16 de marzo de 2022

Alicia de Bresciani y Slapczynski (1987)




Alicia a través del espejo (Alice Through the Looking-Glass) es una película australiano- americana para televisión, realizada con animación tradicional. Fue dirigida por Andrea Bresciani y Richard Slapczynski y producida por Burbank Films Australia, que un año más tarde también realizaría una versión de Alicia en el País de las Maravillas. Se emitió por primera vez el 15 de mayo de 1987 y  tiene una duración de 73 minutos. 


Como director, Andrea Bresciani solo tiene esta película en su haber, pero su carrera en la animación se extiende de 1972 hasta 1998. Fue animador y diseñador en varios episodios de Las nuevas aventuras de Scooby-Doo (1972-73), y después trabajaría en muchas de las adaptaciones de obras literarias que Burbank realizó para televisión en los 80 y los 90. Participaría asimismo como supervisor de diseños y storyboard en la mencionada película de Alicia que se haría en 1988. El polaco Richard Slapczynski, por su parte, tiene una carrera de diseñador y animador más extensa: comenzó animando cortometrajes de su país en 1960; en los 70 trabajó en adaptaciones a dibujos animados de clásicos literarios; en los 80 y los 90 fue miembro del equipo en series como Pac-Man (1983), Teen Wolf (1986), Las nuevas aventuras de Winnie the Pooh (1990), Los osos Gummi (1990- 91) o El Pato Darkwing (1991). Entre 1991 y 2001, animaría sobre todo adaptaciones de cuentos y novelas, como Pocahontas (1995), El jorobado de Notre-Dame, La Bella y la Bestia (ambas de 1996), El Príncipe del Nilo (1998) o Ana y el Rey (2000), entre muchos otros. Desde sus primeros cortos hasta el final de su carrera, dirigió una veintena de estas adaptaciones. 



Los principales actores de doblaje eran muy conocidos en su época, y algunos de ellos siguen trabajando en la actualidad. La voz de Alicia y de la Reina Roja fue Janet Waldo, que interpretó cientos de personajes en su larga carrera, y es sobre todo recordada por su papeles de Lucero Sónico/ Judy Jetson en la popular serie Los Supersónicos (The Jetsons, 1962-63, y luego 1985-97) y Penélope Glamour/ Penelope Pitstop ("la chica que no se despeina a doscientos kilómetros por hora") en Los autos locos (Wacky Races, 1968-70). El papel de Alicia no le era ajeno: en 1966 ya la había interpretado en la particular versión de Hanna-Barbera


Janet Waldo como Alicia y la Reina Roja.

La voz de Tom Fool, un personaje original de esta película, la puso Coleman Townsend, un actor de doblaje con una extensa carrera que llega hasta nuestros días: entre docenas de papeles, fue la voz del Sargento Capamán/ Caporal Capeman en El Inspector Gadget (Inspector Gadget, 1985), Michaelangelo en Las Tortugas Ninja (Teenage Mutant Ninja Turtles, 1987- 1996), Scratch en Spacecats (1991), y Morrie y otros personajes secundarios en la mayoría de versiones y películas de animación de la franquicia de Batman. Recientemente ha proporcionado varias voces a los videojuegos de Mass Effect (2021). 


Coleman Townsend como el Bufón.

Phillys Diller, la voz de la Reina Blanca, puede sonarnos de sus papeles más recientes, como Thelma Griffin en Padre de Familia (Family Guy) entre 2006 y 2007, y la señora Claus en el especial de Navidad de 2005 de Robot Chicken. Y no podemos pasar por alto que el personaje del Jabberwock fue nada menos que Mr. T, que ya tenía experiencia como actor de doblaje por haberse interpretado a sí mismo en su propia serie de animación, Mr. T (1983- 85). 


Phyllis Diller como la Reina Blanca 
y Mr. T como el Jabberwock.

Jameson Brewer adaptó el guion sobre el texto de Carroll (muy libremente, como vamos a ver) y Todd Hayden, en uno de sus primeros trabajos, escribió la banda sonora; más tarde compondría la música para las dos últimas temporadas de Charles in Charge (1985- 90) y varios episodios de la serie de animación de Batman (1992-95). 



La película comienza en invierno, al igual que el libro. Alicia está en su casa, en medio del campo; es una jovencita de unos doce años con cortos cabellos rubios y ojos marrones, y va vestida con unos vaqueros y una blusa blanca con una camiseta de tirantes roja por encima. Está cayendo una fuerte tormenta de nieve, y Alicia, aburrida en su cuarto, le pregunta a su gato Cinder cómo podrían pasar el tiempo. Las paredes de su habitación están cubiertas por pósters de diferentes países del mundo; Alicia mira uno de Egipto, dice que jugará a ser la reina Cleopatra, y comienza a pensar en todo lo que les mandará a sus súbditos... pero entonces se acuerda de que ya jugó a eso el día anterior. 



Entra entonces su padre (Alan Dinehart), que es médico y ha de salir urgentemente a atender un parto. Alicia quiere acompañarlo, pero su padre le dice que el estado de las carreteras es peligroso a causa de la tormenta, y que ella deberá quedarse en casa, pero se compromete a estar de regreso a la noche para jugar con ella su partida diaria de ajedrez. 




Sola de nuevo, Alicia sigue fantaseando en lo divertido que sería ser una reina, y de repente se da cuenta de que su espejo de pie muestra la imagen de un maravilloso jardín primaveral, que obviamente no refleja nada de lo que hay su cuarto. 



Cuando se acerca, comienzan a salir rayos de luz de la superficie, y la niña se ve arrastrada en un torbellino al otro lado del espejo, que de inmediato vuelve a la normalidad. Cinder intenta seguirla, pero se choca contra el espejo. 



Alicia, lejos de asustarse por lo ocurrido, está extasiada de verse en medio de un campo repleto de mariposas y flores, y mientras corretea y salta se pone a bailar y a cantar lo maravillosa que es la Tierra del Espejo. Un poco más calmada, sigue paseando y se pregunta en voz alta si habrá otras personas en este mundo. Aparece una bola de fuego que lanza rayos y se convierte en un tornado (lo que tampoco asusta a Alicia, que le pregunta si es la versión de los pájaros de ese lugar), y que al final acaba transformándose en un individuo de mediana edad que se presenta como Tom Fool, bufón y mago de la corte de la Reina Blanca. Le cuenta a Alicia que está patrullando los alrededores en busca de espías, y la lleva a lo alto de una colina para que vea cómo son los dominios de su señora. 




Alicia exclama que la tierra parece un tablero de ajedrez, y que no le importaría ser un peón, pero que preferiría ser reina. Tom le dice que ya es un peón, y que podrá convertirse en reina si llega a la octava casilla del territorio, pero que para eso debe pedir permiso a la Reina Blanca, de modo que van a su castillo a hablar con ella. La Reina está aburrida en el salón del trono, ya que su consorte el Rey Blanco (también Alan Dinehart) pasa tanto tiempo dormido que ella duda a ratos de si está vivo o muerto. 




Le pide a Tom que haga algo para divertirla, pero no le gustan las piruetas ni los malabares, y tampoco encuentra ingeniosas sus imitaciones (Tom se transforma sucesivamente en Ed Sullivan y los tres hermanos Marx, doblados por Hal Rayle). Le pregunta entonces quién es el muchacho que lo acompaña, porque, por su pelo corto y su forma de vestir, no se ha dado cuenta de que es una niña. Sus pantalones le parecen "repugnantes", pues ella, a su edad, llevaba largos cabellos con un lazo y vestidos con encajes y enaguas, pero Alicia le hace un poco la pelota y enseguida se gana su simpatía y el permiso de recorrer libremente sus dominios. La Reina le explica a cómo debe atravesar el tablero para llegar a la octava casilla, y a quiénes se encontrará en el camino, y le advierte, además, de que la Reina Roja y sus secuaces intentarán detenerla. 



Ya en el exterior, Tom dice que la acompañará hasta la puerta de la tercera casilla. Primero ven unas "abejas" que están libando las flores (son elefantes de colores, pero Tom insiste en que así son las abejas de este mundo) y llegan a un campo lleno de unicornios y centauros, a los que piden si pueden usarlos como transporte durante un trecho. Pero Alicia ofende a su Centauro (Booker Bradshaw) al decirle "¡Arre!" cuando monta en él, y Tom se cae de su unicornio y lo transforma en un conejo, con lo que el Centauro se enfada aún más y hace que Alicia se baje, porque no piensa llevarlos a los dos. Tom usa su bastón y el grito de Tarzán para llamar a un pegaso, que los lleva volando hasta la entrada de la tercera casilla. Allí se separan, pero Tom se compromete a reunirse con ella más tarde. 



