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10 de octubre de 2025

Alicia de Disney (1951): la novela.

 




Esta edición de Alicia en el País de las Maravillas es el número 17 de la colección "Novelas inolvidables", en curso de publicación desde 2024, de la editorial Salvat. Se trata de una serie de ochenta libros, correspondientes a otras tantas películas de Disney o Pixar, de venta en quioscos o por suscripción. Este ejemplar de Alicia salió a la venta en la primera semana de mayo de 2025. 


El orden de aparición de los libros de la colección parece totalmente aleatorio: no corresponde a la fecha de estreno de las películas, ni separa animaciones adaptadas de cuentos clásicos o de autor de las historias originales de Disney. El predecesor de Alicia, que se estrenó en 1951, fue la novela de Enredados (película de 2010), y el siguiente fue El libro de la selva (película de 1967). 


Los libros consisten en la versión novelizada de la película, con ilustraciones y arte conceptual de la misma. No aparece en ninguno el autor de la adaptación, y en aquellos que corresponden a películas basadas en cuentos de autor, tampoco se menciona. En este libro no se acredita para nada que la película estuvo basada en la obra de Lewis Carroll, ni tampoco se alude a David Hall ni Mary Blair, cuyo arte original se utiliza junto con fotogramas y bocetos de la película.


 


Esta novelización de Alicia de Disney tiene la particularidad de que se ha redactado a partir de la versión española de la misma, cuyo doblaje se realizó (a finales del mismo año o a principios de 1952) en los Estudios Churubusco de México, bajo la dirección de Edmundo Santos (que también haría las voces del Lirón y Tweedledee). Quien ha escrito el texto replica los diálogos prácticamente palabra por palabra, cambiando solo ocasionalmente términos o modismos del español americano por usos peninsulares (por ejemplo, "durazno" pasa a "melocotón", y "serías una personita, como todas las gentes" pasa a "serías una personita, como todo el mundo"). Así, la lección de historia anglosajona que la hermana le está dando a Alicia al principio de la película (que a su vez proviene del parlamento del Ratón en el libro original) se convierte en el descubrimiento de América por Cristóbal Colón; Dinah pasa a llamarse Diana; y el Gato de Cheshire se presenta como Gato Risón. 





Por el contrario, no reproduce todas las letras de las canciones, sino solamente alguno de los poemas procedentes del texto original, como "El pequeño cocodrilo" de la Oruga, o el "Lindo lindo parpadean" del Lirón. Del mismo modo, no son una traducción o adaptación directa del texto de Carroll como aparecen en la película original, sino una transcripción de la versión española.





Aunque el redactor de este libro se toma algunas licencias - como establecer su propia división en capítulos, o ambientar el comienzo de la historia en verano -, su versión novelizada de la película es más que decente. Tanto las partes descriptivas como narrativas presentan una sintaxis compleja y son ricas en vocabulario y expresividad. Las adaptaciones en libro de la película que siempre he conocido, pensadas para un público infantil, están resumidas y simplificadas todo lo posible, hasta ser poco más que un acompañamiento en letras a los fotogramas: esta adaptación, en cambio, se complace en contar la película con todos sus detalles. Véase, por ejemplo, el momento, en que Alicia descubre a la Oruga:


"Para describir lo que vio, hay que recordar esas ilustraciones antiguas que, bajo el nombre genérico de ≪Escenas de la vida oriental≫, mostraban a los lectores occidentales curiosidades de otros países de culturas y costumbres diferentes. En una de las más habituales, aparecía un sultán con turbante recostado sobre una otomana - un diván muy mullido sin respaldo - y sosteniendo la manguera de un narguile, una pipa compuesta por un recipiente de cristal con agua perfumada, una cazoleta para el tabaco y un largo tubo flexible rematado por una boquilla; el recipiente solía estar encajado en un soporte metálico adornado con filigrana".

La edición del libro como tal deja bastante que desear. No menciona, como comentaba antes, al adaptador del texto; mezcla arbitrariamente ilustraciones de Blair y Hall con bocetos y dibujos finales de la película, sin dar crédito a ningún ilustrador; y los colores de la portada y los cantos del libro no recuerdan para nada a Alicia en el País de las Maravillas: solo por el diseño, yo habría jurado que era una versión de Wicked. Por el contrario, solo puedo tener alabanzas hacia el texto. Para los que crecimos con la versión española de la película, leer los diálogos es oír las voces de Alicia (Eudoxia González), el Sombrerero (Dagoberto Cervantes) y la Reina (Gloria Iturbe), con las frases que hacen el doblaje inolvidable. La redacción es excelente, con un vocabulario extenso y una redacción elaborada, pero natural, que no reduce la historia a las escenas de la película, sino que narra y detalla tanto episodios como transiciones, logrando una lectura amena y absorbente. 






Este libro está disponible para su venta a distancia en la editorial Salvat, con un precio de 9.99€, pero, debido a los elevados costes de envío - 5.99€ - vale la pena preguntar en quioscos, mientras la colección esté en curso, si se puede pedir como número atrasado. Para lectores adultos, recomiendo sin dudar esta versión sobre las que se incluyen en colecciones infantiles, o las que aparecen acompañando algunas ediciones del DVD de la película.

