerta (que son varias, a cada cuál más fuerte, cuando el Conejo las cierra) y, una vez en el exterior, cantan a dúo “La vida es un juego”. Pero tras ella, el Conejo se marcha precipitadamente, y le aconseja a Alicia que siga el camino que se desenrolla (“también está el camino de baldosas amarillas, pero es de otro cuento”).

Alicia sigue el serpenteante camino, que culmina en un cartel de bienvenida al País de las Maravillas. En la rama de un árbol se encuentra con un gato beatnik, perilla y actitud nihilista incluidas (Sammy Davis Jr.). 


Tras una conversación de la que la pobre Alicia no puede sacar nada en claro, el Gato se da cuenta entonces de que ella no pertenece al País de las Maravillas, lo que le lleva a cantar “¿Qué hace una niña buena como tú en un lugar como éste?”, la canción más reconocible y pegadiza de la película. Justo al terminar, aparece el Conejo Blanco con Fluff en brazos, pero vuelve a salir corriendo antes de que Alicia pueda coger a su perrito. Mientras se aleja, le dice a Alicia que se verán en la Fiesta del Té, y el Gato de Cheshire le indica cómo llegar.


Tras seguir un rato el camino, y volverse a encontrar con un Conejo Blanco cada vez más chiflado, Alicia se ve de repente en la Fiesta del Té, que se celebra en medio del bosque. 


El Sombrerero (Harvey Korman), la Liebre de Marzo (Daws Butler) y el Lirón (Don Messik) consideran que Alicia necesita un sombrero y le presentan a la Sombrerera (Hedda Hopper), la cual le prueba varios modelos. Pero no le prestan ninguna ayuda para encontrar a Fluff, y los dos Sombrereros y la Liebre acaban metiéndose en una caja de sombreros y desapareciendo en un pestañeo.


Alicia se lamenta en voz alta de que la gente de ese país tenga la costumbre de esfumarse sin más, y le contesta una extraña Oruga que está sobre una seta y tiene dos cuerpos, uno a cada extremo: son nada más y nada menos que Pedro Picapiedra y Pablo Mármol (Alan Reed y Mel Blanc). 


Cuando Alicia les pregunta, pasmada, cómo es posible que tengan una cabeza en cada extremo, Pedro le responde con toda naturalidad si es que nunca ha oído la expresión “dos cabezas piensan mejor que una”, y Pablo añade que así se puede ver dónde vas y dónde has estado al mismo tiempo. Comentan que han trabajado durante mucho tiempo en el mundo del espectáculo, y Alicia admite que “le resultan familiares”. Pedro y Pablo cogen un bastón y un canotier y se ponen a cantar “Nunca harán que nos separemos”, pero, como ya va siendo normal, no pueden ayudar a Alicia a encontrar a Fluff, ya que no tienen ningún número con animales.


Alicia se queda sentada en una roca, preguntándose qué va a hacer, cuando inesperadamente llega Fluff corriendo y ladrando, y se arroja en sus brazos. Alicia se lleva una gran alegría, pero poco le dura, porque por el mismo camino llega al galope un caballo sobre el cual cabalga un jinete con una enorme armadura que enarbola una larguísima lanza, y Fluff se asusta, salta de los brazos de Alicia, huye y se pierde de vista. El jinete se detiene al oír los gritos de Alicia, y ésta le riñe, muy enfadada por asustar a un inofensivo perrito. 


El Caballero Blanco (Bill Dana, en su papel cómico de “José Jiménez”) levanta su celada y aguanta la reprimenda de Alicia; sale entonces de la armadura y resulta que es un individuo de diminuta estatura, tartamudo y neurótico. Lamenta haberle causado problemas a Alicia, y le cuenta que su mayor deseo es realizar grandes proezas, servir a la reina, matar dragones y rescatar doncellas, pero que es demasiado nervioso y pusilánime para hacer nada de eso (de hecho, su “arma secreta” cuando las cosas se ponen feas es levantar una bandera blanca con grandes letras de ME RINDO).  Alicia intenta animarlo cantando “Hoy es un día maravilloso”. El Caballero recupera su espíritu y sale a galope en busca de nuevas aventuras, pero, como era de esperar, no la ayuda a buscar a Fluff.

