26 de agosto de 2020

Alice of Wonderland in Paris (1966)







Alice of Wonderland in Paris (también conocida como Alice in ParisAlice in a New Wonderland o Alice in Wonderland in Paris) es una película de animación checo- estadounidense de 1966. No se trata de una adaptación de Alicia, sino de una antología de cinco cuentos infantiles presentados por un personaje inspirado en el de Carroll. 

La idea para esta película surgió de los productores Gene Deitch y William L. Snyder, que ya habían colaborado en el filme checo Munro (1960) y las series televisivas Tom y Jerry (1960- 1962, para Metro-Goldwyn-Meyer) y Popeye (1960- 1963, para King Features Syndicate). Habían realizado varios cortos de animación, basados en libros populares en ese momento, para ser proyectados en escuelas con fines educativos. De entre ellos escogieron cinco para incluirlos en una película en los que serían presentados por el personaje de Alicia; por tanto, solo fue necesario filmar las nuevas secuencias. Los cuentos que se narran son, principalmente, dos de la serie Madeline de Ludwig Bemelmans: Madeline y el "Sombrero malo" y Madeline y los gitanos. Los otros tres son El príncipe ceñudo de Crockett Johnson, Anatole de Eve Titus y Muchas lunas de James Thurber. La banda sonora fue compuesta por Václav Lidl, e incluía dos canciones escritas por Paul Alter.

La película, producida por Snyder y dirigida por Deitch, se estrenó el 5 de febrero, distribuida por una compañía llamada Childhood Productions. Al durar solamente 52 minutos, se añadió a los proyecciones en los cines el cortometraje francés Crin Blanca (1953), del Albert Lamorisse, que también suele incluirse en las ediciones en formato doméstico.  En los años 70, Paramount Pictures adquirió los derechos y comenzó a proyectarlas en las sesiones matinales para niños, dentro de la serie Family Matinee,  bajo el título Alice in a New Wonderland, y también con Crin Blanca.



Poster de las proyecciones de Paramount.



La historia se desarrolla en la época contemporánea a su emisión, en los años 60 del siglo pasado. Por otra parte, la protagonista parece ser norteamericana, ya que habla de París como un lugar que está muy lejos y al que le resultaría muy caro llegar, y tiene una gran afición por las hamburguesas con queso.




La película comienza con una vista de una habitación en la que hay estatuillas y adornos de los personajes del País de las Maravillas. Hay una niña acurrucada en un sillón, leyendo un libro de la serie Madeline, con una gata dormida en el reposapiés; hay un póster de Francia en la pared y una figurita de la Torre Eiffel en la mesita cercana. 




La niña (Norma MacMillan) suspira, se pone la torre en la cabeza y le dice a la gata, llamándola Dinah, que su mayor sueño es ir alguna vez a París y conocer a Madeline, la heroína de sus libros favoritos. A través de su "conversación" con Dinah, descubrimos que la niña es la Alicia que soñó las famosas aventuras, y que es consciente de que fueron solo un sueño, mientras que París es "un País de las Maravillas en el mundo real". A continuación añade: "Para ir al País de las Maravillas, solo tuve que caer por una madriguera, o atravesar un espejo... pero, admitámoslo: ¡hace falta muchísimo dinero para ir a París!".




Mientras se lamenta, aparece un ratoncito (Allen Swift), montado en bicicleta, a través de un agujero de la pared. Alicia exclama que nunca ha visto a un ratón con sombrero y maletín; el ratón se presenta como François y le explica a Alicia que está realizando una encuesta sobre los tipos de queso favoritos por "los habitantes de este lado de París". El ratón se sorprende cuando Alicia le comunica que no están en París, pero se empeña en saber cuál es el queso favorito de Alicia, y se disgusta muchísimo cuando la niña le dice que ella solo conoce el queso de las hamburguesas. 