Fuentes:


Alicia en el País de las Maravillas - Disney novelas inolvidables nº17 en Editorial Salvat.


17 de septiembre de 2023

Josep Ubia (1949 - )

 

Josep Ubia frente a su cuadro de la Casa Milà de Barcelona, circa 2010.


Josep Ubia del Amo, ilustrador, pintor, docente y escenógrafo, nació en 1949 en Sabadell, provincia de Barcelona. Comenzó a trabajar muy joven, en el año 1965, en la imprenta Busquets Gruart, como litógrafo y tipógrafo. Al año siguiente entró a trabajar en el estudio de la imprenta Sallent Hermanos (más tarde Educa Sallent, y a partir de 2001, tras su compra por Borrás Plana, grupo Educa-Borrás), en el cual realizó las ilustraciones del primer juego Educa producido en España, "El Lince". Realizó asimismo otras ilustraciones para empresas jugueteras hoy desaparecidas, como Tajuma.



Juego de pista y personajes de circo, de la empresa Tajuma.
Principios de los 70.

Desde 1967 hasta 1973 estudió en la reputada Escuela Massana de Barcelona, y se formó asimismo en Círculo Artístico de San Lucas, asociación de pintores de raíces modernistas y novecentistas.


En 1968 empezó a trabajar para la editorial Salvat, donde realizó ilustraciones para obras didácticas y divulgativas, principalmente para la colección Fauna ibérica del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente. En 1971 volvería a ilustrar cajas y tableros de juego, esta vez para la compañía Diset- diseño técnico, que se había fundado en Barcelona solo un año antes. Como ilustrador de libros infantiles y juveniles, en las décadas de los 70 y los 80  trabajaría para diferentes editoriales de la época, como
 Cavall Fort, Editorial Salvat, Editorial Roma o Edicions Combel.



Libros recortables de muñecas y edificios, 
originalmente publicados a principios de los 80 
para la editorial Combel.

Tras terminar sus estudios, hacia 1974, se especializó en ilustración anatómica y científica. A partir de ese mismo año, trabajó como director de arte, ilustrador anatómico y responsable en España de diseño y producción gráfica para las multinacionales farmacéuticas Solvay Farma (de 1974 hasta 2009) y Abott Laboratories (de 2010 a 2011). Para estas empresas, además de los dibujos de carácter médico o anatómico, realizó también retratos, caricaturas y litografías de ciudades, así como viñetas humorísticas.


Paralelamente a su trabajo de ilustrador, Josep Ubia ha desarrollado una larga carrera docente: desde 1975 hasta 1981 fue profesor de diseño y dibujo en el CEI (Centro de Enseñanzas de la Imagen) en Madrid y Barcelona; de 1981 a 1998 fue director de estudios de los cursos de diseño gráfico e ilustración en la IDEP (Institución de Estudios Politécnicos) de Barcelona; en 1987 y 1989 dio clases de ilustración en la facultad de Bellas Artes en la Universidad de Barcelona, y también impartió varios seminarios de ilustración, especialmente de aerografía, en la escuela Lonja de Barcelona. 


En 1997 se diplomó en diseño de escenografías en el Instituto del Teatro de Barcelona, y a partir de entonces ha realizado la escenografía y los carteles publicitarios de varias obras teatrales, tanto infantiles como para un público adulto. 



Una escena de la obra musical Els tres porquets: uneix-te a l'aventura
con escenografia de Ubia, estrenada en 2013. 
Fotografía de Magda Calvet.



La adaptación de Alicia en el País de las Maravillas de Josep Ubia forma parte de una colección de libros en relieve publicados por la barcelonesa Editorial Roma en 1985. Aparentemente, solo se publicaron tres títulos, los tres ilustrados por Ubia: Pinocho, Alicia y El mago de Oz. Cada uno tenía cinco ilustraciones - portada y cuatro interiores - más la contraportada, que era común a los tres volúmenes. 




La portada muestra a Alicia corriendo tras el Conejo Blanco, que a su vez corre sin despegar los ojos de su reloj. Veremos que hay algunas diferencias en los diseños de estos personajes respecto al aspecto que tendrán en las ilustraciones interiores. En la portada, Alicia lleva en el pelo una cinta con un lacito, y un vestido de manga corta, mientras que en las demás ilustraciones lleva una diadema de flores y un vestido de manga larga. El Conejo Blanco presenta más cambios: en la portada es efectivamente blanco, lleva una levita roja sin mangas con librea amarilla, y tiene algo que parece un peluquín entre las orejas; en el dibujo interior, es de color amarillo, lleva una levita azul con una gorguera también azulada, no tiene nada sobre la cabeza, y sus orejas son notablemente más cortas. 