Alicia sube, por los pelos, al tren que la llevará a través de esa casilla, y se sienta en un compartimento con un Caballo (Hal Smith), un Chivo (Clive Revill) y un Hombre de Periódico (Will Ryan). El Chivo se presenta como el presidente de la compañía ferroviaria; el Caballo, como C. Biscuit (Alicia entiende al principio "Seabiscuit", y cree por un momento que es el famoso caballo de carreras de los años 30); y el Hombre de Periódico como Post Gazette (y al principio, está bastante molesto con Alicia porque piensa que lo está leyendo, cosa que le parece de mala educación). Todos le dan algo de conversación a la niña, y, como el tren no se detiene en la estación del Hombre de Periódico, este se transforma en un periódico normal y le pide a Alicia que lo arroje por la ventana. 



El tren continúa su trayecto volando, y atraviesa un río por el fondo; cuando Alicia le pregunta al Chivo por qué no construyen túneles y puentes, el Chivo las considera "ideas interesantes". Un rato más tarde el tren se detiene y el Revisor les pide que bajen a empujar, lo que hacen C. Biscuit y Alicia, que parecen ser los únicos pasajeros después de que el Chivo diga que continuará a pie. El tren llega al final de la vía (C. Biscuit ha desaparecido sin dejar rastro, y Alicia no parece haberlo notado), y el Revisor (Hal Smith) le dice a Alicia que para llegar a la cuarta casilla debe coger un ferry y cruzar un "río" completamente seco. Alicia embarca en el ferry, que "navega" sin problema alguno por el cauce vacío hasta el otro muelle. Alicia se baja y sigue caminando hasta un vertedero de basuras y escombros, donde busca alguna indicación para llegar a la quinta casilla, pero las señales no tienen nada escrito. 




Llegan al trote Tweedledee y Tweedledum (ambos doblados por Jonathan Winters), que están haciendo ejercicio, y discuten constantemente sobre quién lleva el ritmo mejor. Son muy bajitos en comparación con Alicia, pero al ver que está buscando la siguiente casilla, se ofrecen a acompañarla, mientras vaya haciendo jogging como ellos. Así, llegan hasta la salida del vertedero, le indican a Alicia que siga un poco más hasta encontrar la puerta de la quinta casilla, y se marchan de nuevo al trote. 




Alicia, en efecto, encuentra enseguida la puerta, que está en medio de la nada. La niña no sabe muy bien qué hacer con una puerta que aparentemente no lleva a ninguna parte, pero, tras golpear accidentalmente la aldaba, oye una voz que la invita a entrar. Así lo hace, y se encuentra que ha pasado a un bonito jardín rodeado por un muro, donde sigue la voz hasta encontrar... a Humpty Dumpty (George Gobel). 




Alicia lo reconoce de los cuentos, pero le dice que tiene un aspecto diferente al que ella se esperaba, porque pensaba que sería un hombre-huevo, y Humpty Dumpty, que se muestra muy agradable y amistoso, replica que eso es imposible, dado que las personas no ponen huevos. Le explica que él es un huevo de dinosaurio, y que, cuando comenzó a eclosionar, se quedó a medio camino y la cáscara no se rompió del todo. Para demostrárselo, salta del muro sin hacerse el menor daño, y le muestra que tiene también una fuerte cola. Cuando Alicia le dice que, de haber salido del todo, habría sido muy grande y habría dado mucho miedo, Humpty Dumpty le contesta que tal vez eso habría sido divertido, pero que cada uno tiene que conformarse con lo que es. 




La acompaña también a la siguiente casilla, para lo que salen del jardín, atraviesan de nuevo una zona casi desértica, y llegan a otra especie de campo primaveral que está lleno de enormes huevos de Pascua. Humpty Dumpty le explica que todos ellos son huevos de dinosaurio a la espera de eclosionar, y que él los ha ido pintando para pasar el tiempo. Le indica a Alicia el camino hasta la sexta casilla y se despide para volver a su muro. 



Alicia debe atravesar un largo puente colgante de madera, lo que le da miedo y le hace desear que Tom Fool se reúna pronto con ella. Cuando está por la mitad, una especie de trolls aparecen y comienzan a sacudir el puente para hacer que caiga. 




Alicia comienza a gritar y a llorar llamando a Tom, pero quien aparece en su ayuda es el Caballero Blanco (Alan Young), quien prestamente ahuyenta a las criaturas. Alicia llega sana y salva al otro extremo y le cuenta al Caballero que desea llegar a la octava casilla para convertirse en reina. 




El Caballero se ofrece a acompañarla, si Alicia le da un pañuelo de encaje como prenda; aunque Alicia solo tiene Kleenex, la acompaña igualmente. Sin embargo, aunque se ha enfrentado valerosamente a los trolls, el Caballero parece tener pánico a las criaturas aladas, y cuando Alicia y él son atacados por una banda de harpías en un desfiladero, tiene que ser la niña quien coja la espada y dé unos mandobles para espantarlas mientras el Caballero se esconde bajo su montura. 




Pasado el peligro, el Caballero monta de nuevo, le pide a Alicia que le devuelva su espada, y regresa por donde han venido. La niña sigue avanzando como puede, y al poco se ve atrapada entre unos ogros que le lanzan rocas desde la parte superior del desfiladero, y una especie de salamandras gigantes que la acechan desde abajo. En medio de la lluvia de rocas, Tom Fool aparece mágicamente, y usa su bastón para devolver las piedras a los ogros. 



Coge a Alicia de la mano, y ambos salen del desfiladero; Tom anuncia que han llegado a la casilla séptima y, ante la alegría de Alicia, que ya se ve reina, le advierte de que están en el territorio del Jabberwock. Entran en una caverna, donde hay un pantano, y Tom Fool, que ahora está asustado, insiste en que el Jabberwock es muy peligroso y espera que no se dé cuenta de su presencia. 



Por primera vez la cámara se separa de Alicia, y es para mostrar al Jabberwock (Mr. T), que está con la Reina Roja (Janet Waldo), una especie de cocodrilo con dos piernas y seis brazos que se supone que es el Bandersnatch (Hal Smith) y una criatura pequeña, peluda, azul y muy lamentable que resulta ser nada menos que el Snark (Clive Revill). 




La Reina les ordena detener a Alicia y se marcha, y el Bandersnatch y el Jabberwock se ponen a cantar sobre lo malos y poderosos que son, mientras el Snark intenta patéticamente colarse y demostrar que él también es un monstruo terrible. 



Tom ve desde lejos el resplandor del fuego del Bandersnatch, y sospecha que quieren acorralarlos en un pantano lleno de cocodrilos... de modo que simplemente usa su magia, y Alicia y él se teleportan fuera de allí. Los monstruos se quedan pasmados de ver cómo su presas se han evaporado sin más. 




Alicia y Tom aparecen sin el menor rasguño en las cercanías del castillo de la Reina Roja, que constituye la octava casilla: solo les queda entrar en él, y la Reina Roja se verá obligada a coronar a Alicia. La Reina, que los ve desde una muralla, ordena a toda prisa que suban el puente levadizo, pero Tom usa su magia para teleportarse al interior. Unos guardias armados intentan cortarles el paso, pero... sí: Tom usa su magia, les rompe las armas y armaduras, y los deja en paños menores. 



En el gran salón, la Reina Roja está sentada a la mesa con algunos invitados, y se congratula de que "esa chica" haya quedado fuera del castillo y nunca vaya a ser reina. Alicia y Tom irrumpen, y le exigen que corone reina a Alicia; la Reina Roja se niega, pero Tom usa su... no, le recuerda que son las normas. La Reina Roja le cuchichea al mago de la corte (Alan Dinehart) que haga algo para impedirlo, y este le contesta que les siga la corriente y corone reina a Alicia mientras él piensa algún plan. La Reina Roja hace a regañadientes el nombramiento, y una corona aparece sobre la cabeza de Alicia. 