François le cuenta a Alicia la historia de su tatarabuelo, lo que introduce el primero de los cuentos, Anatole de Eve Titus. Ambientado en París, trata del ratón Anatole (Carl Reiner), honrado y respetable padre de familia, que consigue comida para su hogar recogiendo pedazos descartados de una quesería. Una noche descubre, al oír una conversación entre los queseros, que los humanos odian a los ratones por considerarlos una plaga, y que más pronto que tarde llamarán a exterminadores para eliminar a los que hay en el almacén. Deprimido ante esta idea, consulta con su esposa qué pueden hacer para ganar la estima de los humanos. Se le ocurre de pronto, ya que ha probado todos los quesos de la fábrica, convertirse en catador, y comienza a etiquetar cada pieza con su valoración y sus recomendaciones. A la mañana siguiente, los catadores de la quesería prueban los productos, descubren que todas sus observaciones eran exactas, y se imaginan que algún misterioso gourmet experto en quesos les está ayudando de forma anónima. Cuando Anatole decide revelar su identidad al presidente de la quesería, Monsieur Duval, es tanto el éxito que ha alcanzado debido a sus recomendaciones, que cancela la orden de exterminar a los ratones de la fábrica, y nombra a Anatole vicepresidente, con una mesa de despacho a su medida.





Ante la insistencia de Alicia, que quiere que la lleve con él a París para conocer a Madeline, y su propio interés en que pruebe quesos de calidad, François le  entrega un queso elaborado con las misma seta mágica del País de las Maravillas, que le permitirá encogerse y entrar por el agujero de la pared. Así sucede, y Alicia monta con François en su bicicleta y se marchan los dos a París por un entramado de cañerías subterráneas. 





Salen a la superficie en el patio del internado de la señorita Clavel, donde viven Madeline y sus compañeras, y François dice que el lugar le recuerda a una historia que ocurrió allí mismo. Cuenta a continuación Madeline y el "Sombrero Malo" de Ludwig Bemelmans, en la que el embajador de España se muda a una casa cercana al internado, y su hijo, Pepito, comienza a acosar a las niñas, tirándoles piedrecitas con su tirachinas, asustándolas y burlándose de ellas. Captura y encierra animales silvestres, decapita patos con una guillotina que ha construido él mismo, y ensalza el arte del toreo, cosas que Madeline y sus amigas desprecian por ser crueles y bárbaras. Tras resultar gravemente herido por una jauría de perros, entre los cuales había arrojado un gato vivo con la intención de mirar cómo lo destrozaban, Pepito sufre una larga y dolorosa convalecencia, se arrepiente de su crueldad, se vuelve vegetariano, y libera a todos los animales a los que había capturado... y a algunos del zoo de París. Madeline le dice que se tenía merecido lo que le pasó, pero que gracias a su nuevo comportamiento lo ha perdonado.


Alicia le dice a François que ahora tiene más ganas de conocer personalmente a Madeline. François le recuerda que deben descubrir su queso favorito, y cuando Alicia le dice que además del queso de las hamburguesas también le gusta el requesón, François se enfurruña porque no lo considera un queso "de verdad". Alicia lo reconviene: "deja de fruncir el ceño, o te parecerás al Príncipe Ceñudo". 





Cuenta entonces la historia del mismo nombre, de Crockett Johnson, sobre un pequeño príncipe que siempre está enfadado, nunca sonríe, y está orgulloso de tener "un ceño inamovible". Sus preocupados padres hacen llamar a bufones, malabaristas y acróbatas, que no consiguen más que aburrir al príncipe. El gran mago de la corte declara que un ceño inamovible solo se puede curar con una sonrisa irresistible, y mandan llamar a la princesita del reino vecino, que siempre sonríe y nunca se enfada. Cuando la princesita sonríe delante del príncipe, no parece funcionar, y todos parecen resignarse a que el ceño es verdaderamente inamovible, pero al poco se le pasa el enfado, y comienza a sonreír él también.





François, mientras comenta que su propio ceño desaparecerá cuando Alicia pruebe quesos de verdad y le diga su favorito, la lleva a la fábrica familiar, Quesos Duval. Durante el trayecto se ha hecho de noche, y desde el almacén de la quesería los amigos contemplan una hermosa luna llena, lo que les lleva contar la siguiente historia, Muchas Lunas de James Thurber. 