En esta adaptación, muy resumida y con cambios significativos, Alicia se queda dormida bajo un árbol después de merendar, y la despiertan las voces del Conejo Blanco, que llega tarde a la fiesta de la "Liebre Loca". Alicia lo sigue, no por su madriguera, sino por el hueco en el tronco de un árbol. Llegan a una casa pequeñita, y Alicia va reduciéndose de tamaño conforme se acerca a ella, pero el Conejo entra solo un momento, se pone sus guantes y vuelve a salir disparado. 




Alicia lo sigue de nuevo, pero lo pierde de vista enseguida: como ahora es tan pequeña, los tallos de las plantas campestres le impiden ver el camino. Se echa a llorar, pero unas flores le indican por dónde ir a la fiesta de no-cumpleaños de la Liebre Loca. 




Alicia llega a la fiesta, donde conoce a la Liebre Loca y al Gato Burlón, y a otros amigos que traen regalos y felicitan a la Liebre. Aunque no se menciona en el texto, en la fiesta también está un personaje que debe de ser el Sombrerero, y que por algún motivo lleva en la mano una bomba con la mecha encendida. Pero, en lo mejor de la fiesta, se oyen un clarín y un redoble de tambor. 




Se presenta ante ellos un heraldo (no se dice que sea el Conejo Blanco) y transmite las órdenes de la Reina de Corazones: toda casa, animal y flor de su pueblo debe pintarse de rojo. Alicia replica que prefiere pintarse de azul, y la Reina, que la oye de refilón, ordena que la arrojen a un calabozo, y no le den ni chocolate ni pasteles. Los Soldados-Carta intentan capturar a Alicia, pero esta se defiende "a bofetada limpia". 




A pesar de su arrojo, Alicia se ve en apuros ante la superioridad numérica de los Soldados-Carta, pero la Liebre Loca y el Gato Burlón la ayudan derramando chocolate caliente sobre el ejército real. "Remojadas y pegajosas", las cartas no pueden seguirla cuando se escapa. Alicia, ya a salvo, piensa en buscar de nuevo al Conejo Blanco, pero entonces se despierta bajo el árbol y comprende que su aventura ha sido un sueño. Está tan contenta, sin embargo, que desea soñar lo mismo alguna vez más. 



Como sucede en otras ediciones infantiles de los años 80, hay discrepancias de bulto entre el texto y lo que muestran las imágenes: en esta versión, las que más destacan son que las Flores Parlantes parecen enfadadas en el dibujo, mientras que en el texto tratan amablemente a Alicia; y que en el dibujo aparece el Sombrerero (sosteniendo, incomprensiblemente, una bomba encendida), el cual no se menciona en el texto. La adaptación incorpora, sin mucha eficiencia, algunas de las frases más características del cuento original, como "Para ir a alguna parte, lo primero que hay que hacer es ponerse a caminar" o "¡Sólo sois unas cartas, y yo soy una niña!". El texto no da mucho más de sí, aunque es curioso el detalle de que la Reina matice que a Alicia no han de darle pasteles ni chocolate mientras esté en el calabozo por insurrecta. 



Las ilustraciones de Ubia, en fin, son muy sencillas y coloridas, de líneas limpias, con profusión de motivos repetidos (hojas, flores, espirales) y degradados y sombreados en el color. Alicia, de melena rubia y vestido azul como es tradicional, presenta sin embargo un detalle extraordinario: su delantal tiene un estampado de cerezas. Es la única versión de Alicia que he visto hasta la fecha en que lleve un delantal que no sea completamente liso. 



Los otros personajes que presenta Ubia muestran un semblante sonriente y agradable, excepto las Flores y la Reina, y en general dan la impresión de un País de las Maravillas bastante amistoso; cuando Alicia llora por haberse perdido, hay una mariposa y un pajarillo que se acercan a ella como para acompañarla. En este sentido, echo de menos que la brevedad del cuento no permita más interacción entre Alicia y los demás personajes, y que no haya un dibujo de cuerpo completo de la Reina de Corazones. 



En cuanto a por qué el Sombrerero, tan elegante con su traje de raya diplomática y pajarita, lleva una bomba encendida en la mano, mi suposición es que había una ilustración posterior en que la "bomba" estalla en fuegos artificiales, flores o una sorpresa similar para la Liebre Loca, pero que no llegó a incluirse. El que este personaje ni siquiera aparezca en el texto hace pensar que alguna página hubo de recortarse: siendo un libro en relieve, el coste de producción sería mucho mayor que el de un cuento normal. 


Dentro de las numerosas adaptaciones infantiles de Alicia en el País de las Maravillas que se publicaron en los años 80, y teniendo en cuenta que la historia se resume hasta quedar en poco más que una anécdota, esta edición destaca por los amables dibujos de Ubia, con unos personajes simpáticos y unos bellos fondos llenos de flores. Por desgracia, parece algo difícil de encontrar hoy en día. A juzgar por el número de ejemplares de segunda mano que he encontrado tanto en tiendas físicas como en línea, los tres libros panorámicos de 1985 debieron de tener una tirada menor que otra colección en relieve que la misma editorial había sacado más de diez años antes (con el triple de números, e ilustrados por el gran Carlos Busquets), además de que los libros en relieve, por su misma constitución, son más propensos a roturas que los de páginas normales. Con un poco de suerte, esta Alicia se puede encontrar, en aceptable estado de conservación y con un precio razonable, en alguna tienda de coleccionismo y segunda mano en línea.