Vuelve entonces el Conejo Blanco, con mucha prisa porque llega tarde a la partida de croquet de la Reina. Pronto deja atrás a la niña, pero entonces aparece el Rey de Corazones, que conduce un pequeño tren, y se ofrece a llevar él mismo a Alicia al juego.


Alicia no puede por menos que preguntar por qué un rey está conduciendo un tren; el Rey contesta que incluso los reyes deben hacer trabajillos para llegar a fin de mes.


Llegan juntos campo de juego, y Alicia tiene el privilegio de sentarse en el palco real, con el Rey y la Reina de Corazones (Zsa Zsa Gabor, completa con su acento húngaro y sus “daahling”). 


Aunque un cartel anuncia “Torneo de Croquet”, el juego que presencian es completamente disparatado; una confusa mezcla de hockey sobre hierba, fútbol americano, Monopoly, un indeterminado juego de tablero tipo oca, carrera de caballos de ajedrez, salto de trampolín y surf (con lo que caer al agua supone para los Soldados-Carta); en ningún momento se ve a nadie con equipamiento de croquet. En el descanso, la Reina le entrega a Alicia unas tartaletas de fresa para que las reparta entre los jugadores, pero, apenas se ha alejado unos pasos, la misma Reina grita a los Soldados que la detengan por robar las tartas y la arrojen al calabozo. Alicia exclama que no la pueden encerrar sin un juicio, por lo que la Reina ordena que se celebre el juicio de inmediato. Mientras tanto, el Conejo Blanco llega, muy tarde, a la partida de “croquet”, y teme que la Reina se enfade y le haga perder… puntos en su propio juego.


Se celebra el juicio con el rigor que cabría esperar: el fiscal es el inútil hijo del Rey y la Reina de Corazones, que muy predeciblemente se comporta como un niñito de mamá, y el abogado de Alicia es un individuo que ya asume que tiene el caso perdido y se dedica a jugar al yo-yo. El alguacil recibe constantes martillazos en la cabeza por parte del Rey, no se llama a ningún testigo, y Alicia acaba condenada a 99 años en el calabozo, adonde es arrojada sin miramientos.


En la celda del torreón se encuentra con Fluff, y también con Humpty Dumpty (Allan Melvin), que viste un traje a rayas de presidiario. 


Al poco el Conejo Blanco es arrojado a la prisión con ellos, condenado también a 99 años por llegar tarde al juego de croquet. Alicia canta “Estoy en casa”, sobre lo mucho que echa de menos su hogar y a sus padres, tan triste y sentimental que sus dos compañeros no pueden evitar las lágrimas. 


Humpty Dumpty dice que en ese caso la ayudarán a regresar a su casa, y salen de la celda… con la llave de la puerta, que aparentemente tenía desde hacía ya tiempo.

Logran escapar el castillo de la Reina, pero son detectados por un Soldado-Carta que da la voz de alarma, y toda la caballería real sale tras ellos. 


Cuando les dan alcance, Humpty Dumpty se sube a un muro para distraerlos y darles más tiempo a Alicia y al Conejo; acaba cayéndose y rompiéndose la cáscara, aunque el Conejo le asegura a Alicia que podrán recomponerlo.

De vuelta en la madriguera del Conejo, Alicia se pregunta cómo podrá volver a atravesar el televisor, y el Conejo le recuerda que tiene la galleta que él le dio al principio. Alicia come un trocito y sale volando de regreso a la pantalla. Se agarra al borde y llama a su padre pidiéndole ayuda. Se despierta entonces en el suelo de la habitación donde se había caído, mientras su padre, a su lado, le pregunta qué le ha pasado. 


Alicia, confusa, responde que estaba corriendo tras Fluff y que debía de haberse resbalado. El padre le dice que, en vista de que está bien, vaya a reunirse con su madre y con él para la cena. Pero, en el momento en que el padre se va, Alicia oye que el Conejo la llama, y todos los personajes a los que ha conocido en el País de las Maravillas atraviesan la pantalla del televisor… para traerle a Fluff, a quien había olvidado en la madriguera. 