Tom Fool declara su lealtad a la nueva reina, y los invitados se levantan y brindan por ella. El mago hace que las llamas de los candelabros que hay sobre la mesa se transformen en nubes de fuego, pero Tom usa su magia y las apaga. A continuación hace que los platos y los cubiertos comiencen a volar en todas direcciones, y que el pollo asado vuelva a la vida, pero Tom usa su magia, y hace que la cabeza de la Reina Roja esté en la  bandeja en lugar del pollo. Cuando el Mago la devuelve a la normalidad, La Reina llama a gritos a los guardias (los invitados, entretanto, han desaparecido sin dejar rastro) y ordena que detengan a Alicia y Tom. Estos salen corriendo, huyen por las murallas, y Tom pelea físicamente con los guardias usando su bastón como arma (por lo visto, ya ha gastado todos sus MP). 




En uno de los golpes, su bastón se parte por la mitad, y al parecer queda aún algo de magia dentro para hacer que las espadas de los guardias se doblen como si fueran de goma, y para... sí, para teleportarlo a él y a Alicia fuera del castillo. Tom confirma que ya no le queda nada de magia (va a necesitar una poción, o dormir en una posada) y Alicia se lamenta de que ha perdido su corona, pero Tom le asegura que para él sigue siendo su reina. Pero los monstruos del pantano por un lado, y el ejército de la Reina Roja por otro, salen tras ellos, y, ya que Tom no tiene más magia, deben volver a pie al espejo por donde entró Alicia para que pueda volver a su casa. Así que, perseguidos por los monstruos y los soldados (y, progresivamente, por más criaturas enemigas), sin magia y sin dejar de correr, vuelven por el camino inverso (el pantano, el desfiladero, el muro de Humpty Dumpty, el vertedero, las vías del tren...) y llegan al campo de flores, donde los elefantes-abeja les prestan alguna ayuda al arrojar agua con sus trompas a los monstruos que van tras ellos. 



Tras pasar por el jardín de la Reina Blanca, encuentran por fin el espejo, y Tom insta a Alicia a que pase inmediatamente, ya que las criaturas se acercan, pero Alicia le ruega que vaya con ella a su mundo. Tom le dice que, como ella se marcha, él tiene que seguir sirviendo a la Reina Blanca. Se prometen el uno al otro que nunca se olvidarán, y Alicia intenta atravesar el espejo, pero no puede cruzarlo hasta que Tom le dice que lo haga de espaldas. Cuando Alicia está a punto de desaparecer al otro lado, Tom la besa en la mejilla, y Alicia se despierta porque Cinder le está lamiendo la cara. 




Se incorpora de un salto, exclamando que el Jabberwock está allí, y entra su padre, que acaba de volver. Alicia comienza a hablarle de su sueño muy excitada, y el padre se quita el abrigo, se sienta con ella en el banco a los pies de la cama, y le pide que se lo cuente desde el principio. Alicia dice: "Bueno, todo comenzó cuando atravesé el espejo..." y entonces mira al espectador y añade: "Me pregunto... ¿fue realmente un sueño?".



En el apartado técnico, esta película es bastante defectuosa, incluso para 1987 (un año que no fue especialmente destacable en cuando a la animación). En particular, la fonomímica es terrible: casi nunca se aprecia coordinación entre la locución y el movimiento de los labios, y hay palabras o hasta frases cortas que se oyen cuando el personaje tiene la boca cerrada. Algo equivalente ocurre con los ojos: muchas veces hay dos personajes que se hablan frente a frente y sus miradas están completamente desviadas el uno del otro. Hay también varios errores de continuidad de bulto, como que el caballo C. Biscuit, que está empujando el tren con Alicia, desaparezca de un plano al otro (sin que Alicia haga la menor alusión a ello, ni parezca darse cuenta en absoluto), o que al final de la película, cuando el padre de Alicia regresa a casa y se dispone a sentarse un rato con ella, se vea cómo empieza a quitarse el abrigo, pero en el plano siguiente ya no tiene abrigo, ni gorro, ni guantes, de los que no se ve el menor rastro. 



El contacto visual está sobrevalorado.

En lo que respecta a la parte artística, los diseños de los personajes son corrientes, en el mejor de los casos. Al ser una versión en la época actual, Alicia lleva vaqueros y pelo corto como muchas chicas a finales de los 80, como le dice a la Reina Blanca, y lo que en sí es un cambio poco relevante. Pero hay otros incomprensibles, como que Humpty Dumpty sea un huevo de dinosaurio a medio eclosionar, que además pinta otros huevos gigantes con decoraciones de Pascua. Tampoco encuentro explicación artística o narrativa a que toda la secuencia de Alicia con los hermanos Tweedledee y Tweedledum tenga lugar en un vertedero lleno de escombros, muebles destrozados y basura en general; lo único que se me ocurre es que Burbank tenía los fondos hechos de una película anterior y decidió reutilizarlos (lo que también podría decirse de la isla de huevos de Pascua de dinosaurios). La música y las canciones son bastante olvidables, y los típicos efectos de sonido de los dibujos animados de los 80 (el de correr en el sitio antes de salir disparado, el de golpear la cabeza y que suene a hueco como una olla, el "womp- womp" de trombón cuando alguien falla...) suenan en suficientes ocasiones para hacerse irritantes.


¿Quién querría hacer jogging ahí?


Sin embargo, las peores ideas las reservaron para los monstruos a los que la Reina Roja encarga deshacerse de Alicia: el Jabberwock se modeló a la imagen de su doblador, Mr. T, con un corte de pelo mohicano y varias grandes cadenas de oro; el Bandersnatch, básicamente un cocodrilo con varios pares de "brazos", tiene las pestañas largas y la figura estilizada que tradicionalmente se emplea en los dibujos animados para señalar que un animal es hembra, lo que me hace pensar que en un principio estaba destinado a ser un personaje femenino y lo iba a doblar una mujer; y el Snark, ¡el Snark!, es, deliberadamente, una criatura marginada e inútil que podría ser el primo socialmente inadaptado de alguien de Barrio Sésamo. 


Se llaman a sí mismos "señores de la oscuridad".

La narrativa, en fin, acaba siendo lo peor de esta película. Es una de las pocas películas, sea de animación o imagen real, que versionan únicamente A través del espejo sin incorporarlo a Alicia en el País de las Maravillas, pero la adaptación del clásico de Carroll (a quien, por cierto, nombran en los créditos como "Carrol") es muy superficial; solo se toma la idea de una niña que atraviesa el espejo y pasa a un mundo donde algunas cosas suceden al revés, y podrá convertirse en reina de ajedrez si llega a determinado punto. Algunos personajes y detalles (el viaje en tren, los hermanos Tweedle, Humpy Dumpty, el Caballero Blanco, el Jabberwock, y que en el banquete final se muevan los cubiertos y los platos) se han tomado también, pero se han desarrollado al gusto del guionista. No se ha conservado ni una sola línea, ni una sola, del texto original de Carroll; todos los diálogos e intervenciones son nuevas, y frecuentemente repetitivas y aburridas. 


Una referencia que entenderá cualquiera.

Hay una tendencia por parte del adaptador a hacer alusiones y chistes con personajes que en la actualidad están desfasados, y que difícilmente ningún niño podría recordar: Ed Sullivan o el caballo Seabiscuit (el cual, a pesar de la enorme fama que tuvo en los años 30, no sé hasta qué punto sería reconocido por el el público infantil de 1987), así como la caracterización del Jabberwock como su actor de doblaje, son algunos ejemplos; el grito de Tarzán y los Hermanos Marx, aunque han trascendido mucho a la cultura popular, tampoco son muy partidarios de que un niño en la edad de ver esta película los reconozca a la primera. Detalles como que los Tweedles salgan a correr en pantalones cortos pero con gruesos jerséis de lana de manga larga (lo que tengo entendido que fue una moda pasajera en los ochenta, porque se creía que al sudar más el ejercicio era más eficiente); que Alicia se refiera a los pañuelos de papel como Kleenex (una marca registrada que puede no existir o ser común en todos los países); o que la Reina Blanca llame a su marido "Flash" o "Tiger" pueden resultar algo chocantes en la actualidad.