Datos bibliográficos: 

Texto adaptado, a partir de Lewis Carroll.

Ilustraciones de Josep Ubia.

Publicado en 1985.

ISBN: 84-356-0381-4.

Editorial Roma.

4 páginas.




Fuentes:


Cadena Ser


Josep Ubia, página personal del artista.


Josep Ubia, dibuixant i pintor. Entrevista al autor en el canal de YouTube de F. Xavier Soler.

27 de agosto de 2023

Alberto Solsona (1947- 1988)

 


Alberto Solsona circa 1985.
Galería Albert Domènech.


El pintor, ilustrador y poeta Alberto Solsona nació el 1 de marzo de 1947 en el barcelonés barrio del Poble Sec, en una familia humilde. Comenzó a estudiar dibujo y pintura, y posteriormente grabado y artes gráficas, en la Escuela Massana, en 1962. 


Amarillo, negro y azul (1968)
MACBA.

En 1970 se trasladó a vivir a Madrid, donde residiría hasta su muerte, con su compañero sentimental y artístico, el también pintor Fernando Almela. Su primera exposición, conjunta con Almela, tuvo lugar en 1974, en la Galería SEN de Madrid. A lo largo de 1974 y 1975 presentaron su trabajo conjunto en la Galeria Temps de Valencia o la Galería Tassili de Oviedo, entre otras. El estilo de Solsona derivaría hacia el arte abstracto, mientras que Almela se especializaría en pintura figurativa.


Hazañas bélicas (1972).
Alberto Sonsona y Fernando Almela.
MACBA

Posteriormente, Solsona exhibiría sus obras en diferentes galerías españolas, como la galería EGAM de Madrid (1978, 1980, 1982, 1984, 1986, 1988 y 1991), y también en las galerías Carmen Durango de Valladolid (1976), Nicanor Piñole de Gijón (1984), Fúcares de Almagro (1984) y G. 11 de Alicante (1985). Su obra se exhibió en exposiciones colectivas como las del Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid (1982) y el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla (1986). También tuvo reconocimiento internacional; llevó sus obras en exposiciones itinerantes por América del Sur, y participo en la II Bienal Internacional de Arte de El Cairo en Egipto (1986), donde recibió la Medalla de Oro, o el Festival de Arte Contemporáneo de México D. F. (1988). 



Su estilo partió del pop-art de finales de los años 60 y la década de los 70; incluía elementos del cómic, que también realizaba para editoriales de libros infantiles. Después fue evolucionando hacia la abstracción y los arabescos. En 1978 realizó trece aguafuertes para ilustrar un recopilatorio de poemas de Walt Whitman, con motivo del 85º aniversario de la muerte del poeta. 



En 1986 y 1987 trabajó con formas y motivos vegetales en una serie titulada "Jardín Botánico", para regresar después a los arabescos hasta su muerte en diciembre de 1988. 


Fernado Almela preservó las pinturas de Solsona, creando la Fundación Solsona, la cual, tras el fallecimiento de Almela en 2009, pasó a llamarse Fundación Almela-Solsona, y sigue siendo la principal depositaria de las obras de ambos. En la actualidad, la obra de Solsona se puede encontrar en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de Madrid, el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, la Colección Fundación Juan March de Madrid, o el IVAM de Valencia. 


Como autor de cómic e ilustración infantil, comenzó a trabajar en 1966, y a lo largo de toda la década de los 70, en publicaciones de Bruguera como Din-Dan, Minitroquelados Autoescuela, TravesurasHoras alegres, Buenas noches, Buenos días, Lluvia de estrellas, Peques o Tele Color, entre otras. En 1970 dibujó las series “Arturito King” y “Cartulino” para la revista Strong, de Ediciones Argos Juvenil, así como Los cuentos de Popeye y Los cuentos de Rosario para la editorial Pala.




En 1971 se introdujo en el cómic para lectores adultos dibujando las aventuras de la heroína Agar-Agar, con guion de Luis Gasca "Sadko" para la revista Drácula, del sello Buru Lan. 



También fue el dibujante del libro de historietas Empieza la aventura, editado por la Diputación de Madrid en 1982, e ilustró portadas para la editorial Cátedra en 1987. 



Solsona dibujó siete de los treinta y seis números de la colección Lluvia de estrellas, que resumía y adaptaba en cómic otros tantos cuentos y fábulas. Concretamente, sería el ilustrador de "Cabellos de Oro y los tres osos", "La bella durmiente del bosque", "La ratita presumida", "El cuento de la lechera", "Las habichuelas del gigante", "La cigarra y la hormiga" y "Alicia en el País de las Maravillas", el antepenúltimo. La serie se publicó a lo largo de 1984 y se reeditaría al año siguiente. 