Alicia le da un beso de agradecimiento al Conejo, y, cuando su padre la llama, otra vez para la cena, Alicia exclama: “¡Papá, mira! ¡Son el Conejo Blanco y todos sus amigos!”, pero los personajes del País de las Maravillas han desaparecido.

Alicia abraza a su perrito y le dice “¿Sabes, Fluff? Nadie nos creerá si le contamos qué nos ha pasado…”. Mira a la cámara y añade: “¡Pero espero que tú sí!”.

La película, como se ve, poco tiene que ver con la historia original de Alicia en el País de las Maravillas; el planteamiento de la niña que sueña con un mundo mágico y los nombres de los personajes no son más que una excusa para una ambiciosa campaña publicitaria que empleó a famosos y famosillos del momento (siendo el más claro ejemplo que se inventen el personaje de la Sombrerera solo para que pudiera aparecer la periodista del corazón Hedda Hopper, conocida por su afición a los sombreros). Hay errores de bulto, como que, cuando al principio Alicia hojea el libro, mencione que va por la parte de Humpty Dumpty, quien es un personaje de A través del Espejo, o que, nada más ver al Sombrerero, le diga: “¡Tú debes de ser el Sombrerero Loco!”, cuando en ningún momento del libro de Carroll se llama a ese personaje “Sombrerero Loco” sino simplemente “Sombrerero”. También resulta chocante que, para el cameo de Pedro Picapiedra y Pablo Mármol, al guionista no se le ocurriera otra cosa que hacer una Oruga con un cuerpo a cada extremo, cuando parece que la elección obvia habría sido Tweedledee y Tweedledum (que incluso cantan y bailan en el texto original).

Los personajes conservan algún parecido con los del libro, en tanto que el Conejo suele ir con prisas, el Gato es burlón y sibilino, el Caballero es bueno pero desmañado, la Reina es cruel y arbitraria, y todos hablan con juegos de palabras y chistes verbales. Pero Bill Dana los desarrolla a su manera, sin usar para nada el texto de Carroll, lo cual es una lástima porque una combinación del material original con sus propios recursos habría resultado muy bien.

El apartado musical es de lo mejor de la película, en especial las tres primeras canciones, que nos sitúan en la escena de los espectáculos de variedades. “La vida es un juego” es una canción que uno se imagina cantando a Frank Sinatra Jr. en una gran sala de conciertos; “Nunca harán que nos separemos” es un número de vodevil; y “¿Qué hace una niña buena como tú en un lugar como éste?” fue un éxito inmediato para Sammy Davis Jr. y para Scatman Crothers, que la grabaría posteriormente. Resulta significativo que, aunque la película se emitió muy pocas veces por televisión y nunca se publicó oficialmente en vídeo doméstico (existen cintas pirata), sí se editaron varios álbumes con material, en ocasiones adaptado o reelaborado, de la banda sonora, cuya historia analiza Greg Ehrbar en este artículo.


Ésta es una de las dos películas que, llamándose Alicia en el País de las Maravillas, más se alejan del texto original, hasta el punto que apenas tienen nada que ver (la otra es la versión de Tim Burton). No es, para nada, una película del libro, ni la podemos relacionar más que someramente con el texto de Carroll. Pero tiene valores propios. Es divertida, es ocurrente, tiene buenas canciones y buenos momentos, y se las apaña para conservar lo absurdo y lo chocante del mundo de Carroll. Personalmente me gusta más que otras versiones que, aun respetando fielmente el texto original, resultan tan anodinas y poco inspiradas que se olvidan sin más después de verlas.

Como he comentado, la película nunca se editó en VHS de manera oficial. Fue doblada al castellano en México por el estudio CINSA en el mismo año de su emisión, y existen cintas no licenciadas en inglés y en español. Sin ser una obra maestra, es una pieza con muchas virtudes injustamente arrinconada, que generaría un gran interés si se beneficiara de una remasterización y algo de material extra en que se hablara de las celebridades que participaron en ella. De momento, se puede ver, entera o a trozos, en canales de vídeo de Internet.

