Mostrando entradas con la etiqueta Crítica y análisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crítica y análisis. Mostrar todas las entradas

8 de marzo de 2026

Alicia, ¿heroína feminista? (segunda parte)




Esta es la segunda y última parte de un artículo sobre la crítica feminista en Alicia en el País de las Maravillas. En la primera comentamos las figuras femeninas que Alicia encuentra en su viaje.


A lo largo de su sueño, Alicia y el narrador aluden en varias ocasiones al entorno. Ya durante su larga caída por la madriguera del conejo, Alicia piensa en lo valiente que parecerá en casa, para pronto aburrirse de estar cayendo tanto tiempo, y desear que su gatita Dinah estuviera allí con ella. Poco más tarde, consternada por sus primeros cambios de tamaño, se pregunta si acaso se habrá convertido en otra niña, y decide que, aunque su familia se asome por la madriguera y le ruegue que vuelva a subir, no lo hará hasta que le digan claramente quién es ella. Superados estos momentos de angustia, volverá a acordarse varias veces de Dinah (y también del perrito de los vecinos), y pensará en su niñera, a la que ha asustado con sus juegos de "imaginemos que...", y con la que en ocasiones ha ido a la playa. Es notable, sin embargo, que una niña de siete años perdida en un mundo extraño, y a veces amenazante, no piense en ningún momento en sus padres.


Hay razones externas a la historia por las que no se mencionan los padres de Alicia. Mientras que Lewis Carroll pasaba mucho tiempo con las hermanas Liddell y el hermano mayor, Henry Liddell, las relaciones con los padres distaban mucho de ser amistosas. El decano Liddell y Charles Dodgson mantenían con frecuencia opiniones opuestas sobre la política y la gestión de Oxford, y si bien se trataban con deferencia y respeto, sus visiones - reformista la de Liddell, conservadora la de Dodgson - chocaban en el ámbito académico. En cuanto a la madre de Alice, su creciente obsesión con encontrar maridos ricos para sus numerosas hijas fue durante años la comidilla de Oxford, y objeto de poemas y piezas de teatro satíricas. No es de extrañar que Carroll no aludiera a ella en una obra que la habría convertido en una figura ridícula. La Alicia del libro no se acuerda de sus padres, y solo un par de veces de su niñera, porque en su aventura no ha de contar con figuras de autoridad que le digan, como en la vida real, qué ha de hacer en cada momento: es libre, y es interesante ver qué uso hace de esa libertad.


La crítica moderna - Jennifer Geer, Maria Nikolaeva, Karen Coats - suele coincidir en que las tranformaciones de Alicia a lo largo de su aventura no son solo físicos: hay cambios en su actitud, en su visión del mundo, en su propia identidad. No comienza rebelándose ante la incoherencia de lo que encuentra, sino que al principio intenta aplicar las normas que tiene interiorizadas sobre cómo debe comportarse una niña en sociedad, y solo progresivamente irá rebelándose contra ellas. 


Recordemos cómo, en sus primeros encuentros con los personajes del País de las Maravillas, Alicia mantiene una actitud muy cortés y obediente: se dirige al Ratón con toda la amabilidad posible; reparte entre los participantes de la Carrera Loca los caramelos que lleva encima, aun quedándose ella sin ninguno; lamenta su falta de tacto al hablar a los pájaros de lo buena cazadora que es Dinah; obedece sin rechistar al Conejo Blanco cuando éste la confunde con su criada Mary Ann; y cuando entra en su casa le preocupa encontrarse con la verdadera Mary Ann y que la eche sin darle tiempo a cumplir el recado del Conejo. En contraste con la primera vez que aumenta de tamaño, en que se dirige tímidamente al Conejo Blanco, cuando vuelve a crecer y se queda atascada en su casa, Alicia se manifiesta por primera vez de modo agresivo: ante el miedo de que quemen la casa, amenaza con soltar a su gata Dinah contra el Conejo y otros animales pequeños, y despacha de una patada al inofensivo Bill cuando este intenta entrar por la chimenea. Su rebeldía, sin embargo, no dura mucho: al tomar los pasteles vuelve a ser diminuta y deja de estar atrapada, pero ahora es demasiado pequeña para enfrentarse a los animales que siguen considerándola una amenaza. No pasa desapercibido que el tamaño grande (adulto), la mantiene físicamente atrapada - primero en el Vestíbulo de Muchas Puertas, y luego en la casa del Conejo Blanco - pero le da fuerza y autoridad, mientras que el tamaño pequeño (de niña) le permite moverse y explorar, pero debe someterse a cualquiera que le mande.


Con la Oruga, Alicia comienza a cuestionarse su identidad: no se pregunta "¿Dónde estoy?" como la Irene de La princesa y los trasgos o la Dorothy de El mago de Oz, sino "¿Quién soy?". El célebre diálogo en que reflexiona en todo lo que ha cambiado desde que se levantó por la mañana se ha entendido como el descubrimiento del mundo de un modo independiente (lo que constituiría el paso de la infancia a la edad adulta) o de su desarrollo físico como mujer (una primera toma de conciencia de la pubertad). Alicia comienza a ser consciente de que ocupa un lugar en el mundo. 


Esta vez sin la ventaja del tamaño, siente un nuevo impulso de independencia: cruza las manos y recita un poema, como cualquier niña victoriana, cuando la Oruga se lo ordena; pero poco después se molesta por la actitud displicente de su interlocutor, y decide despedirse y marcharse, sin esperar su permiso. Alicia se está dando cuenta de que, aunque su educación le haga buscar la aprobación de los adultos, no depende de esa aprobación para ser ella misma, y puede dudar, replicar y cuestionar aquello con lo que no esté de acuerdo. Desde que la Oruga  - probablemente, impresionado por esa demostración de voluntad - le ofrece la manera de controlar su tamaño, Alicia recorrerá el País de las Maravillas evolucionando poco a poco: acercándose a los adultos con respeto y cortesía en un primer lugar, intentando aplicar las normas y la lógica que ya conoce, pero rebelándose ante lo que encuentra arbitrario o injusto. 


En la casa de la Duquesa - donde encuentra a las dos primeras figuras femeninas, desagradables y hasta crueles - y en la Merienda Loca - donde los bruscos cambios de tema, y de asiento, ponen a prueba su paciencia - Alicia sigue acercándose a los adultos con la cortesía que se espera de ella, pero tomando la iniciativa. Entra a la casa de la Duquesa sin esperar a que le abran (y llamando "idiota" entre dientes al Lacayo-Pez), del mismo modo que se sienta en la mesa del Sombrerero y la Liebre sin que nadie la invite. Alicia desea interactuar con los demás de manera natural y amistosa: está contenta de entablar una conversación con la Duquesa, quiere contar cuentos y adivinanzas con el Sombrero, la Liebre y el Lirón. Pero cuando esto se vuelve imposible por lo absurdo o peligroso del comportamiento ajeno, Alicia se vuelve firme y asertiva: ya no vacila a la hora de llamar la atención a la Duquesa ante el trato que propina a su bebé, o de recriminar al Sombrerero las observaciones personales. Se siente frustrada porque ese mundo no se rige por las normas que conoce, pero está aprendiendo a discutirlas, y sabe que es libre de levantarse y marcharse cuando no soporta más una situación.