Mi ejemplar de "Alicia en el País de las Maravillas" es la reedición de 1985. La portada está constituida por viñetas del interior, y en la contraportada, además de la lista de los títulos que componen la colección, se indica el nombre del ilustrador y el del adaptador del texto, Miguel Pujol.



Como sucede en otras adaptaciones de Alicia para colecciones infantiles, el texto se simplifica y se altera en ocasiones de manera absurda, lo que a su vez provoca ilustraciones, como menos, curiosas. En esta versión observamos también que Miguel Pujol parece haber adaptado la versión cinematográfica de Disney y no el cuento original, ya que Alicia, tras formar un mar con sus lágrimas, atraviesa la puerta por el ojo de la cerradura, pasando por un picaporte de aspecto animado que es exclusivo de la película y nunca apareció en los libros de Carroll. 






Tras esto, Alicia se encuentra con "una pata muy animada", pero el ave que Solsona dibuja tiene un pico más propio de una psitácida (es posible que conociera el cuento mejor que el adaptador, y pretendiera dibujar un dodo). En la viñeta siguiente, de todas maneras, ya hay un animal distinto que sí se parece más a un pato.



Al abreviar el texto, encontramos que Alicia no logra salir de la casa del Conejo al comer las tortitas en las que se han convertido las piedras que le tiran, sino que simplemente se vuelve pequeña "sin saber cómo". Tras meterse en el bosque se encuentra "con un gusano" aunque Solsona vuelve a acercarse al cuento original, y muy sensatamente dibuja una oruga. 




Al comer los trozos de seta según las indicaciones del "gusano", primero su cuello se estira, pero luego se vuelve pequeña de nuevo, y sigue paseando por el bosque. Encuentra entonces al "gato de Chearsire" (sic), al que Solsona dibuja con camisón y gorro de dormir (porque está "echando la siesta"), y el colorista opta por pintar totalmente de naranja. Y el gato de "Chearsire" la manda a visitar al zorro, un animal que no aparece ni se menciona en ninguno de los dos libros de Carroll. El por qué Miguel Pujol decide convertir en un zorro a la Libre de Marzo escapa por mucho a mi comprensión.





Nuevamente, Alberto Solsona demuestra conocer el cuento que está ilustrando mucho mejor que la persona que lo adapta, porque la casa del "zorro" tiene unas orejas de liebre, y cuando Alicia llega a la mesa de la merienda, lo que encuentra en ella es una liebre, por mucho que el texto insiste en llamarla "el zorro". En la casa están también, como es lo habitual, el Sombrerero y el Lirón, aunque a este último el texto no lo menciona.


Tras una muy breve merienda loca, Alicia encuentra el tronco de árbol que la lleva - directamente - al jardín de la Reina de Corazones, y ve los Jardineros-Carta, que pintan de rojo las rosas blancas. No tarda en llegar la Reina de Corazones, con su comitiva y su diminuto consorte, otra "inspiración" de la película de Disney.





La Reina invita a Alicia a su partida de críquet (sí, críquet; Miguel Pujol lo confunde con el croquet), pero a Alicia le preocupa lastimar a los flamencos y erizos y no se decide a golpearlos. El gato de "Chearsire" se le aparece para advertirle sobre la Reina, y esta, al verla distraída, se enoja y lleva a la niña a juicio.



Alicia es llevada a la sala de juicio, presidida por "un conejo vestido de juez", y acusada de faltar al respeto a la Reina y de haber entrado en el País de las Maravillas sin permiso. Alicia se defiende, y parece que en los dibujos se hace más grande para después volver a reducirse, aunque en el texto no se hace ninguna mención a cambios de tamaño. La enfurecida Reina manda a su ejército de cartas sobre ella, y Alicia sale corriendo. Al verse atrapada, comienza a llamar a gritos a su hermana, y se despierta.




Para un lector joven que preste atención tanto a los dibujos como a los textos y los bocadillos, esta versión puede resultar desconcertante, debido a las libertades que se toma el adaptador del cuento, que contrastan con los dibujos, bastante más fieles, de Solsona. Como ya ocurría en la versión de Trini Tinturé, el adaptador del texto y el colorista hacen muy poco servicio al ilustrador, alterando el cuento conforme a su parecer, y coloreando viñetas por bloques, sin separar partes de la ropa o los objetos que rodean a un personaje. Aunque Alberto Solsona ilustró el cuento más parecido al original que el texto del que disponía, los detalles se pierden en un pésimo coloreado. Como solía suceder en muchas colecciones de la época, da la impresión de que quienes trabajaban en libros para niños pensaban que no valía la pena molestarse.


En esta mesa está el Lirón, 
aunque a primera vista no se vea.