Una princesita (Trinka Snyder) coge un empacho de tartas de frambuesa, y convence a su padre de que solo se curará si le traen la Luna. El rey hace llamar a los sabios de la corte, quienes le explican que la Luna es demasiado grande y está demasiado lejos como para que se pueda traer. El bufón piensa una solución alternativa, y le pide a la princesa que le describa la Luna. La princesa cree que es pequeña, tal como la ve en el cielo, así que encargan al orfebre real que talle un colgante de oro con forma de luna y se lo entregue a la princesa. Ésta se "cura" de repente, convencida de que han cogido para ella la Luna de verdad. Cuando esa noche la vuelve a ver en el cielo, y pregunta cómo es posible, el bufón le contesta que la Luna siempre vuelve a crecer, "igual que el cuerno de un unicornio", respuesta que resulta plenamente satisfactoria para la princesa.





Alicia no se quita de la cabeza el conocer a Madeline, y promete que ya probará todos los quesos cuando sea mayor, así que finalmente François claudica, y tan pronto como amanece vuelven a salir en su bicicleta, de regreso al colegio de Madeline. 






De camino, pasan por una feria donde tuvo lugar otra de sus aventuras, Madeline y los gitanos. En esta historia, Madeline y las otras niñas, con su vecino Pepito, ya reformado de su sadismo, están divirtiéndose en la feria, cuando estalla una tormenta y deben volver precipitadamente. Con las prisas, la señorita Clavel no se da cuenta de que faltan Madeline y Pepito, que se han quedado atascados en la noria. Son rescatados por unos gitanos... que a continuación los secuestran, los sacan de París y los obligan a actuar en sus espectáculos. 




Los niños están encantados con su nueva vida nómada, y Madeline envía una postal al internado para que la señorita Clavel y sus compañeras no se preocupen, contándoles que está muy bien con la troupe circense. La señorita va en su busca, y los gitanos meten a los niños dentro de un disfraz de león y cosen las cremalleras para que no los encuentren. Sin embargo, al ver a la señorita Clavel y a las niñas del internado, Madeline y Pepito se dan cuenta de que las echan de menos. Se acercan a ellas, logran quitarse el disfraz de león y vuelven todos a París.

Alicia y François llegan finalmente al internado de Madeline, y entran a su dormitorio a través de un agujero de la pared. Ven que Madeline está en su cama, leyendo Alicia en el País de las Maravillas, y Alicia está encantada al pensar que Madeline sueña con conocerla a ella, igual que ella misma soñaba con conocer a Madeline. 






Pero, antes de que pueda hacer nada, comienza a hipar y a crecer con cada hipo. François se alarma porque el queso con setas mágicas estaba en fase experimental y no esperaba que los efectos durasen tan poco. 







Vuelven precipitadamente por el agujero, y cuando están de nuevo al aire libre, Alicia recupera su tamaño y comienza a flotar, elevándose hacia el cielo mientras François y Madeline le dicen adiós con la mano. 






Alicia, mientras vuela, se despide de las niñas del internado, de la fábrica de Quesos Duval, y del príncipe Ceñudo y la princesa de la Sonrisa Irresistible, que también están por allí, en el almenar de un castillo. 





Alicia se despierta en el sillón de su casa, con Dinah dormida en su regazo, y ve que en la mesita hay un plato con queso y galletitas, y una nota de su madre que la anima a tomarlos si tiene hambre cuando se despierte. La película termina con Alicia comiendo un cachito de queso y, aparentemente, encontrándolo muy bueno.








Como se ve, la película en sí no tiene nada que ver con los libros de Carroll. Las únicas alusiones a las aventuras que soñó Alicia (y que luego alguien puso por escrito, ya que Madeline las está leyendo) tienen lugar al principio, con las figuritas de los personajes del País de las Maravillas, los comentarios de la propia Alicia sobre caerse por la madriguera y atravesar el espejo, y el que el queso para reducir el tamaño esté hecho con la misma seta del País de las Maravillas (además de la frase "nunca he visto un ratón con sombrero y maletín"). A lo largo del viaje, y hasta el momento en que ven a Madeline con el libro de sus aventuras, no hay nada que haga pensar que Alicia es la que viajó en sueños al País de las Maravillas. Podría haberse contado, sin apenas alteraciones, con cualquier niña que soñara con ir a París y conocer a la protagonista de sus libros favoritos. No se puede considerar, por tanto, una adaptación de ninguna de las aventuras de Alicia, ni siquiera superficialmente como lo pueden ser las versiones de Hanna- Barbera o la de Tim Burton