Alicia llega por fin al hermoso jardín de la Reina: frente al bosque que ha recorrido en buena parte de su aventura, es un fragmento de naturaleza ordenado, controlado, modificado al gusto del hombre. Esa ilusión de disciplina se rompe pronto, al ver que los Jardineros-Carta pintan de rojo las rosas blancas; de nuevo, una solución tan absurda como desesperada. La llegada de la comitiva real provoca emociones contradictorias  en Alicia: está ilusionada al ver el desfile, y por un momento se siente cohibida por el hecho de que una reina le dirija la palabra; pero al mismo tiempo se muestra despectiva al reflexionar que no son más que cartas, y se insolenta - sorprendiéndose ella misma de su audacia - cuando la reina le pregunta por los Jardineros. El "¡Tonterías!" con el que ataja las amenazas de la Reina, y la decisión con que protege a los Jardineros de los Soldados que van a ejecutarlos, parecen la culminación de su recorrido hacia la independencia. Pero, de nuevo, son solo un brote pasajero: en la partida de croquet, Alicia se cuidará mucho de ofender a la Reina, y la obedecerá sin rechistar cuando la mande a visitar a la Tortuga Falsa. Incluso cuando la deja sola con el Grifo, que le da un poco de miedo a Alicia, la niña piensa que no estará menos segura con él que con la "salvaje" Reina.  


El juicio a la Sota de Corazones, que ocupa los dos últimos capítulos del libro, mantiene la ambigüedad entre la Alicia obediente y la Alicia independiente. Al principio recupera la emoción infantil de poder estar presente en un tribunal "de verdad" y reconocer lo que ha visto en los libros, al mismo tiempo que su primer pensamiento al ver las tartaletas es esperar que el proceso acabe pronto y se sirva un refrigerio. Pero, durante las testificaciones, que sigue con interés de espectadora, se pasa el efecto de la seta reductora que había tomado antes de entrar a casa de la Duquesa, y comienza a crecer a ojos vista. Es interesante el momento en que su vecino de asiento le recrimina que está ocupando espacio; a lo que Alicia contesta que no puede evitar crecer, y el vecino replica que la mayoría de gente no crece tan rápido. Desde un punto de vista feminista, se podría ver aquí una reivindicación, ya que Carroll no era ajeno a los movimientos por los derechos de las mujeres que estaban teniendo lugar desde 1850 (en 1866, solo un año después de la publicación de Alicia, se realizó la primera petición para el sufragio femenino). Aunque, personalmente, considero que Carroll escribió esta línea en parte por el chiste, y el parte por la queja, tan común entre los adultos, de lo rápido que crecen los niños, es posible ver en este momento - y en lo que pasa después - que Alicia comienza a llenar espacio en un lugar en que la única mujer es la Reina.


De nuevo con un tamaño superior al de todos los adultos presentes, Alicia toma coraje: replica al rey sobre la norma 42, lo interrumpe un par de veces, se niega a salir de la sala, y finalmente se enzarza en una discusión a gritos con la mismísima Reina. Por su desafío a la autoridad, es atacada por los Soldados, se asusta, grita - en parte de miedo, en parte de rabia - y se despierta junto a la reconfortante figura de su hermana.


Con la vuelta a la realidad, a un mundo en que toda su independencia ha sido un sueño, Alicia no es una heroína política, ni un modelo feminista en la patriarcal sociedad victoriana. Pero ha aprendido a pensar por sí misma y actuar cuando juzga necesario, lo que le otorga un destello de conciencia crítica frente a estructuras de poder injustas. Con su oscilación entre modosa y rebelde, entre sumisa y desafiante, Alicia nos recuerda que la libertad y la autonomía se construyen paso a paso: cuestionando la autoridad, aprendiendo de la experiencia y, sobre todo, confiando en la propia voz. Es justo el tipo de visión moderna, surgido en un cuento infantil de un autor conservador, que hace que el libro siga generando interés y debate ciento sesenta años después.


Fuentes:

AUERBACH, Nina. “Alice and Wonderland: a Curious Child”. Universidad de Pennsylvania, 1973. 

COHEN, Morton N. Lewis Carroll: A Biography, Random House, Nueva York, 1995. 

COATS, KarenLooking Glasses and Neverlands: Lacan, Desire, and Subjectivity in Children's Literature”, University of Iowa Press, 2004.

GEER, Jennifer. "All sorts of pitfalls and surprises": Competing Views of Idealized Girlhood in Lewis Carroll's Alice Books”, en Children's Literature, John Hopkins University Press, 2003, vol. 31, págs. 1-24.

LEACH, Karoline. In the Shadow of the Dreamchild, Peter Owen Publishers, Londres, 2015. 

MOHELL TEKBILECK, Rebecka. Alice in Smotherland.A Feminist Study of Alice’s Adventures in Wonderland”, Delarna University, 2021.

NIKOLAJEVA, Maria. The development of children's fantasy, en The Cambridge Companion to Fantasy Literature, Cambridge University Press, 2012, págs. 50 - 61 

O'SULLIVAN, Britanny. “Sex and Food: Alice’s Sexual Development through Consumption”, en Theocrit: The Online Journal of Undergraduate Literary Theory and Criticism, octubre de 2009. 






5 de octubre de 2020

Uno para ir, y otro para volver: el Sombrerero y la Liebre a través del espejo

 

 

La presente entrada es una traducción, revisión y ampliación de un artículo que escribí en 2014, durante un curso de literatura fantástica y de ciencia ficción. El breve texto original, en inglés, puede leerse aquí.

 

En el artículo comentaba cómo los personajes del Sombrerero y la Liebre de Marzo, muy populares en Alicia en el País de las Maravillas, repitieron su aparición como mensajeros del Rey Blanco en A través del espejo, llamados respectivamente Hatta (pronunciación de hatter, "sombrerero") y Haigha (deformación de la pronunciación de hare, "liebre"). Las normas del curso limitaban la extensión de los artículos a poco más de trescientas palabras, e incluso después de resumirlo todo lo que pude, hube de suprimir las referencias. No guardé más que la última versión antes del recorte final, pero ahora puedo analizar el tema y no solo mencionarlo. 

