Si está leyendo esto después de haber
visto la carátula de esta adaptación, querida lectora, querido lector, le
felicito por la fortaleza de su estómago y le doy la enhorabuena por no haberse
arrancado los ojos. Pero desde ahora le digo que no será ninguna vergüenza si
no lee el resto del artículo. Repito: no será ninguna vergüenza si no lee el resto del artículo. Llegando hasta aquí ya ha demostrado más valentía y dignidad
que Michael Conroy y sus alegres e incompetentes secuaces, y aprecio demasiado
a mis dos lectores como para poner en peligro su cordura. Si decide continuar,
tenga a mano varios tragos de la bebida más contundente que pueda encontrar.
Personalmente, yo logré llegar al final de la película a base de infusión de
hibisco, que me sienta como una bofetada.
Michael Conroy perpetró esta versión
de Alicia en el País de las Maravillas en 2010. No en 1910, como pueda parecer
por la calidad de la animación. No tengo muy claro de dónde surgió este director
(la película, sí que tengo claro que surgió del mismo sitio que esas pesadillas
en las que uno sueña que muere y se muere de verdad). Internet Movie Database
le atribuye otras dos películas de terror de la serie B y un documental sobre
la pesca en lagos helados. Filmaffinity lo identifica, pero al parecer
erróneamente, como co-director de una compilación de cortos de terror
pornográfico. No me ha apetecido indagar mucho más.
Esta película, por no decir atentado,
no tiene doblaje, banda sonora original ni canciones propias. El material
sonoro en su totalidad corresponde a una radio-narración que se emitió por la
NBC en 1948, dentro de la serie “NBC University Theatre on the air”, dirigida
por Andrew C. Love y con música de Henry Russell. Un narrador (Don Stanley)
presentaba el libro, y un reducido grupo de actores interpretaba a los
personajes y cantaba las canciones, en una versión, bastante correcta, adaptada
a una hora de narrativa. Para los amantes de las coincidencias y las ironías
poéticas, la actriz que hacía de Alicia se llamaba Dinah Shore, y el que hacía
de Conejo Blanco era Arthur Q. Bryan, conocido por ser la voz del cazador Elmer
Fudd, que siempre intentaba matar a Bugs Bunny.
Debido a su antigüedad, esta
grabación está libre de derechos de autor y se encuentra a disposición del
público en varias páginas de internet. De modo que Michael Conroy descargó un
archivo en mp3 y lo utilizó en su integridad como material sonoro de su
grabación. Tal como suena. Legal, pero ruin.
Ya que no tuvo que invertir
absolutamente nada en actores de doblaje, compositores ni letristas, uno
pensaría que Michael Conroy ahorró bastante presupuesto para dotar de modo
magnánimo a diseñadores y animadores. Aparentemente, no fue así. Los conceptos
de personaje y fondos parecen hechos por un niño de preescolar y coloreados con
MS Paint. A lo largo de toda la película, el cielo es un bloque azul y el campo
un bloque verde, tan claramente delimitados como las franjas de una bandera.
Los brazos de Alicia y otros personajes son, literalmente, una raya alargada
con cuatro rayitas cortas al final. Nada en los conceptos, el coloreado, o los
movimientos espasmódicos que pretenden ser animación, da a entender que los
realizaron profesionales y no un par de amigos aburridos que se pusieron a
manosear los programas de diseño gráfico gratuitos un día en que no les
funcionaba internet.
Sumerjámonos, en fin, en este pozo de
miseria.
La película comienza con algo que
parece la Torre Eiffel en medio de un campo (no del Campo de Marte, donde
realmente está, sino en medio de un campo despoblado) eyaculando unas
estrellitas brillantes por la punta; tras observar unos segundos entendemos que
debe de ser una antena de transmisión radiográfica común. A continuación, vemos
un oso de peluche que escucha un extraño aparato de radio en lo que es un
horrible, horrible trabajo de Photoshop chino gratuito, y vuelve la torre de
las estrellitas. Después se abre un telón y aparece una criatura con esmoquin
(supongo que es una rana, pero es mucho suponer) que habla a un micrófono
totalmente desproporcionado, y hace el papel de narrador.
Presenta el libro de Alicia en el País de las Maravillas y a su autor Charles
Dodgson, del que se muestra un retrato muy imaginativo. Y entonces viene... esto.
Las olas rugientes del río Támesis no son lo peor de este dibujo.
Esto. Esto va a ser el resto de la
película.