Por otra parte, acusa su bajo presupuesto, la simplicidad de los dibujos, el haberse realizado en animación limitada (en muchas escenas, los personajes solo mueven la boca y una mano, mientras que las figuras del fondo son rígidas), una fonomímica terrible y un equipo de doblaje más bien escaso (en el cuento de El Príncipe Ceñudo, el príncipe, el rey y el mago de la corte están doblados por un mismo actor, Howard Morris; la intérprete de la princesa Lenore era muy probablemente la hija del productor). No se diferencia mucho, a decir verdad, de lo que eran las series de animación de los 60, pero está muy lejos de la calidad mínima para haberse estrenado en cines.  Es una película pasable, entretenida, que habría funcionado mucho mejor como un programa especial de televisión, y sin duda habría alcanzado mayor audiencia y apreciación.





La película tiene una licencia de dominio público, lo que ha facilitado sus numerosas ediciones domésticas. Se encuentra en DVD a un precio asequible sin el menor problema, pero nunca ha sido remasterizada, y la calidad es la misma que se puede ver en Youtube, en The Internet Archive (donde también se puede descargar legal y gratuitamente) u otros canales de vídeo, por lo que adquirir el DVD no tiene ninguna ventaja particular, y solo lo aconsejaría a grandes fans de esta película o nostálgicos de la animación sesentera.


Fuentes: 

Internet Movie DataBase

The Internet Archive

3 comentarios:

  1. Parece que Anatole es el precursor de Ratatouille 🤔
    Así como el cuento de Madeleine y el Sombrero Malo me parece horrible y muy cruel para niños (si es tan explícito como mencionas), el de Muchas Lunas me parece precioso...
    Me ha gustado mucho la relación Madeleine-Alicia, ése es el gancho para unir los dos mundos totalmente diferentes.
    Y aunque digas que la calidad es baja, los dibujos me parecen una ricura.

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    Respuestas
    1. No he visto la película de Ratatouille, pero conozco la historia, y creo que prefiero la de este ratón. Él ayuda a los queseros sin manipularlos y firma con su nombre desde el principio, aunque no se dé a conocer.

      Yo creo que esta película habría quedado mucho mejor si se centrara solamente en Madeline y Alicia, y las dos hubieran participado en episodios de las aventuras de la otra. Es decir, que Alicia estuviera con Madeline en sus aventuras en París, y luego Madeline estuviera con Alicia en el País de las Maravillas. La historia habría dado mucho más de sí y habría sido posible que las dos niñas interactuaran (porque ya ves que, después de tanto insistiendo en conocer a Madeline, al final Alicia solo la ve de lejos y ni siquiera habla con ella).

      Y estoy de acuerdo en que la historia de Pepito es escalofriante. Además, en el cuento se dice que es el clásico matón inteligente que delante de los adultos es todo educación y obediencia, de modo que nadie cree a las niñas cuando le hablan de sus salvajadas, y, como mucho, dicen de él que es un "incomprendido" y que la culpa de cualquier cosilla mala que pueda hacer la tienen las niñas por no querer jugar con él. Si yo llego a ser Madeline, cuando voy a visitarlo al hospital, no me habría limitado a decirle "te lo has buscado": lo habría desconectado del respirador.

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    2. Bueno, Ratatouille va también de los prejuicios, él no se siente seguro porque es una rata y sabe que no lo aceptarán por cómo lo han tratado anteriormente y ayuda al chico que necesita el trabajo y así los dos consiguen lo que quieren. No lo veo como manipulación.
      También estoy de acuerdo en lo que dices, habría estado mejor que se conocieran y compartieran aventuras. Pero aún así, no me desagrada que se admiren y no se lleguen a conocer. Es como la idea esa de "a ver si voy a conocer a mi ídolo y luego resulta ser un idiota..."
      Y lo del respirador también lo haría yo...

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