 

El Sombrerero y la Liebre de Marzo, que con el Lirón protagonizan el celebérrimo episodio VII, "Una merienda loca", tienen un breve cameo en A través del espejo, en calidad de mensajeros del Rey Blanco, y bajo los pseudónimos - ¿o sus verdaderos nombres? - de Hatta y Haigha. Su aparición suscita muchas preguntas. ¿Qué hacen estos dos habitantes del País de las Maravillas en el Mundo del Espejo? ¿Cómo es que Alicia no reconoce a dos personajes que le parecieron tan irritantes? Y, quizá la más importante, ¿son realmente el Sombrerero y la Liebre? 


Por una vez, no seguiremos las instrucciones del Rey de Corazones ("comienza por el comienzo") y estudiaremos en primer lugar la última pregunta. ¿Son Hatta y Haigha el Sombrerero y la Liebre? En el capítulo VII de A través del espejo, "El León y el Unicornio", Alicia se encuentra en primer lugar con Haigha, que viene "dando saltos, contorsionándose como una anguila, y extendiendo sus grandes manos a ambos lados como si fueran abanicos". El Rey Blanco indica que sus ademanes se deben a que "es un mensajero anglosajón", y lo presenta como Haigha. Éste llega sin resuello, haciendo girar los ojos, y sus "actitudes anglosajonas" se incrementan a cada momento, hasta el punto en que el rey se alarma y le pide a su agitado mensajero que le dé un emparedado de jamón, lo que éste hace al punto. El rey devora el bocadillo y le pide otro, a lo que Haigha, ya recuperado el aliento, le contesta que solo quedan sándwiches de heno. El Rey no tiene problema con ello; se zampa el pan con heno (no olvidemos que, en el Mundo del Espejo, los alimentos secos quitan la sed), y hasta le comenta a Alicia que no hay nada como el heno cuando uno se siente desmayar. A continuación, Heigha le comunica al Rey, gritándole al oído, que "ya están otra vez", y el Rey sale corriendo, seguido de Alicia y de Haigha, para detener la pelea entre el León y el Unicornio. 




Hay varias teorías acerca de la correspondencia entre los ademanes de Haigha y el hecho de que sea anglosajón. Harry Morgan Ayres, en su libro Carroll's Alice, sugiere que Carroll podría haber aprovechado la similitud de la pronunciación de hare con el apellido de Daniel Henry Haigh (1819- 1879), un reconocido filólogo experto en runas sajonas, y autor de dos tratados sobre el pueblo sajón. Por su parte, Roger Green, en un artículo del número de otoño de 1971 de la revista Jabberwocky, llama la atención sobre la entrada del diario de Carroll del 5 de diciembre de 1863, en que asistió a una obra de teatro que incluía una pieza cómica llamada "Alfredo el Grande". Green especula que la ambientación anglosajona de ese número, junto con el vestuario y la gesticulación de los actores, podrían haber gustado a Carroll hasta el punto de reproducirlos en una de sus obras. No olvidemos, además, que el motivo comúnmente atribuido a que la Liebre esté "loca" en marzo es porque, en su época de apareamiento, los machos de esta especie dan brincos desordenados e irregulares, lo que concuerda con el frenético movimiento de Haigha mientras se acerca corriendo a entregar su mensaje. 


John Tenniel, que ilustró A través del espejo como había ilustrado Alicia en el País de las Maravillas, no pareció dudar que Haigha era el mismo personaje que la Liebre de Marzo. Aunque hay algunas diferencias en su fisonomía (sus rasgos leporinos están suavizados, con un morro menos prominente y unos ojos más pequeños), el cambio más significativo es el de su vestuario, que ya no es el elegante traje de chaqué victoriano, sino una túnica y unas calzas, con un gorro que cubre sus orejas.




Después de correr un buen rato, el trío divisa una multitud, en medio de la cual están luchando el León y el Unicornio, y se acercan al otro mensajero del Rey, Hatta, para preguntarle cómo va la pelea. Es la primera vez que Alicia ve a Hatta, pero ya ha oído hablar de él: en el capítulo V, mientras le explica el funcionamiento del tiempo en el Mundo del Espejo, la Reina Blanca ya le ha dicho que Hatta está en prisión, cumpliendo una condena, antes de un juicio que tiene que celebrarse el próximo miércoles, por un delito que aún no ha cometido. Cuando Alicia inquiere qué sucedería si nunca llega a cometer el delito, la Reina solo contesta: "¡Tanto mejor!".




Hatta está tomando té y pan con mantequilla, y Haigha informa a Alicia de que acaba de salir (¿o de no entrar?) de la prisión, y que no había terminado de tomar su té cuando fue detenido. Haigha se muestra afectuoso con su compañero, pasándole el brazo por los hombros y llamándolo "querido niño" mientras le pregunta cómo lo ha pasado en la cárcel (aunque se impacienta enseguida ante la falta de respuesta de Hatta, que está tragando un bocado). Cuando Hatta puede hablar, contesta a la pregunta del Rey sobre cómo va la lucha, y dice que cada uno de los contendientes ha sido derribado unas ochenta y siete veces. El Rey ordena una pausa de diez minutos para refrescarse, y Hatta y Haigha traen bandejas con pan blanco e integral (que Alicia prueba y, no sorprendentemente, encuentra muy seco). Viendo que el León y el Unicornio están demasiado cansados para seguir luchando, el Rey decide dar la jornada por terminada, y ordena a Hatta que avise de que toquen los tambores. Hatta se marcha botando "como un saltamontes", y Alicia, que se convierte en el centro de atención del León y del Unicornio, ya no vuelve a hablar con los mensajeros anglosajones. 


Al igual que Haigha es la Liebre, Hatta es sin ningún lugar a dudas el Sombrerero, que también lleva un atuendo anglosajón, pero conserva su característico sombrero de copa con la etiqueta que indica"10/6"




No sabemos por qué delito - que quizá nunca cometa - ha sido encarcelado el Sombrerero. Recordamos que, en el País de las Maravillas, tenía la facultad de irritar tanto a la Reina de Corazones (que ordena decapitarlo dos veces) como a su consorte el Rey (que lo echa de la sala de juicio, ante su incapacidad de ofrecer un testimonio). Pero su encarcelamiento no parece haber afectado a su nuevo trabajo como mensajero del Rey Blanco, a su amistad con la Liebre, ni a su afición por el té y el pan con mantequilla. 