Los dibujos de Solsona, si bien son bastante simples, denotan el interés por el pop-art, e incluso la psicodelia (en las líneas ondulantes) que el autor había manifestado a principios de su carrera. Alicia es una niña pequeña, cabezona y con el pelo en gruesos mechones, que en casi todas las viñetas parecen flotar un poco sobre sus hombros. Sus rasgos faciales son muy básicos, y no cambian mucho a lo largo de sus aventuras, salvo por el movimiento de las cejas. Su vestido rosa es bastante sencillo (con cuello tipo Peter Pan, y con bolsillos en algunas viñetas y en otras no), y no lleva medias ni delantal, pero otros personajes como el Sombrerero o la Reina sí llevan trajes muy completos y detallados. Me ha parecido especialmente interesante la continuidad que Solsona da a dos viñetas del mar de lágrimas: son momentos consecutivos, pero las olas forman una única imagen cortada por el borde de las viñetas.



Alberto Solsona trabajó abundantemente en la ilustración infantil, y esta versión de Alicia no debió de ser una de sus obras más destacadas. Sin embargo, un mejor trabajo de coloreado, sin los  "pegotes" que fusionan varios personajes entre ellos o con objetos de su entorno, permitiría apreciar mejor su trabajo y los detalles que añadió incluso en una obra tan sencilla.


Este cómic se puede encontrar con cierta facilidad en tiendas online de coleccionismo de libros y tebeos, con un precio variable, entre los dos y los diez euros, aunque no es una pieza rara que justifique un precio elevado. 


Fuentes:




16 de julio de 2023

Descanse en paz, Francisco Ibáñez

 

Fotografía de Mané Espinosa para La Vanguardia.


Siendo este un blog dedicado en exclusiva a Lewis Carroll, tengo por norma no incluir artículos sobre temas no relacionados con él, por mucho que me interesen o incluso me apasionen. He decidido, sin embargo, que si hay un solo autor que merezca una excepción a esa norma, ha de ser el historietista español Francisco Ibáñez Talavera, fallecido ayer, 15 de julio de 2023, a la edad de 87 años.


Y la razón por la que debo rendir un homenaje a Ibáñez en mi blog, aunque no recuerde ninguna de sus viñetas en que se refiera a las obras de Carroll, es porque antes de que yo leyera por primera vez Alicia en el País de las Maravillas, a los siete años y medio, ya había devorado cientos y cientos de páginas de Mortadelo y Filemón, El botones Sacarino, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, y 13, Rue del Percebe. Antes de que viera la serie de Nippon Animation, o la versión de Walt Disney, ya había visto hasta aprenderme de memoria, grabados en cintas VHS, los veintitrés episodios de la serie de Mortadelo y Filemón de Estudios Vara, más el especial, ¡y qué especial!, El armario del tiempo. Y del mismo modo, antes de aprender las "palabras difíciles" del poema "Jabberwocky" (y otras menos difíciles, pero que a los siete años son poco usuales, como "lacayo con librea"), ya había aprendido otras muchas que no aparecían en los textos de mis libros escolares, pero simplemente estaban en las páginas de Ibáñez, como "infiltración", "cabotaje", "autodestruirse", "órbita", "microfilm", "sulfato atómico", o "lepidóptero estrábico".


Sonaría exagerado, efectista, y producto de la tristeza del momento, decir que Francisco Ibáñez me enseñó a leer. Pero, en gran parte, así fue. No a la acción básica de leer, mirando letras en un papel, formando palabras y pronunciándolas; para eso estaban, como debe ser, los padres, los hermanos mayores, las maestras de la escuela, los libros infantiles. Pero los tebeos en general - y los de Ibáñez en particular, porque eran de los que más había en casa - me enseñaron los títulos con rimas divertidas, los juegos de palabras, los insultos creativos (nunca obscenos ni malsonantes), los calambures y las anfibologías (mucho antes de saber que había un nombre técnico para el Bar Budo), los poemas satíricos, las réplicas ingeniosas... Por no hablar de cómo también me enseñó a observar con atención y descubrir detalles, merced a la infinidad de chistes visuales que colaba en cada rincón de sus viñetas, o de cómo aprendí a reconocer políticos del momento y personajes históricos cuando los veía en televisión, porque antes los había visto caricaturizados en sus tebeos. Su influencia fue mucho mayor que un montón de carcajadas - las cuales, si atendemos a sus declaraciones en entrevistas, eran su objetivo principal - y de esas, igualmente, nunca faltaron. 


Junto con uno de mis hermanos, tuve la oportunidad y el honor de conocer a Francisco Ibáñez en 2002, en la presentación de su álbum de Mortadelo y Filemón ¡Misión Triunfo!. En aquella ocasión le di uno de los dibujos de sus personajes que había hecho con siete u ocho años, el cual, aunque quedara prontamente olvidado entre los cientos de cartas y dibujos de admiradores que recibió aquel día - y a lo largo de su tan provechosa vida - por lo menos le provocó una sonrisa. 

Como he comentado al principio, este blog no es el lugar más adecuado para rendir tributo a Ibáñez; otros muchos medios están realizando más extensos y justos homenajes. El mío, aparte de este artículo que no pasa de ser una pequeña mención, será seguir haciendo lo que he hecho desde pequeña: leer sus tebeos y pasarlo en grande. 