Alicia se aburre de estar con su
hermana en la orilla del río (y normal que se aburra, porque el libro de su
hermana no tiene dibujos ni grabados, ni siquiera letras), se adormece, ve al
Conejo Blanco, lo sigue, y se cae en su madriguera (que es un agujero en medio
de un suelo completamente pelado, visible a cuarenta metros). Come, bebe,
crece, encoge, llora, etc.
Llora, Alicia, llora. Tienes mucho por lo que llorar.
Tras la canción “El pequeño cocodrilo”, bellamente interpretada por Dinah Shore, Alicia se da cuenta, con una
gran sonrisa, de que se va a ahogar en sus propias lágrimas.
Adivina qué animales hay en esta imagen.
Se encuentra con
el Ratón, salen del agua, y tiene lugar la Carrera Loca, que consiste en que
cinco personajes dan “saltos” (es decir, se mueven arriba y abajo) durante unos
segundos. Solo han “animado” las bocas de Alicia y el Ratón, incluso cuando se
oye un coro de vítores que de modo muy obvio incluye más de cinco voces. Uno de
los personajes es un pelícano cuya única animación es que mueve la lengua (una
lengua de mamífero, ancha, plana y de punta redondeada) de un extremo a otro de
su pico. Una y otra vez. Es tremendamente inquietante.
Alicia se pasea, se encuentra de
nuevo con el Conejo Blanco, que la confunde con su criada Mary Ann, y va a su
casa, que es la típica casita que adorna las paredes de todas las clases de
parvularios del mundo. El jardinero Pat es una criatura inidentificable. La
animación de toda esta secuencia es un suplicio.
Alicia sale de casa del Conejo y se
encuentra con la Oruga. Muy oportuno que la seta donde está aposentada sea tan
alta que Alicia apenas pueda asomar la cabeza por ella; así se ahorran de
dibujar el resto del cuerpo (lo que a fe mía que es un esfuerzo titánico).
Alicia recita “Eres viejo, padre William”, pero la Oruga no da a Alicia el consejo
de comer un lado de la seta para crecer y otro para menguar, por lo que en el
resto de la historia no cambia de tamaño, cosa que seguramente agradecieron los
animadores y mucho más los espectadores.
Sigue Alicia su periplo y llega a
casa de la Duquesa. El Lacayo- Rana y el Lacayo-Pez eran muy difíciles de
dibujar y aquí son reemplazados por cartas. La Duquesa está hecha con un
círculo grande para el cuerpo y un círculo pequeño para la cabeza y, por algún
motivo, es negra. La Cocinera, también por algún motivo, es un ratón, y no está
cocinando en unos fogones ni en una chimenea sino en una hoguera de leña. Alicia
conversa con la Duquesa, cantan la “nana” del bebé-cerdito (que está por ahí,
en el suelo) y cuando la Duquesa se va a la partida de croquet de la Reina,
Alicia se lleva al niño. Los platos no comienzan a volar y estrellarse hasta el
momento en que Alicia sale, y no hay nadie que los esté tirando.
Alicia deja al Cerdito en el suelo y
se encuentra con el Gato de Cheshire, que tiene la voz más aguda y chirriante
que ningún actor de doblaje haya podido perpetrar (en lo que, dicho sea, es el
único defecto que puedo encontrarle a la radio-narración de la NBC). Tras una
conversación insufrible, Alicia decide ir a la casa de la Liebre de Marzo.
Sonreír como un Gato de Cheshire.
Llegamos a la Loca Merienda del Té.
¿Dónde está mi infusión de hibisco? Necesito un chute ahora mismo.
Tengo una adivinanza. ¿En qué se parece esto
a Alicia en el País de las Maravillas?
La casa de la Liebre es la misma que
la del Conejo Blanco; debió de recomendarle al contratista. De hecho, la Liebre
también es la misma que el Conejo, con otro color. La diseñadora probablemente
no sepa que las liebres y los conejos son animales diferentes. El Lirón no es
un Lirón; es otro Ratón. La diseñadora probablemente no sepa cómo es un lirón.
Sigamos.
Alicia llega al jardín de la Reina a
través del tronco de un árbol y se encuentra a las Cartas que pintan las rosas
de rojo. Se oyen unas trompetas y llegan el Rey y la Reina de Corazones con su
séquito. O eso pasaría en otras películas, no en ésta. El Rey y la Reina de
Corazones se presentan con toda su inexistente corte.
Estudiar las proporciones es divertido y fácil.