Además de haber cargado el Mundo del Espejo con personajes genéricos de fantasía (pegasos, centauros, trolls, ogros, salamandras gigantes y un mago de corte, tipo Merlín, que ni siquiera recibe nombre), muchos pasajes parecen estar puesto de relleno, porque no sirven de mucho a la historia. Alicia empuja el tren hasta la estación término, en la que de todas maneras tendría que haberse bajado para coger el ferry; Tom Fool pide a un Centauro y un Unicornio que los lleven a la segunda casilla, y tras dos minutos cambian sus monturas por un Pegaso; el que antes de eso el bufón ya hubiera usado su magia para teleportarse con Alicia hace todo el proceso bastante inane.  




El personaje de Tom Fool es un problema en sí mismo. No aparece en la obra original de Carroll (ni en A través del espejo, ni en ninguna otra), y no tiene ningún trasfondo ni papel más que hacerse amigo de Alicia apenas la ve por primera vez, y prácticamente llevarla en volandas a su coronación como reina. Afirma ser leal a la Reina Blanca, y cuando deja a Alicia en la puerta de la tercera casilla, dice que no la acompaña porque ha de seguir patrullando y buscando espías por los dominios de su señora; pero cuando Alicia es coronada, es a ella a quien le jura lealtad; y más tarde, cuando Alicia le pide que vaya con él, de nuevo resulta que es leal a la Reina Blanca. Podríamos pensar que solo le sigue la corriente, sabiendo que Alicia no se quedará allí para ser reina y más pronto que tarde volverá a su mundo, pero incluso así no parece muy sensato que la deje ir por un camino plagado de monstruos solo para satisfacer ese capricho. Su magia presenta también un problema comparable a la cuestión de las águilas en El Señor de los Anillos: ¿por qué, si puede teletransportarse a cualquier lugar sin el menor esfuerzo, permite que Alicia se arriesgue en el puente de los trolls o en las montañas, cuando podría haberla teleportado en un pestañeo al castillo de la Reina Roja? ¿Por qué los dos se meten en el pantano y lo intentan cruzar a pie, y solo se teleportan fuera cuando ven, de lejos, al Jabberwock y las otras criaturas? Podríamos pensar, y sería lo lógico, que solo usa sus poderes cuando la situación es desesperada, pero lo hemos visto usarlos en muchas ocasiones para no tener que caminar, para adoptar el aspecto de diversas celebridades de televisión, para transformar en conejo a un pegaso que le ha caído mal, o para desmontar los bastante inofensivos trucos de magia del Mago-sin-nombre. Los utiliza sin  ningún criterio, de una manera tan confusa y aleatoria, que no sabemos si el propio Tom es tan irresponsable que nunca piensa en reservar su magia para cuando realmente haga falta, o si el escritor ha ido improvisando sobre la marcha. 


Uno solo es suficiente, gracias.

Esta Alicia, por su parte, es una de las heroínas más blandas que he visto en una adaptación de Carroll. Desde el principio al final, le dicen en todo momento lo que ha de hacer y hacia dónde ha de ir, ahorrándole la reflexión, la búsqueda de soluciones y la toma de decisiones que implica cualquier viaje de exploración y descubrimiento - la base de una película infantil de aventuras - se parezca o no al libro en el que se inspire. Los únicos momentos en que toma la iniciativa son en el castillo de la Reina Blanca, donde usa la adulación para ganarse su favor, y en el desfiladero, en que el Caballero Blanco se acobarda y debe quitarle la espada y ahuyentar por sí misma a las harpías. En el resto, hace lo que le dicen, va a  donde le indican, y siempre encuentra a alguien que la protege y la acompaña. Desde que Tom Fool vuelve para rescatarla, todo va rodado porque el bufón soluciona cualquier problema con sus poderes, hasta el punto en que Alicia le grita en un par de ocasiones "¡Usa tu magia!", cuando él ya ha dicho antes que se ha agotado. Al principio, debido a su aparente interés por viajar a diferentes países, y al entusiasmo con que corretea por el Mundo del Espejo, pensamos que va a ser una Alicia resuelta y dinámica, pero resulta más insípida que el agua de hervir los macarrones.


Ay, ¿sí?

Hay que rascar mucho para encontrar una buena cualidad en una película tan mediocre, y yo la he encontrado en el doblaje, que estuvo a cargo de profesionales y se nota. Coleman Townsend canta aceptablemente bien para lo malas que son sus canciones; Jonathan Winters dobla a los gemelos de un modo bastante creíble; y Phyllis Diller, como una Reina Blanca que mangonea a su soñoliento marido, probablemente sea lo mejor de toda la cinta. Mención aparte merece Mr. T, para algunos un actor y luchador de culto, cuyo personaje está tremendamente desaprovechado. En general, y si obviamos la parte en que la niña Alicia susurra "Oooh... Tom..." en tono extasiado mientras sueña que Tom la besa en la mejilla, la película es mala pero inofensiva, lo suficientemente colorida para entretener a un público infantil sin hacer que piense demasiado, pero sin que se asuste tampoco. 



Además de varias ediciones en VHS, la película está editada en DVD en Estados Unidos y Canadá por Good Times en 1998; en el Reino Unido por Prism Pictures en 2002;  y en Nueva Zelanda por Video Unlimited en 2004. Existe también una edición conjunta con otra película anterior de Burbank, Sherlock Holmes y la maldición de Baskerville (Eddie Graham, 1983). El que se haya hecho una edición doble con una adaptación de Sherlock Holmes y no con la otra película de Alicia que se realizó al año siguiente es un misterio. 



Todas estas ediciones son fáciles de encontrar en tiendas en línea, y seguro que en mercadillos de segunda mano de los respectivos países en que se distribuyó: Francia, Grecia, Alemania, Polonia y Hungría. La película está doblada al español en Méjico, pero no he localizado una edición en VHS o DVD. También se puede ver en diversos canales de vídeo de Internet de modo gratuito; no sé bien si es legal. Pero no es lo que se dice necesario. Yo no la volvería a ver más que para retocar o ampliar mi reseña, y tampoco la recomiendo a nadie mayor de seis años, pero cumple su cometido de tener a los niños medio tranquilos durante una hora. 


...y al final del arco iris es donde guardo mi continuidad.



Fuentes:

Alicia a través del espejo, película completa en español, en el canal ElArchivo.

Internet Movie DataBase.

Wikipedia.


28 de febrero de 2022

Lewis et Alice de Michel Suffran (1977)

 



Lewis et Alice es una obra de teatro del autor francés Michel Suffran (1931- 2018), que explora la relación entre Charles Dodgson y una Alice Liddell que ya ha entrado en la adolescencia. Se estrenó en el centro Pompidou el 2 de febrero de 1977, y volvió a representarse en el café-teatro Le Connétable, y en festivales teatrales de Burdeos y Versalles. El texto se publicó íntegro en el número 616 de la revista teatral L'Avant-Scéne Théatre, en octubre de aquel mismo año. 



Michel Suffran en los años 70.

Michel Suffran, cuya profesión era la de médico y desarrolló su carrera literaria de modo paralelo, cultivó todos los géneros salvo el lírico. Escribió docenas de ensayos sobre autores y regiones de Francia, novelas y relatos cortos; obras de teatro originales y adaptadas (una de ellas, sobre El Quijote); y guiones para radio y televisión. Gran admirador del escritor y periodista Dino Buzzati, fundó y presidió la Asociación Internacional de Amigos de Dino Buzzati en 1977. A lo largo de su vida recibió numerosos premios y galardones, entre los cuales destaca el premio Durchon-Louvet de la Academia Francesa, que le fue otorgado en 1987 por la novela La nuit de Dieu. De esta obra, Eugène Ionesco dijo que le dejó  "deslumbrado, incluso angustiado" y le hizo preguntarse por qué Suffran no era más conocido.


Martine de Breteuil como Alice Hargreaves.



En el prólogo a Lewis et Alice, Suffran explica lo que desea mostrar en su texto: "El tema de la obra es la vida secreta de Lewis Carroll. Su propósito es mostrar al público francés el drama interior de este hombre, incapaz de salir del todo de su infancia y afrontar las exigencias de una vida plenamente adulta". Para ello, sitúa la obra en 1932, año en que la octogenaria Alice Hargreaves, a través de su hijo Caryl, habló de los recuerdos de su infancia con Charles Dodgson. Suffran se basa en ese texto para crear una situación similar en que Alice Hargreaves concede directamente una entrevista a una reportera, y, mediante un cuadro que es también pantalla, puerta y espejo, se alterna la acción entre ese "presente" y sus recuerdos de infancia, alrededor de 1860. 



