27 de noviembre de 2025

Arthur Rackham (1867- 1939)

 

Arthur Rackham, circa 1935.


El británico Arthur Rackham (nacido en Lambeth, Londres, el 19 de septiembre de 1867, y fallecido en Surrey el 6 de septiembre de 1939) es uno de los artistas más extraordinarios y prolíficos de la "Edad Dorada" de la ilustración inglesa. Nacido una familia de profesores donde no faltaban dibujantes y especialistas en litografía (y descendiente, según aseguraba la rama paterna, del mismísimo pirata John Rackham) fue el cuarto de doce hijos, de los que siete sobrevivieron a la primera infancia. Desde pequeño, Arthur demostró interés y talento por el dibujo, especialmente por el de seres fantásticos. Se llevaba papel y lápices a escondidas a la cama para poder dibujar cuando le mandaban acostarse, y en una ocasión en que le quitaron el papel, pintó en la funda blanca de las almohadas. Cuando tenía nueve años, su abuela le envió una nota, aparentemente en respuesta a una tarjeta que él le había enviado antes, en que alababa su hermosa escritura y comentaba, menos elogiosamente, unas caricaturas de miembros de su familia que había dibujado en ella. 


Habiendo sido educado en casa hasta los doce años, ingresó en la escuela en 1879; fue un estudiante aplicado, que en una ocasión ganó un premio en matemáticas, y otro por sus dibujos y caricaturas. Por motivos de salud, en enero de 1884 realizó un viaje a Australia con unos amigos de la familia; entre los viajes de ida y vuelta y la estancia, regresó a Londres en julio. Fue durante este largo viaje, con tanto tiempo libre para dibujar a placer e iniciarse en la acuarela, en que el Arthur de diecisiete años decidió que quería ser ilustrador.    


Aunque su padre insistió en que se dedicara al sector empresarial, Rackham se matriculó en la Escuela de Arte de Lambeth, a la que asistía por las tardes tras terminar una jornada laboral como auxiliar en el Departamento de Bomberos de Westminster. Mantuvo esta rutina siete años, durante los que fue enviando viñetas y acuarelas a docenas de periódicos, que los publicaban esporádicamente. En 1888, una acuarela que pintó de Winchelsea, Australia, fue aceptada por la Real Academia de Arte y vendida por dos guineas. Sus "escenas de la vida", que dibujaba al natural en lugares concurridos de Londres, se hicieron progresivamente más populares, y en 1892 pudo dejar la oficina del Departamento de Bomberos y empezar a ilustrar para el periódico Westminster Budget, trabajo que mantuvo hasta 1896. La mayoría de sus sketches de la vida cotidiana eran técnicamente correctos, pero convencionales, y solo unas pocas enviadas a este y otros periódicos londinenses mostraban su lado imaginativo. Fue a partir de 1893 que Rackham se interesó especialmente por la ilustración de libros, un ámbito en el que podía centrar su creatividad.


"Con este anillo, yo te desposo". Una de las "escenas de la vida" 
publicadas en el Westminster Budget en 1893.

Sus primeros trabajos fuera de las viñetas periodísticas fueron guías de viajes: un folleto de Canadá y Estados Unidos, To the Other Side (1893), y el libro Sunrise-Land: Rambles in Eastern England (1894). Tras dejar el periódico en 1896, y seguir realizando encargos sueltos, llegaron The Ingoldsby Legends (1898) y Tales from Shakespeare (1899), considerados sus dos libros ilustrados más exitosos de la época. Aunque no pueden compararse con sus trabajos posteriores, ambas obras fueron reeditadas menos de una década después como ediciones de lujo, con ilustraciones adicionales, debido a su éxito a principios del siglo XX. 


"Era una mujer", 
de Historias de Shakespeare, 1909.

El comienzo del nuevo siglo marcó el despegue de Rackham, a los treinta y tres años, como ilustrador de libros de fantasía, con la publicación de los Cuentos de hadas de los Hermanos Grimm. Este libro contenía nada menos que noventa y nueve dibujos en blanco y negro y un frontispicio a color, y Rackham lo fue coloreando y reeditando a menudo durante varias décadas después. Ese mismo año de 1900 contrajo matrimonio con una colega ilustradora y retratista, la irlandesa Edyth Starkie, con quien permaneció casado hasta su muerte. 