Fuentes:




Internet Movie Database

23 de junio de 2019

Alicia de Jonathan Miller (1966)







Esta versión de 1966 de Alicia en el País de las Maravillas es una producción para la televisión de la BBC, dirigida por Jonathan Miller, quien, en la época, era conocido como autor y director del programa satírico Beyond the Fringe. La película formaba parte de una serie llamada “La obra del miércoles”, para la cual habitualmente se escribían piezas nuevas. Una de ellas, dirigida por Dennis Potter, estrenada en octubre de 1965, y titulada sencillamente Alice, había tratado la relación entre el reverendo Charles Dodgson y Alice Liddell, aunque ninguno de los actores repetiría en la producción de Miller.

Esta película destaca entre las adaptaciones de Alicia en el hecho de que los actores no están caracterizados con disfraces, ropa ni maquillaje como los personajes a los que representan. Todos los actores van sobriamente vestidos con atuendos victorianos, y actúan como el Conejo Blanco, el Sombrerero o la Oruga, sin ningún atavío especial. Jonathan Miller se enfrentaría así a una de las más famosas adaptaciones de la obra, la de Norman McLeod de 1933, en que famosos actores quedaron completamente irreconocibles bajo capas de disfraces, enormes máscaras y sobrecarga de utilería. “Una vez que retiras la cabeza del animal, te comienzas a dar cuenta de qué va [la historia]. Una niña pequeña rodeada de gente con prisas y preocupada, que se pregunta: '¿Es esto lo que significa ser adulto?'”. Curiosamente, para el papel protagonista fue elegida Anne-Marie Mallik, de trece años, que no tenía ninguna experiencia de actuación previa y que, después de su aparición en la película, tampoco manifestó el menor interés en dedicarse al cine. Según él mismo declaró, Jonathan Miller escogió a la niña por su “aire de solemnidad victoriana”. El resto del elenco, por el contrario, estuvo constituido por actores consagrados.

Anne- Marie Mallik en el papel de Alicia.

La banda sonora de la película estuvo a cargo del virtuoso del sitar Ravi Shankar, muy popular en la época por sus actuaciones en grandes salas del Reino Unido y su relación con el beatle George Harrison, de quien fue maestro. El contraste entre la ambientación estrictamente victoriana y el anacrónico exotismo de la música tradicional india fue también uno de los aspectos más comentados de esta versión.

En principio, nos encontramos ante una adaptación clásica del libro de Carroll, que sigue cronológicamente casi todas las escenas del País de las Maravillas, y no añade material a los diálogos originales, aunque los puede alterar un poco. Comienza con una niñera (Freda Dowie) peinando y arreglando a Alicia ante un espejo, mientras Lorina (Jo Maxwell-Muller) la observa en silencio. Las hermanas salen al jardín y pasean un rato por el bosque antes de sentarse en la ribera del río, todo ello sin intercambiar palabra; Lorina se pone a leer y Alicia tumba en la hierba y se duerme. 

Wilfrid Brambell como el Conejo Blanco.

Cuando aparece el Conejo Blanco (Wilfrid Brambell), Alicia lo sigue a la madriguera, que es el arco de un antiguo puente o canal. La película mantiene los efectos especiales al mínimo, de modo que Alicia no cae, sino que recorre un laberinto de escaleras y pasillos (la escena fue filmada en un hospital abandonado) hasta llegar al Vestíbulo de las Muchas Puertas. Mira el jardín a través de la puertecita, prueba las llaves, bebe y encoge, come y crece, recita para sí misma, llora… 


Hay un momento en que se insinúa el Lago de Lágrimas, pero en realidad Alicia simplemente pasa a otra habitación donde se encuentra con el Ratón (Alan Bennett) y el resto de animales (entre los que se puede ver a Eric Idle, muy joven, que no aparece en los créditos). Los animales hablan de secarse (aunque todos están perfectamente secos), y el Ratón comienza a contar una historia, pero todos suspiran, bostezan y carraspean, y el Dodo lo interrumpe y propone realizar en su lugar una Carrera Loca. 


Se produce la Carrera Loca, que en efecto consiste en correr convulsivamente por las habitaciones, pasillos y patios interiores. Al final de la carrera, los participantes comienzan a pelearse, hasta que el Dodo declara que todos han ganado. Alicia reparte los premios, y los demás animales le piden al Ratón que continúe su historia, pero éste se marcha, molesto porque antes lo habían interrumpido.  