Philip Gough (1959)


Martin Gardner comenta brevemente que "es curioso que Alicia no reconozca a ninguno de sus dos viejos amigos". No es tan curioso, teniendo en cuenta que para la mayoría de personas los sueños se recuerdan vívidamente durante unos minutos poco después de despertar, pero luego se olvidan por completo. Alicia demostró recordar perfectamente su sueño anterior a la orilla del río, y se lo contó tan bien a su hermana que ella misma acabó imaginándose las voces y los sonidos del País de las Maravillas. Pero eso fue una tarde de primavera, hace meses, y su sueño tan curioso ha sido olvidado: no recuerda al Sombrerero y la Liebre del mismo modo que la áspera y mandona Reina Roja no le hace pensar en la Duquesa, ni le son familiares los encuentros con la realeza por haber conocido antes a los Reyes de Corazones. Y sin embargo, una parte de su sueño ha permanecido con ella, en su memoria, y puede volver en cualquier momento. Incluso dentro de otro sueño. Haigha y Hatta prueban que el País de las Maravillas sigue presente en la mente y en el corazón de Alicia, incluso si ella no se da cuenta.



Mervyn Peake (1954)




¿Cómo han llegado el Sombrerero y la Liebre a ser los mensajeros anglosajones del Rey Blanco? Sabemos, por lo que el mismo Sombrerero le explicó a Alicia, que su condena a estar tomando el té eternamente se debió a un malentendido provocado por la Reina de Corazones, quien, al oír cantar al Sombrerero, dijo que estaba "asesinando al tiempo" (el tiempo del compás). El Tiempo, resentido por la amenaza, lo atrapó para siempre a las seis en punto. Está claro que los amigos han conseguido escapar a ese bucle (o quizá el propio Tiempo, habiendo comprendido su error, los haya liberado de él). Aunque han dejado sus casas y la compañía del Lirón, que probablemente siga durmiendo en la tetera, siguen trabajando para la realeza, y llevan consigo sus bocadillos, tostadas con mantequilla y tazas de té. Muy apropiadamente, el Rey Blanco dice de sus mensajeros que necesita tener dos: "Uno para ir, y otro para volver". En efecto, van y vuelven entre los dos sueños de Alicia, y como ella, exploran otro mundo al tiempo que retienen un pedazo de su propia realidad. Van y vienen, y no se quedan atrás.



Hatta y Haigha cambian el té por una refrescante pinta en este anuncio de Guinness.
Anthony Groves-Raines (1948).



Fuentes:


CARROLL, Lewis; BUCKLEY, Ramón (trad.); GARRIDO, Ramón (ed.). Alicia en el País de las Maravillas. A través del espejo, Cátedra, Madrid, 2001. 


CARROLL, Lewis; GARDNER, Martin (ed.). The Annotated Alice, Penguin, Londres, 2001.


MORGAN AYRES, Harry. Carroll's Alice, Columbia University Press, Nueva York, 1936. 

 


4 de octubre de 2020

Wonderland Characters through the Looking- Glass

 

Haigha and Hatta, by Peter Newell (1902).


"Wonderland Characters through the Looking- Glass" was the title of a forcibly short article that I wrote, as a required end- of- lesson paper, during an online course named "Fantasy and Science Fiction: The Human Mind, Our Modern World". The course, which I took in 2014, was taught by Prof. Erik Rabkin from University of Michigan. 


Apparently, Prof. Rabkin's course has been no longer available since 2015, and I have not been able to access to the summary of lessons. As I recall, one of them was about Victorian Children's Fantasy, and students were expected to write a very short essay on a subject of their choice. I decided to explore the presence of the Hatter and the March Hare, from Alice's Adventures in Wonderland, in the sequel Through the Looking-Glassand what Alice found there


There was a ridiculous limit of about 320 words - if I recall correctly - and, even if I was aware that I had to keep it short, my early drafts were way longer. I was forced to keep removing whole sentences so the essay could be submitted. Unfortunately, I only saved the last draft, of about 430 words, before the last cut. This is the one I am presenting here, while I work in a rewriting closer to the essay I would rather have sent for review. 


WONDERLAND CHARACTERS 

THROUGH THE LOOKING-GLASS



Two of the most well-known and beloved characters from Alice in Wonderland, the Mad Hatter and the March Hare, make a notorious cameo in Through the Looking Glass, as Hatta and Haigha, messengers of the White King. Two questions emerge from this meeting. First, how come that Alice does not acknowledge her old acquaintances? Second, what are these two Wonderland residents possibly doing in the Looking-Glass world?


Alice was shown to have a very good recollection of her Wonderland dream when, at the end of the first book, she told her sister about it. But some months have passed, and probably Alice no longer remembers her adventures. Her dream, so fresh when she just awoke from it, is already forgotten. But even so, parts of that dream may have already found a place in her memory, and might be ready to come out in any moment. In another dream, maybe. Hatta and Haigha prove that Wonderland is still present in Alice’s life, that it won a place in her heart, even if she does not realize it.


Very appropriately, the White King says of his messengers that he needs two of them: “One to come, and one to go.” They indeed come and go through Alice’s two dreams, and they carry their tea-party with them: Haigha gives the King a sandwich, and Hatta is having a cup of tea and a piece of bread and butter when Alice, the King and Haigha join him. They are doing exactly what that they did in Wonderland: having their tea break while serving the royalty. The Queen of Heart’s anger had been the cause of their endless tea time, but now they have escaped the loop, and serve a different master. Like Alice, they are exploring another world while keeping a part of their own realityThey come and go, but they are not left behind. 


Source: 


CARROLL, Lewis. Through the Looking Glass, and what Alice found there, Penguin Books, Londres, 1984.


3 de agosto de 2020

The Secret World of Lewis Carroll (BBC, 2015)







The Secret World of Lewis Carroll ("El mundo secreto de Lewis Carroll"; no existe doblaje al español) es un programa documental producido por la cadena británica BBC, de 56 minutos de duración, emitido originalmente por la BBC Two el 31 de enero de 2015. Posteriormente se emitiría en Finlandia el 19 de septiembre de 2016. Fue presentado por Martha Kearney, y dirigido por Clare Beavan. 



La presentadora dublinesa Martha Kearney. 


El documental, que se publicitó como una conmemoración de los 150 años de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas (de 1865), generó un gran malestar entre los expertos en Lewis Carroll por dedicar la mitad del metraje a debatir la atracción sexual del autor hacia niñas pequeñas, y especialmente por mostrar la fotografía de un desnudo frontal de una jovencita y cuestionar si podría haberla realizado el reverendo Dodgson. El tono de la segunda mitad del programa y el uso de la fotografía, cuyo modelo y autor siguen siendo desconocidos a fecha de hoy, hizo que algunos de los propios entrevistados denunciaran a la BBC por malas prácticas. 