Caperucita y el lobo, de la edición de 1909.

En 1905, la versión ilustrada de Rackham de Rip van Winkle, un relato breve de Washington Irving, lo consolidó como el principal ilustrador de fantasía del período eduardiano. Fue en esta época cuando sus ilustraciones comenzaron a exhibirse en las Galerías Leicester de Londres, donde se vendieron casi todos los originales incluidos en Rip van Winkle. Encantado con lo que vio en esta exposición, J.M. Barrie le encargó personalmente a Rackham que ilustrara la primera edición de Peter Pan en los Jardines de Kensington (1906). 


"El Serpentine es un lago adorable, y hay un bosque hundido en el fondo". 
Peter Pan en los jardines de Kensington, 1906.

El siguiente encargo que recibió Rackham estuvo cargado de controversia: fue Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas. El copyright que daba la exclusiva de las ilustraciones de esta obra a  John Tenniel acababa de expirar, lo que posibilitaba que pudiera publicarse el texto de Carroll con dibujos de cualquier otro artista (y de hecho, un total de siete ediciones con nuevos ilustradores aparecieron en 1907, el primer año en que esto fue posible). Sin embargo, los dibujos de Tenniel estaban ya tan integrados en el imaginario colectivo británico, que para muchos era poco menos que blasfemo el que otro autor pretendiera ilustrar a Alicia. Pero las ilustraciones de Rackham, llenas de vida, vencieron los recelos iniciales. Los críticos, salvo algunos puristas, alabaron su obra, pero comparándola inevitablemente con la de Tenniel, algo que el mismo Rackham no deseaba en absoluto: Sir John Tenniel seguía vivo (y pintando, a pesar de su ceguera) y Rackham le profesaba un profundo respeto. Pese al reconocimiento, la polémica inicial y las comparaciones con Tenniel fueron suficiente para que Rackham declinara el ilustrar A través del espejo cuando se lo ofrecieron unos años más tarde. 



El éxito de Alicia le conllevó encargos constantes en las décadas siguientes: El sueño de una noche de verano de Shakespeare (1908), Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift (1909), Ondina de Friedrich de la Motte Fouqué (1909), los impresionantes libretos para la saga de óperas El anillo de los nibelungos de Wagner (1910), Fábulas de Esopo (1912), Cuentos de Mamá Oca de Charles Perrault (1913), Cuento de Navidad de Charles Dickens (1915), El romance del rey Arturo (1917), La Cenicienta (1919), La Bella Durmiente (1920), Comus de John Milton (1921), La tempestad de Shakespeare (1926) y La leyenda de Sleepy Hollow de Washington Irving (1928).  


"Brunilda", ilustración para El oro del Rin y la valquiria, 1910.


La década de 1930 estuvo marcada por problemas de salud que afectaron tanto a Rackham como a su esposa Edyth, pero, a pesar de estas dificultades, Rackham continuó produciendo numerosas ilustraciones, tanto para sus nuevos encargos, como para ediciones de lujo de clásicos como La noche antes de Navidad (1931), Cuentos de hadas de Hans Andersen (1932) o El mercado de los duendes de Christina Rosetti (1933)


"Blanca y dorada, Lizzie de pie estaba", 
de El mercado de los duendes, 1933.

A mediados de esta década, su sobrino Walter Starkie, que había viajado extensivamente por España, le había propuesto que ilustrara el Quijote, pero a Rackham no le atrajo la idea: dijo que la obra de Cervantes había tenido tantos y tan grandes ilustradores, que le sería difícil hacer algo original. Por el contrario, había puesto un especial interés en los Cuentos de hadas de Hans Andersen - incluso viajando a Copenhague con su hija en 1931, para realizar bocetos de calles y edificios y visitar la tumba de Andersen - , y este esfuerzo se vio recompensado por el éxito de la obra, que fue nombrada el mejor libro ilustrado del año por Hugh Walpole para The Observer en 1932.


"Cuando llegaba la noche y la tienda cerraba", 
ilustración para el cuento "El duende y el tendero", 1932.


