21 de julio de 2019

Alicia de Rankin-Bass (1973)



Esta versión de Alicia es una brevísima adaptación (veinte minutos) de dibujos animados, producida y dirigida por los estadounidenses Arthur Rankin Jr. y Jules Bass. Fue el episodio 16, emitido el 11 de febrero de 1973, de la serie “Clásicos familiares” (Festival of Family Classics, 1972- 1973), que incluía tanto obras literarias infantiles y juveniles como cuentos populares.

El estudio Rankin-Bass (fundado en 1960, clausurado en 1987, y conocido en sus primeros años como Videocraft International) produjo y dirigió todo tipo de programas de dibujos animados: películas, series y especiales para televisión; también realizó animación en volumen, y algunas colaboraciones en películas de imagen real. Se hizo conocido por la película de animación en volumen Rudolph, el reno de nariz roja en 1964, que comenzó una tradición de especiales de Navidad, narradas por alguna celebridad del momento. La última sería La vida y aventuras de Santa Claus en 1985. Rankin-Bass también adaptó El Hobbit en 1977 y El retorno del rey en 1980; los derechos para los otros dos volúmenes de El Señor de los Anillos los tenía otra productora. En su época final, su serie más reconocida fue Thundercats, de 1985.

El guion de esta adaptación de Alicia fue escrito por Sandy Glass y la música estuvo a cargo de Maury Laws. La animación se llevó a cabo en los Estudios Mushi, bajo la dirección de Osamu Tezuka.


Debido a que es tan corta, la adaptación solamente recoge el argumento básico del sueño de Alicia y presenta algunos de los personajes principales, pero reduce la historia al mínimo y recorta y altera todos los diálogos. Los actores de doblaje están creditados al final, pero no aparece el personaje que dobla cada uno; solo me ha sido posible identificar a los de Alicia y el Gato de Cheshire.


El episodio comienza con Alicia (Donna Miller) sentada bajo un árbol en el jardín de su casa, aburrida mientras su hermana lee un libro. Ve al Conejo Blanco, que se lamenta en voz alta de que llega tarde a la partida de croquet de la Reina, y sale corriendo tras él. 


Cae por su madriguera hasta el Vestíbulo de las Muchas Puertas, y rápidamente consigue abrir la puertecita al jardín, combinando la llave, la bebida que hace disminuir y la galleta que hace crecer. Entra en el País de las Maravillas, donde observa que los pájaros vuelan hacia atrás y se vuelven a meter dentro del cascarón cuando llegan al nido. 


De inmediato vuelve a ver al Conejo Blanco, que la confunde con su criada Mary Ann y le ordena que vaya a su casa a buscarle los guantes y el abanico. Alicia echa a correr, y por el camino piensa que, si ayuda al Conejo, quizá pueda enseñarle el camino de vuelta a su casa; desde ese momento, es la única motivación de Alicia.


Al entrar en casa del Conejo, Alicia cae en la tentación de beber de un frasquito, y crece hasta quedarse atascada en la casita.


El Conejo llega buscándola y, aunque se sobresalta al principio, enseguida le pone en la mano una galletita para que vuelva a encoger. Alicia recupera su tamaño, sale por la puerta, le da los guantes y el abanico al Conejo y le pide disculpas por las molestias. Se presenta con su nombre, y resulta que el Conejo la conoce: “Ah, eres la que vive en la casa grande. Tienes una hermana, ¿verdad?”. Le da instrucciones para llegar a un árbol con un agujero a través del cual podrá volver a su casa, y Alicia echa a andar por el bosque.


Se encuentra con una Oruga, que no fuma en narguile (¿una auto-censura, quizá, por parte de Rankin-Bass?), pero está muy soñolienta. Le explica que puede cambiar de tamaño con los lados de la seta, y Alicia come un trozo de cada para probar.


A continuación se encuentra con el Gato de Cheshire (Paul Soles). Le explica, como a la Oruga, que está buscando el camino para volver a su casa, y el Gato le dice que para llegar al árbol deberá cruzar el jardín del Sombrerero.


Va entonces a la casa del Sombrerero, quien está tomando el té con la Liebre y el Lirón. Cuando Alicia les pregunta si pueden ayudarla a encontrar el camino a casa, los tres la llevan por difíciles caminos: remontan un río en una balsa de troncos, recorren una caverna llena de murciélagos, saltan de un precipicio para rebotar en enormes hojas y flores… y acaban volviendo a la casa del Sombrerero. La Liebre admite que no tenían ni idea del camino. 


Alicia rompe a llorar, pero vuelve a ver al Conejo Blanco, y lo sigue con la esperanza de que le explique de nuevo cómo llegar al árbol con el agujero.


Se encuentra entonces en la playa y ve a la Tortuga Falsa, que está llorando. Intenta preguntarle dónde está el árbol, pero la Tortuga la interrumpe para contarle su triste historia. Al final, tampoco sabe decirle cómo llegar al árbol desde allí. Alicia se aleja lamentándose de lo poco útiles que son las criaturas de ese mundo.


Llega al jardín de la Reina, donde encuentra a los Jardineros-Carta (que por cierto son del palo de Tréboles) pintando las rosas de rojo. Llegan los Reyes con su comitiva, y la Reina ordena decapitar a los jardineros, pero Alicia les ayuda a esconderse detrás de una gran maceta.