Lo siguiente que vemos es a Alicia corriendo en dirección a la casa del Conejo Blanco, mientras la voz éste, en off, le manda buscar sus guantes. Alicia bebe un frasco que encuentra en la casa del Conejo y aumenta de tamaño. Oye al Conejo impacientarse, y hablar con otros animales. 


A través de la ventana le tiran pastelitos, se come uno y vuelve a disminuir. Sale corriendo de la casa (en cuyo exterior, solo por un momento, se ve al Conejo, Pat y Bill), atraviesa un jardín donde le ladran unos perros enjaulados, y, a través de un invernadero derruido, llega a un despacho o biblioteca donde tiene la conversación con la Oruga (Michael Redgrave). Alicia recita, a trompicones, algunas estrofas de “Eres viejo, padre William”.


Alicia oye ruidos en una habitación cercana, y conversa con el Lacayo-Pez (Anthony Trent) y el Lacayo-Rana (John Bird). 


Entra en la habitación, donde están la Cocinera (Avril Elgar), la Duquesa (Leo McKern, travestido), el bebé- cerdito y un gato real vivo, además de los cadáveres, también reales, de un cerdo, gallinas y otros animales destinados a la olla. Hay algunos primeros planos desagradables de la cabeza del cerdo muerto. Alicia, que no se inmuta ante lo que contempla en la cocina, sale de ella con el bebé-cerdito en brazos y lo deja libre en el bosque. Mientras camina sin rumbo, habla (¿telepáticamente?) con el que, adivinamos, es el Gato de Cheshire; nunca se han presentado.


A través de una puerta- espejo, Alicia, con un traje diferente y un sombrero que llevaba al salir de su casa pero no al entrar en la madriguera, llega a la casa de la Liebre de Marzo, y se sienta a la mesa con el Sombrerero (Peter Cook), la Liebre (Michael Gough), y el Lirón (Wilfrid Lawson). Alicia se aburre soberanamente durante la merienda y pasa la mayor parte del tiempo hundiéndose en su asiento, sin mirar siquiera a los demás comensales.


Luego entra paseando en el jardín de la Reina y encuentra a los Soldados-Carta que pintan las rosas. 


Llega el desfile y conoce al Rey (Peter Sellers) y a la Reina de Corazones (Alison Leggatt). Se incorpora a la comitiva y charla un rato con el Conejo Blanco.Tras dar un largo paseo con cada vez más acompañantes (músicos, tamborileros, portaestandartes…), llegan a un gran campo donde celebran la partida de croquet. Alicia no juega; se aburre, se pone a tejer guirnaldas, ojea un libro; una de las camareras de la Reina le cepilla el cabello. Habla con el Gato de Cheshire, y luego la Duquesa la encuentra y se une a ella en su paseo mientras le habla de las moralejas.


Luego se encuentra con el Grifo (Malcolm Muggeridge) y la Tortuga Falsa (John Gielgud), con los que habla sobre sus días de colegio y asignaturas, y pasean por la playa mientras le muestran el baile de la “Cuadrilla de Langostas”.


Alicia entra entonces en la sala del juicio, y actúa ella misma como escribana, tomando nota de las disparatadas declaraciones de los testigos, que canturrean, hacen ruidos y en general pierden el tiempo; el mismo Rey dormita en su silla. 


Alicia comienza a crecer de modo inesperado, y cuando le replica a la Reina, ésta comienza a gritar “¡Que le corten la cabeza!”. Alicia no se inmuta cuando el ruido y la confusión aumentan a su alrededor. Y entonces simplemente se despierta, se incorpora, se pone el sombrero, y ella y Lorina se levantan y se marchan. Los créditos, con más música de sitar, muestran las ilustraciones que hizo Lewis Carroll para la primera versión del cuento.