29 de junio de 2023

Salvador Fariñas (1911- 1991)

 



Salvador Fariñas López, "Farinyes", fue un ilustrador y cartelista catalán, nacido en Barcelona en 1911 y fallecido en la misma ciudad en 1991. Aunque en alguna fuente se data su nacimiento en 1901, descendientes suyos han confirmado que falleció con 80 años. 



En los años 30 comienzan a aparecer sus trabajos en Ediciones CMB, con su apellido catalanizado como "Farinyes", como fue relativamente común en la época republicana. Sus primeras ilustraciones, en postales, tarjetas de felicitación y tapas de cajas de bombones y dulces, tenían un estilo infantil e inocente, con personajes de mejillas sonrosadas, frecuentemente niños, en situaciones tiernas o cómicas. Fue un género conocido como "Valentines", popular en Estados Unidos y Europa en las primeras décadas del s. XX, y que cultivó también Mabel Lucie Attwell




En los años anteriores a la Guerra Civil participó en varias exposiciones colectivas, y trabó amistad con los hermanos Josep y Joaquim Bartolí. Con Josep, Fariñas firmó un cartel de propaganda del Sindicato Metalúrgico UGT, "Unidos todos por el triunfo en la guerra y en la paz", hacia 1937. Durante la Guerra Civil, también se le conoce una ilustración para los sobres destinados a la correspondencia entre los soldados del frente y sus familias. Los amigos se exiliaron a Francia tras la guerra, pero Fariñas y Joaquim regresaron en una fecha desconocida. En la década de los 50, con su apellido nuevamente en castellano, aparece como escenógrafo de algunos espectáculos de revista en los que también colaboraba Joaquim Bartolí. A los años 50 pertenecen los que se consideran sus mejores trabajos: carteles para obras de teatro y otros espectáculos como magia y music-hall


Litografía sobre papel y lienzo.
Circa 1950.
Museo Reina Sofía.

Salvador Fariñas fue el portadista e ilustrador principal, si no único, de la colección de novelas infantiles y juveniles Cadete, de la editorial Mateu. La colección constaba de varias series, tales como “Cadete infantil”, “Aventureros geniales Cadete”, “Clásicos Cadete” o “Mujeres Insignes”, que presentaban clásicos de la literatura universal abreviados y adaptados, colecciones de cuentos populares y biografías. Entre ellas destacó la “Colección Juvenil Cadete”, que llegó a constar de más de cien títulos de fantasía y aventuras. 



En los años 70 se encuentran algunas ilustraciones de carteles para la editorial Planeta, como el del premio Olimpia de novela deportiva, en los que se observa su evolución hacia un grafismo minimalista y geométrico. 



La edición de Alicia en el País de las Maravillas que nos ocupa está fechada en 1989, y se trata de una reedición de la original, de 1952. Cuenta con una portada a color y once ilustraciones interiores en blanco y negro, siete de las cuales son de Fariñas, y cuatro de un ilustrador desconocido. La traducción es de Rafael Ballester, infamemente famoso por añadir un capítulo de su propio coleto a la novela de Carroll, inserto después del capítulo V original y titulado "La historia de un perfecto Caballo". Remito al magnífico ensayo de Juan Gabriel López Guix para más detalles sobre este lamentable caso.




Como se puede observar, en la edición de 1989 (derecha) se realizaron modificaciones importantes sobre la portada de Fariñas: se ha suprimido su firma, se ha cambiado la figura de Alicia por la de otro dibujante (en la misma postura y con un vestido idéntico, pero con el cabello rizado en vez de liso), y se ha retirado también la figura del Lacayo-Rana. Por algún motivo, se mantiene la ilustración de Tweedledee o Tweedledum (que ni siquiera es de Alicia en el País de las Maravillas). 



La primera ilustración de Fariñas de esta edición es el frontispicio, con una Alicia a tamaño "normal" frente a la que pasa el desfile real, con los Reyes de Corazones mirándola de reojo; también está el heraldo, el Conejo Blanco. De este dibujo llama la atención que Alicia ha cogido en brazos a un Sombrerero bajito y rechoncho, cuando quizá lo que sería más adecuado en esta escena es que estuviera escondiendo a su espalda a los Jardineros-Carta. 



Tras dos ilustraciones de Alicia en el Vestíbulo de Muchas Puertas, que corresponden al ilustrador desconocido, el siguiente dibujo de Fariñas se sitúa en el mismo lugar, con Alicia arrodillada junto a la mesita con la llave de la pequeña puerta, y el Conejo Blanco que acaba de llegar con su abanico y los guantes. Hay un leve aire oriental en las columnas y la lámpara de la estancia. 



La siguiente ilustración, en el capítulo V ("La Oruga da un consejo") también es de Fariñas; encontramos a la Oruga fumando su narguile sobre su seta, a Alicia, y a una variedad de insectos de aspecto antropomorfo. Este dibujo no es muy bueno: la Oruga tiene un par de piernas humanas además de las otras patas a lo largo de su cuerpo, lleva clavada una banderita sin sentido en el extremo posterior, y fuma una pipa normal, a pesar de que el traductor especifica en el texto que se trata de una "narguile o pipa oriental". 