En el verano de 1936, el editor estadounidense George Macy fue a visitar a Rackham para encargarle la ilustración de El cántaro de oro de James Stephen. Rackham lo aceptó, y le dijo a Macy que también podía realizar un segundo encargo. Macy le sugirió El viento en los sauces de Kenneth Grahame, y, según declaró Macy posteriormente, Rackham se turbó tanto que tuvo que levantarse y salir de la habitación unos momentos. Casi treinta años antes, Kenneth Grahame en persona ya le había propuesto ilustrar su libro, pero Rackhan declinó la oferta, debido a  que estaba enfrascado en El sueño de una noche de verano. La respuesta de Rackham a una carta de tres niños, que le escribieron para preguntarle si planeaba ilustrar la obra de Grahame, demuestra que lamentaba profundamente haber rechazado el encargo y que lo aceptaría sin dudar si volvieran a ofrecérselo. Debido a esta "espina", Rackham aceptó la propuesta de Macy con los brazos abiertos, e insistió en que comenzaría las ilustraciones de El viento en los sauces antes que las de El cántaro de oro. Pasó, de hecho, tres años dibujándolas, retocándolas y perfeccionándolas. La última ilustración que hizo para el libro fue la de la Rata de Agua y el Topo cargando las vituallas en la barca para irse de excursión. 




Según atestiguó su hija Barbara, terminó este dibujo exhausto, y apenas se había sentado, cuando se dio cuenta de que no había pintado los remos. Barbara intentó convencerlo de que no tenía importancia, pero Rackham volvió a levantarse, y retocó la ilustración hasta que quedó perfecta. Fue su último dibujo antes de su fallecimiento el 6 de septiembre de 1939, pocos días antes de su septuagésimo segundo cumpleaños. El viento en los sauces fue publicada en 1940 por la compañía de George Macy, en la ciudad de Nueva York. 




La edición de Alicia en el País de las Maravillas consta de trece grandes láminas a color, catorce dibujos en blanco y negro, y una llamativa encuadernación en rojo. Fue publicada en Londres por Heinemann, en una edición limitada de 1130 copias. Rackham le pidió a Doris Dommett, la hija de un vecino, que le sirviera de modelo: a partir de ella, dibujó una Alicia alta y espigada, muy diferente a la niña bajita y algo cabezona de Tenniel. 




La joven recordaría más tarde lo divertido que fue posar para el artista: Rackham copió en su Alicia el estampado del vestido de Doris y las medias de lana que le había tricotado su niñera; para dibujar la Merienda Loca, la hizo sentar en su propio sillón, y su esposa Edyth puso la mesa con su mejor vajilla de fiesta. Para la ilustración de la casa de la Duquesa, tanto la cocina como la cocinera de Rackham fueron las modelos. Ni la cocinera ni la señora Rackham debieron de estar muy contentas cuando, tal como relataba Doris, Rackham rompió a propósito varios platos y tazas para dibujarlos al natural.





Algunas de las láminas presentaban efectos visuales inusuales para la época, como el pelo y la ropa de Alicia y las patas de los animales bajo el agua en el Charco de Lágrimas,  o el humo de la narguile que fuma la Oruga. 




La atención al detalle de Rackham destaca sobre todo en los intrincados bordados de los ropajes de la comitiva real, y en la extraordinaria fusión de lo realista y lo fantástico en los animales que pueblan el País de las Maravillas.  




Pese a la desaprobación y las críticas que recibió en 1907 por parte de los puristas, Alicia en el País de las Maravillas consolidó a Rackham como un maestro de la ilustración fantástica, capaz de combinar lo hermoso con lo absurdo y aun lo grotesco, y de llenar cada lámina de vida. Mientras que sus ilustraciones de Peter Pan han sido durante décadas el modelo de decorados en cientos de representaciones, su visión del País de las Maravillas como un lugar inquietante y hasta peligroso, más que un mundo inofensivo y acaramelado, ha influido en generaciones de ilustradores posteriores que encuentran un punto de pesadilla en el "hermoso sueño" que tiene Alicia. 




Fuentes:


HUDSON, Derek. Arthur Rackham: His Life and Work, Heinemann, Londres, 1960.

When Phantasie Takes Flight: the Art and Imagination of Arthur Rackham.

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