La película, hablando en plata, es rara. Hoy consideraríamos que es “cine experimental” o “cine de autor”: es un proyecto estético más que narrativo. Filmada en 9 mm., con una fotografía perfecta, se centra en mostrar la belleza de los lugares y las escenas más que en contar una historia que la mayoría de espectadores se sabe ya. Carece casi por completo de efectos especiales. Las escenas en que Alicia crece y encoge se realizan con la actriz simplemente acercándose o alejándose de la cámara; muy notablemente, cuando disminuye de tamaño dentro de la casa del Conejo, lo hace corriendo hacia atrás. El Gato de Cheshire se ve un momento, como un animal real, en la cocina de la Duquesa, pero luego solamente se oye su voz, susurrando, cuando habla con ella. Únicamente en la partida de croquet se ve la cara del animal sobreimpresionada en el cielo.

El Gato de Cheshire en su único momento "visible".

La actuación no es la que esperaríamos en una película de fantasía en que una niña conoce a los personajes más dispares. Alicia tiene todo el tiempo la mirada perdida, no sonríe más que en un par de ocasiones (y de modo casi imperceptible), y habla con un tono de voz monocorde y aburrido. No se inmuta ante nada, no se emociona, no se asusta. Vaga de un lugar a otro, se dirige a los seres que encuentra sin mirarlos. Conociendo las ilustraciones de Lewis Carroll, es evidente que han intentado imitar a la Alicia de estos dibujos, pero también conviene recordar que el propio Carroll estaba insatisfecho con ellos. La Alicia de esta película tiene una expresión continuamente melancólica. Solemne tal vez, pero rayana en la tristeza.


Y los habitantes del País de las Maravillas, cierto, se comportan de modo alocado e impredecible, pero quizá no de la manera que imaginamos al leer el libro.  El final de la Carrera Loca, por ejemplo, es uno de los momentos más extraños. Los animales – que, recordemos, no están caracterizados como tales – se arrojan unos sobre otros, golpeándose, gruñendo y emitiendo chillidos como si fueran cerdos, y luego, en el momento en que el Dodo declara que todos merecen premios, se levantan dando tumbos y comienzan a gemir “Premios… premios…” en la manera en que hoy imitaríamos a un grupo de zombies.

Las transiciones entre escenas son irregulares. Muchas comienzan con voces oyéndose en off o en eco, o con Alicia simplemente apareciendo en ella, sin que haya terminado la escena anterior. Incluso dentro de las secuencias hay cortes o fundidos, como si fuera a producirse un cambio, para que después el diálogo continúe. Y algunas escenas son largas, muy largas. Van alargándose, y Alicia está simplemente allí. Y se oyen himnos, y zumbidos de abejas y cricrís de grillos, y no parece que ocurra nada. Es el País de las Maravillas: el Tiempo tiene voluntad propia.

Vale la pena ver esta película, aunque sea solo una vez. El que apenas se usen efectos especiales y que los personajes animales no lleven disfraz “obliga” a explotar lo que puede ser maravilloso y mágico en un entorno real. Los interiores, incluyendo la “caída” por la madriguera del Conejo, fueron filmados en un edificio abandonado de la misma época victoriana (el hospital militar de Netley, cerca de Southampton), con láminas anatómicas en las paredes, y algunas partes derruidas por el paso del tiempo. Es uno de los mejores logros de la adaptación: Alicia está en un mundo que se parece al suyo pero no lo es exactamente, o no del mismo modo. Y, excepto en el caso del Gato de Cheshire, que decididamente no está bien resuelto, los actores en traje victoriano se comportan como todos sabemos que son sus equivalentes animales. Ver a Wilfrid Brambell en el momento en que saca su reloj de bolsillo y lo señala impacientemente es ver al Conejo Blanco, con más nitidez que en versiones donde lleva un disfraz completo.

La película no está editada por ninguna compañía española ni doblada al castellano. Existen al menos tres versiones en DVD, de la que, aparentemente, la más recomendable por la calidad de imagen y contenidos adicionales es la de Warner de 2010. Se puede encontrar con relativa facilidad en canales de vídeo de Internet. Y merece la pena, aunque haya siempre algo que nos resulte incómodo (la tristeza de Alicia, los animales muertos y/o disecados, la extensión de algunas escenas, la mínima presencia del Gato de Cheshire), seguro que hay algo que nos llama la atención por su acierto y belleza.

Fuentes:

Internet Movie Database.



Wikipedia.

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