Fanny Fontaine como la periodista Marjorie "Morningstar".


La composición de la obra, que consta de un único acto, es simple, casi minimalista. Consta de un reparto de únicamente tres actores, cada uno de los cuales asume dos papeles: una mujer que hace de Alice Hargreaves, y de su madre, la sra. Liddell, en el pasado; una muchacha adolescente que hace de Marjorie y de Alice Liddell; y un hombre joven que hace del fotógrafo del periódico y de Charles Dodgson. Las fotografías de la revista son de la representación en el café-teatro Le Connétable, en que los papeles fueron interpretados respectivamente por Martine de Breteuil, Fanny Fontaine y Marcel Guido. En la primera representación en el Centro Pompidou, el papel de Marjorie y Alicia adolescente había sido interpretado por Marie- Véronique Maurin, que siete años antes ya había sido Alicia en la versión televisiva de Jean Averty.


Marcel Guido como el fotógrafo Charles.


Las indicaciones escénicas dejan claro que el único elemento imprescindible es una pantalla sobre la que se proyectan las fotografías tomadas por Charles Dodgson y los dibujos de John Tenniel y Arthur Rackham para los libros de Alicia; otros muebles como sillones, un fonógrafo y algunos elementos decorativos pueden colocarse de modo opcional. En un momento se indica también el uso de unos maniquíes o figuras de tela que sugieren el desdoblamiento de los personajes, pero una nota  pie de página informa de que, después de las dos representaciones de París, se prescindió de estos elementos. 





La obra comienza en el momento "presente", 1932, en la sala o despacho de Alice Hargreaves, donde, de manera anacrónica, está sonando la canción "Yesterday" de Los Beatles (que se grabaría en 1965). Entra, despacio, la periodista Marjorie (aunque se refiere a sí misma como Morningstar, que es el nombre de su periódico, y Alice se dirige a ella de esta manera). Se presenta a Alice cuando sale a recibirla, pero esta no parece recordar que venían a entrevistarla, y se pone a divagar de manera poco coherente con sus recuerdos del pasado. Marjorie se da cuenta de que el gran retrato que está apoyado en una pared, sobre el suelo de la habitación, tiene una superficie difusa; Alice le dice que es a la vez puerta y espejo, y escenas del pasado de Alice comienzan a mostrarse al otro lado. Marjorie está fascinada, pero entonces llega Charles, fotógrafo del periódico y novio de Marjorie, y el cuadro vuelve a ser normal. Alice sigue hablando sin sentido, saltando de un tema a otro, pero en un momento les muestra los álbumes de fotos que conserva con las fotografías originales de Carroll. En un momento en que sale a buscar "algo mejor", Charles saca precipitadamente las fotografías de los álbumes, diciéndole a Marjorie que le traerá copias a Alice sin que se dé cuenta y venderá los originales a coleccionistas que pagarán lo que les pidan por ellos; la joven intenta detenerlo, forcejan, y las fotografías caen al suelo. En ese momento regresa Alice con dos gruesos cuadernos. Marjorie recoge las fotografías y se las entrega a Alice, pero esta, indiferente, se las da a Charles. Les entrega también los cuadernos, uno a cada uno, explicándoles que son los diarios inéditos de Lewis Carroll y de ella misma, y les invita a leerlos en voz alta. A partir de ahora, y hasta casi el final de la obra, todas las escenas que se desarrollan son momentos del pasado. 






Primero vemos la infancia de Alice, en que Lewis Carroll la distraía contándole historias de los personajes de sus libros, e incluso de la infancia y juventud del propio Carroll, que se enfrenta a su propio padre (interpretado por una voz en off) que le discute su madurez y su capacidad para enfrentarse a la vida adulta, y lo anima a aceptar que es diferente a todos los demás en vez de intentar fingir lo contrario. Después de esto, encontramos que Carroll ha ido a ver a la sra. Liddell para pedirle la mano de Alice (de la que se menciona que tiene ya dieciséis años). La madre se niega rotundamente, debido no a la edad de Carroll, sino a su inmadurez ("¿Me considera demasiado mayor para ella?" "¡Oh, no! Demasiado joven. Irremediablemente, demasiado joven"). La sra. Liddell insiste en que Alice debe vivir como una mujer respetable en el mundo real, y no como una niña en los países fantásticos de los que Carroll, a su juicio, es incapaz de salir; un matrimonio con ella está completamente fuera de cuestión. 





Decepcionado, Carroll se vuelca en sus "amigas-niñas", a las que escribe cartas ingeniosas y dedica sus siguientes libros. En la última escena del pasado, que nos sitúa en 1872, unos meses después de la publicación de A través del espejo, Carroll está jugando en la playa con varias niñas cuando se encuentra por casualidad con Alice, ya adulta y con el apellido de su marido, Hargreaves. Ella afirma que es feliz con su marido, pero Carroll, no muy convencido, le dice que fue ella quien decidió llevar una vida "normal" al casarse con Reginald Hargreaves y olvidarse del País de las Maravillas y de la imaginación e ingenio que tenía de niña. Alice dice que ha recibido una copia de A través del espejo, y que el libro le ha parecido encantador, pero que esa Alicia que cruza el espejo ya no es ella, que está muerta: "Todas las personas deben matar su infancia para vivir. Si no, las mantiene prisioneras". Carroll intenta insistir en que esa Alicia de su pasado puede seguir viva en su interior, pero Alicia afirma, incluso, que Carroll nunca la ha amado, ni a ella ni a ninguna de sus amigas-niñas, porque en realidad ama algo breve, fugaz, que desaparece con la infancia: "No es a mí a quien usted amó, Lewis. Ni a ninguna de nosotras... No: usted ha amado algo de nosotras, una chispa, un centelleo, un instante fugitivo, una gracia. Alguna cosa indestructible que ha brillado sobre todas, de una a otra, para después apagarse y resplandecer de nuevo sobre otras, una y otra vez. Una perfección inalcanzable, dolorosa. Y usted sigue persiguiéndola, en vano, sin descanso, con la misma esperanza...". 





Marjorie y Charles terminan de leer los diarios y ven que la anciana se ha dormido en el sillón. Por un momento consideran la fortuna que tienen en sus manos, pero Charles devuelve las fotografías originales que le había dado Alice, y Marjorie guarda los diarios en un baúl bajo llave. Charles dice que no servirá de nada porque llegarán otros que no tendrán ningún escrúpulo en difundir esos recuerdos a los cuatros vientos, pero Marjorie insiste en que por lo menos ellos han hecho lo correcto. Cuando se acerca a Alice para decirle en voz baja que se marchan, descubre que en realidad se hacía la dormida y que había estado escuchando lo que decían. Le regala una rosa roja que no saben de dónde ha sacado, y Marjorie y Charles atraviesan la puerta- espejo, hacia el paisaje idealizado del País de las Maravillas, mientras se muestran las fotos de Lewis Carroll y Alice Liddell y la música de "Yesterday" suena de nuevo con fuerza. 




Como obra pseudo-biográfica sobre la vida de Lewis Carroll, el texto solamente se basa, muy por encima, en datos objetivos. Hay algunos anacronismos e inconsistencias fácilmente pasables, ya que no afectan al sentido de la obra (por ejemplo, cuando Alice se casó en 1880, A través del espejo ya llevaba nueve años publicado; su marido, Reginald Hargreaves, no era parte de su familia ni mucho menos su primo como se dice en el texto). Pero en el contexto biográfico que la revista ofrece como presentación de la obra - presumiblemente redactado por el propio Suffran - hay varios conceptos erróneos, quizá dados por válidos en los años 70 pero desbancados por investigadores en las décadas posteriores. Se dice, por ejemplo, que Carroll pidió en matrimonio a Alice cuando era una niña, cosa de la que no existe la menor evidencia, o que rompía la relación con sus amigas-niñas cuando estas entraban en la adolescencia, lo que se ha comprobado por testimonios que también es falso. Al partir de estos datos erróneos, Suffran no duda en tildar a Lewis Carroll de emocionalmente inmaduro, y en considerar que vivió en una situación marginal respecto a la sociedad. Por tanto, hay que leer esta obra no solo considerando que es una ficción solo ligeramente basada en la realidad, sino que además esa realidad estaba equivocada en el momento de su escritura. 