La Reina invita a Alicia a unirse a ellos al juego de croquet. Alicia los acompaña, pero no participa. Aparece el Gato de Cheshire, y aunque al principio la Reina no le hace mucho caso y le dice “gatito bonito”, el Gato se insolenta con el Rey, quien llama a su consorte para que lo mande decapitar, lo que ésta hace sin ningún problema. El verdugo sí encuentra problemas para cortar una cabeza que no está unida a ningún cuerpo, y el Gato disfruta mareando al verdugo y al Rey. 


Pero la Reina también se impacienta, y acusa a Alicia de las “cosas raras” que están pasando desde que ella ha aparecido. Alicia le ruega que le explique cómo volver a su casa, ya que no tiene otro deseo, pero se da cuenta de que todos la miran mal y murmuran entre ellos, y sale corriendo, con el ejército tras ella.


Vuelve a pasar por la playa de la Tortuga Falsa y por la casa del Sombrerero, y repentinamente encuentra el árbol con el agujero en el tronco por el cual podrá volver a casa. Pero se da cuenta de que los Soldados-Carta están a punto de darle alcance, y decide comer un trozo de hongo para crecer y asustarlos. 


Sin embargo, el trozo que muerde la hace diminuta, del tamaño de un insecto, y aunque sus perseguidores la pierden de vista, se echa al suelo y rompe a llorar, porque con ese tamaño nunca podrá llegar al árbol.


Se despierta entonces en el regazo de su hermana y le intenta contar sus aventuras. Su hermana le dice que estaba soñando, pero, por un momento, ve al Gato de Cheshire. La hermana piensa que han sido imaginaciones, pero entonces la cabeza del Gato vuelve a aparecer, le guiña un ojo a Alicia, y desaparece de nuevo, quedando solo su sonrisa. Alicia insiste en que no estaba dormida ni soñando… ¿o quizá sí?


Resulta bastante obvio que con un límite de tiempo de veinte minutos es difícil hacer una versión plausible de Alicia en el País de las Maravillas. Esta película reduce al mínimo los personajes y los diálogos, y presenta a una Alicia a la que la fascinación de estar en un lugar extraño le dura medio minuto y pasa el resto del tiempo llorando y queriendo volver a casa. Por una parte, el diseño de Alicia corresponde realmente al de una niña de siete años, por lo que su angustia se puede entender; pero por otra se pierde el espíritu de emoción y descubrimiento del texto original. Alicia apenas pasa tiempo con los personajes a los que encuentra; apenas habla con ellos antes de que la dejen o se marche ella. El pasaje de la Tortuga Falsa es completamente inútil desde el punto de vista argumental, así como el “viaje” al que el Sombrerero y los demás se llevan a Alicia para acabar volviendo adonde estaban: son minutos de metraje que podrían haberse utilizado para escenas más significativas.

La animación es bastante buena para la época (aunque aún se nota demasiado la colocación de las figuras sobre el fondo), y el diseño de Alicia lo encuentro personalmente encantador. 


Tiene algunos detalles que no suelen aparecer en otras versiones, como el mostrar que Alicia ayuda a esconderse a los Jardineros-Carta, o la discusión entre el Rey y el Verdugo sobre si se puede decapitar o no una cabeza sin cuello. Pero la película parece hecha con prisas, quizá por exigencia de la emisión. Algunos pasajes parecen estar sin terminar: cuando Alicia cae por la madriguera del Conejo, se ve solo un fondo de colores, sin ningún objeto en las paredes; el cartel de la casa del Conejo cambia notablemente de tamaño en dos fotogramas distintos; y la vajilla de la Loca Fiesta del Té, directamente, está sin colorear.

No la considero una película mala, pero podría haber destacado si le hubieran dado al menos el doble de metraje y hubieran dedicado un poco más de atención a los detalles. Hubo dos películas dentro de la misma serie de “Clásicos Familiares” que se dividieron en dos capítulos: Veinte mil leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en ochenta días. Una versión de cuarenta minutos de Alicia fue una posibilidad que el estudio Rankin-Bass, lamentablemente, no tuvo en cuenta.

Ossea, te lo juro... Ni cuarenta minutos... cutre de la muerte.

El episodio fue editado en DVD en 2012 por Universal Pictures Home Entertainment, metido con calzador con los episodios de Cenicienta, Blancanieves y La Bella Durmiente en una recopilación de “Princesas”. Se puede encontrar fácilmente en canales de vídeo de Internet.

Fuentes:

Internet Movie Database

1 comentario:

  1. Yo veo bien que, disponiendo solo de 20 minutos, se inventen escenas nuevas. Es una forma de destacar sobre otras versiones de más presupuesto y metraje. La escena del viaje en balsa, completamente inútil, creo que encaja bien en la ambientación general de el País de las Maravillas: un viaje que un grupo emprende sin que ninguno de ellos tenga ni idea de a donde van o como llegar. Es el tipo de cosa que creo que los habitantes de ese mundo harían. Mientras no rompa con la estética y la lógica interna de la obra, no veo mal que se inventen cosas en lugar de hacer adaptaciones totalmente fieles que casi no aporten nada nuevo.

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