El documental incluye los testimonios de, entre otros expertos, los biógrafos Morton N. Cohen, Jenny Woolf y Edward Wakeling; los escritores oriundos de Oxford Philip Pullman (La Materia Oscura) y Will Self (Mi idea de la diversión); el destacado historiador de Oxford Mark Davies; la tatarasobrina de Lewis Carroll, Caroline Luke; y la bisnieta de Alice Liddell, Vanessa Tait.


"Es posible que mi personaje de Lyra sea una suerte 
de descendiente de Alicia", Philip Pullman. 


La primera media hora del documental no tiene nada de particular: ofrece los datos, fechas y explicaciones que cabría esperar sobre un personaje famoso y su obra más destacada. Comienza con unas vistas de la celebración del 4 de julio en Oxford, con una multitud de personas de diferentes edades y nacionalidades disfrazadas como los personajes de Alicia, hablando sobre el libro y lo mucho que significa para ellas. A continuación, Martha Kearney se da un baño de saludable auto-bombo al rememorar que ella misma, a los once años, interpretó a Alicia en una función escolar, y muestra descuidadamente algunas reseñas muy favorables que los periódicos locales hicieron de su actuación; huelga decir que este pasaje no aporta nada al mundo secreto de Lewis Carroll, pero probablemente hizo que la presentadora se sintiera muy bien. 


Tras esto, el documental se centra en la historia del libro: trata primero sobre la personalidad del reverendo Dodgson, que insistía en mantenerse separado de su alter-ego literario (los conserjes de Christ Church tenían instrucciones de devolver al remitente todo el correo dirigido a Lewis Carroll); sus primeros encuentros con Alice Liddell cuando ella tenía cuatro años y llegó a Christ Church con su familia; la famosa "tarde dorada" en que se gestó la historia; y el manuscrito de Las aventuras de Alicia bajo tierra que el reverendo preparó como regalo para la niña. La presentadora examina el libro original, así como los bocetos y las referencias que el autor tomó para sus ilustraciones, y comenta la atención al detalle y el perfeccionismo tan propios del reverendo Dodgson. Finalmente, la versión final se publicaría en 1865, siendo contemporánea de Grandes esperanzas (1861) y Los niños del agua (1863). 



"Fue el momento en que la literatura victoriana encontró al niño, 
el momento en que el niño se puso en el centro de atención", Hugh Haughton. 


Tras comentar cómo Alicia fue la primera heroína femenina de las novelas infantiles (lo que no es cierto, de hecho, como explico al principio de esta otra entrada), el documental vuelve a centrarse en la figura del reverendo Dodgson. Explica que en su muy numerosa familia eran solo cuatro hermanos por siete hermanas, y que cuando dejó la casa de sus padres para vivir de modo independiente en Christ Church, retuvo consigo su experiencia de crecer en un hogar lleno de niñas. Según comenta Jenny Woolf: "Se supone que dijo que[los niños]eran tres cuartas partes de su vida... y yo creo, de alguna manera, los veía como una especie de refugio contra el mundo de los adultos". Y es en este momento cuando la presentadora se pregunta: "Pero, ¿qué pasaba, exactamente, con la relación de Lewis Carroll con los niños? Y, ¿cuál era la naturaleza de su relación con Alice Liddell?". A partir de aquí, el programa pone toda su atención en las fotografías de niñas que realizó el reverendo Dodgson, las posibles causas de su ruptura temporal con la familia Liddell, y la "controversia" de la fotografía del desnudo frontal de una jovencita. 


Las opiniones de los expertos son un poco contradictorias acerca de la relación entre Dodgson y Alice Liddell: Edward Wakeling sostiene que las cartas y los recuerdos que se intercambiaban habrían sido pruebas de amor romántico entre dos adultos, pero no pasan de ser muestras de afecto inocente entre una niña y un adulto; Morton N. Cohen afirma que había una implicación emocional por parte del reverendo, muy distinta a un amor paternal; y Vanessa Tait declara que ella cree que Dodgson estaba enamorado de Alice, aunque él mismo no llegara a admitirlo. Will Self dice francamente que lo que hace de Alicia en el País de las Maravillas un libro tan especial no es otra cosa que la "atracción reprimida" del reverendo Dodgson por la pequeña Alicia. 


Como ejemplo de esa "atracción", se muestra una fotografía de Alice Liddell en la que la niña aparece disfrazada de mendiga, descalza y con los hombros y parte del pecho descubiertos. La fotografía fue tomada en 1858, cuando Alice tenía seis años, y su tema fue muy probablemente inspirado por el poema "La doncella mendiga" de Lord Alfred Tennyson, escrito en 1842. 


Alice Liddell como "doncella mendiga", 
Charles Dodgson, 1858.


La presentadora comenta que la fotografía es "ambigua", y el profesor Robert Douglas-Fairhurst incluso admite que hay un "destello de sexualidad". Sin embargo, cuando Martha Kearney le pregunta si esa fotografía resultaría tan perturbadora en su momento como lo es ahora, el profesor recuerda que el sacar fotografías de niños con todo tipo de disfraces era el "estándar absoluto" para las familias victorianas de clase media, dado lo novedoso del arte fotográfico. El documental omite decir que los propios padres de Alice Liddell hicieron colorear a mano esa fotografía y la tenían enmarcada, lo que evidentemente no habrían hecho si les hubiera parecido que presentaba de forma erótica a su hija.


A continuación se habla de la ruptura de la familia Liddell con el reverendo Dodgson, que tuvo lugar en junio de 1863, cuando se le prohibió que volviera a la casa del deán y que tuviera contacto con las niñas. La presentadora comenta que las páginas del diario del reverendo que habrían abarcado este incidente fueron cortadas con una cuchilla por las sobrinas de Dodgson tras la muerte de éste. Hasta diciembre del mismo año, Dodgson no vuelve a mencionar a las hermanas Liddell, a las que vio con su madre en una velada teatral, pero se mantuvo a distancia como, según sus propias palabras, había estado haciendo los últimos meses. A partir de entonces se reanudaron las relaciones, pero se volvieron estrictamente formales.



Se especula sobre las razones que pudieron llevar a los señores Liddell a alejar al reverendo: Vanessa Tait está convencida de que la madre de Alice, una "espantosa esnob" que aspiraba a casar a sus hijas con príncipes, se sintió ofendida en su orgullo por el afecto que el reverendo Dodgson prodigaba a Alice, y quemó en una papelera todas las cartas que le habría escrito a la niña, para prohibirle después que tuviera contacto con ella. Sin embargo, había otros rumores en aquella época, según los cuales Dodgson aspiraba a una relación con la hermana mayor de Alice, Lorina "Ina" Liddell, o con la institutriz de las niñas, la señorita Prickett. Por algún motivo, las sobrinas que censuraron el diario dejaron en su lugar un fragmento de papel con un resumen de lo que decían las páginas que habían cortado, y en él se corroboran esas teorías de que Dodgson estaría cortejando a Lorina, o bien utilizando a las niñas para acercarse a Mary Prickett. 