Por otra parte, se trata de una de esas piezas teatrales en que la puesta en escena puede aportar tanto como quitar. El que los mismos actores interpreten a varios personajes distintos en varias épocas de su vida diferentes, que es una práctica habitual en el teatro, puede resultar muy confuso para un espectador que no conozca a priori la vida de Charles Dodgson y Alice Liddell, y que los mismos actores adultos hagan de adolescentes y también de niños no ayuda a distinguir las diferentes etapas de los recuerdos de Alice. Aunque parece claro el propósito de que al final se identifique a Lewis Carroll y Alice Liddell con los jóvenes Charles y Marjorie, creo que la obra sería más asumible con seis actores, tres para la época presente y otros tres para el tiempo pasado. La idea del cuadro que es a la vez "puerta y espejo", sobre el que se proyectan tanto fotografías como dibujos, más una iluminación adecuada, sí permite la transición entre la realidad del presente y los diferentes momentos del pasado. 


No me consta que se haya hecho y/o conservado ninguna grabación de las diferentes representaciones de la obra; dado que tampoco suscitó mucho interés en su época, no parece probable que se vaya a representar en un futuro cercano. El texto, también por lo que sé, está publicado solamente en la revista L'Avant-Scène; posiblemente lo esté también en tomos recopilatorios del teatro de Suffran. No me importaría verla representada si tuviera ocasión para ello, pero creo que, a pesar de algunos momentos aceptables - el parlamento final de Alicia sobre aquello que Carroll amaba en las niñas - se aleja demasiado de lo que ahora sabemos de Charles Dodgson como para poder presumir de mostrar su "vida secreta". 




Fuentes:

L'Avant-Scéne Théatre, Au Bureau du Jornal, París, número 616, octubre de 1977.




16 de febrero de 2022

Alicia de Leite Almeida (2021)

 




Alice dos Anjos es un largometraje brasileño de 2021, dirigido por Daniel Leite Almeida, inspirado en Alicia en el País de las Maravillas. Se empezó a rodar en Vitória da Conquista, en la provincia de Bahía, en 2019, pero la pandemia de covid-19 retrasó la producción. En diciembre de 2021 se estrenó en la quincuagésimo cuarta edición (en línea, debido también a la pandemia) del Festival de Brasilia, en el que obtuvo seis galardones: al director, a la dirección artística (Luciana Buarque), al maquillaje (Claudia Riston) y al vestuario (Lívia Liu), y los premios del jurado popular y de la crítica. Dura 76 minutos. 

 

 
Tiffanie Costa en el papel de Alice.


La película no es una adaptación literal del libro, sino una recreación de la historia y de algunos personajes, con gran influencia del paisaje y la cultura tradicional de la región nordeste del país. La familia protagonista y otros personajes están interpretados por brasileños negros; muchos llevan trajes típicos, recitan poemas de autores autóctonos y aluden a héroes históricos y populares, como el explorador Pedro Álvares Cabral o la conocida bandida Maria Gomes de Oliveira. La película recibe claras influencias del manual educativo de orientación marxista Pedagogía del oprimido (Pedagogia do oprimido, 1970) del filósofo pernambucano Paulo Freire, como se observa en la segunda parte de la historia. Asimismo, alude a los poemas "El niño que llevaba agua en una cesta" del matogrossense  Manoel de Barros, y "Muerte y vida severina" del también pernambucano João Cabral de Melo Neto. 

 

Tras una presentación en dibujos parcialmente animados que nos remite al comienzo del cuento original - una Alicia rubia y vestida de azul está con su hermana a la orilla del río, cuando ve pasar al Conejo Blanco - la película nos presenta a la protagonista, también llamada Alice (Tiffanie Costa), pequeña y regordeta, con cabello muy rizado. Está apoyada en el hombro de su hermana Fabiana (Eloá Miranda), que ha comenzado a leerle el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, y ambas van en un coche conducido por su madre a la pequeña granja donde viven su abuela Indira (Cris Magalhães) y la cuidadora de esta, Filomena (Mônica Gideone). 



De las conversaciones posteriores se desprende que la abuela padece cáncer u otra enfermedad degenerativa, y que su hija Cecilia (Dayse Maria), la madre de Alice y Fabiana, no sabe cómo convencerla de que deje la apartada granja y se vaya a vivir con ellas. La abuela Indira, que manifiesta sentirse muy bien a pesar del avance de su enfermedad, está encantada de la visita de su hija y sus nietas, y le regala a Alice un vestido azul ("¡Como el de Alicia!) que ha confeccionado para ella. A Alice le gusta tanto que se lo pone inmediatamente y no se lo quita ni para trabajar en el jardín con su abuela. 

 
 

Están juntas cavando en un parterre, cuando, entre el grupo de cabras del establo cercano, Alice ve repentinamente un extraño personaje, parecido a un macho cabrío negro (Fernando Alves Pinto). Avisa a su abuela, pero esta, que no lo ha visto, comenta que la mayoría de las cabras del rebaño son negras. Como ya es hora de comer, y amenaza una tormenta, la abuela y Fabiana se dirigen a la casa, pensando que Alice va tras ellas... pero la niña vuelve a ver al Chivo Negro, y entra en el recinto de las cabras a buscarlo. 



Tras darle a Alice un buen susto apareciéndose a su espalda, el Chivo mira su reloj, murmura que se le hace tarde y se va corriendo. Alice, curiosa por saber si va a la boda de la Raposa (por el refrán que acaba de decirle su abuela: "Lluvia con sol, casamiento de raposa"), va tras él atravesando los campos, pero se resbala y se cae por un terraplén. La niña aterriza sobre un montón de arena, se incorpora enseguida y comienza a andar sin rumbo fijo, hasta que encuentra una puerta azul en medio de la nada y pasa a través de ella. El País de las Maravillas de esta Alicia, sin embargo, se parece mucho a los campos que acaba de dejar (de hecho, hacia el final de la película se revelará que se llama País de las Macaúbas, una palmera autóctona de Brasil). Pero sus habitantes no son tan normales como su abuela Indira y las cabras y gallinas de su corral. Primero asiste, en efecto, a la boda de la Raposa (Raisa Lima) con el Lobo (Sorak Barbosa), con una pequeña y colorida comitiva, que se celebra apresuradamente porque se oyen disparos de cazadores. 




Los invitados se dispersan apenas el oficiante declara al Lobo y la Raposa marido y mujer, y pasa nuevamente el Chivo Negro. Alice lo sigue y le pregunta dónde va con tanta prisa, pero el Chivo le da respuestas ambiguas, y vuelve a salir corriendo al oír de nuevo los disparos. 



Alice se sienta bajo un gran árbol y ve llegar a un niño (João Pedro Costa) que resulta ser "el niño que llevaba agua en una cesta", personaje conocido por sus despropósitos pero también por su capacidad de lograr lo imposible. El Niño le habla por primera vez del "severino", también un personaje literario: en el poema, Severino es un retirante, un hombre pobre que emigra del nordeste de Brasil a causa de las inundaciones, en busca de tierras fértiles o de trabajo en la ciudad. Aquí, como se verá más tarde, el "severino" es un sinónimo de soñador. "¿Quién es Severino?", pregunta Alice. "Todo el mundo", le responde el Niño.  




Sola de nuevo, y hambrienta, Alice examina el reseco árbol bajo el que está sentada, y divisa una única fruta colgando de una ramita. Trepa por el tronco para obtenerla, y se encuentra con un personaje que se presenta como un Lagarto (Cristiano Martins). 



"Parece usted una persona", dice Alice. "Y usted parece un lagarto", replica el arborícola. Alice se queja de que, tras encontrarse un Chivo que parece una persona, y ahora un Lagarto que también parece una persona, comienza a dudar si ella misma es persona o no. El Lagarto se marcha por las ramas; Alice alcanza la fruta, baja del árbol para comérsela, y al poco se queda dormida. Cuando se despierta, ha crecido hasta ser tan grande como el propio árbol, pero no se percata de su tamaño hasta que vienen los Gemelos (Rerbert y Werbert Viana) y le cantan una canción al respecto.