La partida de croquet consiste en que
todos los personajes aparecidos hasta el momento (once o doce, incluyendo cinco
cartas) están sentados en unas gradas, mientras que en suelo hay una especie de
grapas repetidas varias veces en otro penoso trabajo de Photoshop barato, y un
palo a rayas. Se ve por un momento al Conejo Blanco golpear una pelota con el
único flamenco que hay. Muy comprensiblemente, Alicia se aburre y se va a
pasear, encontrándose con el chirriante Gato de Cheshire y con la Duquesa
étnica.
¿Hay una moraleja oculta, o solo mucho dolor?
Después de que la Reina se deshaga de
la Duquesa, invita a Alicia a ver al Grifo. Que, como podemos imaginar, no es
un Grifo. Es un Dragón.
Yo contigo cantaré.
El propio Lewis Carroll incluyó en el
texto de Alicia el siguiente consejo: "si no sabéis lo que es un Grifo,
mirad el dibujo", porque ya tenía en cuenta la magnífica ilustración que
John Tenniel había hecho del Grifo. La diseñadora es totalmente incapaz de
seguir un consejo tan simple y sabio. No sabe cómo es un Grifo, no quiere
molestarse en mirar en internet cómo otros ilustradores han interpretado un
Grifo, así que dibuja un dragón. ¿Quién se va a dar cuenta? ¿Los mismos que no
han notado que el Conejo y la Liebre por un lado, y el Ratón y el Lirón por
otro, son iguales entre sí?
¿El Dragón ha muerto? ¡El Dragón ha muerto!
Alicia habla con el Dragón y la
Tortuga Falsa, y se va al juicio, en el que comparecen el Sombrerero, la
Cocinera, que se ha traído de casa su enorme fogata de leña (por no molestarse
en dibujarla otra vez sin ella, supongo). Alicia se enfrenta a la Reina, y,
ante la amenaza de los Soldados-Carta, el Dragón se la lleva volando... y se
despierta. Le cuenta a su hermana su sueño, el presentador con el micrófono más
grande que él se despide, y por fin termina esta tortura.
He despertado de un hermoso sueño en el que me moría.
Es todo horrendo. Vergonzoso. Daría
lástima si no supiéramos que esta abominación la han perpetrado adultos que han
cobrado por ello. La película se vende en DVD, y hasta creo que en Blu-Ray, e
incluye un documental de “cómo se hizo”. Qué cuajo, Michael Conroy, y tu
equipo de tres personas. Qué cuajo.
Como he comentado, la radio-narración
de la NBC, sin ser sobresaliente, es bastante correcta y entretenida. El
doblaje es bueno (salvo el del Gato de Cheshire, que se hace insoportable) y
las canciones suenan dulces y agradables. La adaptación para un programa de una
hora es también decente; mantiene las escenas más importantes del libro y no se
hace pesada. Y antes pagaría por ella que por el engendro animado que le han
añadido. Los dibujos dan vergüenza ajena, habida cuenta de que los han hecho personas adultas y sin ninguna discapacidad intelectual; lo que han
intentado hacer pasar por animación no tiene nombre. Que alguien se sienta orgulloso de algo
así y pretenda cobrar por ello es indignante. ¿Hacer esto en un fin de semana
con tus colegas y publicarlo luego en internet para echarte unas
risas? Estupendo, adelante, todo el mundo tiene derecho a pasar el rato con el
MS Paint. ¿Sacar un DVD y venderlo, pretendiendo aprovechar el estreno de la versión de Tim Burton? Patético.
Quien haya llegado al final de este
artículo ya ha tenido suficiente dosis de espanto. La película está en varios canales de
vídeo, y no recomiendo verla excepto si es necesario invocar a Cthulu, o ahuyentarlo. Mi reseña no le hace justicia; es mucho peor
de lo que parece. Yo la he visto, pero yo ya estoy muerta. Corred, insensatos. Corred.
¡Gracias! ¡Volved pronto!
Fuentes:
Extras: música, francés, lavado, y
algunas notas que tomé mientras miraba la película.
“Dios mío. Dios mío. Dios mío”.
“Los ojos de Alicia están muertos.
Muertos. Muertos”.
“LOS FONDOS SON, LITERALMENTE, UNA
FRANJA AZUL QUE HACE DE CIELO Y UNA VERDE QUE HACE DE CAMPO”.
“La Liebre es un Conejo, y el Lirón es un
ratón”.
“El Grifo es un dragón al que le han aplicado
una capa de Photoshop para que parezcan escamas”.
“Te veré en tus pesadillas, Irene”