En cualquier caso, la relación entre Dodgson y los Liddell se enfrió, y el reverendo comenzó a hacer muchas otras amigas de corta edad a partir de entonces, lo que Hugh Haughton llama "coleccionismo de niñas". Según el profesor, este modo de vida "ciertamente haría levantar cejas ahora, por parte de los servicios sociales y los padres, y también hizo levantar cejas en su momento". La tatarasobrina de Dodgson, Caroline Luke, insiste en que no se debe juzgar un comportamiento de hace ciento cincuenta años con la moral de hoy en día, y el profesor Nicholas Shrimpton añade que entonces era mucho más reprensible que un hombre soltero pasara su tiempo con mujeres ya sexualmente maduras, que con niñas prepúberes. Hay incluso indicios de que el primer biógrafo de Dodgson, su sobrino Stuart Collingwood, pudo haber reducido a propósito las edades de esas amigas- niñas para disipar cualquier duda de que el interés del reverendo pudiera centrarse en adolescentes y mujeres jóvenes, lo que tuvo "muy extrañas consecuencias". 


"No hay absolutamente ninguna prueba de que las cosas 
[entre Dodgson y las niñas] fueran inapropiadas", Caroline Luke.


Acerca de las fotografías de niñas desnudas, los expertos están de acuerdo en que era algo habitual en la época victoriana entre fotógrafos y artistas, tolerado y alabado por los padres y la sociedad en general. "Como mucha gente, [Carroll] creía que la forma suprema  de la belleza era el cuerpo humano", señala Shrimpton, "Y que la máxima forma de suprema belleza del cuerpo humano era el cuerpo humano femenino antes de alcanzar la pubertad". Frente a Will Self, quien está seguro de que Dodgson era un "pedófilo reprimido", Edward Wakeling dice claramente que quien malinterprete las intenciones del reverendo al fotografiar niñas desnudas "no ha hecho sus deberes". Jenny Woolf insiste en que era algo muy común en la época, correspondiente al culto victoriano por la pureza y la inocencia de los niños, y cita a la fotógrafa Julia Margaret Cameron, contemporánea de Dodgson, como otra especialista en los desnudos de niñas. "Las fotografías de niños desnudos aparecían a veces en postales y tarjetas de cumpleaños, y los dibujos de desnudos, hechos con habilidad, eran alabados como estudios artísticos", había dicho en un artículo de 2010. "Los victorianos veían la infancia como un estado de gracia: incluso las fotografías de niños desnudos se consideraban fotografías de la propia inocencia". La presentadora, no muy convencida, se pregunta en voz alta si aquellos que insisten en que no deben imponerse valores del siglo XXI al período victoriano no están intentando simplemente "proteger a un autor cuya obra amamos".


El último cuarto de hora del documental se centra en la "polémica" fotografía atribuida a Dodgson, en la que se ve un desnudo frontal de una muchachita de unos catorce años (el documental, muy pudorosamente, solo muestra la cabeza). Se trata de una fotografía que  se encontró en Marsella, en el Musée Cantini, con la inscripción “Lorina Liddell, Carroll, Col, MC”. Su legitimidad es muy dudosa desde el momento en que se apunta como autor a "Carroll", quien nunca utilizó su pseudónimo literario para sus trabajos fotográficos, o se usan las siglas "MC" como si correspondieran a Musée Cantini, cuando el propio museo no marca así sus materiales. Como admite la presentadora, Edward Wakeling ya desmintió en 1993 que la modelo pudiera ser Lorina o el fotógrafo Dodgson, comparándola con fotografías verificadas, pero el documental insiste en realizar pruebas forenses por si pudieran demostrar lo contrario. Recurre primero a Nicholas Burnett, especialista en fotografías del s. XIX, quien certifica que la fotografía se hizo realmente en la segunda mitad de ese siglo y no se trata de una falsificación moderna. Tras dar su opinión científica sobre la autenticidad de la fotografía como pieza del s. XIX, Burnett dice que "su instinto" le hace pensar que es de Dodgson. Un segundo experto, David Anley, compara nuevamente a la muchacha de la foto con otras fotos de Lorina y asegura que son la misma. 


Martha Kearney concluye que "si todo esto es verdad", la fotografía arroja una "luz perturbadora" sobre la vida de Lewis Carroll, a la vez que ofrece una posible explicación sobre la "misteriosa separación" del reverendo y la familia Liddell. Se pregunta por qué nadie habría de etiquetar la foto con el nombre de Lorina Liddell si no fuera ella, ya que es una figura secundaria en la vida del autor, y declara que esta "controversia" simplemente refleja la de las otras fotografías del reverendo y su relación con sus amigas-niñas. Termina alabando la atemporalidad de Alicia en el País de las Maravillas y el indiscutible talento de su autor: "El hombre, aunque imperfecto, ha escrito una obra de genio que ha sido redescubierta generación tras generación". 



Viendo que la segunda parte del documental, que había comenzado como una celebración de Alicia en el País de las Maravillas, carga las tintas contra la respetabilidad de su autor, es comprensible que Edward Wakeling y otros entrevistados acusaran a la BBC de mala praxis, ya que en ningún momento les informaron de que sería ése el propósito del programa. La BBC trató de defenderse, muy pobremente, alegando que la decisión de incluir "la polémica fotografía" fue debida a "su descubrimiento" a última hora, lo que es ridículo cuando el propio documental admite que ya se estudió esa fotografía en 1993, y reconociendo su error al no avisar a los colaboradores a tiempo. Edward Wakeling tachó al programa de "terrible y engañoso". Mientras que los espectadores, a juzgar por los comentarios al vídeo y los mensajes a la BBC, apoyan ciegamente la idea de "pedófilo reprimido" y consideran las fotografías "asquerosas y repugnantes", los expertos en Dodgson y estudiosos de su época mantienen que su afición a la compañía de niñas pequeñas y su admiración por sus cuerpos desnudos, si bien eran gustos excéntricos, estaban desprovistos de toda perversión.


Hay biógrafos que van más allá y aseguran que el reverendo Dodgson, que tenía unos deseos sexuales y románticos totalmente sanos, se relacionaba con normalidad con mujeres adultas y habría deseado casarse y formar una familia, pero esto le habría obligado a mudarse a una parroquia propia, lo que chocaba fuertemente con sus intereses. Por una parte, era renuente a abandonar las comodidades de sus habitaciones en Christ Church; por otra, sus numerosas hermanas solteras dependían económicamente de él, y no habría podido seguir mandándoles dinero si hubiera tenido que mantener a su propia esposa e hijos.