La siguiente ilustración, que es del autor anónimo, pertenece al capítulo espurio del "perfecto caballo", y además del equino titular, aparecen unas flores claramente copiadas de la versión animada de Disney, algo que volveremos a ver más adelante. En el próximo dibujo de Fariñas se ve a Alicia, de espaldas, contemplando la vivienda del Conejo Blanco. La casa es muy bonita y detallada, con altísimos girasoles creciendo hasta el tejado, y una cigüeña y un loro en los alrededores. Sin embargo, la ilustración está en el capítulo "Lechón y pimienta", donde debería mostrarse la casa de la Duquesa y no la del Conejo Blanco; además, los dos hombrecillos que se chocan en el camino parecen referirse a los Lacayos, aunque ninguno tiene rasgos de rana o pez. 




Tenemos justo a continuación un dibujo de Alicia charlando con el Gato de Cheshire, que en vez de tener un pelaje a rayas lleva una camiseta a rayas, al igual que un extraño animal (¿quizá un ornitorrinco?) que corre por allí con un traje de baño y un paraguas. También hay varios caracoles que no tienen rasgos humanos ni ninguna relación con el texto original.




La siguiente ilustración, similar a la del frontispicio, muestra a Alicia con los Reyes de Corazones, el Conejo Blanco y otros personajes de fondo, como un Soldado-Carta con una lanza, un sirviente que porta una corona sobre un almohadón, y un coro de cuatro individuos que entonan algo, pero apartados de todos los demás. Hay un objeto desconcertante, como un pequeño globo aerostático, que llena el hueco de la esquina superior derecha, pero no puedo decir con seguridad qué es ni qué hace ahí. 



Tras un nuevo dibujo del autor anónimo, en que se vuelven a apreciar las "influencias" de Disney (la Reina de Corazones es un calco total), aparece la última ilustración de Fariñas, en el capítulo "El rigodón de las langostas". Personalmente, es la que más me ha llamado la atención: Alicia está con la llorosa Tortuga Falsa, un gran número de pájaros no antropomorfos (golondrinas, aparentemente), y el Grifo... que tiene por cabeza un grifo de cocina. Es un grifo de agua, no la criatura mítica que han dibujado todos los ilustradores de Alicia durante décadas. El traductor, unas páginas antes, ha omitido la frase "Si no sabéis lo que es un Grifo, mirad el dibujo", y no podemos saber si Fariñas no sabía realmente lo que era un grifo mitológico, o si, aprovechando el homónimo español, quiso hacer un chiste terriblemente malo.


El dibujo de la contraportada de esta edición, el muchacho cadete que daba nombre a las colecciones, es también de Fariñas y aparece como fondo tras la lista de títulos que componen la serie.


Las ilustraciones de esta Alicia en el País de las Maravillas, probablemente realizadas con tinta, son bastante sencillas, de trazos claros, adecuadas para el público infantil y juvenil al que estaban destinados los cientos de libros de las series Cadete. Sin embargo, parece que Fariñas, quien en aquella época debía de trabajar a destajo ilustrando continuamente un libro tras otro, no tuvo tiempo de leer el texto para el que hacía los dibujos; puede que no tuviera más que unas indicaciones someras del editor. El desplazamiento de personajes (el Tweedledee o Tweedledum de la portada no es de esta novela; el Sombrerero, que aparece en la portada y en el frontispicio vendiendo un sombrero a media peseta, no tiene una ilustración en el capítulo que le corresponde), la confusión de escenarios (la casa del Conejo Blanco en el episodio de la Duquesa) y los aleatorios animales y objetos que rellenan los espacios en blanco (el ornitorrinco, los caracoles, el globo) no sugieren, como logran otros ilustradores, la impresión de un mundo absurdo e inesperado. Más bien parece que el autor no tuvo suficiente tiempo para consultar el texto y tener una mejor idea de las posibilidades de la historia.


Las postales y libros ilustrados por Salvador Fariñas - en especial estos últimos, que siguieron reeditándose hasta finales de los años 80 - se pueden encontrar muy fácilmente en librerías de viejo y tiendas en línea. El museo Reina Sofía de Madrid alberga una pequeña muestra de sus carteles para espectáculos de magia y adivinación. 


Fuentes:


BARJAU, Santi. "Farinyes/ Fariñas: amor i espectacle", en su blog Els "meus" cartellistes, 23 de julio de 2015.

CARROLL, Lewis; BALLESTER ESCALAS, Rafael (trad.); FARIÑAS, Salvador (il.). Alicia en el País de las Maravillas, Instituto Enciclopédico Español, Barcelona, 1989.

LÓPEZ GUIX, Juan Gabriel. "De Agincourt a Eton y más allá: la Alicia en el país de las maravillas de Rafael Ballester Escalas y sus secuelas".

"Fariñas", en el blog Ninots, tebeos i dibuixos, 15 de noviembre de 2012.

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