Pero se marchan enseguida, aunque Alice les pide que no la dejen sola, y la niña se pregunta en voz alta por qué las cosas son tan difíciles. Una voz retumbante le contesta desde lo alto, y Alice le pregunta si es Dios. Tras una pausa, Alice ve pasar al Chivo Negro, murmurando que le van a cortar la cabeza por llegar tarde, pero ya no le apetece seguirlo. Continúa hablando con la voz misteriosa, hasta que se le ocurre girar la cabeza y descubre que se trata de un chamán indio (Pajé Aripuanã Tupinambá). El Chamán le cuenta, con una canción, cómo su tribu fue expulsada de sus tierras.





Alice se compadece de la situación del pueblo Tupinambá, a lo que el chamán le contesta que ella todavía tiene una casa a la que puede regresar. Le da una galleta con la que recuperar su tamaño normal y consejos para encontrar el camino de vuelta. La niña echa a andar por los campos, y se encuentra con el Caracara (Rogerio Leandro), un antipático personaje que se la lleva consigo diciendo que "el Coronel los espera" (el caracara, también llamado carancho, es un ave de la familia de los halcones, nativa del centro y el sur de Sudamérica, lo que será relevante hacia el final de la película). 


A continuación observamos una extraña reunión en que dos hombres, el Coronel Brás (Ricardo Fraga), que tiene una nariz de cerdo y de vez en cuando gruñe como tal, y su Asesor (Teófilo Gobira) discuten cómo se harán con unos territorios cuando se hayan librado de la "Reina de los Bandidos"; la mujer del Coronel, Virgília (Thiana Barbosa) declara que le quitará a la Reina su corona. Entra el Caracara llevando a Alice, y el Coronel le pregunta a la niña si ha descubierto el paradero de la Reina. Alice responde que estará por ahí: "Si no sé ni quién soy, ¡voy a saber de reinas!". 



El Coronel y los suyos se dan cuenta de la confusión: habían enviado a una niña a espiar a la Reina, pero el Caracara se ha equivocado y ha traído a Alice en su lugar. Enfadado, el Coronel ordena al Caracara que le traiga a la auténtica informante, aunque su esposa opina que deberían cortarle la cabeza, por inepto. Mientras el Caracara se lleva a Alice, el Coronel se reúne con sus consejeros, que se mueven y asienten como robots, y les habla de destruir el pueblo de los "severinos" para construir su fábrica.


 

Alice vuelve junto al árbol, en cuyo pie está el Chamán fumando su pipa. La niña le cuenta lo que le ha pasado, y el Chamán le recomienda que vaya a buscar a esa Reina de los Bandidos de quien le han hablado, porque puede ayudarle a volver a su casa. Le señala una casita cercana para que vaya a investigar, pero, cuando Alice le pregunta quién vive allí, el Chamán ha desaparecido. Acostumbrada ya a cosas raras, Alice se encoge de hombros y se dirige a la casita.


Dentro de la pequeña construcción se encuentran el Acordeonista Loco (Neto Cajado) y el Armadillo Gigante (Alan Miranda), que están echando especias y semillas sobre unas hojas de partitura; según ellos, es un "montaje musical". En un principio intentan fingir que no hay nadie en casa (diciéndolo en voz alta cuando Alice llama a la puerta), pero después la invitan a entrar y le ofrecen asiento. Alice contempla un rato sus extravagancias, hasta que llaman de nuevo a la puerta, y resulta ser el Chivo Negro, que anuncia la llegada de la Reina de los Bandidos o Reina Bonita (Vicka Matos), sus damas de honor (Priscila Amaral, Ana Carolina Medrado y Rebeca Reis) y el líder de los severinos o Severino Jefe (Jomir Gomes). 



Sin percatarse al principio de la presencia de Alice, la Reina da comienzo a una reunión para trazar un plan que les permita librarse del Coronel y sus hombres. Alice la interrumpe para decir que necesita ayuda para volver a su casa. Cuando comenta que no entiende a qué viene tanta reunión ("Primero el Coronel, y ahora ustedes"), capta de inmediato la atención de la Reina, que le pide que le diga cuanto sepa del Coronel. Alice repite lo que ha oído por encima: que quieren capturar a la Reina y construir una fábrica. Este último dato preocupa a la Reina, que declara imperiosamente: "Si quieren guerra, guerra tendrán".


La escena cambia a una habitación en casa del Coronel, donde Virgília, preocupada por los bandidos, está encendiendo velas en un altar dedicado a Cristóbal Colón y Pedro Álvares Cabral, a quienes llama "protectores de nuestras tierras y nuestros negocios" y rezando para que no ocurra nada malo.



A continuación, la Reina y su comitiva llevan a Alice a la villa de los severinos, donde la Reina reúne a los nativos para confirmarles que el Coronel pretende expulsarlos de sus campos y sus hogares para construir una fábrica, y les da un discurso de arenga para que unan sus fuerzas contra sus ambiciosos planes. Una niña que está en el pueblo resulta ser la auténtica espía del Coronel: poco después va a informarle de que la Reina y los severinos ahora son aliados. 


En el pueblo, la Reina se sienta a charlar con Alice, y en su conversación se descubre que la abuela Indira fue maestra de todos los habitantes de la región: enseñó a hablar al Chivo Negro, a tocar instrumentos al Acordeonista Loco y al Armadillo Gigante, a leer y a escribir a los severinos, y a todos, a luchar por un mundo más justo.  "Fue una madre para nosotros", declara la Reina, "Amar es educar". La Reina dice que Alice ha de volver inmediatamente con su abuela, pero la niña quiere quedarse y ayudarlos en su lucha contra el Coronel. La Reina insiste en que vuelva a su casa y le diga a su abuela, en nombre de todos, que le desean una buena salud  y que la echan de menos. 


La Reina en persona toma a Alice de la mano y la acompaña hacia la puerta azul por la que podrá volver a su casa, pero en el camino les corta el paso el Caracara, acompañado por otros hombres armados, y las lleva por la fuerza a la casa del Coronel. Este, tras quitarle a la Reina su "corona" (que es su sombrero de campesina) y dárselo a su mujer, se pregunta en voz alta qué va a hacer con ella. Virgília, que por cierto está encantada con el sombrero, propone cortarle la cabeza. Alice logra zafarse del hombre que la sujeta, coge un puñado de tierra y se la arroja a la cara al Coronel, quien comienza a proferir amenazas. Pero entonces aparecen en masa todos los severinos y los animales, e inmediatamente después el Chamán y la tribu Tupinambá, y aunque el Coronel ordena al Caracara y sus hombres que abran fuego, no las tienen todas consigo. El Caracara, de repente, recuerda que su especie ya no existe en la región debido a que el hombre la cazó hasta extinguirla, y deja su escopeta en el suelo y se une a los demás animales contra el Coronel. Sus hombres lo imitan, y pronto el Coronel, su esposa Virgília, su Asesor y sus cuatro consejeros de aspecto robótico se quedan solos y desarmados en medio de un corro de severinos, animales, indios y otros maracaubos que cantan sobre mantenerse unidos contra la opresión. 





La Reina se adelanta para recuperar su sombrero, y, en la primera oportunidad que tienen, el Coronel y los suyos salen huyendo sin que nadie los haya tocado. La Reina, el Chivo Negro, el Chamán Tupinambá y otros personajes acompañan a Alice a la puerta azul y se despiden de ella cuando la atraviesa de vuelta a los campos familiares. 






Alice regresa a la granja, con su vestido lleno de tierra, para encontrarse que su madre estaba preocupadísima y su abuela Indira ha tenido que acostarse. Un poco más tarde, la abuela tiene con Alice una conversación sobre la muerte y la aceptación de la misma; mientras se oye decir a su voz "un día, todos descubrimos que somos capaces de dar flores, muchas flores", vemos que Alice, su hermana, su madre y Filomena están plantando una plantita verde bajo un árbol que se parece mucho al que Alice vio en el País de las Macaúbas. Después las cuatro se abrazan y abandonan el lugar. 





Alice, Fabiana y su madre regresan en coche, mientras Fabiana le lee a Alice el comienzo de A través del espejo. "Me pregunto si algún día yo también podré atravesar un espejo...", comenta Alice. "La abuela Indira nunca me contó esa parte". "Algún día, sus historias se convertirán en películas, y entonces podrás atravesarlo", le dice su madre. "Una película es como un gran espejo". "¡Una película...!" exclama Alice.