Independientemente de las opiniones enfrentadas de los expertos y la voluble crítica de las masas, que tienen a creer la noticia más reciente que han visto sin preocuparse por el trasfondo, que un documental comience con gente disfrazada celebrando en Oxford el 4 de julio, y a la mitad entre de lleno en acusaciones directas de pedofilia, es una decisión ejecutiva más que cuestionable, sobre todo viniendo de una cadena del prestigio de la BBC. Espero que les diera a los productores algo que pensar el darse cuenta de que su elección para conmemorar el 150 aniversario del libro en lengua inglesa más traducido del mundo, después de la obra de Shakespeare, quedara a la altura de una columnilla sensacionalista denostada por los propios entrevistados.





Fuentes: 

Todas los fotogramas son propiedad de la BBC. 



MARCHAL, Louise. "Responding to The Secret World of Lewis Carroll", en the mutability cantos, 3 de marzo de 2015. 

The Secret World of Lewis Carroll, documental completo en Youtube. 

WOOLF, Jenny. "Lewis Carroll shifting reputation", en Smithsonian Magazine, abril de 2010. 


22 de marzo de 2020

"La Morsa y el Carpintero" (1871)


 
John Tenniel, 1871.


"The Walrus and the Carpenter" es un poema narrativo que aparece en la novela A través del espejo, y lo que Alicia encontró al otro lado (1871). En el capítulo IV, "Tweedledum y Tweedledee", Alicia, perdida en el bosque, encuentra a esta pareja de personajes, los cuales se empeñan en recitarle este poema, pese a que ella está ansiosa por encontrar una salida.

El poema está compuesto por ciento ocho versos divididos en dieciocho estrofas que alternan tetrámetros y trímetros yámbicos (respectivamente, de ocho y seis sílabas). En cada estrofa riman solamente los versos pares, que son los trímeros. El esquema de métrica y rima da al poema la forma de una balada inglesa, como por ejemplo La rima del anciano marinero de Samuel Colerigde o La canción de Angus el Errante de W.B. Yeats.

Adjunto, para su disfrute, la versión de Emilio Pascual. Este traductor opta por hacer todos los versos octosílabos, y sitúa una rima consonante en el segundo y tercero de cada cuatro, y una asonante en el cuarto y el octavo de cada ocho. Nótese que pone en minúsculas los nombres de los personajes, considerándolos genéricos, cuando es muy habitual en la obra de Carroll que los personajes no tengan nombre propio sino que su especie, profesión o cargo constituye su nombre, por lo que se nombran con mayúscula.


¡El sol sobre el mar brillaba!
Con su fulgor implacable
procuraba, infatigable, 
las bravas olas calmar.
Sin embargo, todo aquello
resultaba bien chocante,
pues lo más extravagante
es que era de noche ya.

La luna guiñaba airada
pues pensaba con enfado
que, habiendo el día acabado,
qué pintaba el sol allí.
"¡Grosero, maleducado!
¡Me has fastidiado la fiesta
con tu claridad molesta!",
decía haciendo un mohín.

Estaba el mar muy mojado 
la arena en plena sequía;
ni una nube se veía,
pues ninguna había ya.

No se veía tampoco
surcar el desierto cielo
ni un pájaro con su vuelo
porque no quedaban más.

La morsa y el carpintero,
de la mano y con gran pena,
al ver tanta y tanta arena
lloraban con aflicción.
(¡Si a fuerza de tanto llanto
solo un poco la aclararan,
la playa que nos dejaran
sería la admiración!).

"Si siete mozas con siete
escobas de buen tamaño
barrieran fuerte medio año",
la morsa atenta indagó,
"¿Crees que lo dejarían
bien barrido?"  "¡Muy dudoso!",
dijo el otro, pesaroso,
y amargamente lloró.

"¡Venid, ostras, de paseo!",
requirió la morsa, amable.
"Será un paseo agradable
y grato para charlar.
Que no vengan más de cuatro:
a nadie más llevaremos,
pues solo a cuatro podemos
de la manita agarrar".

Una ostra venerable 
le echó una sagaz mirada
y, sin contestarle nada, 
se limitó a sacudir
la cabeza con un guiño.
Sin duda decir quería
que al presente prefería
en su ostracismo seguir.

Mas cuatro ostras jovencitas
llegaron endomingadas,
con las caras bien lavadas
y con ganas de chipén.

Llevaban limpio el vestido 
y los zapatos brillantes
lo cual era bien chocante
pues nunca tuvieron pies.

Cuatro ostras más las siguieron,
luego otras cuatro llegaron,
y enseguida se agregaron,
una a una, más y más.
Brincando entre las espumas,
el oleaje cortaban
y todas se apresuraban
para la playa alcanzar.

La morsa y el carpintero
una milla caminaron
hasta que el fin alcanzaron
una roca regular.
Se acomodaron en ella
mientras las otras, jadeantes,
aguardaban expectantes
en formación desigual.

John Tenniel, 1871.


"Es hora", dijo la morsa, 
"de tratar de asuntos graves:
de zapatos, reyes, naves,
de repollos y alquitrán.
También de si el mar levanta
aguas y espumas hirvientes
o los cerdos, insolentes, 
son capaces de volar". 

"¡Esperad!", gritó una ostra.
"No empiece ya el parlamento
pues estamos sin aliento
debido a nuestro grosor".
A lo cual el carpintero  
dijo con cierta sonrisa:
"Esperaremos. ¡No hay prisa!".
Eso las tranquilizó.

"Ahora", dijo la morsa,
"nos hace falta ante todo
un buen pan; del mismo modo
tampoco vendría mal
pimienta, sal y vinagre.
Y ahora, ¡ostras queridas!,
colocaos bien unidas, 
que vamos a merendar".

"¿A nosotras?", exclamaron,
pálidas y sin resuello.
"¡Sería un gran atropello
tras tanta amabilidad!".

"¡Ah, qué noche tan hermosa!",
cortó la morsa muy lista.
"¿No os impresiona la vista?
Venid conmigo a admirar.
¡Qué amables sois! ¡Y qué aspecto
tenéis tan sabroso y fino!".
El carpintero, ladino,
solo dijo: "¡Dame pan!
Y, ¿sabes?, me gustaría
que mejorases de oído,
¡porque ya te lo he tenido
dos veces que recordar!".

"¡Qué pena me dan las pobres!
¡Buena se la hemos metido
después de haberlas traído
de tan lejos sin parar!".
Así la morsa decía.
El carpintero, taimado,
solo comentó: "¡Has echado
mucha mantequilla al pan!"

"¡Qué dolor! ¡Os compadezco!",
la morsa se lamentaba,
y sus lágrimas secaba
con un pañuelo grandón.
Pero entre llanto y sollozos,
las mejores escogiendo,
íbaselas engullendo
en medio de su aflicción.

"¡Ostras!", dijo el carpintero,
"¡Fue una excursión muy bonita!
¿Queréis volver a casita?".
Pero nadie respondió.
Y esto ya no era chocante,
pues todas, entre gemidos,
se las habían comido,
y ni una sola quedó.

Tras tan escalofriante final, Alicia comenta que la Morsa es el que le cae mejor de los dos, porque, al menos "le daban un poco de pena las pobres Ostras". Tweedledee, sin embargo, le hace notar cómo la Morsa fingía llorar y utilizaba el pañuelo para escoger las más apetitosas y ocultarlas a la vista de su compañero. Alicia rectifica y dice que, el tal caso, prefiere al Carpintero, a lo que Tweedledum replica que también el Carpintero comió todas las que pudo. Confundida por un momento, Alicia concluye que "ambos son tipos muy desagradables".

Como se ve, el poema tiene un argumento muy sencillo, y, si es preciso interpretarlo (aunque en principio no hay ninguna necesidad de ello), se puede ver muy fácilmente una moraleja (no hay que ir con desconocidos, por bonitas que sean sus palabras) y una crítica (a la hipocresía). Por supuesto, los lectores llegan más lejos. Dado que el tema de la invasión y el abuso es recurrente (el sol sale de noche, la Morsa y el Carpintero engañan a las Ostras para comérselas, la propia Morsa se apropia de los mejores bocados a escondidas), hay quien ha relacionado el poema con el colonialismo y la explotación de territorios de ultramar por parte de las naciones europeas. No ha faltado quien ha intentado ver en la Morsa a Buda y en el Carpintero a Jesucristo, que seducirían a los creyentes con buenas palabras y promesas placenteras para después devorarlos sin contemplaciones.

Pero, como en todos sus poemas humorísticos, Carroll no buscaba ninguna profundidad filosófica o moral, ni simbolismo en sus personajes, y seguramente se habría reído de las lecturas políticas de su poema; las religiosas, por el contrario, no le habrían hecho tanta gracia. Una anécdota muy significativa es que, cuando mandó el poema a Tenniel para que lo ilustrara, le indicó que podía escoger él mismo si dibujar un carpintero, una mariposa o un baronet (cargo nobiliario, diminutivo de barón), ya que las tres palabras le cuadraban en la métrica y a él le daba igual. El Carpintero podría haber pasado de proletario a aristócrata o a lepidóptero, y generaciones posteriores de estudiosos habrían especulado al respecto.

Quentin Blake, 2009.


En la cultura popular, "La Morsa y el Carpintero" es posiblemente el segundo poema más conocido de Carroll, después del "Jabberwocky". Se suele editar de manera independiente de la novela, en colecciones de poesía infantil, y sus versos (en especial el parlamento de la Morsa "Es hora de tratar de asuntos graves...") se han citado en novelas (El manantial de Ayn Rand, 1943; Los relojes de Agatha Christie, 1963), películas (La taberna del irlandés de John Ford; Dogma de Kevin Smith, 1999), canciones y series de televisión. La canción de los Beatles "I am the walrus" tomó al personaje de este poema, aunque, por lo que se cuenta, John Lennon no lo había leído o no lo recordaba bien, y se sintió frustrado cuando le dijeron que la Morsa era un ser malvado y traicionero.


Harry Rountree, 1933.

Una de las primeras y más interesantes versiones de este poema en las adaptaciones de Alicia fue la de Norman Z. McLeod en 1933, que fue realizada en dibujos animados cuando el resto de la película está en imagen real. 


Hugh Harman y Rudy Ising, 1933.

Una de las más recordadas es indudablemente la perteneciente a la película de Disney, que profundiza en los defectos de los personajes al hacer que la Morsa engañe desde el principio a un Carpintero simplón para que no llegue a comer ni una sola Ostra. Dentro de una película que ya destacaba por su animación, es impagable la escena en que el Carpintero construye un restaurante en seis segundos a partir de los restos de un barco encallado, mientras la Morsa atrae a las víctimas al estilo del Flautista de Hamelín.


©Disney, 1951.


En la versión de Harry Harris de 1985, la secuencia fue filmada en imagen real, con Karl Malden en el papel de Morsa, Louis Nye como el Carpintero, y cuatro bailarinas con disfraces de Ostras. El resultado, aunque algo chocante, no es tan malo como se podría pensar.


Harry Harris, 1985.


Una edición de los 80 o 90 (no la tengo a mano para comprobarlo) del juego de mesa Trivial Pursuit tenía en un costado de la tapa la cita de la Morsa, como reconocimiento y elogio de las cosas triviales, pese a que la Morsa las consideraba "graves". Que nadie le diga a los cazadores del snark que una nave o que las aguas hirvientes del océano son un asunto trivial, pero, mientras no haya peligro de naufragar o de ser devorados, reivindiquemos todos nuestro derecho a hablar de bobadas si es eso lo que nos apetece. 


Fuentes:


CARROLL, Lewis. Through the Looking Glass, and what Alice found there, Penguin Books, Londres, 1984.
                              ; PASCUAL, Emilio (trad.); GONZÁLEZ ÁLVARO, Juan (int.). A través del espejo, y lo que Alicia encontró al otro lado, Ediciones Gaviota, Barcelona, 1990.

CLARK, Beverly Lyon. "Carroll's Well-Versed Narrative: Through the Looking-Glass," en English Language Notesdiciembre de 1982, vol. 20, nº. 2, , págs. 65-76.

DE LA MARE, Walter. Lewis Carroll, Faber and Faber, Londres, 1932.

GEER, Jennifer. "‘All Sorts of Pitfalls and Surprises’: Competing Views of Idealized Girlhood in Lewis Carroll's Alice Books," en Children's Literature, Vol. 31, 2003, págs. 1-24.

IRWIN, Michael. "Reflections and Relativities," en Rereading Victorian Fiction, 2000, págs. 115-28.

KELLY, Richard. Lewis Carroll, Twayne Publishers Michigan, 1990.

LEHMANN, John F. Lewis Carroll and the Spirit of Nonsense, University of Nottingham, Nottingham, 1972. 

MEAD, Walter Russell. God and Gold, Atlantic Books, Londres, 2007. 

PRIESTLEY, J. B. "The Walrus and the Carpenter", en New Statesman, 10 de agosto de 1957.


Artículos más leídos