 

Alice dos Anjos es una obra completamente dedicada a la región nordeste de Brasil, hasta el punto en que la historia de Alicia es la menor de las alusiones culturales que aparecen en ella. Que la niña protagonista siga a un Chivo Negro, que el Acordeonista sea el Acordeonista Loco, o que la esposa del Coronel exclame en dos o tres ocasiones "¡Que le corten la cabeza!", son referencias que ya forman parte de la cultura popular, pero que aportan muy poco a lo que nos quiere contar esta película. Alice crece al comer una fruta, pero cuando es gigante simplemente se queda sentada un buen rato junto al árbol, sin hacer nada, hasta que vuelve a disminuir de tamaño: es algo que podía haberse suprimido sin que afectara a su historia ni a sus encuentros con los personajes (y de hecho, los efectos especiales de la Alice grande son tan terribles, que la película ganaría si no se hubieran usado). Salvo el Chivo Negro, como obvio álter ego del Conejo Blanco, ninguna de las criaturas del País de las Macaúbas "equivalente" a las del País de las Maravillas tiene una verdadera razón de ser. Podrían salir y tener identidad propia sin estar basados ni tener que parecerse a los de la obra de Carroll. No considero oportunista el usar un cuento conocido universalmente como hilo conductor en una película tan destacadamente regionalista, pero es que tampoco me parece necesario. 


Y es que a ese país dentro de otro que es la región nordestina de Brasil no le hace falta ningún apoyo para contar su propia historia. El que un protagonista del mundo real conozca a personajes literarios no es una exclusividad de Carroll, y precisamente las conversaciones de la abuela Indira con su hija o su nieta, o los encuentros de Alice con el Niño que llevaba agua en una cesta, con el Chamán Tupinambá (que por su parte es un nativo auténtico de esa tribu, y ejerce el rol de chamán en ella), o con la bandida Maria Bonita, constituyen los momentos más interesantes, profundos y emotivos de la película. Algunos diálogos, como el siguiente, pueden recordar a los de Carroll, pero no necesitan conectar con los de los libros para resultar llamativos:


- ¿Por qué las cosas tienen que ser tan difíciles?

- Las cosas no son difíciles.

- ¿Quién está hablando?

- Somos nosotros quienes las hacemos difíciles.

- ¿Es usted Dios?

- Lo soy.

- Tengo una pregunta.

- ¿Cuál?

- ¿Por qué no puedo tener una conversación normal con nadie? Todo parece haberse vuelto loco.

- ¿Cómo va a volverse loco, si ya lo era?

- Si ya lo era, no puede volverse. Si no lo era, y ahora lo es, se ha vuelto. A menos que siempre lo fuera y nunca nos diéramos cuenta.

- Es una gran reflexión.


Hay otro motivo por el que la historia de Alicia no acaba de encajar con la de Alice dos Anjos, y es el enfrentamiento entre el capitalismo del Coronel, caracterizado como un cerdo, que con un grupo de hombres armados quiere destruir un pueblo de campesinos para levantar una fábrica en sus tierras; y el socialismo indigenista de los severinos, trabajadores y honrados, que han salido del analfabetismo gracias a los esfuerzos de una educadora, y ahora luchan contra los desmanes de los ricos por lo que legítimamente es suyo. Es un conflicto clásico entre poderosos y humildes, y un problema del mundo adulto. La pequeña Alice no pinta ahí nada, y aunque la película tiene un gran mérito al no presentarla nunca como la heroína que viene de fuera y salva el País de las Maravillas (lo que desgraciadamente sucede en varias adaptaciones), en la segunda parte se nota que ha desaparecido el espíritu de aventura que regía la primera. Ya importa poco lo que haga Alice, o lo raros que sean los personajes que conozca: estamos viendo una cinta de crítica social, que resuelve de un modo idealizado cuando un grupo de gente diversa, con las manos unidas y cantando en corro, logra ahuyentar al cacique y su milicia sin recurrir a la violencia. Esta película cuenta la historia de la región donde fue rodada, y la protagonista no tiene que acceder a ningún país loco ni maravilloso para conocerla. 


En el apartado técnico, la película se caracteriza, en su mayor parte, por una magnífica sencillez. Está rodada casi por completo en exteriores, en los campos de Bahía da Conquista, y los interiores son casas de campo tradicionales, con la decoración, los colores y las texturas propias de la población nativa. Los actores que representan animales tienen muy poca caracterización como tales (el Chivo Negro tiene barbas y cuernos, el Lagarto está pintado de verde y tiene un traje de colorines que representa escamas) o ninguna en absoluto (el Lobo y la Raposa no llevan nada que los distinga de los seres humanos que asisten a su boda o el cura que la oficia), lo que remite inmediatamente a la Alicia de Jonathan Miller, y es un recurso muy apreciable, como lo es también que los severinos y los Tupinambás lleven sus ropas típicas. Pero luego encontramos que el Coronel y su esposa, al ser villanos, han de ser ridículos; él viste una peluca blanca con tirabuzones como la de un juez, y ella luce un enorme peinado Pompadour envuelto en collares de perlas. Las narices de cerdo de ambos tienen un acabado terrible; parecen hechas de paper maché y pegadas con celofán a sus caras, y en varios planos se ven dos pares de agujeros, los de sus narices reales y los de las postizas. Los acólitos del Coronel no hablan y se mueven como si hicieran el baile del robot, lo que probablemente simboliza que solo piensan en los beneficios de las tierras que van a expropiar ilegalmente, pero dan una imagen más propia de unos dibujos animados que de una cruel invasión corporativa. Mucho peor es el efecto especial de la Alicia gigante: se nota muchísimo que está pegada sobre el fondo del árbol, y cuando habla con personajes más pequeños que ella, la actriz no enfoca correctamente la mirada. Es algo que claramente se ha hecho con el único propósito de conectar con los cambios de tamaño de la Alicia original y, como he comentado anteriormente, la película no habría perdido nada si no se hubiera hecho. La mariposa, en fin, que aparece revoloteando sobre la planta en honor a la abuela Indira, es tan claramente digital que habría quedado más creíble si la hubieran pintado con rotulador. Y estos detalles de postproducción chapucera estropean un poco la película, porque no habrían hecho ninguna falta. Las canciones, los paisajes, los efectos de luz natural, y la honestidad de que los severinos y los indios sean indígenas reales, proporcionan a esta cinta una belleza inigualable.  


La película, como he comentado al principio, recibió varios premios en el festival en que fue estrenada, y las reseñas publicadas sobre ella son unánimemente favorables. Sin embargo, su distribución estuvo limitada a su proyección en el festival de cine y a su emisión por canales de internet brasileños, restringidos al resto del mundo, durante unos pocos días. Un fan la publicó en una plataforma gratuita y de acceso libre en internet con subtítulos en portugués brasileño e inglés, pero fue retirada en menos de dos semanas por motivos de derechos de autor. De modo que, de momento, solo pueden ver esta película los brasileños que tengan acceso a las plataformas de televisión por internet donde se emita, y no tengo la certeza de que todavía se pueda acceder a ella. Mi reseña está elaborada a partir de una copia sin subtítulos, y mis deficiencias en el idioma han limitado mucho que disfrutara de los diálogos, y especialmente de las canciones.


Es evidente que no se trata de una producción para el gran público, por su temática regionalista y sus referencias a elementos literarios y culturales poco o nada conocidos fuera de Brasil, pero, con todo, considero que es una película hermosa, esperanzadora y digna, y creo que seguiría recibiendo buenas críticas si saliera de la fronteras de su país.






Fuentes: 

Todos los fotogramas son propiedad de Daniel Leite Almeida y Ato3 Produções.

 

Alice dos anjos, teaser en YouTube.


"Alice dos Anjos, filme conquistense, tem lançamento no 54º Festival de Brasília 2021", en Blog do Sena, 7 de diciembre de 2021.

 

CARVALHO, Rafael. "Alice dos Anjos. Entrevista com Daniel Leite Almeida", en Moviola Digital, 19 de diciembre de 2021.


FLAVIO, Lucio. "Alice, social e libertadora", en Secretariado de cultura e economia criativa, 8 de diciembre de 2021.


TOMÁZ XAVIER, Brenda; AMORIM, Fabiana; TAVARES; Tamires. 'Alice no País das Maravilhas' nordestina é gravada em Conquista”, en Avoador, 23 de diciembre de 2019.

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